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c La mofa como elemento subversivo y de resistencia

D. SADE Y EL SUJETO COMO METÁFORA PERFORMATIVA

Desde esta aproximación que hemos hecho a los textos del Marqués de Sade, centrándonos en el goce estético de la transgresión como estrategia ético-política de resistencia, podemos rescatar elementos que nos permitan comprender al sujeto foucaultiano como metáfora performativa.

Como hemos mencionado, si reconocemos una estética de la corporización en la estética de

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la existencia es porque es un sujeto sintiente. Ai ser sintiente es un sujeto deseante y

gozante, además de sufriente. Pero, esta estética en lugar de poner énfasis al deseo lo hace en el placer, especialmente en la posibilidad de crear nuevos placeres, y estos a su vez posibilitarán la constitución de identidades y relaciones diferentes.

Es por ello que, la identidad, como elemento de descentralización, desde una estética de la corporización jugará un elemento importante. Ya que, la identidad como último resquicio de una sustancialización de la subjetividad, lo cual comenzó a manifestarse en los

movimientos de liberación sexual, con los cuales Foucault no comulgó, quedará vaciada o descentrada gracias a esta estética generadora de placeres y no liberadora de deseos. ¡ Si queremos encontrar similitudes entre Sade y Foucault las encontraremos, y quizás más , de una, pero nosotros sólo señalaremos la torsión del cuerpo en tanto subversión de los usos y prácticas señaladas como normales en ciertos órganos o zonas de nuestra corporalidad, dando como resultado, lo que Foucault llama, desexualización del placer. j Esta estética como creadora de nuevos placeres, fuera de las coordenadas de nuestra genitalidad, nos hará centrarnos en imaginar otras prácticas y no dotar a la identidad, como lo hacía el libertino, de una rigidez y univocidad asfixiante.

Por lo tanto una estética de la corporización, en un sujeto pensado como metáfora performativa, pone en juego no sólo la corporalidad sino el placer como elementó descentradór de las subjetividades y las identidades como una ética-política de resistencia desde la teatralización y la parodia. Estrategia muy próxima a la incentivada por la teoría

IV. POLÍTICA NÓMADE

La estética de la existencia es relacional, por consiguiente posee una fuerte carga política.

La subjetivización como metáfora performativa es un ethos que busca ir más allá de los límites impuestos y diluye, o tuerce, las identidades, desde los conceptos y la corporalidad, por medio de una estética de la corporización. Sin embargo, ¿cómo es posible la acción política si al parecer este sujeto parece diluir toda posibilidad de filiación y coalición política con los otros? ¿Cómo podemos dotar a este sujeto de relacionalidad si parece que desde un ethos estratégico y una estética de la corporización en lugar de tender puentes parece diluirlos quedándose en una especie de narcisismo o monismo, en tanto que su empeño es siempre transgredir o subvertir las prácticas comúnmente aceptadas? ¿Cómo es posible la acción política si se niega la identidad?

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N o podemos ignorar los logros alcanzados por las políticas de la identidad. Tampoco podemos negar que el poder convocante de las mismas y la captación de agentes de acción política, que si no fuera desde el rubro de la identidad, no sería posible. A su vez la visibilización de grupos oprimidos o marginados sería un reto muy difícil si no pudiesen! organizarse los sujetos desde el reconocimiento de elementos comunes, es decir desde una identidad.

Podríamos preludiar el fracaso de la organización política si no se tomara en cuenta esta forma de filiación. La estética de la existencia o la moral libertina, tal y como la pinta Sade, sólo sería, en caso de que pudiesen llevarse a la práctica, si a caso, un privilegio de clase. Pese a que las políticas de la identidad en nuestro presente parecen ir ganando terreno y manifestándose como una alternativa viable de acción política, la misma entraña sus riesgos como señala Gloria Careaga. Transcribamos lo que la autora señala como riesgos preocupantes en la política de la identidad:

L a interrogante que nos plantea esta con d ición de la política de la identidad surge de la nitidez de la experiencia del oprim ido y de su propia interpretación. Si la exp erien cia es el origen de la p olítica de la identidad, las perspectivas políticas ganan legitim idad só lo si se articulan con las experiencias particulares de lo s sujetos. E sto puede lim itar la p osibilidad de crítica de estas perspectivas por parte de lo s que n o com parten la experiencia; e inhibe de

m anera importante la p osibilidad de d iálogo y de construcción de co a licio n es p olíticas am plias que articulen dem andas a partir de la id en tificación de elem en tos com unes.

A l m ism o tiem po, las generalizaciones acerca de grupos so cia les particulares en el con texto de la política de identidad, pueden devenir en una falsa h om ogen eización que nuble la com prensión y lim ite la m ism a identificación, y que podrían convertirse adem ás en función disciplinaria dentro d el grupo, que no só lo describe sin o que tam bién dicta la autopercepción y lo s com portam ientos que sus m iem bros deben ten er.148

Varios elementos importantes pone sobre la mesa Careaga. En primer lugar, si la base de la política de la identidad es la experiencia, entonces todos aquellos que compartan una experiencia y su interpretación pueden conformar una coalición política, de lo contrario aquellos que no se reconozcan en esas experiencias, pese a que se identifiquen por otros medios con los objetivos que determinado grupo desde la política de la identidad persiga, serán excluidos. Generándose así jerarquización y exclusión incluso dentro de un mismo grupo identitario.

En segundo lugar, está el riesgo de monopolizar las identidades, marcar pautas correctas de comportamiento entre los miembros de un determinado grupo identitario.

En tercer lugar, gracias a la monopolización de las identidades se da la estereotipación de las mismas, no sólo por parte de quienes no pertenezcan o se identifiquen con determinada identidad, sino incluso en el seno mismo de los grupos identitarios.

Finalmente, tornando la política de la identidad en una nueva forma de tiranía encubierta por una supuesta pluralidad en pos de la liberación del oprimido. Por consiguiente, estos riesgos que entraña la política de la identidad son originados por la construcción de categorías sociales, cuya utilización es fundamental para esta clase de acción y organización política. Pero como señala Careaga, las mismas categorías pueden ser herramientas de jerarquización, exclusión y marginación.

En cambio, la acción política desde una identidad no fijada, no categorizada rígidamente, puede presentarse como una alternativa a los inconvenientes que ha ido generando la política de la identidad. Como en varias ocasiones hemos apuntado, no se trata de

148 Gloria Careaga Pérez, “Escudriñar las sexualidades, mirando a través de las categorías”, en Mauricio List Reyes, Alberto Teutle López (coord.) Florilegio de deseos: Nuevos enfoques, estudios y escenarios de la disidencia sexual y genérica, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/Ediciones Eón, México, 2010, p. 50.

deshacernos de las categorías, de los conceptos o de las identidades así por que sí. La catacresis como uso abusivo de los conceptos, de las categorías, y ahora, de las identidades, desde la subjetivización como metáfora performativa nos permite concebir tanto a los conceptos, categorías e identidades como vacías y rebosantes. Como plantea Joan W. Scott:“Estoy preocupada, no obstante, por la fijación exclusiva sobre cuestiones del “sujeto” y por la tendencia a reificar el antagonismo [...] entre varones y mujeres [...] Además aunque hay apertura en la noción de cómo se construye “el sujeto”, la teoría tiende a universalizar las categorías y la relación entre varón y mujer.. ,”149 Más adelante Scott nos dice:“si reconocemos que “hombre” y “mujer” son al mismo tiempo categorías vacías y rebosantes. Vacías porque carecen de un significado último, trascendente. Rebosantes porque aun cuando parecen estables, contienen en su seno definiciones alternativas, negadas o eliminadas.”150

Las categorías, los conceptos y las identidades desde esta perspectiva son desestabilizadas de tal modo que bien podemos plantear una política que comprenda la “igualdad de las diferencias”. Sin homogenizar las identidades y las subjetividades. De tal modo que podrían evitarse los riesgos a los que nos expone la política de la identidad. Así las identidades serían vaciadas de un “significado último”, por tanto evitando toda hegemonía o estereotipos tiránicos, dotándolas de significaciones «alternativas, negadas o eliminadas». Posibilitando la inclusión y diluyendo jerarquizaciones inamovibles sino más bien dúctiles, cuyas categorías sociales, necesarias por cierto, se tomen elásticas o sus límites resulten difusos y a la vez estables. Desde una subjetividad cuya acción política diluya fronteras más no destruya puentes.

Así, nuestra noción de subjetividad también comulga con la noción de “sujeto nómade” de, Rosi Braidotti. Lo nómade para la filósofa italiana integra lo siguiente: “En la medida en que ejes de diferenciación tales como la clase, la raza, la etnia, el género, la edad y otros entren en intersección e interacción entre sí para construir la subjetividad, la noción de nómade se refiere a la presencia simultánea de muchos de tales ejes [...] Lo que define el

149 Joan W. Scott, “El género: una categoría útil para el análisis histórico” en Marta Lamas (comp.), El género: La construcción cultural de la diferencia sexual, UNAMZPorrúa, México, 1997, p. 283

estado nómade es la subversión de las convenciones establecidas, no el acto literal de viajar.”151