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Saludad a todos los hermanos con beso santo.

SUMARIO DE 1 TESALONICENSES 5:12–

26.  Saludad a todos los hermanos con beso santo.

Tal como alguien en nuestros propios días escribiría, “Haga llegar mis más sinceros saludos a” esta o aquella persona, así Pablo, Silas, y Timoteo recuerdan en sus saludos a “todos los hermanos”, esto es, a cada miembro de la congregación, incluyendo aun a aquellos que se mostraban inclinados al fanatis- mo, a la intromisión en lo ajeno, o a la pereza. Nadie se escapa a su preocupación.

La forma de este saludo es el “beso santo” (cf. Ro. 16:16; 1 Co. 16:20; 2 Co. 13:12). Era el beso de amor (cf. 1 P. 5:14) y de paz (véase Constituciones, citado más abajo). Era santo porque era el símbolo de la uni- dad espiritual en Cristo. Era, además, un sello del afecto cristiano, sentimiento que los miembros de la misma familia espiritual abrigan los unos para con los otros.

Si se ha de hacer una elección, yo preferiría la segunda alternativa. Está en armonía con la distinción entre las dos palabras que se halla presente en otros lugares (como ya se ha demostrado). Existe también un interesante paralelo en otro pasaje algo similar, He 4:12, en donde es obvio que las dos palabras tienen significados diferentes.

Hemos probado el punto principal, a saber, que, ¡por cualquier camino que vayamos, todo rastro de tricotomía ha desaparecido!

Entre las antiguas referencias a esta clase de beso citamos las siguientes:

“Cuantos estén convencidos y crean que lo que enseñamos y decimos es la verdad, y deciden por es- forzarse para vivir en conformidad a ella, se les instruye orar y suplicar a Dios con ayuno por la remi- sión de sus pecados pasados, entretanto nosotros oramos y ayunamos por ellos. Luego se les lleva a al- gún lugar donde haya agua, y son regenerados en la misma forma en que nosotros mismos fuimos re- generados. Porque, en el nombre de Dios, Padre y Señor del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo, ellos reciben entonces el lavamiento del agua … Después de haber así bautizado al que fue convencido y dio asentimiento a nuestra enseñanza, le llevamos al lugar donde se reunen los que reciben el nombre de hermanos, a fin de que ofrezcamos oración de todo corazón en conjunto por nosotros mismos, por la persona bautizada, y por todos en todo lugar … Habiendo terminado las oracio‐

nes, nos saludamos unos a otros con beso santo. Luego se ofrecen el pan y la copa con vino mezclado con

agua al hermano que estaba presidiendo.” (Justino Mártir—a mediados del segundo siglo d.C.—First 

Apology (Primera apología), LXI. LXV).

“¿Quién [i.e. qué esposo no creyente] le dará permiso a ella (esposa creyente), sin suspicacia, para asistir a la Cena del Señor que ellos difaman? ¿Quién le permitirá a ella entrar furtivamente en la pri- sión, besar las cadenas de un mártir? menos aún, por cierto, [p 167] ¿encontrarse con cualquiera de los hermanos 

para compartir el beso santo?” (Tertuliano—alrededor de 207 d.C.—To His Wife (A su esposa), II iv).

“Que las mujeres jóvenes se sienten solas, si hay lugar para ellas; en caso contrario, que permanez- can de pie detrás de las mujeres. Que las mujeres con niños sean colocadas aparte; pero que las vírgenes y las viudas y las ancianas se sitúen o sienten antes de todos los demás. Y que los diáconos sean los que dispongan los lugares, a fin de que todo el que entra vaya al lugar indicado, y no se sienten a la entrada. Igualmente, que los diáconos vigilen a las personas, que ninguno cuchichee o duerma o cabecee … Después de esto que todos se levanten al mismo tiempo, y con la vista hacia el este … oren A Dios en dirección al este … Cuando la oración haya terminado, que algunos de los diáconos se hagan cargo de la oblación de la Eucaristía … Que otros diáconos vigilen la multitud y les impongan silencio. Pero que aquel diácono que se halla a la derecha del sumo sacerdote diga al pueblo, ‘Que ninguno tenga contien- da alguna con otro; que ninguno se acerque en hipocresía’. Luego que los hombres den a los hombres, y las 

mujeres a las mujeres, el beso del Señor” (Constitutions of the Holy Apostles (Constitución de los santos após-

toles)—alrededor del siglo tercero d.C.—II vii).

“Y después de esto [oración por los fieles], que el diácono diga, Atendamos. Y que el obispo salude a la iglesia, y diga, La paz de Dios sea con todos vosotros. Y que el pueblo diga, Y con tu espíritu.”

“Y que el diácono diga a todos, Saludaos unos a otros con beso santo. Y que el clero salude al obispo, que los 

hombres del laicado saluden a los hombres, las mujeres (saluden) a las mujeres. Y que los niños estén de pie

junto a la mesa de lectura. Y que otro diácono esté de pie junto a ellos, para que no estén en desorden” (Constitutions of the Holy Apostles, VIII. xi).

“Saludémonos unos a otros con beso santo. Inclinemos nuestras cabezas al Señor” (“The Divine Liturgy of 

James, the Holy Apostle and Brother of the Lord” (La divina liturgia de Santiago, el santo apóstol y hermano

del Señor), fecha, origen, y autor no definidos—, II).

En relación a esto, es de interés también la siguiente observación de Agustín: “La gente se queja de haber sido inducida a salir de la obscura noche de incredulidad a la luz de la fe que es fuente de vida. Aprisionados por el espíritu del mal, refunfuñan porque otras personas entran en la iglesia para rendir a Dios un culto más puro, en donde, en bien de la modestia, los hombres se sientan a un lado [p 168] y

las mujeres al otro” (Concerning the City of God (Concerniente a la ciudad de Dios)—escrito en 413–426 d.C.—, II xxviii).

27. Solemnemente os encargo delante del Señor que sea leída esta epístola a todos los hermanos.

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