Capítulo 3: Implicaciones filosóficas de la obra de Stuart Kauffman.
3.1 El emergentismo y su continuación en la obra de Kauffman.
3.1.2 Samuel Alexander
Samuel Alexander, en su obra Espacio, tiempo y deidad, propone –según Morgan lo describe [1923, pp. 9-10]- una jerarquía piramidal de 6 niveles de realidad emergentes, en cuya base se encuentra el espacio-tiempo como nivel constitutivamente fundamental; de él emergió la materia y de ésta la vida; en un proceso de evolución ascendente, de la vida emergió la mente o conciencia; como consecuencia del estado reflexivo de la conciencia emergen las cualidades terciarias como lo son, por ejemplo, los ideales de verdad, belleza, ética, y valor; por último, la cualidad de la deidad es, hasta el momento, la última propiedad emergente. Esta noción de niveles emergentes de organización o realidad, en especial el de la vida, se puede entender a partir de las palabras del propio Alexander:
“Los procesos físicos y químicos de una cierta complejidad tienen la cualidad de la vida. La nueva cualidad llamada vida emerge con esta constelación de procesos, y por eso la vida es a la vez un complejo físico-químico y no es meramente física y química, porque estos términos no caracterizan suficientemente el nuevo complejo, el cual, en el curso y orden del tiempo, ha sido generado a partir de ellos. Tal es la explicación dada al significado de cualidad como tal. La cualidad de mayor nivel emerge a partir de la de menor nivel de existencia y tiene su raíz dentro de, pero emerge a partir de, y no pertenece a ese nivel, pero constituye, aquello que posee tal cualidad, un nuevo orden de existencia con su ley especial de comportamiento. La existencia de cualidades, así descritas, es algo que debe ser admitido, como alguien diría, sobre la base de los hechos empíricos brutos, o, como preferiría decir en términos menos estrictos, debe ser aceptado con la “piedad natural del investigador”. Esto no admite explicación”. [(Alexander 1920, pp. 46-47); en O’Connor, 2002].
“Un ser que conociera únicamente la acción física y química no podría predecir la vida; el debería esperar hasta que la vida emergiera con el curso del tiempo. Un ser que conociera únicamente la vida no podría predecir la mente [...] Entiendo que, dada la condición del universo en cierto número de instantes en términos de espacio y tiempo, el futuro entero puede ser calculado en términos de espacio y tiempo. Pero qué es lo
que éste será, qué cualidades tendrá más allá de lo espacial y temporal, él no las puede conocer a menos que las conozca ya, o hasta que él viva para ver”. [(Alexander 1920, pp. 327-328); en Pap 1952, pp. 303]
Alexander, concibe la realidad en términos de niveles, en este sentido, el concepto de emergencia explica la transición entre dichos niveles de realidad. A diferencia de los vitalistas, Alexander no se aparta de una explicación física determinista de lo que, para él, es una realidad emergente jerarquizada. No obstante, él, no logra explicar de que manera una cualidad superior surge a partir de una inferior, pero a la vez no es reducible a ésta última. Aunque el esfuerzo por desvitalizar la explicación del origen de la vida y los procesos de la conciencia fue de considerable importancia, no terminó por explicar cómo es posible el surgimiento de niveles de realidad, los cuales no son reducibles a aquellos de nivel inferior.
3.1.3 Morgan
Morgan –biólogo de formación- precisa lo que para él es la evolución emergente, retoma la distinción hecha por G.H. Lewis (1875) entre resultante y emergente, y expresa en su obra tres elementos comunes en la mayoría de las posturas emergentistas: la impredecibilidad, la irreductibilidad y la novedad. Para Morgan la evolución emergente implica la creación de novedades en el universo, la suya, es una teoría de la innovación que se despoja de los espíritus animistas. Para Morgan, al igual que para Alexander, un nivel de realidad mayor no puede existir en ausencia de un nivel precedente. Morgan expresa el espíritu de la evolución emergente de la siguiente manera:
“Evolución, en el amplio sentido de la palabra, es el nombre que damos al plan comprensivo de secuencia en todos los eventos naturales. Pero la secuencia ordenada, históricamente apreciada, hace aparecer en el presente, de tiempo en tiempo, algo genuinamente nuevo. Bajo lo que aquí llamo evolución emergente el énfasis está puesto en este advenimiento de lo nuevo. Ejemplos de esto existen en el surgimiento de la vida, en el surgimiento de la mente, y en el surgimiento del pensamiento reflexivo. Pero, en el mundo físico, la emergencia no es menos ejemplificada en el advenimiento de cada nuevo tipo de átomo, y cada nuevo tipo de molécula. Está más allá del juicio del hombre enumerar los ejemplos de emergencia. Pero si nada nuevo emerge, si sólo hay un reagrupamiento de eventos preexistentes y nada más, entonces, no hay evolución emergente” [Morgan 1923, pp. 1-2].
En el corazón del pensamiento de Morgan se encuentra la idea, en ocasiones confusa, del surgimiento de nuevas entidades y eventos, no meros arreglos de elementos ya existentes. Toma una posición ontológica al respecto, y no únicamente una epistemológica.
Resultante y emergente se refieren a lo que también Mill ya había definido como leyes y efectos homopáticos y heteropáticos. Resultante es el producto de la mera adición o sustracción de componentes, y predecible por esa razón; emergente es aquello que surge como nuevo y es impredecible a partir del conocimiento total de sus elementos constituyentes. Morgan explica la relación entre resultantes y emergentes así:
“Puede haber resultantes sin emergencia; pero no hay emergentes que no involucren, también, efectos resultantes. Las resultantes dan una continuidad cuantitativa que subyace sobre los nuevos pasos constitutivos en emergencia. Y el paso emergente, aunque éste pudiera parecer más o menos discontinuo, se explica mejor como un cambio cualitativo de dirección, o un cambio crítico, en el curso de los eventos. En ese sentido no hay discontinuidad, ruptura, hueco o hiato. Se puede decir, entonces, a través de las resultantes hay continuidad en progreso; a través de la emergencia hay progreso en continuidad.” [Morgan 1923, pp. 5]
En referencia a la tesis de la impredecibilidad, Morgan afirma que ella se refiere a la incapacidad de adelantar el tipo de relación que tendrá lugar entre eventos cualesquiera, y esto, se debe a que tales relaciones aún no existen. Lo resume de la siguiente forma:
“Sean tres niveles sucesivos de eventos naturales A, B, y C. Sea en B un tipo de relación, la cual no está presente en A; y en C un tipo de relación no presente aún en B o en A. Si uno viviera en, y tuviera experiencia sobre el nivel B, uno no podría predecir el carácter emergente del nivel C, porque las relaciones, de las cuales ellos son expresión, aún no han llegado a ser. Tampoco si uno viviera sobre el nivel A podría predecir el carácter emergente de los eventos de B, porque, ex hypothesi, aún no hay tales eventos. Lo que, se afirma, uno no puede predecir, entonces, es la expresión emergente de algún nuevo tipo de relación entre eventos preexistentes. Uno no podría predecir el carácter emergente de eventos vitales a partir, únicamente, del conocimiento más completo posible de los eventos físico-químicos, si la vida fuera un acorde emergente y no meramente debido a la suma, no obstante compleja, de las a- notas constituyentes. Tal es la hipótesis aceptada en la evolución emergente.” [Morgan 1923, pp. 5-6]
Por otro lado, Morgan resume la posición mecanicista como una postura inaceptable, a la cual se opone el emergentismo evolucionista, acogiéndose para ello, como lo hiciera Alexander, a una “piedad natural”. Morgan expresa está oposición en los siguientes términos:
“El elemento esencial de una interpretación mecanicista está en que ella se expresa en términos de efectos resultantes únicamente, calculables por sumas algebraicas. Ignora ese algo más, que debe ser aceptado como emergente. Hace referencia a los compuestos químicos solamente como una mezcla mecánica más compleja, sin ningún nuevo tipo de relación de sus constituyentes. Describe a la vida como un reagrupamiento de eventos físico-químicos sin ningún nuevo tipo de relación expresada en una integración, la cual parece, a la luz de la evidencia, marcar una nueva partida en el paso de los eventos naturales. Contra tal interpretación mecanicista – dogma mecanicista- surge en protesta la evolución emergente. La esencia de este argumento es que tal interpretación es completamente inadecuada. Hay resultantes; pero también hay emergencia. Bajo un tratamiento naturalista, sin embargo, la emergencia, en todos sus grados ascendentes, es lealmente aceptada, sobre la evidencia, con piedad natural [...] Pero que ésta pueda ser explicada únicamente invocando a alguna fuerza química, algún elan vital, alguna entelequia, en algún sentido extra-natural, nos parece que es una metafísica cuestionable”. [Morgan 1923, pp. 8-9]
En resumen: el emergentismo de Morgan toma distancia de las posturas vitalistas y asume una postura determinista, esto es, una continuidad causal del universo, cuya materialidad da origen a la vida. La materia es condición necesaria para el surgimiento de cualquier manifestación de vida; y la vida, para cualquier expresión mental. Estas dos propiedades emergentes, o cualquier otra, no pueden ser reducidas a sus meros componentes y no pueden ser predichas a partir del conocimiento total de sus constituyentes. La noción de evolución emergente de Morgan sostiene, como tesis central, el surgimiento de novedades en el universo. Emergencia para Morgan es: creación de nuevas propiedades.
3.1.4 D.C Broad
Broad, en su obra Mind and its Place in Nature se planteó la siguiente pregunta: “¿son de carácter último e irreducible las diferencias entre los comportamientos meramente físicos, químicos, y vitales, o no?” [Broad 1925, cap.II ]. Para responder tal pregunta, Broad propuso tres alternativas teóricas. A la primera la llamó “Teoría del Componente Especial”. Esta teoría, representada por el vitalismo substancial, sostiene qué un factor necesario para explicar el comportamiento característico de los seres vivos es la presencia, en ellos, de un componente peculiar llamado entelequia. Broad consideró insatisfactoria esta teoría porque era imposible explicar, con un mínimo de detalle, cómo un ser vivo podía estar compuesto por una estructura material compleja y una entelequia, dado que ésta, se suponía, no
correspondía a nada material [Broad 1925, cap. II]. A la segunda propuesta la llamó “Teoría Mecanicista”. Esta teoría, representada por el mecanicismo biológico, afirma qué el comportamiento característico de los seres vivos puede ser deducido a partir de un adecuado conocimiento de las leyes físicas y químicas, a las cuales sus componentes obedecen, ya sea por separado o formando un complejo. Broad no descartó la validez de esta teoría, pero sí encontró en ella una limitación. Broad sostuvo que el mecanicismo biológico no podía mantenerse consistentemente sin una elaborada teoría deísta acerca del origen de los organismos. Este requerimiento deísta era, finalmente, para Broad, la limitante [Broad 1925, cap. II]. A la tercer propuesta, Broad, la llamó “Teoría Emergentista”. Esta teoría, representada por el emergentismo vitalista (así nombrado por él), enuncia que el comportamiento característico del todo no podría, aun en teoría, ser deducido a partir del más completo conocimiento del comportamiento de sus elementos, tomados por separado o en otras combinaciones. Él lo define con mayor precisión así:
“En términos abstractos, la teoría emergentista afirma que hay ciertos “todos”, compuestos (digamos) de constituyentes A, B, y C en una relación R uno con otro; que la totalidad de los “todos” compuestos de constituyentes del mismo tipo A, B, y C en relaciones del mismo tipo R tienen ciertas propiedades características; que A, B, y C son capaces de ocurrir en otros tipos de complejos en donde la relación no es del mismo tipo R; y que las propiedades características del “todo” R (A, B, C) no pueden, aun en teoría, ser deducidas a partir del completo conocimiento de las propiedades de A, B, y C en aislamiento o en otros “todos” que no son de la forma R (A,B,C). La teoría mecanicista rechaza el último enunciado de esta afirmación”. [Broad 1925, cap. II].
Para Broad, las propiedades características del todo no pueden ser deducidas a partir del completo conocimiento de las propiedades de sus constituyentes, porque no hay una ley de composición28 general que determine las propiedades relevantes del todo sobre la base de las propiedades de sus componentes [Broad 1925, cap. II]. Con esto, Broad, sostiene que las propiedades emergentes son impredecibles; pero, para él, esta impredecibilidad no es constitutiva de la emergencia, sino más bien una consecuencia de la irreducibilidad metafísica de las propiedades emergentes.
28 Una ley general de composición permitiría predecir las propiedades de cualquier compuesto químico
cuando las propiedades de sus elementos, por separado, fueran conocidas. Por ejemplo, las propiedades del cloruro de plata podrían ser predecibles a partir del conocimiento de las propiedades del cloro y de la plata.