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5. LAS TEORÍAS EN LAS QUE SE BASÓ EL PROCESO

5.7. Saber docente

Como parte de la mirada que se realiza al docente es importante

conceptualizar algunos de los saberes que éste posee y que hacen parte del saber docente.

Solís & Rivero (2013), plantea dos tipos de saberes; los saberes disciplinares básicos y los saberes experienciales. Del primero se destacan tres: Conocimiento de la materia, conocimiento psicopedagógico y conocimientos aportados por la didáctica de las ciencias.

Los experienciales; que se van a contemplar en este trabajo: “son los

saberes fundamentados en la experiencia y de la rutinas y guiones de acción” (2013, p.152).

Porlán y Rivero, citado por Solís y Rivero 2013; plantean tres componentes en el ámbito de la experiencia profesional:

 Los saberes rutinarios: que hacen referencia a guiones y esquemas de acción que son imprescindibles para organizar y dirigir el curso de los

acontecimientos en la clase. Este tipo de saberes permite un control de las actividades de clase y una organización en el desarrollo del esquema de clase

del docente; ya que se presenta como en cualquier actividad del ser humano como un control sobre determinadas situaciones. Se resalta en este tipo de saber que simplifica la toma de decisiones constante y la angustia frente a una posible situación que surja en la clase.

 Los principios personales y creencias personales: Se refieren a las

concepciones, metáforas e imágenes que tienen los docentes acerca de las diferentes variables de su experiencia profesional, y que implican mayores dosis de generalización. Particularmente hacen referencia a los aspectos de los procesos de enseñanza – aprendizaje.

 Los saberes curriculares: sistematizados, que se refieren al conjunto de ideas, hipótesis de trabajo y técnicas concretas que se ponen conscientemente en juego en el diseño, aplicación y seguimiento del currículum.

Para Tardif, citado por Fabian Barrera (2009) entiende por saber docente como un saber plural, en el que se pueden identificar, partiendo de su origen en el seno de los saberes sociales, por los menos, saberes profesionales; saberes disciplinarios; saber curricular; saber experiencial y saber pedagógico.

El saber docente ha sido devaluado en la actualidad, desconociendo en él la estructura que hace y forma un saber, comprendido el saber cómo parte de la experiencia y de la práctica. Muchos de los saberes docentes son adquiridos en su trayectoria no solamente profesional, sino de vida, las concepciones en las que se fundamenta su práctica de enseñanza se basan en lo que él ha adquirido bien sea desde su aprendizaje y modelo de docente que pudo haber tenido en sus años escolares o a través de la práctica que desarrolla y de la interacción con el otro.

De acuerdo con lo anterior es importante detenerse en dos saberes, el experiencial y el pedagógico. El saber experiencial lo define Tardif como “saberes específicos, basados en el trabajo cotidiano y en el conocimiento del medio. Esos saberes brotan de la experiencia, que se encarga de validarlos. Se incorporan a la

experiencia individual y colectiva en forma de hábitos y de habilidades, de saber

hacer y de saber ser”. (2009, p.46)

El saber experiencial se define a través del consolidar un actuar y a través de la realización de rutinas que permiten al docente confianza y establecer respuestas y acciones frente a situaciones determinadas en el aula.

El saber pedagógico se plantea como “doctrinas o concepciones provenientes de reflexiones sobre la práctica educativa, en el sentido amplio del término,

reflexiones racionales y normativas que conducen a sistemas más o menos coherentes de representación y de orientación de la actividad educativa”. (2009, p.46)

El saber pedagógico implica una constante reflexión de la labor en el docente, analizar, cuestionar sus prácticas de enseñanza en un continuo transformar de ésta. De la misma manera se encuentra en este tipo de reflexión implícito el sujeto que desarrolla este tipo de práctica Dewey citado por Barrera (2009) lo define como “un estado de duda” para establecer, en palabras del autor “la función del pensamiento

reflexivo (…) que es la de transformar una situación en la que se experimenta

oscuridad, duda, conflicto o algún tipo de perturbación, en una situación clara, estable y armoniosa” (p.47). Es así que el docente que desarrolla esta reflexión

permanecerá en un constante reevaluar su práctica de enseñanza e ira desarrollando de la misma forma estrategias para acercar a los estudiantes al proceso de

aprendizaje.

De acuerdo con lo anterior se establece que una diferencia entre el saber pedagógico y los otros saberes se encuentra en la acción reflexiva que genera el docente con respecto a su práctica. Se destacan los saberes experienciales y los saberes pedagógicos puesto que hacen parte vital del saber docente; en palabras de Tardif (citado por Pedemonte, 2009) “Los saberes experienciales surgen como núcleo vital del saber docente” (p.46)

En síntesis el saber docente implican otros saberes, en los que el experiencial y el pedagógico parte de la experiencia misma del sujeto como docente, en su vida, vivencias experimentadas a través de su ciclo de vida hasta el constante diálogo con su práctica de enseñanza diaria. Es de destacar que esta reflexión se genera en la experimentación diaria del docente con su práctica. De la misma forma asegurar que el saber pedagógico se plantea a través de la experiencia y que es mediado por la experiencia.

Lo que queda como reflexión es el valor que tiene el saber docente en la construcción de la cultura, el reconocimiento a este saber en el que se encuentra la experiencia que él ha tenido y su protagonismo en la transformación social y cultural.

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