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5. HALLAZGOS

5.3 LA SALSA COMO ACONTECIMIENTO ESTÉTICO

Aquí estamos, saludando / a los grandes bailaderos de la juventud /las parejas, tiran paso / con la gracia, belleza y estilo que le saben dar. Bailaderos, Luis Felipe González

5.3.1 Aisthesis, poiesis y catarsis: así me hábito en la salsa

El sentido de la experiencia de un individuo está en su actitud contemplativa de lo que lo rodea, la realidad que lo determina está supeditada a una resignificación desde la cercanía al objeto artístico. Este personaje que se deja llevar por la festividad del goce estético no lo hace de manera inconsciente, por el contrario, la manera de habitarse en el arte es configurar su

existencia desde los aspectos que lo convergen.

¡Oh, primo!

Interjección tradicional usada en el municipio para saludar. Basados en la teoría de los apellidos muiscas, se consideraba que entre todos los habitantes del municipio existía algún grado de consanguinidad. El oh suena como un ¡joo!.

El arte del cuerpo es el resultado de un espíritu creador; las interacciones de la salsa con el sentir de una colectividad invitan a la contemplación y acercamiento a las diversas formas de representación que distan de la mera instrumentalización. La aisthesis, está determinada por renovación de los esquemas tradicionales de los grupos musicales y la hibridación de los movimientos del bailador.

Por su parte la experiencia poética, en el grupo focal, son los diversos comentarios de los recuerdos de los lugares que acercaron al soachuno ochentero a participar activamente de

encuentros de coleccionistas y bailadores. Son los registros de los concursos y las orquestas que alguna vez animaron la caseta de las estrellas.

“Ir a la Caseta era el premio de la semana, para ir a las matinés debíamos escaparnos, bailar mucho y regresar a la casa sin levantar sospecha, es que estábamos peladitos, yo tenía como 19 años” Óscar Núñez-Casetero. Finalmente, la catarsis la alcanzaron quienes se reafirmaron en el fenómeno de la salsa y por décadas lo han conceptualizado para convertirlo en una memoria; también a la apuesta estética que ha asumido el municipio transformar la conciencia perceptiva desde las escuelas de

formación artística.

5.3.2 Una experiencia estética de la salsa:

Para quienes se sienten salseros o al menos gustan de escuchar los diversos ritmos que hacen parte de este fenómeno, la experiencia estética se connota en la manera que se asume cada una de las elecciones de que hace el individuo. Una experiencia estética solo se logra desde lo individual, a entender que, si bien la salsa es un fenómeno cultural resultado de las

colectividades, la experiencia estética es el proceso mediante el sujeto se reconoce a sí mismo. Una de las preguntas imperativas en cualquiera

de los escenarios era ¿Qué canción los hace vibrar?, pero no era la canción en si misma si no su reacción, varios de los entrevistados antes de dar la respuesta sonreían lo que afinca la idea de la individualización.

El propósito de la intervención con la Corporación folclórica Amanecer Colombiano radicaba en hacer explícito el cuerpo desde el espacio desconocido, con 32 años de experiencia en el folclor se propuso cambiar un Sanjuanero por una Pachanga y Una cumbia por la Timba. Después de varias horas de trabajo, se observa como los rostros acostumbrados a posturas gestuales fija se habitaron en la catarsis, pareciera que las orishas Yemaya y San Lázaro se apoderaran de su cuerpo.

La premisa no radicaba en explicar cómo se baila salsa, la finalidad era estimular las emociones que

producen este tipo de ritmos en la individualización de lo corpóreo. 5.3.3 Proxemia y kinesia en el lenguaje de la salsa

El maestro Giovanny Quimbayo afirma que “La magia de la danza no radica en su

perfección si no en la capacidad de adaptar el cuerpo, es el cuerpo el que vivifica el arte y él habla por sí mismo, hay que darse la

oportunidad por dejarse llevar”. Acá se retorna a la colectividad, pues el baile requiere del otros. Un son, un bolero u chachachá posibilita la cercanía con el otro, hay una permisidad ante el contacto para brindar seguridad ante la ejecución de ciertas figuras.

El bailar está hecho para decir con el cuerpo cuando las palabras no son suficientes, el reto reside en comunicarse pues sorprenden esas parejas que, ante un buen tema salsero, bailan casi coreográficamente, se desarrolla un lenguaje interno de lo corpóreo, debe saber cuándo empiezan los giros y cuando se detienen; ese lenguaje no verbal requiere de un ritual de reconocimiento del otro.

Otro elemento que resulta interesante, tanto para bailarines como bailadores, es la necesidad de exponerse a la mirada de los otros; al analizar los movimientos de profesionales y neófitos del guaguancó y la pachanga, hay una explicita necesidad de sentirse observados, como una

confirmación que su goce estético es visto por el otro, es casi un acto subversivo y libertario del cuerpo habitado por la salsa.

Imagen 22: Corporación folclórica amanecer colombiano, Lima-Perú octubre de 2017. Claudio

Sarmiento

Imagen 23: Concurso de la caseta de las estrellas 1989. Archivo personal Alirio Ramírez.

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