• No se han encontrado resultados

3.4. Metas, bienestar y salud

3.4.2. La salud como meta en la vejez

Precisamente a medida que la persona abandona la mediana edad y se interna en la vejez, es cuando las cuestiones relacionadas con la salud adquieren una mayor relevancia (Hooker, 1992). Este énfasis, de hecho, comienza ya hacia los 40 años y se intensifica en la vejez, siendo una importante influencia sobre el comportamiento orientado a lograr una mejor salud o a evitar posibles resultados no deseados en este ámbito. Este énfasis en la salud, que aparece de manera consistente en los estudios sobre metas en personas mayores, no es sorprendente desde el momento en que tenemos en cuenta que no sólo la salud es un ámbito menos dado por supuesto en la vejez (en comparación con otros momentos de la vida), sino que tener salud es un prerrequisito fundamental para poder desarrollar otras actividades y para logar otra serie de metas.

Por ejemplo, en el estudio de Hooker (1992) se observó no sólo que los mayores mencionaban más selves posibles deseados y no deseados referidos a la salud, el funcionamiento físico o la capacidad para mantener la autonomía, sino también que los mayores que tenían selves posibles deseados en esos dominios percibían mejor su salud que aquellos que reportaban selves no deseados. Esos mayores con selves posibles en el ámbito de la salud también tenían un sentido de control sobre su salud mayor que las personas mayores entre cuyos selves posibles no se encontraba ninguno relacionado con la salud (Frazier, 2002).

Esta influencia no se limita a la percepción de salud. Hooker y Kaus (1994) encontraron que las personas que tenían selves posibles en relación con la salud, y que se sentían capaces de lograrlos en el futuro, se implicaban en mayor medida en comportamientos destinados a

mantener o mejorar su salud, como seguir una dieta sana, hacer ejercicio, ir regularmente al médico o evitar el tabaco y el alcohol.

Sin embargo, no todos los datos de los que disponemos apuntan a las mismas conclusiones. Por ejemplo, en el estudio de Smith y Freund (2002), quienes evaluaron los selves posibles de una muestra de mayores dos veces, con cuatro años de diferencia, encontraron que los objetivos relativos a la salud eran los que mostraban mayor estabilidad. Sin embargo, cuando una persona ‘abandonaba’ un objetivo de este tipo (es decir, mencionaba la primera vez tanto un self deseado como no deseado en relación a la salud, pero este emparejamiento no se daba cuatro años más tarde), su salud subjetiva y satisfacción vital tendía a aumentar, y no a decrecer. Estos autores interpretan este hallazgo aludiendo a que focalizarse excesivamente y durante mucho tiempo en objetivos en relación con la salud puede ser un reflejo de una preocupación crónica, de una rumiación, más que una fuerza motivacional para hacer algo al respecto.

En un estudio con tres cohortes de mayores diferentes (de 60, 70 y 80 años), Frazier, Hooker, et al. (2002) trataron de averiguar si la saliencia de la salud entre los objetivos vitales de los mayores era una respuesta a procesos biológicos y madurativos de carácter normativo, o bien si aparecía en respuesta a la presencia de problemas específicos de salud que son más probables en la vejez, como ciertas enfermedades crónicas. De acuerdo con ellos, la aparición de la salud como ámbito motivacional relevante respondería más a la segunda razón, la presencia de problemas concretos de salud, que a la primera, un cambio normativo. Entre las razones que llevan a pensar así, está que la evaluación subjetiva de la salud apenas cambia, y es muy optimista, entre los mayores si no tienen problemas significativos de salud. A medida que pasan los años, la presencia de problemas en este ámbito se haría más probable, lo que dificultaría que los mayores pudieran mantener una percepción positiva de su salud, y este cambio se reflejaría al mismo tiempo en la presencia de la salud entre las metas, tanto deseadas como no deseadas.

Como era esperable, en este estudio el grupo más mayor mencionó con mayor probabilidad selves posibles relacionados con la salud. Entre los mayores, el 45% de respuestas generadas tenían que ver con la salud, mientras que en la cohorte de mayores más jóvenes, sólo el 11%. En cambio, los selves posibles relacionados con el ocio eran mucho más frecuentes entre estos (45%) que entre aquellos (4%). Respecto a la influencia de los problemas de salud, eran predictores muy potentes de la presencia de posible selves relacionados con la salud: aquellos mayores, con independencia de la edad, que tenían mejor funcionamiento físico y mayor

Así, la salud es un dominio central para las metas de los mayores, pero parece especialmente importante para los muy mayores (a partir de los 70 años) y, especialmente, para aquellos que tienen problemas reales de salud. En ellos, es especialmente probable la presencia de miedos, de selves no deseados en relación con la salud (Smith y Freund, 2002). En la misma línea Peterman y Lecci (2007) mencionan que aquellas personas más preocupadas por su salud son, precisamente, las que con mayor probabilidad tienen a situar la salud como ámbito prioritario de sus proyectos personales.

Partiendo de la idea de que ajustarse a una situación desafiante implica darle significado, Frazier, Cotrell y Hooker (2003) diseñaron una investigación para ver hasta qué punto las personas afectadas por enfermedades crónicas graves (enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer en estadios tempranos) las tenían integradas dentro de sus representaciones de futuro. Partían de la hipótesis de que la falta de integración (es decir, si la enfermedad no se encontraba dentro de su repertorio de selves posibles) podría reflejar negación y repercutir en un peor ajuste.

Sus resultados muestran que los mayores afectados por esas enfermedades incluían significativamente más selves posibles relacionados con ellas. Así, los pacientes de Alzheimer era más probable que reportaran metas en relación con estados cognitivos, mientras que los enfermos de Parkinson lo hacían con metas en relación con la movilidad y el estado físico. Las metas relacionadas con la salud eran muy frecuentes en ambos grupos: hasta el 97% de los enfermos de Parkinson y el 59% de los enfermos de Alzheimer reportaban metas en relación con la salud. De esta manera, se puede concluir que la enfermedad crónica representa un reto que tiene una influencia significativa sobre el yo del paciente.

Por último, un último tema interesante es la relación que podría existir entre esta orientación hacia la salud en la vejez y el bienestar. ¿Son los mayores orientados hacia metas relacionadas con la salud los que están más satisfechos o los que menos? De acuerdo con el razonamiento expuesto anteriormente, las metas de salud reflejarían una orientación hacia el mantenimiento. De hecho, se esperaría que la filosofía de ‘que me quede como estoy’ tuviera el máximo sentido precisamente en el ámbito de la salud, quizá el ámbito más amenazado con el paso de los años. Si precisamente este tipo de orientación hacia el mantenimiento es adaptativa en la vejez, como vimos en el apartado anterior, podríamos esperar que tener metas en relación con la salud implicase un mayor bienestar.

Sin embargo, las evidencias de esta asociación entre ‘conservar lo que se tiene’ y el bienestar en la vejez no son del todo unívocas en el caso de la salud. Por ejemplo, investigadores como Lapierre, Bouffard y Bastin (1997) encontraron correlaciones modestas, pero significativas,

entre el contenido de las metas en una muestra de personas mayores y ciertas dimensiones de su bienestar subjetivo. Así, contrariamente a las expectativas ya comentadas, las personas mayores que mencionaban metas en relación al desarrollo personal tendían a estar más satisfechas con la vida, a percibirse más competentes y útiles y a tener unas expectativas más optimistas de futuro. Sus datos también muestras que, cuando las metas se centraban en la preservación de la salud, existía una correlación negativa con la salud percibida y la percepción de competencia personal.

Centrándonos específicamente en la salud, los datos aportados por Lapierre y cols. (2001) son especialmente sorprendentes, ya que encontraron una relación entre las metas relativas a la salud y diversas variables sociodemográficas. Las personas mayores de su estudio que mencionaron metas en relación a la salud tendían a tener menor nivel educativo, menor autonomía y a vivir solos con mayor probabilidad. Sin embargo, aquellas que mencionaban metas en relación con el desarrollo personal (ganancias respecto a la situación actual, más que preservación de esa situación) tendían a tener mayor autonomía, más estatus socioeconómico y educación, y vivían con su cónyuge y/o hijos con mayor frecuencia. Hasta ahí, en principio, ningún problema. Sin embargo, de acuerdo con los mismos autores, (Lapierre, Bouffard y Bastin, 1997), los mayores cuyas metas se centraban en la salud son también los que tienden a percibir no sólo una peor salud subjetiva, sino también una falta de significado en la vida y una menor satisfacción vital. Sin embargo, estas correlaciones, eran en todo caso muy modestas.

CUARTO CAPÍTULO

OBJETIVOS Y EXPECTATIVAS DE RESULTADOS