C
ON ADMIRABLE FRANQUEZA, EL PASTOR BAUTISTA MARK Littleton dice: «Los miembros de la iglesiajamás se lo imaginarían, pero hay un segmento de la nobleza eclesiástica, incluyéndome a mí, pa- ra quienes la adoración personal (es decir, “los devocionales”, “tiempos de meditación”), es una lucha. Primero, encontrar el tiempo. Las llamadas telefónicas por la mañana siempre parecen arruinar la comunión con Dios. O quizás sean los niños. O el dulce aroma del café en la cocina».1
Muchos miembros de la iglesia dan por sentado que su pastor, como líder espiritual, se pasa mucho tiempo a solas con Dios. Aman su iglesia y a su pastor y asumen que este [p 82] es «un hombre o una mujer de Dios». Pocos saben que uno de los asuntos principales en la lista de frus- traciones pastorales es la brecha entre la vida de oración que los pastores saben que necesitan y el deseo que tienen, pero que al parecer no lo pueden poner en práctica en sus vidas.
Un pastor dice: «Yo, como la mayoría de las personas ocupadas, estoy abrumado por las pre- siones, las fechas límite, las llamadas telefónicas, las “emergencias” y así por el estilo. A veces pienso que el diablo trabaja horas extra sólo para resguardarme de la oración». Conociendo al dia- blo, creo que estas palabras ciertamente no son una exageración.
¿C
UÁNTO ORAN LOS PASTORES?
Se han realizado varias encuestas acerca de la vida de oración de los pastores. Sin embargo, an- tes de reportar acerca de ellas, quiero asegurarme de que usted se percata de que es posible de que no me esté refiriendo a su pastor cuando cite los promedios. Su pastor podría ser uno de los que superan esos promedios. Es posible de que usted realmente no sepa dónde se encuentra su pastor porque muy pocos miembros lo saben. No es que él quiera que su vida pastoral sea un se- creto, pero es así en la mayoría de los casos.
Cuando la revista Leadership [Liderazgo] realizó una encuesta de la vida de oración de ciento veinticinco pastores, la mayoría sentía que prácticamente no tenían apoyo humano alguno en sus vidas devocionales. Es como si hubiera un acuerdo mutuo para que no se hable acerca de esto en el templo.
Uno de los pastores encuestados dice: «Creo que los demás no piensan que mi vida devocional personal es importante». En los años que formó parte del personal de una iglesia en particular, di- ce: «Ninguna persona (incluyendo a mi pastor) me preguntó acerca de la salud de mi fe personal. Me sentí sin apoyo alguno en ese aspecto de mi [p 83] vida».2 La mayoría de los pastores encues- tados tenían sentimientos similares.
Entrevisté personalmente a quinientos setenta y dos pastores estadounidenses a través de lí- neas denominacionales, regiones y por edades. Deseaba averiguar cuánto tiempo diario invertían los pastores en la oración. En esta encuesta no tuve en cuenta el estudio de la Biblia, la lectura de libros devocionales, escuchar música espiritual ni ningún otro componente de una vida devocional plena. Sólo me ocupe de la oración.
1
Mark K. Littleton, Some Quiet Confessions About Quiet Time [Algunas discretas confesiones acerca de los devocionales], Leadership, Fall Quarter, 1983, p. 81.
2
Terry C. Muck, «10 Questions About the Devotional Life» [10 asuntos sobre la vida devocional], Leadership, Winter Quarter, 1982, p. 37.
En mi encuesta hallé que:
• 57% oraba menos de 20 minutos al día.
• 34% oraban entre 20 minutos y una hora al día. • 9% oraban una hora o más diariamente.
• El promedio general de tiempo invertido en la oración eran 22 minutos al día.
No hallé ninguna variación significativa en la edad, aunque los pastores mayores de 60 años parecían que oraban un poco menos que el resto. No encontré variación regional alguna. Sí me percaté de que podría haber una variación teológica significativa entre los pastores que se auto- perciben como pentecostales/carismáticos. Estos reportan orar por períodos más extensos que los que se describen como liberales o evangélicos. Volveremos a este punto más adelante cuando discuta el asunto de la oración y el crecimiento de la iglesia.
La encuesta de la revista Leadership a la cual me referí, también halló que los pastores, oran más o menos veintidós minutos al día, así que este porcentaje parece ser consistente. Pero mi en- cuesta igualmente mostró que 28%, más de uno de cada cuatro, ¡oraba menos de diez minutos al día!
¿A qué podemos comparar esto? Las encuestas Gallop hallaron que 88% de los estadouniden- ses oran a Dios. De [p 84] ellos, un 51% ora diariamente. Pero no reportó la cantidad de tiempo invertida.
L
AS ORACIONES DEL CLERO EN OTRAS NACIONESRealicé encuestas similares en otras cuatro naciones. Hallé que:
• Los pastores australianos promedian unos veintitrés minutos al día en oración. • Los pastores de Nueva Zelandia promedian unos treinta minutos al día.
• Los pastores japoneses promedian unos cuarenta y cuatro minutos al día. • Los pastores coreanos unos noventa minutos al día.
En Corea, otra encuesta mostró que un 83% de los pastores, independientemente de la deno- minación, oran una hora o más todos los días. Uno de cada tres ora dos horas o más. El pastor Sundo Kim, uno de mis mejores amigos, cuya Iglesia Metodista Kwang Lim es una de las congre- gaciones más grande del mundo (más de cincuenta mil miembros en 1990), tiene un armario de oración construido en su estudio. Este contiene una almohada en el suelo para arrodillarse, una Biblia en un estante, una cruz, una pintura o dos en las paredes y más nada. Me dijo que se pasa- ba al menos una hora y media al día en ese armario.
Esa hora y media es mucho más de la hora o más que se pasa diariamente mientras dirige la reunión de oración que realizan antes del amanecer y el tiempo que invierte en grupos y en oración con individuos durante todo el día. Como muchos otros pastores coreanos, Kim también tiene una recámara y un baño, similar al de un motel, conectado a su estudio porque, regularmente, se pasa allí toda la noche del sábado ayunando y orando para el ministerio dominical. [p 85] Sus hábitos de oración son comunes entre los pastores coreanos.
¿O
RAN LOS PASTORES LO SUFICIENTE?
Durante los últimos años he invertido bastante tiempo enseñándole a los pastores acerca del tema de la oración. Siempre que traigo el tema a colación, admiten con franqueza que saben que sus vidas de oración no son lo que deberían ser. A pesar de que algunos tienen hábitos de oración ex- celentes y que otros están satisfechos con sus veintidós minutos diarios, la mayoría no está satis- fecha con eso.
El pastor Mark Littleton asevera hacer lo mejor que puede por proseguir una vida de oración consistente, «a pesar de toda enfermedad o pecado». Su irritación surge cuando dice: «Uno lo in-
tenta cuando la televisión está encendida; cuando está apagada; en la casa; en la oficina; bajo los árboles del parque; en la cama; fuera de la cama. Uno se pasa una semana sin fallar y la próxima falla todos los días».3
Los libros y sermones acerca de la oración muestran una lista básica de héroes de la fe que te- nían una vida de oración extraordinaria. John Wesley se levantaba todos los días a las cuatro de la mañana y se pasaba dos horas orando. Martín Lutero decía: «Tengo mucho que hacer hoy, tendré que pasarme las primeras tres horas orando, o el diablo obtendrá la victoria». Adoniram Judson se disciplinó para retirarse a orar siete veces al día. John Welch, de Escocia, el compañero de John Knox, se comprometió a orar de ocho a diez horas diariamente.
John Hyde, de la India, oraba tanto que le pusieron por sobrenombre: «Hyde, el que se la pasa orando». Henry Martyn, David Brainerd, George Muller, Robert Murray [p 86] McCheyne, Hudson Taylor, George Fox y unos pocos más, se incluyen por lo general en esta lista de estrellas. Todos estos gigantes espirituales lograron grandes cosas por Dios, cosas que a la mayoría de los pasto- res contemporáneos les encantaría realizar. Pero si su éxito en el ministerio depende del sosteni- miento de esa clase de vida de oración, la mayoría de los pastores que conozco simplemente se desanimarían.