El termino de segregación urbana ambiental o segregación socioambiental se desprende del concepto general de segregación urbana, centrándose específicamente en la cuestión de la inaccesibilidad a bienes urbanos como son el agua, cloacas, energía, esparcimiento, etc. lo que da origen a una diferencia o separación con otros sectores urbanos, a nivel ambiental, a partir, de la diferencia de amenidades, equipamientos urbanos, contaminación, degradación, riesgos, todo lo cual tiene incidencia directa en el deterioro de la calidad de vida urbana, la salud poblacional y el estado de los ecosistemas (M. Salgado et al, 2009).
La segregación urbana ambiental, se plantea como una desvinculación del barrio, a partir de su informalidad con respecto a otros sectores urbanos a nivel inaccesibilidad de bienes urbanos (R. Segura, 2012), infraestructura, calidad de vida, etc.
Sumado a la segregación urbana ambiental que representa este espacio territorial, los casos de hacinamiento y precariedad, son capaces de reflejar una situación de segregación socio-económica (Jorge Rodríguez y Camilo Arriagada, 2004:3) aunque, la concentración territorial de casos de hacinamiento y precariedad, no se considera alta en función a la información recabada.
Por otro lado, asimismo, la cuestión ambiental, se concibe como una condición de diferenciación o segregación urbana o residencial acoplada a términos de tipo étnicos, sociales, culturales, socioeconómicos, dentro de una misma aglomeración (G.S. Mera, 2011). Este espacio de segregación, crea a su vez, un espacio estigmatizado del barrio, según la conceptualización de R. Segura (2006:16), asociado en el imaginario social de la gente “con la violencia, los delitos, la anomia”.
Se representa, se imagina y se percibe al barrio desde lo negativo social y ambientalmente, generando aislamiento y exclusión pero que son superados por sus habitantes a través de estrategias de movilidad (R. Segura Op. Cit).
En función de lo expuesto y a partir de las entrevistas realizadas a los vecinos del 30 de Octubre, los más cercanos al barrio en cuestión, sienten y perciben sobre él y su población que,
“Es gente que vino de otros países buscando una mejor vida, por lo que sabemos vivían muy mal en su país. Pero lo que no estamos de acuerdo es que nos perjudiquen a nosotros, no tienen cloacas, no tienen agua, no tienen luz y todo lo tiran acá. Y las cloacas bajan de allá y nos perjudican a nosotros. Los contenedores de basura se re llenan, es más buscan en los contenedores,
revuelven dejan todo desordenado, más los perros. Tiran la basura de arriba, imagínate con el calor, se siente el olor” (Esther, vecina de las 1008, 2012).
En los relatos de los vecinos del 30 de Octubre, es claro como se produce esa interacción entre los problemas ambientales informales y sus proximidades, generando situaciones de conflicto y, a su vez, se hace constancia de los atributos de un espacio ambientalmente “segregado-marginado y estigmatizado” (R. Segura, 2006:16). Esto, además, se hace notorio ante la utilización de metáforas urbanas, concepto planteado por Silva Armando citado por R. Segura (2006:9), “las cuales permiten ver cómo operan ciertas categorías (adentro / afuera, antes / ahora, arriba / abajo, etc.) en la comprensión de lo urbano aplicadas al estudio del espacio barrial”. En el caso de este barrio extensión, es común la utilización del par arriba/abajo para diferenciarse, especialmente con el barrio 30 de Octubre y viceversa. Por ejemplo, al preguntar a un grupo de vecinos con respecto a su relación al barrio en extensión o el “arriba” dicen, “¿Con la gente de arriba? La mayoría son gente boliviana, paraguayo, no podemos discriminar, pero queremos que eso sea aparte, el asentamiento con nosotros, que se arreglen” (Esther, 2012).
Por otro lado, “arriba”, en el otro barrio, sus habitantes plantean sobre el “abajo” o el 30 de Octubre:
“El de abajo es el problema, la gente de abajo, sin generalizar, son unos cuantos pibitos que vienen a chorear, inclusive a dos paraguayos mataron ahí abajo para
robar. Entre nosotros nos defendemos, no permitimos que suban acá porque no molestamos acá. Y lo clandestino que vendemos acá es porque no podemos bajar, la
gente se canso que les roben le peguen, tenemos supermercado allá, pero tenemos miedo, a las mujeres las desnudan” (Zunilda, vecina, 2012).
Este par de oposición “arriba-abajo”, puesto en manifiesto por vecinos del barrio y aquellos en limites del mismo, forma un sistema topográfico por medio del cual se simboliza, segmenta y otorga sentido al espacio barrial y a las relaciones con el entorno,
simboliza relaciones de poder y desigualdad de posiciones sociales de diferentes actores (R. Segura, 2006).
Para algunos vecinos del 30 de Octubre, el barrio de “arriba” se caracteriza por afectarlos, entre algunas cosas, principalmente, a nivel social y ambiental, es decir, la manera en que los problemas ambientales informales los afectan directamente, los perciben y representan, como los “Feos, sucios y malos”.
Por otro lado, del otro costado, los de “arriba” ven a los de “abajo”, como una zona de riesgo, peligro y violencia, es decir, también se percibe como un espacio estigmatizado a “las 1008” (C. Laztra, 2009) pero, donde ponen en práctica, algunas estrategias de movilidad para esquivarlo (R. Segura, 2006) o acceder a ciertos servicios y actividades del 30 de Octubre como, por ejemplo, el Centro de Salud; Talleres y Guardería del Centro de Promoción Barrial; la Iglesia (entrega de bolsones de Caritas) y en muy pocos casos a la Vecinal, donde acuden algunos generalmente en invierno en busca de leña para calefaccionarse42.
Son pocos vecinos en el barrio, dentro de los casos entrevistados que, “bajan” al 30 de Octubre, ya que cotidianamente para ir, principalmente a comprar y trabajar, lo hacen a través de accesos o calles como es el caso de la Ruta Nacional nº3, por detrás del barrio o a través de calles en los costados hasta llegar a la Av. Chile y poder acceder al transporte público urbano.
Esa diferenciación que se hace del barrio, en disonancia con el 30 de Octubre, aunque a nivel municipal, se utilice el mismo nombre para referirse a ambos como un solo barrio, no permite apreciar sus verdaderas formas e identidades que surgen en su interior, su dinamismo y las formas en que las personas que lo hacen, lo viven, se conectan con el resto de la ciudad y buscan ser parte de la misma. Lo que en la vida urbana parece una separación es una forma de socialización con el resto de la ciudad (R. Segura, 2012).
La necesidad de sus habitantes de ser parte de la ciudad, de no ser identificados solo como “los ilegales”, “usurpadores”, “okupas”, “invasores”, etc. determina la
42 La entrega de leña a través del “plan calor” lanzado por la Secretaría de Desarrollo Humano y
implementación de estrategias de movilidad, de conexión, de cumplir con la norma para pasar a verse incluidos en las políticas públicas de la ciudad, a favor del mejoramiento y reconocimiento. Todas esas prácticas de búsqueda de inclusión se hacen a partir de la identidad barrial y el accionar conjunto de reunirse, por ejemplo, un sábado a la mañana en alguna esquina para organizarse y hacer oír las novedades sobre las mensuras y regularización43, una clara forma de organización social, asociación y cooperación (R. Fernández, 2000:515).
Los reclamos y demandas del barrio, se centran principalmente, en obtener tarde o temprano la titularidad de la tierra como forma de estar integrados a una ciudad que le es adversa (C. Cravino, 2004:96)
La búsqueda de orden en el barrio, de cumplir con lo establecido, según D. Merklen (1997:19), se propicia con el fin de que el asentamiento no se transforme en una villa. “Y es que los vecinos de un asentamiento han sido colocados en una situación de pobreza similar a la de un villero”.
Existe la identidad de sus vecinos con el territorio como barrio, aunque hoy en día, no existe un único nombre para llamarlos. El hecho de llamarlos como “el barrio de los paraguayos” connota cierta discriminación y marginación cuando la realidad social-cultural es otra, ya que existen personas de diferentes nacionalidades (argentinos, bolivianos, peruanos, chilenos, brasileros, etc.). Además, según lo comentado por los vecinos, ellos se sienten y quieren ser parte del 30 de Octubre, a pesar de los hechos y conflictos que los une a ambos barrios.
A nivel organizacional, el barrio tiene algunos representantes según los sectores, como Roberto con su capacidad de representación y manejo ante el barrio sus vecinos y áreas externas. Las dinámicas propias del barrio, hacen pensarlo como comunidad y la presencia de organización que los representan se muestra, en muchos casos, como sinónimo de autonomía y capacidad de decisión colectiva (C. Cravino, 2004:95).
43 Esta situación se nombra en función de la observación participante en la junta vecinal realizada el 6
Roberto, como se expreso anteriormente, además de dedicarse a su almacén, es el nexo entre el barrio y los entes municipales, privados y otras instituciones, es decir, lleva adelante la relación con el exterior, un hecho fundamental para la resolución de la vida cotidiana en el barrio (C. Cravino, 2004). Muchos vecinos acuden a él ante algún problema, por ejemplo, en el caso de una vecina embarazada que le pidió ayuda:
“Les pedí a los del CPB44
que la vean, que le den una mano pero, como no vinieron, la mande para allá pero, dicen que como somos ilegales no pueden hacer nada. La mujer está embarazada y viviendo en condiciones muy precarias. Yo le conseguí un ranchito que estaba abandonado pero, pareciera que la orden es si sos ilegal, morite” (Roberto, 2 de Enero de 2013)
El accionar y motivación de Roberto junto con los demás vecinos, llevó a muchas mejoras en el barrio, como por ejemplo, en algunas calles donde antes no se podía circular, se hizo la contratación de maquinas moto niveladoras para arreglar y rellenarlas, convirtiéndolas en transitables. Otra acción de mejora, lograda por los mismos vecinos y que se hace referencia en el Informe presentado por la Subsecretaría de Tierras, es la colocación de 200 medidores individuales de luz.
Según F. Stratta (2009),
“el componente comunitario viene a fortalecer un tejido social fragmentado por las políticas que encuentran un hilo conductor en la precarización de la vida. Pero la organización social contempla a su vez una faz instrumental que guía la acción a partir de la necesidad de satisfacer demandas. Desde esta lógica, la obtención de una red de cloacas o el equipamiento para la atención en la sala de salud, el pavimento para las calles o el tendido del alumbrado al interior de los barrios, también son objetivos de la organización”.
El accionar comunitario, la búsqueda diaria de organización vecinal45, se contempla en algunas acciones paliativas individuales y conjuntas para solucionar algunos problemas ambientales informales, necesidades y desigualdades que hacen a su identidad (C. Cravino, 2004).
44
En referencia al Centro de Promoción Barrial del 30 de Octubre como institución Municipal.
45 En referencia a esto, Roberto, es uno de los encargados de organizar a otros vecinos con la idea
principal de poder construir un espacio para Asociación Vecinal, “sin la ayuda del Estado”, según lo expresado por el vecino.
La territorialidad del barrio, en este sentido, se representa en la idea de una red de relaciones que “dan sentido de agenciamiento, pertenencia e identidad, a partir de la cual se configuran los arreglos espaciales y temporales de una cultura” (Lavanderos y Malpartida, 2001, citado en C. Sotolongo y Delgado Díaz, 2006:174)
Esa identidad enraizada en los vecinos del barrio y su motivación conjunta de salir de esa visión separatista y de abstenciones gubernamentales municipales, convocó a un relevamiento poblacional por sectores, realizado por los mismos vecinos para contabilizar la cantidad de personas que residían en el lugar. “Nosotros hicimos relevamiento una vez hace mucho. Ellos en un sector y nosotros en otro. Dividimos los terrenos y eran 120 terrenos y 170 familias, ahora ahí atrás debe ser un enjambre”, comentaba Roberto en referencia al relevamiento realizado por ellos mismos.
Por otro lado, María, comentaba en referencia al relevamiento en su sector: “yo tengo 110 familias de la parte de nosotros de mi casa para abajo y una del costado, después para arriba no están registrados”.
Existe cierta necesidad y urgencia de cambiar las cosas, de que mejoren, que el barrio cambie sus formas y acciones que afectan a todos. Esas cuestiones a cambiar, radican su mayoría, en los problemas ambientales informales. Con respecto a esta realidad y el trabajo mancomunado, los vecinos comentan: “Hace más de 4 años que nos organizamos, todo es una lucha, luchamos para que no tiren más agua, pero hay dos casas en la esquina de abajo, que son los más rebeldes”. En este caso, se hace hincapié, en aquellos vecinos que no controlan las pérdidas de agua de las mangueras clandestinas y las consecuencias para la barriada.
Es constatable, según el relato de algunos vecinos, factores negativo o conflictos entre ellos que en parte, hacen a esa comunidad barrial y sus complejidad pero, que a su vez, son desventajas a la hora de concretar ciertas acciones resolutivas en el plano ambiental como el hecho de seguir pautas organizativas y correctivas, que se cumplan por todos a largo plazo. Esto, se puede asociar a la falta de concientización sobre los problemas ambientales que los rodea y la importancia e impacto positivo de tratarlos adecuadamente.
Con respecto a los problemas ambientales del barrio, como los efluentes cloacales y domiciliarios, Ana, cuenta sobre cierta situación que refleja esas circunstancias
problemáticas: “Yo le dije a un vecino: mira Mariano el pozo, fíjate que vas hacer con el agua porque es un desastre la calle. Y me dijo que iban hacer un pozo para el agua de la cocina y el lavarropas. No cuesta nada tapar el pozo” (Ana, vecina, 2012)
Se consideran todas aquellas acciones de concientización realizadas por los propios vecinos, como paliativas a resolver esos problemas ambientales desde el sentido de barrio, demostrando esa voluntad de avanzar y salir de esa imagen de “barro” y de informalidad.
El panorama demuestra que ante la falta de intervención pública a algunos problemas ambientales, caracterizados por la ausencia de infraestructura, precariedad y la falta de orden, lleva desde la acción comunitaria barrial a tomar la iniciativa y comenzar a dar solución. Esa iniciativa de avanzar e incluirse en la norma como barrio, llevó, según la Subsecretaría de Tierras, a que los mismos vecinos solicitaran la intervención municipal para finalizar el ordenamiento de las tierras. Según R. Segura (2012) “donde nadie se imaginaba que iba haber un barrio y lo construyen, eso marca el progreso y esfuerzo”.
La consolidación como barrio con una identidad, se ve reflejada en un hecho específico como es la demanda al sector público de un espacio físico o terreno para la construcción de la vecinal. La concepción de comunidad se resume en la frase expresada por Roberto: “Aunque sea dos ladrillos por persona vamos a ir armando la vecinal”. A su vez, con respecto al tema, el referente decía que “la idea es hacer un salón grande, y el día de mañana poder hacer actividades para los chicos, apoyo escolar, entre otras” (Roberto, 2012).
La segregación urbana ambiental o segregación socioambiental que parece diferenciar al barrio extensión de otros barrios, se va difumando en el espacio de la ciudad, en la interacción de sus problemas ambientales con “las 1008” y más allá; diluyéndose a otros sectores, dando un sentido de continuidad y extensión de los mismos con en el resto de los problemas ambientales de la ciudad. Se plantea, adhiriendo a R. Segura (2012), no pensar la segregación en “tentación de aldea”, abandonar el hecho de trabajar ese grupo solo en sí mismo, porque se pierde de vista a la ciudad, las cuestiones de desplazamientos e interacción continúa.
Finalmente, como un panorama general sobre los problemas ambientales informales y la segregación urbana ambiental, se plantea en esta primera parte, darle dinamismo a estos
conceptos como determinantes del desarrollo y proceso de cambio, desde asentamiento informal a un barrio, sintetizado en la frase “del barro al barrio”, un proceso de metamorfosis y de búsqueda de inclusión en una ciudad desambientada, desbordada en sus capacidades de solución y alternativas políticas.