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“Señor, le ofrezco un tinto a cambio que me regale unos cuantos relatos de su pasado”

In document Paisajes de memoria (página 37-42)

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En la plaza de Bolívar de Pereira me encontré con un perso- naje muy particular, típico paisa mamagallista y conversador. Su nombre Alejandro Orozco Mejía Ramírez

Buenas, ud por qué tiene esa culebra de plástico en el som- brero?

Ahh, eso dicen que es pa´ la buena suerte y por eso la tengo ahí, todos los días me pongo una diferente, pa´ que la suerte me vaya cambiando.

Yo soy de Manizales, pero me vine pa´ Pereira quisque a bus- car trabajo, pero nada, buscando coloca por aquí, buscando coloca por allá, pero hasta ahora nada resulta. La situación resultó más difícil de lo que me imaginé. Yo hago lo que sea, lo que me resulte pa´hacer.. Pero nada…

Antes yo pagaba arrendo y trabajaba en una inca, pero como la vendieron me tocó salirme.

Yo cuando chiquito vivía en Villamaría, ahí al lado de Ma- nizales.

Ave María muy bueno que es Villamaría!, bueno y hermoso! Cuando uno trabaja en las incas, generalmente lo qui´uno hace es coger café, voliar azadón, voliar machete, deshojar las matas de plátano, sembrar cultivos y recoger la cosecha. Imagínese monita, qui´uno en el campo no siente la vida, porque uno está entretenido en un trabajo, en un oicio, en otro. Que echándoles comida a los pollos, echándoles la co- mida a los marranos, arreglando una mata de plátano, ya sea una mata, un palo, en in uno no siente la vida, se la pasa por ahí voltiando.

Eso no es como aquí en la ciudad qui´ uno tiene que procu- parse de tantas cosas.

Allá sólo se procupa de que los cultivos den pa´ comer y no más, praticamente es eso.

Nosotros en la inca teníamos plátano, banano, yuca, naranja, remolacha. Mucha cosa sembrada.

Imagínese, que el tren pasaba por el patio de la casa, pasaba por ahí tantico no mas, uno lo sentía que venía porque el piso empezaba como a temblar, retumbar y esa máquina a pitar pa´que uno supiera que venía y no atravesarse. A uno también le tocaba dizque corretiar las gallinas de la carrilera pa´quel tren no la juera a atropellar. Eso uno pegaba unas carreras!

Mi mamá tenía más de 100 gallinas, les cayó una peste, se morían 2 o 3 y otros días se enterraban hasta 15 animalitos y ni modo de hacer sancochito porque eso uno terminaba des- pués estirando la pata.

También manteníamos troas de maíz, con eso alimentábamos a las gallinitas. El frisol era el aborrachero, allá en esa época la plata que le daban a uno era un centavo. Eh ave María! Con 5 centavos cogía un costal y se iba a mercar tranquila- mente, con 1 centavo compraba uno 5 ataos de panela. También doñita le cuento que papá murió de 110 años, hace siete años.Mamá era profesora de una escuela, llamaba Pure- za Ramírez de Orozco. Tuve 13 hermanos, yo era el tercero

de los chiquitos pa´rriba.

Y mi papá trabajaba en el ferrocarril, era el polvorero, el que reventaba las piedras.

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Yo soy Otilio Arroyave, de Andes Antioquia, antioqueño de pura cepa, pero vivo en Pereira, porque Pereira es muy bue- no.

Eh ave Maríaa!! Yo vivo aquí hace mas de 45 años, Pereirano sí, pero tampoco niego mi pueblo, soy andino y Arroyave de la mata buena de allá.

Imagínese que yo tenía incas pero las vendí, porque resolví comprar casas aquí en Pereira. Antes las incas daban ya no dan nada, por eso vendí.

Yo en las incas tenía ganado y café. Las incas quedaban en Santa Rosa de Cabal (Risaralda).

Se llamaba La Esperanza, eran muy buenas tierras, de pri- mera eso sí!

Esas tierras eran muy buenas, eran tierras más bien pen- dientes, eso por allá no es plano, más bien loma. Hay partes planas y otras falduditas.

Yo aquí en la Plaza de Bolívar, pues me dedico a prestar plá- tica, eso sí poquita pa´que no se vaya a perder y sea fácil que le paguen a uno. No ve que los bancos sólo le prestan a los ricos. En cambio yo le presto al que necesita, eso sí, se presta al dos o tres porciento, dependiendo de la seriedad del clien- te. Además, aparte de los negocios conversar con los amigos, a recordar cosas.

Básicamente, yo también estuve por los lados de La Celia, un pueblito que queda cerquita de aquí de Pereira, muy bueno por cierto. Eso por allá es más bien cafetero y ganadero, por allá era todo muy bueno. Hace más de 30 años estuve por allá, lo que más me acuerdo es del ganao.

Sí el ganaito y esos racimos tan hermosos de trescientos, de ese plato dizque que llaman trescientos, y la yuca era de pri- mera. Yo tenía poquitas vaquitas por ahí unas tres o cuatro que daban la lechita pa´l gasto, eran unas novillonsitas. Digamos que en mí que hacer diario pues se recorrían los potreritos por ahí y cercar por ahí, y fumigar a ratos.

fumigación era muy peligrosa, que uno se quedaba con esos venenos que hay ahora.

Es que ahora no es como anteriormente, nosotros tuvimos ganado muy bueno, y uno desfrenaba con un machete, con un recatón, una pica, una gambia, para arrancar la maleza. Y ahora en día la leche esta muy contaminada, por esa randa (glifosato), ese líquido que quita la maleza, entonces ese pas- to pues el ganado lo come y entonces la leche ya no es como anteriormente. Imagínese negrura, que hasta pa` la yuca y el plátano hay veneno, por eso es que ya estamos todos ciegos y ya no vemos ya, debido a tanto químico.

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Yo me llamo José Raúl Bermúdez, oriundo de Pereira. Aquí las tradiciones siempre han sido las mismas, siempre la comida ha sido lo mismo, al estilo paisa, el sancochito, los frijolitos y eso es lo típico de acá, ah! y la arepita que no falta.

Aquí las historias son muy bonitas, se hacían sus cabalgatas, se hacían las iestas de Pereira, esas son tradicionales y muy bonitas, esas no cambiaran nunca.

Qué le cuento más?, pues de aquí se iba uno hacer las co- midas a la orilla del río Consota, las comidas de olla, los paseos de olla que llaman ahora en día. Uno hacia sancochito y pasaba muy bueno. Uno entre semana o los domingos se iba uno a coger guamas por allá por los lados de San Joa- quín. Las guamas servían de sombrío pa`l café. Pasábamos muy bueno, nos íbamos todos como en familia, nunca había problema. Ahora ya uno no puede ni salir, por ejemplo ahora un domingo yo no hago nada por que no hay pa donde salir. Primero se iba uno antes por allá a pasiar sin plata, se hacia un mercado y salíamos hacer sancocho, íbamos en el día y

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