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laceaemoma
las dos partes l97, sino que el ala d erech a de los lacedem onios y los tegeatas se puso a e n vo lver a los atenienses con las tropas que los d esb o rd ab an ; y así se cernió sobre éstos un doble p eligro , puesto que p o r un lad o se les estab a en vo lvien d o y por otro y a h ab ían sido d erro tad o s.
Y
hubieran p asado m ayores apu ros que el resto del ejército si la caballería, que se e n co n trab a a su lad o , no les h u b iera ayu d ad o. O cu rrió 2 adem ás que A g is , al darse cu en ta de que su ala izquierda, frente a los m an tin eo s y los m il a rg iv o s, se e n co n tra b a en ap u ro s, ordenó a to d o el ejército que se d irigiera h acia el sector que estab a siendo ven cid o 198.Y
cu an d o esta orden 3 fue ejecutada, los atenienses, en tanto que el ejército p asab a al otro lad o y se alejab a de ellos, lo g raro n ponerse a salvo tranq uilam ente, y con ellos se salvó el secto r derro tado de tos argivo s. P o r su p arte, los m an tin eos y sus aliados y las trop as esco gidas de los arg ivo s y a no se p reo cu p aro n de a co sa r a sus ad versario s, sino que, al ver que los suyos h abían sido ven cid os y que los lacedem o n ios se les ech aban encim a, se dieron a la fu g a . E n tre los m antineos se dio un 4 m a y o r núm ero de b ajas, p ero las tro p as esco gid as de los197 O «quedó roto el contacto entre las dos partes». Se refiere bási camente a que el ejército argivo y de sus aliados quedó dividido. Las dos partes son las de su derrota ante el ataque de Agis y sus tropas y la de su victoria en el ala izquierda por obra de los mantineos. Y podemos pensar que el sujeto es sólo el sector central de los argivos y los aliados situados a su lado, o entender que es toda la línea. Ésta quedaría rota al separarse del ala izquierda el sector central y el ala derecha. Cf, supra, IV 96, 6.
198 Este pasaje ha hecho pensar en E u r í p i d e s , Suplicantes 703-709,
argivo s lo g raro n salvarse en su m a y o r p a r t e 199. C ie rta mente, la h u id a y la re tirad a no fu ero n ni violentas ni la r gas, pues los lacedem onios, g racias a su resistencia, sostie nen las batallas durante la rg o tiem po y co n firm eza hasta el m o m en to en que p on en en fu g a al en em igo , p ero u na vez que lo h an hecho huir, sus persecuciones son breves y a
D e este m o d o , o de fo rm a m uy p are cid a a la descrita, se desarrolló la batalla, la m ás gran d e entre fuer zas griegas desde h acía m uchísim o t ie m p o 201, reñ id a con la p articip a - 2 ció n de las m ás fam o sas ciu d ad es. L o s lacedem on ios fo r m a ro n co n sus arm as delan te de lo s ca d á v e re s de los ene-
199 Frente a Tucídides, que justifica el hecho de que el regimiento de élite argivo saliera bien librado por una costumbre lacedemonia, Dio
d o r o , XII 79, 5-7, habla de un desesperado combate entre espartanos y argivos y cuenta una anécdota según la cual Fárax, uno de los consejeros, habría influido sobre Agis para que no persiguiera al cuerpo de los mil argivos.
200 Ésta era la actitud normal de los lacedemonios en las victorias. Cf. supra, I 70, 5 (la visión corintia de los atenienses en contraste con los espartanos); V 41, 2; Pl u t a r c o, Licurgo 22, 9-10, donde se atribuye a
motivos de carácter humanitario y a razones prácticas. Pero la explicación debía de estar en las reglas del combate hoplítico: lo fundamental era quedar en posesión del campo de batalla, lo que constituía el criterio básico para atribuirse la victoria (cf. por ej., supra, I 30, 1). Y en algunos casos (cf. supra, V 41, 2), parece una limitación que refleja costumbres del pasado y antiguas formas de combate. En el presente pasaje, los esparta nos habían conseguido su objetivo —la victoria y la posesión del campo de batalla—, y no necesitaban exponerse innecesariamente, sobre todo ante la presencia de caballería enemiga.
201 Probablemente desde la batalla de Tanagra, reñida hacía 39 años y en la que los atenienses y sus aliados eran 14.000, mientras que los peloponesios (sin contar los beocios) reunían unos 11.500 hombres (cf.
supra, I 107, 2 -108, 1). Por otra parte, todas las ciudades que tomaron
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Balance de la batalla de M antinea
m igos, y en seguida levan taro n un trofeo y desp o jaro n a los m uertos; luego reco giero n lo s cuerp os de sus pro pio s caí dos y los llevaron a T e g e a , d o n d e les dieron se p u ltu ra 202; y finalm ente d evo lviero n los de los enem igos en virtud de un a tregua. M u rie ro n setecientos hom bres entre argivo s, 3 o rneatas y cleoneos, d o scien to s de los m antineos, y de los atenienses, con los eginetas in cluidos, otros doscientos y los dos estrategos. E n el lad o de los lacedem on ios, sus aliados no sufrieron pérdidas d ign as de tenerse en cuenta; y en cu an to a los m ism os laced em o n ios, resu ltab a difícil saber la verdad, pero se decía que h abían m uerto unos trescientos.
Es p a r t a r e c u p e r a s u p r e s t i g i o.
Los
EPIDAURIOS INVADEN A N G Ó LID E Y LOS ARGIVOSY SUS ALIADOS MARCHAN CONTRA EPID A U R O