“En el mundo en desarrollo, el mayor enemigo de la salud es la pobreza”.
– Discurso de Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, ante la Asamblea Mundial de la Salud, 2001 Los pobres se enferman con más frecuencia que las personas en mejor posición económica. Sus niveles generales de salud y bienestar son inferiores. Están más expuestos a las enfermedades contagiosas1
y tienen menos resistencia a ellas. Tienen más probabi- lidades de vivir y trabajar en ámbitos peligrosos. Disponen de
menos alimentos y menos acceso al agua no contaminada.2
Su vivienda ofrece menos protección contra las inclemencias del tiempo y tiene más probabilidades de estar hacinada.
Los pobres tienen menos acceso a los servicios de salud y los que pueden conseguir son de baja calidad y no responden a sus necesi- dades. Los médicos y las enfermeras los respetan menos y les dedican menos tiempo. Tienen menores probabilidades de recupe- rarse totalmente después de una enfermedad y mueren antes que los demás. Además, probablemente han de caer aún más profunda- mente en la pobreza, como resultado del tiempo laboral perdido a causa de las enfermedades y el costo de los servicios de salud.
En un estudio sobre 41 países, los pobres mencionaron a la enfermedad como causa más frecuente de indigencia y motivo para caer en la pobreza.3
Un temor constante es la amenaza de perder tiempo de trabajo e ingreso. Muchos de quienes eran casi pobres quedaron en la pobreza por el efecto de una enfermedad grave y, para los que ya son pobres, esa enfermedad los sume en la indigen- cia. Los pobres consideran que hay vínculos fundamentales entre la
mala salud, la enfermedad y la pobreza.4
Las personas pobres y menos educadas tienen más probabilidades de tener empleos con mayores exigencias físicas; no obstante, no están en buen estado físico5
y la malnutrición menoscaba su fuerza. La salud reproductiva es un componente de importancia vital de la salud en general.6
Más de un quinto de la carga de enfermedad entre las mujeres en edad de procrear atañe a las relaciones sexuales y la reproducción. En los países de África al sur del Sahara, la proporción es de 40%.7
El SIDA es una enfermedad de la pobreza y ha sumido a muchas familias en la pobreza. Según se estima, en el decenio de 1990,
debido al SIDA se redujo el crecimiento económico anual per cápita de África en 0,8%. Los modelos estadísticos muestran un futuro sombrío. Dentro de dos decenios, en los países más afectados, las economías podrían reducirse de un 20% a un 40% con respecto a
las magnitudes que habrían tenido de no existir el SIDA.8
ALLENDE EL INGRESO: SAL¬D Y BIENESTAR El vínculo entre
salud y pobreza es fundamental. “Los pobres definen la pobreza de manera convencional – falta de ingreso – pero la pobreza también abarca inestabilidad, preocupaciones, vergüenza, enfermedad,
humillación e impotencia”.9
Los pobres reconocen las múltiples dimensiones de la salud: “Se considera que la salud es un componente central de la buena calidad de la vida. En sus descripciones del bienestar, es posible dis- tinguir tres tipos diferentes: bienestar material, expresado a menudo
como tener “lo suficiente”; bienestar físico, ser fuerte, saludable y
bien parecido; y bienestar social, que incluye tener hijos y cuidarlos,
y disfrutar de autorrespeto, seguridad y confianza en el futuro, libertad de opción y de acción, y posibilidad de ayudar a los demás”.1 0
La procreación temprana en el matrimonio contribuye a definir el bienestar social y es una expectativa casi universal de los pobres en países en desarrollo (de los primeros alumbramientos, más del 90% ocurren dentro del primer año de matrimonio). Sólo más ade- lante en la vida, y todavía no en todas las sociedades, se reconoce y se acoge como parte del bienestar social el espaciamiento y la limitación del número de hijos.
Transcurrirá algún tiempo antes de que esa situación cambie.
LA POBREZA MATA En todo el mundo, hay una nefasta relación entre pobreza y mala salud: en los países menos adelantados, la esperanza de vida es de sólo 49 años y uno de cada 10 niños no alcanza a cumplir un año. En cambio, en los países de altos ingresos, la duración media de la vida es de 77 años y la tasa de mortalidad de menores de un año es de seis por cada 1.000 nacidos vivos.
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Políticas y acciones del gobierno
Sistema de salud y
sectores conexos Hogares y comunidades Resultados clave
Gráfico 3: Determinantes de los resultados en el sector de salud
Las condiciones biológicas, culturales, medioambientales, sociales e institucionales influyen sobre los riesgos de salud y la susceptibilidad a esos riesgos entre diferentes poblaciones. Al describir las diferencias en los resultados de salud entre subgrupos en mejor y en peor posición económica, se contribuye a indicar dónde se necesitan acciones especiales
Fuente: Banco Mundial Otras políticas gubernamentales, por ejemplo, infraestructura, transporte, energía, agricultura, agua, saneamiento, etc. Políticas de salud a macroescala, en el sistema de salud y en microescala.
Bienes del hogar Humanos, físicos y financieros Financiación de la salud Seguros públicos y privados; financiación y cobertura Suministro en sectores conexos Disponibilidad, accesibilidad, precio y calidad de alimentos, energía, transporte vial, agua, saneamiento, etc.
Factores comunitarios Normas culturales, instituciones de la comunidad, capital social, medio ambiente e infraestructura.
Resultados de salud para los pobres
Estado de salud y de nutrición; mortalidad
Empobrecimiento Gastos sufragados por el paciente Acciones y factores de riesgo
en los hogares
Uso de servicios de salud, dieta, prácticas sanitarias y sexuales, estilo de vida, etc.
Provisión de servicios de salud
Disponibilidad, accesibilidad, precio y calidad de los servicios
Los jóvenes pobres, casados o solteros, tienen menos acceso a la planificación de la familia que sus hermanos y hermanas mayores, o los jóvenes en mejor posición económica. La postergación del matrimonio y del primer alumbramiento ocurre cuando se dispone de mejor educación y de aceptación social de opciones más amplias para las mujeres jóvenes.
Los pobres suelen elegir sus cónyuges temprano en la vida. Las jóvenes pobres tienen más probabilidades que las de posición más desahogada de ser seducidas o forzadas a tener su primera experiencia sexual. Ellas (y sus familias y comunidades) tienen más probabilidades de considerar que los hijos son fuente de estima. Para los pobres, cuyas necesidades son inmediatas, debido a las grandes barreras a la educación tal vez los posibles beneficios ulteriores de ésta parezcan remotos.
En comunidades donde no se ha aceptado cabalmente la planificación de la familia, las personas consideran que el número de alumbramientos y el tamaño de la familia son ineludibles, y efectúan otro tipo de opciones. Solamente cuando la gente reconoce que puede controlar la cantidad y el espaciamiento de sus hijos, comienza a pe rcibir que las familias numerosas conllevan una merma en su bien- estar y comienzan a considerar que las grandes cantidades de hijos son una causa de pobreza.