identidad nacional Forja y evolución del concepto
1.2. Segundo ciclo y tercera crisis Del 11S a la Gran Recesión
Tras la fase contracultural del Anti-paraíso, extendida a los años 70, Samuel distingue tres nuevas etapas en el desarrollo histórico del American dream que se agrupan en un segundo ciclo en parte similar al anterior.
La primera etapa coincide con la década de los 80, momento en que coinciden por un lado un renacimiento del patriotismo gracias al triunfo definitivo de Estados Unidos en la guerra fría y, por otro, una cierta desigualdad económica entre los extremos del arco social. La segunda etapa transcurre durante los años 90 y el autor sitúa en ella la que denomina como período de la sociedad ansiosa: una generación de estadounidenses dominados por el factor individualista del sueño, que ha olvidado el
sentido colectivo del concepto en sus orígenes. Finalmente, la llegada del nuevo siglo abre la actual etapa que el historiador, más allá de la consideración de las turbulencias políticas o socioeconómicas del período, entiende como un momento de consagración definitiva de los valores configuradores del ethos nacional, hasta el punto de denominarla como la fase del Ídolo americano:
Todos los signos indican que el sueño continuará siendo una parte ineludible del panorama cultural, de lo cual deduzco que nuestra mitología primordial servirá como fuerza de empuje en los próximos años, tanto para los estadounidenses como para las otras personas del planeta" (Samuel 2012: 11).
Evolución histórica del sueño americano: Segundo ciclo
Etapas según Samuel
1981-1990: Renacimiento patriótico Final de la guerra fría, recuperación de los valores tradicionales del ethos
1991-2000: Sociedad ansiosa Predominio del factor individualista del ethos
2001-2018: Ídolo americano Tercera crisis. Establecimiento definitivo de los valores del American dream
Círculo configurador del American dream: período 1981-2018
Hanson y White, por su parte, se refieren a la actual etapa abierta como el escenario crítico de una tercera toma de conciencia social en torno al American dream, según la perspectiva que proporcionan los dos hechos históricos que marcan los primeros años del nuevo siglo: los atentados de la jornada del 11S y la recesión económica de 2007. Sin entrar a considerar el impacto del mayor ataque sufrido sobre suelo estadounidense desde Pearl Harbor, los dos expertos resumen así el paisaje social del momento:
La nación se encontraba atascada en una recesión que la mayoría de los economistas consideraban como la peor desde la Gran Depresión en los años 30. Se perdieron más de 7.200.000 empleos. La tasa oficial de paro superó el 10 por ciento por primera vez en veintinueve años, y el número de estadounidenses que no se molestaban en buscar trabajo o se convirtieron en trabajadores marginales alcanzó el 17 por ciento (...). De acuerdo con estas deprimentes estadísticas, [Barack] Obama declaró que aquello representaba "el American dream en sentido inverso" ( Hanson y White 2011: 5).
La amenaza efectiva contra la población civil ocasionada por los ataques terroristas de 2001, unidos a la denominada Gran Recesión de 2007 —término que evoca a propósito el desastre de 1929—, supuso en la conciencia nacional un retorno al escenario convulso de los años 30: la primera etapa del desarrollo histórico del
American dream que, según Samuel, también constituyó la de mayor peligro para el ethos. En la primera década del nuevo siglo, el sueño americano conoció una tercera
crisis que podemos abordar desde tres puntos de vista: la precaria seguridad del hogar nacional, el desastre de la crisis financiera y, como consecuencia de ambos, una amenaza a los derechos y libertades civiles.
1.2.1. Los ataques del 11S. La fragilidad de la frontera
Los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington pusieron de manifiesto ante los estadounidenses la fragilidad de sus fronteras.
En Nueva York, bajo las ruinas de la Zona Cero yacían los cadáveres de 2.977 civiles, 343 bomberos, sesenta policías, ocho médicos y tres oficiales de justicia. Las imágenes de los aviones impactando contra las torres gemelas, ofrecidas en directo y repetidas por las cadenas de televisión, transformaban en realidad la peor pesadilla de unos ciudadanos que, dos generaciones atrás, construían refugios antinucleares en el jardín trasero mientras los niños realizaban en el colegio simulacros de bombardeos. El 11S había conjurado en millones de norteamericanos los demonios domésticos difundidos durante la guerra fría por los géneros cinematográficos de catástrofe e invasiones alienígenas a lo largo de décadas.
Los medios comparaban la tragedia con el bombardeo de Pearl Harbor en 1941, sucedido en "una fecha que perdurará en la infamia" según las palabras de Roosevelt. En sentido estricto, el ataque japonés no había sucedido exactamente sobre suelo nacional, pues Hawái era por entonces un territorio y no gozaba aún de la categoría de estado de la Unión. Estados Unidos solo había sido invadido una vez en el pasado durante la guerra de 1812 contra Gran Bretaña, cuando las tropas británicas marcharon sobre Washington en el verano de 1814 e incendiaron la Casa Blanca, el Congreso y
todos los edificios del gobierno13. Aquello había sucedido ciento ochenta y nueve años
atrás y apenas perduraba en el imaginario popular. En cambio, Pearl Harbor se recordaba como un golpe todavía reciente contra el hogar nacional y doméstico, conceptos nucleares del sueño americano. El ataque de 1941 supuso 2.400 bajas civiles y militares.
En una alocución dirigida al país doce horas después de los atentados, George W. Bush señalaba dos valores inherentes al sueño americano como motivos fundamentales de la acción terrorista: "Estados Unidos ha sido blanco de los ataques porque somos el más luminoso faro de la libertad y de las oportunidades en el mundo. Y nadie podrá evitar que esa luz deje de brillar"14. Cuatro meses más tarde, en su discurso sobre estado de la Unión, el presidente empleaba por primera vez la expresión eje del
mal para referirse a los potenciales agentes destructivos que amenazaban la paz de las
comunidades alineadas con el mundo civilizado. De esta manera, el Comandante en Jefe de la nación y primer ciudadano justificaba acciones de guerra que, en sentido estricto, no se concretaban en una declaración formal de guerra contra país alguno —con excepción de Irak—, a diferencia de lo sucedido en 1941. Al término de este segundo discurso, Bush apelaba al excepcionalismo y al carácter providencialista del pueblo estadounidense en la defensa de las libertades, otras tres notas de identidad características del sueño americano:
Más allá de las diferencias de raza o credo, somos un solo país que llora unido y afronta el peligro unido. En lo más hondo del carácter americano existe honor, y este es más grande que el cinismo. Y muchos han descubierto de nuevo que incluso en la tragedia —especialmente en la tragedia—, Dios está cerca. De repente hemos comprobado que esta será una década decisiva en la historia de la libertad, que hemos sido llamados a jugar un papel único en los acontecimientos humanos. Rara vez ha afrontado el mundo un reto más claro o trascendente. Nuestros enemigos envían a los hijos de otros pueblos en misiones de suicidio y asesinato. Ellos abrazan la tiranía y la muerte como
13 Los invasores encontraron vacía la Casa Blanca, pues el presidente Madison y su esposa habían huido
precipitadamente hacia Virginia minutos antes. Los oficiales británicos consumieron la cena preparada para el presidente y, solo después, se prendió fuego a la mansión.
14 Discurso a la nación sobre los ataques terroristas. George W. Bush: 11 de septiembre de 2001.. Online,
Gerhard Peters and John T. Woolley, The American Presidency Project. http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=58057.
causa y creencia. Nosotros optamos por una causa diferente, forjada hace mucho tiempo en el día de nuestra fundación. Hoy nos reafirmamos en ella. Escogemos la libertad y la dignidad de cada vida15.
En la retórica de Bush, el discurso político se identificaba plenamente con las claves del American dream a través de un lenguaje que solo una nación herida podía entender y asumir en términos emocionales. Según el imaginario material del ethos, la nación-hogar había sido físicamente allanada y golpeada con una violencia nunca antes experimentada en la historia el país, y el presidente apelaba a tres claves intangibles del sueño —oportunidad, libertad, providencia— para invocar la superación de la tragedia.
La sociedad asumió este discurso en los primeros años del mandato de Bush tal como prueba el índice de aprobación popular del presidente, que ascendió desde el 50 por ciento a comienzos del 2001 hasta superar los 86 puntos tras los atentados del 11S16. El pueblo se mostraba ampliamente partidario del uso de la fuerza militar para combatir el terrorismo y, según Kellner, por aquellos días se consideraba antipatriótico atacar al presidente y a la administración (Kellner 2010: 34). Sin embargo, las complicaciones surgidas en el conflicto de Irak, la deficiente reacción ante el desastre del huracán Katrina y el resultado negativo de las medidas sociales, políticas y económicas aplicadas marcaron una administración turbulenta, y finalmente derivaron en el desgaste progresivo de la imagen de Bush durante su segundo mandato. A finales de 2008, en pleno colapso del sistema financiero, la aprobación popular de su gestión apenas alcanzaría el 25 por ciento.
En este descenso de la imagen de Bush pesaban, fundamentalmente, dos aspectos relacionados directamente con el deterioro del sueño americano. Por un lado, el cierre en falso de la guerra de Irak en 200317 y el aumento en el número de soldados
estadounidenses fallecidos —que superaba los 4.000 cuando el presidente republicano
15 George W. Bush: "Address Before a Joint Session of the Congress on the State of the Union," January
29, 2002. Online by Gerhard Peters and John T. Woolley, The American Presidency Project. http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=29644.
16 “Reviewing the Bush Years and the Public’s Final Verdict. Bush and Public Opinion”, The Pew
Research Center, 18 de diciembre de 2008, http://people-press.org/2008/12/18/bush-and-public-opinion,
consultado el 27 de mayo de 2017.
17 El 1 de mayo de 2003, George W. Bush anunció el cese de las operaciones principales de combate en
Irak durante un discurso a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, con una pancarta de fondo en la que se podía leer "Misión cumplida" (Mission accomplished). Las bajas estadounidenses no alcanzaban por entonces a 150 y lo peor de la guerra estaba aún por llegar.
dejó el poder—, y por otro el descenso en la calidad y nivel de vida de los ciudadanos como resultado de la Gran Recesión de 2007.
1.2.2. Crisis hipotecaria y ruina doméstica
Los atentados del 11S y las posteriores acciones contra el eje del mal afectaron negativamente al concepto de hogar nacional, elemento nuclear del sueño americano. Por un lado, la amenaza terrorista puso en evidencia la vulnerabilidad del suelo nacional; por otro, la larga campaña bélica emprendida como respuesta y el número de bajas, que superaba a finales de década al de las víctimas causadas en la propia jornada trágica, supusieron un desgaste para el país en términos de imagen y de moral social.
En el terreno económico, el estallido de una crisis financiera en 2007 desestabilizó la economía de la nación y afectó al empobrecimiento de las clases medias, provocando un fenómeno que se popularizó con el evocador apelativo de Gran
Recesión. Concretamente, la amenaza contra el hogar familiar estadounidense se debió a
la inflación del sector inmobiliario, una burbuja que solo aquel año empujó a más de un millón de hogares a afrontar juicios por embargo hipotecario.
La brecha abierta por los derivados financieros parecía inabarcable a juicio de los economistas, y el déficit público se agravó en pocos meses hasta alcanzar niveles de la segunda guerra mundial. Los expertos situaban el origen de la recesión en 2004, año en que se inicia una deriva inmobiliaria de préstamos hipotecarios que provocó el endeudamiento masivo de los ciudadanos. Se produjo entonces un fenómeno de mercantilización de los hogares que, a la larga, supuso para muchas familias la pérdida de sus casas. En 2007, cuando la crisis ya era evidente, los bancos habían iniciado procedimientos de desahucio contra 1,3 millones de hogares. En 2008, los embargos afectaban ya a 2,3 millones, lo cual suponía un crecimiento del 81 por ciento en un solo año18. La desestabilización de la economía se tradujo en un aumento del desempleo: en octubre de 2009 el paro superó el 10 por ciento de la población activa, mientras que el paro juvenil alcanzaba a más del 27 por ciento.
18 "U.S. Forclosure activity increases 75 percent in 2007". RealtyTrac, 29 de enero de 2008,
http://www.realtytrac.com/content/press-releases/us-foreclosure-activity-increases-75-percent-in-2007- 3604?accnt=64847. Consultado el 27 de mayo de 2017.
Alegóricamente, Kimmage compara la ruina doméstica provocada por la recesión con la devastación del huracán Katrina, que en el verano de 2005 asoló el golfo de México y dejó a más de un millón de ciudadanos sin hogar. Para el experto en el
American dream, el símbolo de aquella crisis económica consistió en la lucha por
obtener la propiedad de una casa —a la que denomina "piedra angular del sueño americano"— en un momento en que los especuladores forzaban a los soñadores a realizar hipotecas, cuando hubiera sido preferible el alquiler o la compra de hogares más pequeños. La opinión nacional se expresó en las elecciones de finales de 2008:
La naturaleza progresiva del American dream —más hogares, más prosperidad, más oportunidades— chocó contra la amarga realidad, justo en el momento en que los estadounidenses se disponían a acudir a las urnas. En ningún otro momento desde la segunda guerra mundial los parámetros del
American dream se encontraban tan deteriorados (Kimmage 2011: 35-36).
En 2009, los estudios de opinión se hicieron eco de la importancia que los ciudadanos concedían a los aspectos no tangibles del American dream. Concretamente, el ciudadano medio asociaba en las encuestas el éxito del sueño americano con la felicidad espiritual —una familia unida y la integración en una comunidad justa—, por encima de la satisfacción de preocupaciones materiales como la propiedad de una casa, la gestión de un negocio propio o la garantía de un seguro de jubilación (Hanson y Zogby 2010: 570). En este sentido, en su estudio sobre el sueño americano entre 1980 y 2008, Kimmage distingue una doble dimensión material y espiritual en el ideal del
ethos, según la cual los logros económicos tangibles no constituyen por sí mismos su
naturaleza o carácter distintivo. "El American dream puede definirse como una espiritualización de la propiedad y el consumo —llega a decir—, una inversión de felicidad y dignidad en el consumo y en la propiedad" (Kimmage 2011: 27).
Esta visión metafísica del sueño americano podría explicar la apreciación optimista de los estadounidenses del momento, pese al panorama socioeconómico desolador que afrontaban al finalizar la primera década del siglo. Así, según recogen Hanson y White (2011: 12), el 69 por ciento de los ciudadanos creía en 2009 que sus hijos alcanzarían el sueño americano19. En plena Gran Recesión, una encuesta de Gallup
realizada el mismo año entre más de mil adultos estadounidenses ofrecía dos datos reveladores. Por un lado, el 72 por ciento de los estadounidenses continuaba mostrando su acuerdo con uno de los principios fundamentales del ethos: "Si trabajas duro y cumples las reglas, alcanzarás el sueño americano en algún momento de tu vida". Además, el 84 por ciento pensaba que los nacidos cincuenta años atrás estaban viviendo una vida mejor que la generación de sus padres20.
1.2.3. La erosión de los derechos civiles
Como se ha indicado atrás, el retroceso en el ámbito de los derechos civiles experimentado a comienzos del siglo XXI fue resultado tanto de la reacción legal contra
la amenaza terrorista como de la recesión económica. En efecto, si los ataques de Al Qaeda sobre suelo nacional demostraron la fragilidad del hogar nacional, pilar de la prosperidad en el ideal del sueño americano, la crisis financiera empobreció a más de dos millones de familias y las arrojó de sus casa. Uno y otro fenómeno, acontecidos a principio y final de la primera década del siglo, provocaron una erosión progresiva de los valores de igualdad inherentes al American dream cuyo alcance, según la definición propuesta por Adams, es independiente de las "circunstancias fortuitas de nacimiento y posición".
Tres semanas tras producirse el 11S, el Congreso aprobó una serie de medidas excepcionales bajo el impulso de la presidencia conocidas por el nombre de Ley Patriótica (Patriot Act)21, con el objetivo de reforzar la seguridad nacional y evitar nuevos ataques terroristas. La ley justificaba, entre otras medidas preventivas, la detención indefinida de inmigrantes, el acceso del FBI a conversaciones telefónicas, emails y datos bancarios sin previo permiso judicial, o el registro de domicilios y empresas sin consentimiento o conocimiento de sus propietarios. Con independencia de las controversias legales que ocasionaron estas medidas por su posible inconstitucionalidad, la Ley Patriótica supuso un recorte de libertades que afectó no solo a los inmigrantes sino también a la consideración social de ciudadanos pertenecientes a
20 "Recession Leads Many to Change Their View of the American dream", USA Today, 10 de marzo de
2009.
https://usatoday30.usatoday.com/money/economy/2009-03-10-well-being-index_n.htm. Consultado el 28 de abril de 2017.
21 US Patriot Act es el acrónimo de "Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools
minorías étnicas y religiosas. Si bien la Ley condenaba explícitamente la discriminación sufrida por estadounidenses musulmanes y de origen árabe, las medidas constituían un retroceso en las garantías legales de los ciudadanos. Tras su aprobación, la Asociación Nacional de Derechos Civiles (American Civil Liberties Union, ACLU) denunció las posibles lesiones derivadas contra ciudadanos extranjeros y nacionales: "La legislación incluye cláusulas que pueden permitir el maltrato de inmigrantes, la supresión de la crítica y de la investigación, y la vigilancia de ciudadanos absolutamente inocentes”22.
La pugna entre seguridad nacional y libertades civiles pone de manifiesto una tensión recurrente, presente en la historia de la nación desde sus orígenes como república independiente23. En este sentido, los logros obtenidos a lo largo del siglo previo en el campo de los derechos civiles quedaban en parte suspendidos o mermados ante las medidas legales extraordinarias para la prevención del terror. Por este motivo, diversos sectores de la opinión pública alertaron de los peligros sociales que podían derivarse del blindaje de fronteras anunciado por el discurso oficial, en un país cuyo origen y principal fuerza se apoyaban sobre la épica emigrante y su particular sueño de prosperidad. La percepción de riesgo en el contexto urbano de Estados Unidos llegó a convertirse en un lugar común mediático, donde podían advertirse síntomas de descomposición en la vinculación entre ciudadano e instituciones sociales: desconfianza en el Estado como garante de seguridad, xenofobia, venganza, proliferación de las teorías de la conspiración, obsesión ante la invasión, nacionalismo, enquistamiento social… Todos ellos lesivos para el American dream como ethos de identidad nacional.
El final de la década trajo consigo la sucesiva expiración de secciones de la Ley Patriótica y el restablecimiento de los derechos civiles de los inmigrantes. Con todo, durante las dos administraciones de Barack Obama no llegó a cumplirse una de las promesas más difundidas durante la campaña electoral de 2008: el cierre del centro de detención de Guantánamo —limbo extraterritorial donde las garantías constitucionales escapaban a cualquier control—, y el cese de los juicios militares contra ciudadanos