3.3. La irrupción sensible del otro en De otro modo que ser o más allá de la esencia
3.3.2. La sensibilidad como dicho y como decir
consistiría en ser imagen de lo verdadero558.
En el ámbito de lo dicho, la sensibilidad es el dato o el contenido ligado a un objeto; la sensación en tanto sentida o vivida, en cambio, es completamente diferente. La sensibilidad no solo significa en su papel en el conocimiento, en el que es sincrónica, pues cabe considerarla en un tiempo distinto del de la economía general del ser, el tiempo diacrónico de la conciencia que vive de sus contenidos. En TI la sensibilidad es el disfrute, pero aquí tiene otro sentido; en efecto, el disfrute es en TI un género y la sensibilidad una de sus modalidades. En AE, en cambio, la sensibilidad es el género y sus modalidades son el disfrute, la sensación como dato o imagen y la vulnerabilidad como exposición al otro. La sensibilidad en tanto que vivencia es anterior a la intencionalidad que toma lo sentido como dato de la conciencia. Esto no significa, claro esta, que sea esta la única intencionalidad que Levinas reconozca, como queda claro cuando reconoce la existencia de una intencionalidad específicamente corporal.
3.3.2. La sensibilidad como dicho y como decir
En Ideas 2, Husserl sostiene que la constitución de la objetividad se produce por una síntesis continua de las intuiciones sensibles del yo. La intuición de la cosa material, a su vez, tiene su sede en el cuerpo del sujeto experimentante. En la actitud volcada hacia el objeto, en la que se pretende conocerlo, el sujeto se olvida de sí mismo; sin embargo, las cosas materiales en tanto percibidas, los aistheta, son dependientes del cuerpo y de la sensibilidad. En efecto, el cuerpo es “el medio de
TODA PERCEPCIÓN; es el ÓRGANO DE LA PERCEPCIÓN; concurre NECESARIAMENTE en toda
percepción”559. Una percepción no es del todo pasiva; en efecto, es ya conciencia‐de algo. La sensación, en cambio, sí es pasiva, pero se genera en un movimiento del cuerpo (órgano de percepción móvil) o, en todo caso, depende de su locación en este. “En el ver, el ojo está dirigido a lo visto y pasa corriendo sobre las esquinas, las superficies, etc. Al palpar, la mano se desliza sobre los objetos”560. Hay una serie
558 AE, p. 76 (nota 4).
559 Ideas 2, §18, p. 88.
sensaciones cinestésicas, es decir, muy específicas, localizadas, que tienen que ver con el órgano perceptivo en movimiento en cuestión. Los ojos o la cabeza se desplazan y las sensaciones que tienen dependen de su movimiento. Podemos decir que este movimiento es voluntario pero no del todo espontáneo, pues responde a una motivación (solo porque el mundo afecta al yo es que este se mueve).
Las notas o aspectos de las cosas se constituyen sobre la base sensaciones; sin el movimiento corpóreo solo se vería un aspecto de la cosa y no podría reconocerse la unidad de la misma, pues las distintas sensaciones de la cosa serían discretas entre sí. Se requiere, pues, de la percepción que toma lo múltiple de la sensación y lo lleva a unidad. La fenomenología entrevé que esta función tiene una serie de capas previas ligadas a la corporalidad. Cuando se examina el objeto natural ‘hombre’ en su constitución no se puede, sin más, omitir la función que desempeña el cuerpo en dicha observación. En la experiencia con los objetos ‘concurre’ el cuerpo como órgano perceptivo, pero este órgano tiene una constitución. Uno percibe su propio cuerpo en el espacio gracias a que posee un cuerpo. La percepción externa del cuerpo sobre sí tiene ciertos límites que hacen que no sea sin más una cosa entre las demás: se puede, por ejemplo, tener una experiencia sensible de la espalda a través del tacto pero no a través de la visión, pues cae fuera del rango de la visión. La diferencia entre las apariciones visuales y táctiles es fundamental, ya que da cuenta de lo distintivo del cuerpo: cuando se ve es tomado como algo externo; cuando se lo toca, en cambio, se produce una ubiestesia o sensación localizada.
Todas las sensaciones ocasionadas tienen su LOCALIZACIÓN, esto es, se diferencian por los sitios de la corporalidad aparente y pertenecen fenomenalmente a ella. El cuerpo, por ende, se constituye primigeniamente de manera doble: por un lado es cosa física, MATERIA, tiene su extensión, a la cual ingresan sus propiedades reales, la coloración, lisura, calor, y cuantas otras propiedades materiales similares haya; por otro lado, encuentro en él, y SIENTO ‘en’ él y ‘dentro’ de él: el calor en el dorso de la mano, el frío en los pies, las sensaciones de toque en las puntas de los dedos […] Y así en general mi cuerpo, al entrar en relación física con otras
cosas materiales (golpe, presión, sacudida, etc.), no depara meramente la experiencia de sucesos físicos referidos al cuerpo y a las cosas, sino también sucesos corporales específicos de la especie que llamamos UBIESTESIAS. Tales sucesos faltan en las ‘meras’ cosas materiales561.
Las ubiestesias revelan que el cuerpo no solamente siente algo sino que se siente a sí mismo, que no es una mera cosa física sino que está animado: su estar vivo es condición de las sensaciones. En la diferencia entre la visión y el tacto
aparece esta ambigüedad esencial de la corporalidad. La visión está referida a lo externo y el órgano perceptivo no es visto; en el tacto, en cambio, hay una aprehensión doble, cuando tocamos, por ejemplo, nuestra mano izquierda con nuestra mano derecha, “la misma sensación de tacto es aprehendida como nota del objeto ‘externo’ y aprehendida como sensación del objeto‐cuerpo”562. El cuerpo al tocar las cosas es sentido, sus sensaciones son dobles y de naturaleza distinta. La ubiestesia por la que se siente el órgano cuerpo no es una propiedad real de la cosa física mano, pues si fuese así se necesitaría de otra ubiestesia que localice a esta sensación y, así, ad infinitum.
El mundo que se ve no comprende lo que se toca. Toda sensación es ambigua porque es un acto común del sintiente y de lo sentido563. Es un dato pero también una vivencia. Levinas reconoce esta distinción en Husserl, ya que no comprende la nóesis solo como acto identificante o aprehensivo, sino que reconoce que, en un sentido amplio, comprende la función aprehensiva e interpretativa (morphé intencional) y la pasividad de la hyle que es receptividad afectiva. A pesar del interés de Husserl en la intencionalidad aprehensiva, no reduce la sensación a su función informativa, sino que mantiene su especificidad distinta. La sensación es dato y vivencia (sentir que es originario).
Las cualidades sensibles como los sonidos, colores, dulzura o blancura; las cualidades sensibles en tanto que atributos de las cosas también serían vivenciadas en el tiempo a modo de vida psíquica que se desarrolla o se desvanece en la sucesión de fases temporales y no solo perdura o se altera en el tiempo mensurable de los físicos. Husserl conviene en ello […] Las cualidades sensibles no son solamente lo sentido, son el sentir del mismo modo que los estados afectivos564.
La nóesis en tanto vivencia es distinta de las nóesis como acto aprehensivo. Ambas son elementos de la vivencia, pero se puede perder de vista que el acto aprensivo es un sentir y una vivencia cuando la atención está enfocada en la formación de sentido o la formación de objetividades propia de la actitud teórica. Atender la nóesis vivenciada es, en cambio, operar una reducción que suspende la atención a la constitución del noema nóema (el objeto en tanto que) y la reconduce a la vivencia. Lo sensible no se considera más como ostensión ni como imagen. Dado
562 Ideas 2, § 37, p. 187. Cita ligeramente modificada
563 Cf. AE, p. 78.
que la objetivación del mundo es temporal, es preciso hacer explícito cómo la objetivación depende de la vivencia sensible, que tiene una temporalidad diacrónica. La anfibología de lo dicho debe ser interpretada a partir de la diferencia entre el sentir y lo sentido, entre la nóesis y el nóema. En una actitud específicamente teórica se está volcado hacia el nóema y se pierde de vista la nóesis que lo soporta, la vivencia que motiva el conocimiento. Ahora bien, un caso enteramente distinto, el sentir táctil, revela que, en una experiencia más primigenia, la vivencia puede estar separada de la formación de sentido. La sensibilidad no tiene como posibilidad exclusiva ser mero ingrediente del entendimiento y del conocimiento, o tornarse inteligible565.
El decir que enuncia un Dicho es dentro de lo sensible la primera ‘actividad’ que determina esto como tal; pero esta actividad de determinación y de juicio, de tematización y de teoría sobreviene en el Decir en tanto que puro ‘para el otro’, pura donación de signo, puro ‘hacerse signo’, pura ex‐presión de sí, pura sinceridad, pura pasividad; salvo en el caso en que se pudiese mostrar el viraje de este Decir (pura expresión de sí en la donación de signo a Otro, lenguaje anterior al Dicho) en decir que enuncia un Dicho566.
Lo sensible es un para el otro y su tematización tiene sentido (entendido como su para que) por ello, es decir, la comprensión es un fenómeno se deriva de la relación con el otro o, como Levinas sostiene, la ontología está subordinada a la ética567. Este para el otro es exposición y pasividad, vivencia (nóesis) que estando volcada hacia sí misma se hace significante para el otro. Esto resulta problemático porque si la vivencia refiere hacia sí, ¿cómo su sentido es ser para el otro? Es para el otro porque su referencia hacia sí surge, en el fondo, como respuesta a la interpelación de la alteridad. La nóesis significa como exposición de la corporalidad de la conciencia que no es una cosa en el mundo sino que constituye un mundo de sentido (un mundo para sí). Dicha constitución acontece como respuesta a una apelación sensible. Esta afección tiene su propia significación, ya que no es una cosa en el mundo; por ello, el decir es una forma de exposición, de volverse signo de sí y, por ello, es un signo para alguien. De esta forma, Levinas muestra que la generación 565 Cabe señalar que esto no apunta a la fenomenología husserliana, considerando que, como hemos visto antes, el mismo Levinas reconoció la distinción entre sentido y vivencia en Husserl. 566 AE, p. 118. 567 Pero no se trata de que las verdades de las ciencias formales dependan de la relación con el otro, ni mucho menos de su apelación. Lo que considera Levinas, a mi entender, es que la ontología tiene una dinámica y lógica independientes de la ética, pero que el sentido de toda comprensión se supedita a esta relación más originaria con el otro. No es que Levinas sea, entonces, un irracionalista, sino que supedita la vida racional del hombre a la vida afectiva.
del mundo de sentidos, el ámbito de lo dicho, surge como una res‐puesta del decir originario que es el para el otro.
A esta sensibilidad la llama Levinas ‘vulnerabilidad’. Como exposición y afección del otro es distinta de la sensación en tanto que imagen que refleja el ser. “La sensación es vulnerabilidad, gozo y sufrimiento, cuyo estatuto no se reduce al hecho de colocarse delante de un sujeto espectador”568. Ser vulnerable es estar expuesto. Al estarlo no se ejerce una actividad; en relación con los objetos, la donación de sentido no apunta hacia ellos, como constitución de la experiencia, sino que está dirigida a la subjetividad sintiente569. Las contenidos de la intencionalidad no se refieren al ser sino a la subjetividad y caen fuera del ámbito ontológico. Así, decir que “La sensibilidad en tanto que vulnerabilidad significa570, es reconocer un sentido fuera de la ontología e incluso subordinar la ontología a esta significación de lo más allá de la esencia”571. El ser vulnerable no se relaciona con los nóemas pero es condición de toda donación de sentido. El mismo Husserl lo reconoce cuando afirma que la ubiestesia, la sensación localizada, es condición indirecta, en el caso de la visión, de la aparición de las cosas visuales572. Del mismo modo, el sentir es para Levinas condición indirecta de lo sentido en tanto que elemento del saber.
El hecho de que la sensibilidad pueda convertirse en ‘intuición sensible’ y entrar dentro de la aventura del conocimiento no es una contingencia. La significación dominante de la sensibilidad, entrevista ya en la vulnerabilidad y que se mostrará en la responsabilidad de la proximidad en medio de su inquietud y su insomnio, contiene la motivación de su función cognoscitiva573.
Una tematización de la vulnerabilidad precisa atender la nóesis sin relación al nóema o lo que Levinas llama ‘el decir sin dicho’. Se opera nuevamente una reducción fenomenológica; esta vez como paso de lo sentido al sentir, nuevo sentido de la sensibilidad.
Una sensación térmica, gustativa u olfativa no es de modo primordial conocimiento de un dolor, de un sabor o de un perfume […] Puede tomar esta significación […] perdiendo su sentido propio, convirtiéndose en experiencia‐de, en conciencia‐de, «colocándose» ante el ser expuesto en su tema […] Pero es ya un Decir correlativo de
568 AE, p. 120.
569 Esto corresponde al pre‐ego como ‘Einstrahlungszentrum’ de Husserl.
570 Subrayado nuestro.
571 Ibíd. Traducción ligeramente modificada.
572 “Si, finalmente, el ojo como órgano y con él las sensaciones visuales se adjuntan al cuerpo,
ello sucede por vía indirecta mediante las sensaciones propiamente localizadas” (Ideas 2, § 37, p. 188).
un Dicho y contemporáneo suyo […] En lo que desemboca la sensación es en un discurso tematizador574.
Estos ejemplos no incluyen deliberadamente la visión porque quieren destacar el sentir y no lo sentido. La sensación térmica, por ejemplo, refiere no solo al calor sentido sino al sentir el calor; este último no es tematizado en lo dicho, pues en la tematización de la sensación se pierde de vista el sentido propio del sentir. ¿Cómo explicar la significación de la sensación más allá de su función cognoscitiva? En este punto Levinas se distancia del paralelismo que hace Husserl entre conciencia cognoscitiva, axiológica y práctica. En este entretejimiento Levinas destaca, recordemos, que todas las esferas de la vida racional suponen la representación o el acto objetivante, ya que, por ejemplo, para tener una actitud práctica se necesita de la representación de un objeto de la praxis o para tener una volición, la de un objeto deseado. “La axiología se convierte en ‘conocimiento’ de los valores o del deber ser, del mismo modo que la práctica se convierte en conocimiento de lo que hay que hacer o del objeto utilitario”575. Levinas repite, pues, su temprana crítica hacia Husserl para destacar que en otras actitudes la representación576 es posterior a la vivencia. En la vivencia misma la representación no desempeña ningún papel; el yo en vez de objetivar a los seres vive de ellos. En todo caso, Levinas quiere destacar que la objetivación es secundaria de la vivencia y su producto; por ello, no es que haya una diferencia relevante no es la ontológica,
574 AE, p. 121.
575 AE, p. 120.
576 Es preciso señalar aquí que estamos exponiendo solo la lectura del problema tal como lo
entiende Levinas. El entretejimiento que Husserl encuentra entre las vivencias representativas y los otros tipos de vivencia ha sido un tema que ha generado muchas confusiones en los tempranos lectores de Husserl. En Filosofía primera (1923‐1924), el propio Husserl señala este entretejimiento de las vivencias representativas con las axiológicas y volitivas: “¿Quién podría querer separar la subjetividad cognoscente de la subjetividad que siente, aspira, apetece, quiere, actúa, de la subjetividad que en cualquier sentido valora y obra con miras a un fin? Se establece un paralelo entre la razón teórica y la razón valorativa, por ejemplo, la valorativa estética, y luego también entre aquella y la razón práctica […] Pero no por eso la subjetividad se divide en fragmentos separados que estuvieran exteriormente yuxtapuestos en la misma subjetividad. Elementos del sentir y del aspirar y eventualmente del querer consciente de sus fines se encuentran en el conocimiento, y elementos del conocimiento hay en todos los otros modos del actuar y del razonar” (Husserl 1998: 84). Y luego añade: “Al conocer, sentir, valorar y actuar, la subjetividad cognoscitiva, estética y ética no realiza actos separados, heterogéneos en su contenido, sino actos íntimamente entrelazados y constantemente fundados uno en otro, en operaciones unificadoras que presentan ellas mismas fundamentaciones correspondientes” (Husserl 1998: 86). En todo caso, Levinas parece considerar en esta crítica solo el entretejimiento ‘activo’ (objetivante, consciente, etc.) entre estas esferas. Esto significaría que solo hay una relación determinante de la actitud teórica a las actitudes práctica y volitiva. Pero en el nivel ‘pasivo’ (no objetivante, pre‐egológico, pre‐cognitivo) lo que señala Levinas en la anterior cita no funciona (a ese nivel también hay entretejimiento pero no hay ‘fundación unilateral’ en el dominio de la representación).