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5.4 Escuela y comunidad: escenarios posibles para el tejido y la transformación social

5.4.2 Sentidos de la escuela y prácticas contextualizadas

Aquí hablaremos de los sentidos de la escuela, sentidos que le han sido atribuidos, sentidos construidos y hasta olvidados. Sentidos que se han ido transformando y leyendo desde otros lugares y experiencias. Son las formas en que la escuela, innegablemente, se ha visto permeada por las dinámicas sociales y comunitarias en las que se encuentra inmersa y, por ende, en las que ha ido transformando sus prácticas vinculantes o no con la comunidad.

Reafirmamos que la pregunta por los sentidos y prácticas tejidas en la escuela hoy, nos interpelan como maestras en formación y, este interrogante se ha vuelto cada vez más crítico e insistente, en la medida en que la EP ha entrado a acompañar nuestro caminar como tal. Por esto, nos negamos a pensar y seguir sintiendo la escuela como un escenario donde se siguen reproduciendo modelos mercantilistas, por tanto, que buscan la

homogeneización de los seres humanos en todas sus dimensiones, un espacio que, sutilmente, le sigue negando la entrada y el ejercicio de sus derechos a todo aquel que no cumpla con unos parámetros normativos establecidos. Esta no es la escuela que queremos, tampoco la que soñamos, pero partimos de ella para problematizarla y transformarla en compañía de otros y otras que se nos van sumando en el camino. Siguiendo a Torres (2017)

(…) la irrupción de estas nuevas dinámicas sociales, culturales y políticas le plantea a las instituciones escolares nuevas demandas: que recupere su lugar cultural en la

formación para la democracia, que contribuya a la educación ciudadana, que colabore en la formación en derechos humanos, que forme en una cultura no sexista, etc. Se le exige que involucre en sus currículos las temáticas y problemáticas propias de la complejización social descrita y de las singularidades de su contexto local o social; por ejemplo, que

enfatice la formación de identidad regional o étnica, así como en el respeto a la diferencia (p. 9).

La “escuelita” del Tirol III, desde su misma infraestructura nos remite al tipo de escuela que enuncia Ortega, es una escuela que no se encuentra rodeada por barras de metal, mallas o muros, por el contrario, se encuentra rodeada por montañas, es acogedora y abierta. De hecho, es nombrada por los estudiantes constantemente como la casa,

generalmente, es un lugar donde uno se siente acogido y acompañado; este debería ser uno de los propósitos más perseguidos por nuestro sistema educativo. Es necesario resaltar, que lo es, debido a que en ella se han resignificado la enseñanza, los procesos de aprendizaje y formas de relacionarse con el otro, lo otro y, por supuesto, con la educación. Todo esto, a partir de la incorporación de “otras formas posibles” de ver y sentir la educación, como lo son los modelos flexibles y la educación popular. Siguiendo a Skliar, C & Larrosa, J (2009):

Tal vez reivindicar la experiencia sea también reivindicar un modo de estar en el mundo, un modo de habitar el mundo, un modo de habitar, también, esos espacios y esos tiempos cada vez más hostiles que llamamos espacios y tiempos educativos (...) unos espacios en los que a veces vacilan nuestras palabras, nuestros saberes, nuestras técnicas, nuestros poderes, nuestras ideas, nuestras intenciones. Como en la vida misma (p.41 - 42).

En este sentido, las reflexiones propuestas por los participantes del grupo base durante los diferentes espacios de encuentro, diálogo y construcción colectiva, dan cuenta de que entenderse como sujeto político, ampliar las comprensiones sobre el liderazgo, la formación política, la participación ciudadana, entre otros asuntos; se convierte en una

posibilidad para ampliar la comprensión del mundo, ser críticos frente a las múltiples realidades que los habitan y conscientes de su territorio. Es una de las prácticas que se ha ido desdibujando desde los modelos educativos tradicionales y que tiene que ser

resignificada. Por lo tanto, uno de los participantes plantea que “​es muy importante que el trabajo se enfoque también en la diversidad” ​(T.A.T), haciendo énfasis en que con esto no se refiere únicamente a la discapacidad, sino a todas las diferencias que confluyen en ese territorio, donde enuncia también que se encuentran todos los ​“sobrados” ​de la ciudad, tanto profesores como estudiantes, pero que ​“esto no ha sido impedimento para que se construya una propuesta educativa de acogida”​, pues plantea que lo que hacen en ese espacio como cobrar multa por llevar gorra puesta, no tener el uniforme o tenerlo

incompleto, ciertas acciones cotidianas como el consumo de algunas drogas dentro de la institución, entre otros asuntos, hubiese implicado sanciones para todos.

La escuelita de El Tirol III, ha intentado orientar su accionar desde estas

perspectivas, esto se evidencia en la modalidad educativa en la que se encuentra inscrita que responde a los modelos flexibles, en el cual, desde los programas: brújula, aceleración del aprendizaje y caminando la secundaria, se busca generar una respuesta educativa contextualizada a una población que por sus diferentes características sociales, culturales, políticas, económicas, incluso biológicas, no “logra” culminar sus proceso educativos dentro de la modalidad educativa regular y tradicional.

Este proceso educativo, necesariamente, se fortalece o no, en la medida que todos los actores implicados vayan encontrando las maneras de caminar y moverse dentro de él. En este escenario, encontramos una postura particular de una maestra que parece estar

distante de la propuesta educativa de la institución y de los procesos que han llevado a cabo sus pares, que, desde sus subjetividades, han logrado articular sus prácticas para fortalecer el acto educativo. Plantea entonces que ​“los aspectos académicos son muy importantes y priman ante cualquier otro espacio, porque esas otras cosas no contribuyen en nada, no aportan” ​(T.L.T).

Encontramos entonces que la escuela es un escenario cargado de sentidos que se tejen, se fortalecen y se transforman, con relación a las prácticas, a los sujetos y a las dinámicas sociales que en ella confluyen. Sabemos que la escuela que soñamos, la que estamos empezando a construir en compañía de otros y otras es una escuela que se piense con y para la comunidad, que se vincule a ella y caminen juntas, así ​“la escuela debe ser un espacio para la escucha y la transformación, donde la apertura al otro sea el punto de partida para generar procesos educativos integrales” ​(09/05/19, T.D.A).​

Pero también somos conscientes y lo evidenciamos durante la realización del proyecto, que la escuela tradicional, desde sus múltiples recorridos y representaciones, se ha movilizado entre lo anteriormente mencionado y otras prácticas y escenarios que la han llevado a perder esos sentidos iniciales con los que se empezó a caminar. Por esta razón, propuestas como estas, que buscan seguir fortaleciendo y dinamizando sus sentidos de base, representan retos y confrontaciones que se relacionan con las prácticas de los profesores, con la apropiación del espacio por parte de los estudiantes, por los contextos en los que se encuentra ubicada, precisamente porque se ubican, desde este lugar, como algo estático e inamovible. Esto no quiere decir que no sea posible generar conversaciones que permitan

trascender lo establecido por tantos años, para tener apertura a otras firmas posibles, de ver, sentir y hacer la educación.