Antes de sumergirnos en la pletórica galaxia de efemérides coloniales presentes entre 1871 y 1831 empezamos con algunas consideraciones sobre el ineludible punto de partida de la guerra franco-prusiana, Sedan, la caída del Segundo Imperio y el debut de la Tercera república, más que nada porque la herida de esta capitulación baña persistentemente toda la novela colonial. Después de esto seguiremos con una valoración del evento que hemos considerado como límite cronológico de nuestra investigación, es decir la Exposición Universal de Paris de 1931, culminación del proyecto republicano en colonia, apogeo de un estado que ha decidido interiorizar sin pavor el oxímoron
republica colonial.
El crecimiento de Prusia en manos de Bismarck (en 1862, embajador en París), el triunfo rápido de la guerra con Austria en 1866 y el posterior acuerdo entre los Habsburgo y los Hohenzollern para la hegemonía sobre Alemania obligan Napoleón III, que había imaginado de hacer el tercer ganador entre dos litigantes, a tener en cuenta la realidad de un vecino muy incómodo, que amenazaba su prestigio europeo, además que su frontera oriental. La familia imperial estaba convencida de la necesidad de confirmar con un coup d’eclat en política exterior la vuelta del favor popular después del plebiscito, se atribuye a la emperatriz Eugenia la frase “S’il n’y a pas de guerre, mon fils ne sera jamais
empereur”. El pretexto de la guerra franco-prusiana es conocido y se relaciona
con la oferta del trono español a Prusia seguido por la contrariada solicitud francesa de retiro de la candidatura, mecanismos que en el siglo XIX se convertían inmediatamente en desaire y de allí en guerra declarada. Notorias también son las dificultades de la armada francesa, el cautiverio del imperador
40 y las etapas hasta la capitulación de Sedan (1 Septiembre 1870), la proclamación de la Republica (4 Septiembre 1870), el armisticio de Paris (28 Enero de 1871) y el Tratado de Frankfurt (10 Enero de 1871). El imperio alemán, así creado, se convirtió en la más poderosa máquina militar de Europa, respaldado por una economía en turbulento desarrollo. En 1870 Alemania y Francia tenían más o menos 40 millones de habitantes, en 1914 cuando volverán a enfrentarse Alemania habrá redoblado su población dejando Francia a los niveles de 1870. La consideración que queremos hacer a esta altura es que en los primeros diez años de la Republica, también incluyendo los meses de la Comuna de Paris de filiación jacobina y socialista, son una época de grandes trastornos políticos que vieron la victoria de los republicanos en todas las elecciones, años de reescritura de la Constitución y redefinición de las relaciones entre las instituciones. En este período, la acción colonial no se detiene, más bien al contrario, comienza a acelerar, y demuestra que un Imperio no es la condición necesaria de la acción colonial, también gobiernos a mayoría republicana de una república parlamentaria podían continuar la labor secular emprendida por los monarcas absolutos.
Hemos elegido los seis meses de la Exposición Universal de París como fecha límite de nuestro análisis porque con este evento se pone en escena el proyecto republicano colonial en el corazón de la capital francesa, un proyecto reivindicado, glorificado y magnificado. La exposición de 1931 constituye el apogeo de la propaganda imperial en la metrópoli, el símbolo del vínculo entre república y colonias, un apoteosis sin equivalentes de la culture impériale que trasciende los regímenes políticos, las ideologías y las pasiones. Después de sesenta años de propaganda y de promoción (1870-1931) la ecuación entre nación, pueblo francés e Imperio se normaliza. El outre-mer se funde con el
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Le Bois de Vincennes, al este de Paris, lugar elegido para la exposición, con sus 8
millones de visitantes, es la demostración manifiesta que la republica colonial puede existir, que el sustantivo “república” yuxtapuesto al adjetivo “colonial” puede generar un oxímoron que no es para nada absurdo sino lleno de significado. Organizada bajo el patrocinio del mariscal Lyautey, héroe de las conquistas coloniales y autentico ídolo nacional, la exposición fue inaugurada el 6 de Mayo de 1931 a la presencia del Presidente de la Republica Gaston Doumergue y del Ministro de Colonias Paul Reynaud. Este ultimo en un discurso radiodifundido declara: « les but essentiel de l’Exposition est de donner aux Françaises consciences de leur Empire, pour reprendre le mot des hommes de la Convention. Il faut que chacun d’entre nous se sente citoyen de la plus grande France, celles des cinq parties du monde…La France métropolitaine à le plus grand territoire de l’Europe après la Russie. Elle n’est cependant que le vingt-troisième partie de l’Empire
français ». El momento es solemne, la inauguración de la exposición grandiosa.
El termino Empire no es casual, es elegido con precisión, sin complejos.
Para la ocasión fue construido el M.A.A.O (Museo de las artes africanas y oceánicas), se prolongaron las líneas de metro, se reprodujeron, con proporciones idénticas a las originales, el templo camboyano de Angkor Vat, la gran mezquita maliense de Djenné, el mayor edificio sagrado hecho de barro del mundo, los italianos reconstruyeron la Basílica de Séptimo Severo en Tripolitana y los holandés los templos de Java. Las obras fueron seguidas febrilmente por la prensa nacional. Dentro del recinto de la exposición hubo actos de todo tipo: bailarines anamitas, carreras de camellos, actuaciones de jinetes árabes y figurantes senegaleses. Todo esto fue descrito por los contemporáneos como el más grande parque de atracciones de Europa.
Vincennes, como anunciaban los posters pegados en toda Europa y en todo el
42 lugar donde fue posible darle la vuelta al mundo únicamente en un día, un viaje metafórico de un país a otro, desde la corte de Behanzin rey de Abomey, hasta el corazón de la procesiones rituales de Anam. Proponer una representación del imperio de esa forma, fue un extraordinario esfuerzo de propaganda, una voluntad que tenía doble finalidad. Por un lado fomentar las inversiones directas sobre aquellos suelos, por el otro representar la espectacularidad del imperio para educar. Le Bois de Vincennes fue la pasarela de los valores republicanos, de los objetivos alcanzados en materia de higiene, técnica e infraestructuras. Allí se enseñó un mundo que estaba a punto de desaparecer, las cuatros caras del imperio: el africano, el indiano, el árabe y el criollo.
Alrededor de la exposición no hubo ningún debate a parte la Contre-exposition
organizada por la C.G.T y los surrealistas que recibe apenas 5.000 visitas y de la cual hablaremos más adelante. La Exposición Universal es crucial, nos da la temperatura, nos dice que los valores coloniales se han incorporado entre y en la gente. Es el triunfo, el apogeo del republicano-centrismo. El tiempo de la conquista ha terminado, su violencia fundadora ha terminado, los franceses viven la legitimidad de sus colonias y con ella de un nuevo lenguaje. La
grandeur de estos días persistirá incluso hasta nuestros días. El 2 de enero de
2004 aparece un artículo de Jacques de Saint-Victor en el periódico Le Figaro que se inscribe dentro de la larga serie sobre las nostalgias francesas. El título es evocador: Le rêve de nos ailleurs perdus. Las imágenes que acompañan el texto son las de Vincennes, el tono es lo de una persona extasiada y orgullosa de una Francia que enseña al mundo sus mejores flores.
En definitiva las expresiones y los valores que se habían forjado en el vientre de la literatura colonial ahora pueden saltar dentro de otras formas de entretenimiento de masa, el texto colonial ha agotado su propósito educativo y
43 propagandístico, a partir de ahora será el cine el que toma el testigo y continúa la carrera. Recordamos que este ya es el año de las piernas voluptuosas y de la voz temblante de Marlene Dietrich que canta su ángel azul, de éxitos cinematográficos como Luces de la ciudad de Chaplin, La golfa de Renoir, de
Muchachas de uniforme, Westfront, The big House, y de las adaptaciones para el
cinema de Sin novedad en el frente y de La ópera de los tres centavos.
Volvamos atrás para retomar nuestra necesaria periodización. Con la represión de 1871 en Cabilia, una región prospera y montañosa en el norte de Argelia, se inaugura una nueva fase de expansión de Francia en ultramar, una esparcimiento de hombres y medios republicanos que alcanza su apogeo en 1931. Estos sesenta años de historia de conquistas (1871-1931) se pueden fraccionar en cuatros periodos. La primera fase (1871-1880) es aquella anterior a la era Jules Ferry. En esa década el general Louis Brière de l'Isle retoma el proyecto de pacificación y marcha hacia el Niger de Faidherbe (1876), en Dahomey un tratado confirma la cesión de Cotonou a los franceses (1878), Brazza emprende su viaje en el Congo (1875), en Indochina las iniciativas comerciales de Jean Dupuis, seguidas por la conquista del Mekong por parte de Francis Garnier, llevan a la estipulación del Tratado de Saigón que reconoce la soberanía francesa en Conchinchina, en Nueva Caledonia se reprime la sublevación del pueblo canaco (1878) y se establece un protectorado sobre las islas de Tahití y Gambier (1880).
La segunda fase de expansión (1880-1885) coincide con los años de auge del líder republicano y con los meses de la Conferencia de Berlín (1884-1885), que es en el fondo un Summit internacional sobre la cuestión oriental del declive del imperio otomano, de su partición. Los acontecimientos más significativos de esta etapa son la conquista de África ecuatorial (1880), Túnez (1881), Madagascar (1883) y Tonkín (1885).
44 La tercera fase (1885-1900/1904) es una época en la cual el parti colonial se compone compacto alrededor de Eugene Etienne, deputado de Oran, que los admiradores llaman “Notre grand marabout” o “Notre dame des Coloniaux”. Durante esta fase el objetivo buscado es de unir las posesiones costeras del golfo de Guinea con el Chad. Así como Inglaterra quería crear su gran arteria vertical de Alejandría de Egipto hasta el Cabo también Francia quería completar su eje horizontal de Congo hasta Yibuti. Estas dos intenciones estaban a la base del altercado de Fachoda (1898) que constituye a nivel geográfico el punto de intersección de los dos ejes. Como hemos ya señalado los peligrosos roces coloniales en África entre ingleses y franceses llegan a termine en 1904 con la solución de la primera crisis marroquís y el nacimiento de una nueva Entente Cordiale.
En la cuarta y última fase (1904-1931), pacificación es todavía la palabra clave para entender la acción francesa en colonia. En el Sahara central la potencia Tuareg pierde vigor tras la derrota de Tit en el norte del Hoggar argelino y de
Tamanrasset, en el Sahara occidental se logra calmar la oposición de la cofradía
de los sanusíes y entre 1908 y 1910 se pone fin a la sublevación de los dogones en Níger y a la de los toma en Liberia. En esta etapa las colonias contribuyen al esfuerzo bélico de la Gran Guerra con 550.000 hombres, casi cien mil fueron las bajas. A estas cifras hay que añadirle dos hechos: África del norte, Indochina y Madagascar enviaron 200.000 trabajadores en las fábricas y astilleros franceses, una cantidad asombrosa de materias primas, que procedían de las colonias, sustentó el esfuerzo bélico. Acabada la guerra, Francia se hace con el mandato sobre Siria, Camerún y Togo que antes pertenecían a los alemanes. Estos largos sesenta años de expansión vertiginosa se concluyen con la guerra del Rif y con la represión de los sublevados de Abd el Krim entre 1925 y 1926.
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