TEXTO, EXPOSICION Y AYUDAS PRÁCTICAS
2. Su servicio para Saúl, 17:1-20:43
(1) La fuerza de los filisteos, 17:1–25. Los filisteos no demoraban en desafiar otra vez a Israel. Y se ve el motivo del enfrentamiento. Tenían a un gigante que proponían poner adelante como su campeón en batalla. Tenían razón de que esto infundiría temor en los israelitas. Dos veces dice que tenían mucho miedo (vv. 11 y 24). David lo diagnosticó como un caso de
descorazonarse (v. 32). El gran enemigo de nuestras almas quiere engañarnos y hacernos desanimar (Heb. 12:3). La fe y la confianza en Dios hizo vencer al gigante exactamente como en el día de hoy (1 Jn. 5:4).
Los filisteos habían salido de sus ciudades para acampar entre Soco y Azeca en la Sefela (colinas bajas o llanos como Jos. 11:16). Está en la frontera con Judá formando así los primeros contrafuertes del macizo de Judá, según José Pistonesi. Queda a 25 km. al oeste de Jerusalén. Entre estos dos lugares hay un valle que llevaba el nombre de Ela, que quiere decir en hebreo terebinto o roble. Según Geikie, quien escribía a fines del siglo XIX, había un terebinto allí cuya altura alcanzaba los 16, 8 m. y cuya circunferencia medía 5, 2 m. Su extensión fue tan grande que echaba sombras a más de 22 m. Sería un lugar agradable con la presencia de estos magníficos árboles.
A pesar de la belleza del lugar, los filisteos habían puesto su campamento en Efes-damim, que quiere decir “límite de sangre”. Posiblemente los frecuentes encuentros sanguinarios que habían ocurrido allí le daban su nombre. Soco quedaba al sudeste de Azeca a unos pocos km. Pero más que nada, lo que separaba a los dos ejércitos era una quebrada o arroyo profundo que sólo se podía cruzar en cierto lugar. Formaba una valla natural entre los contrincantes. Y los ejércitos se miraban de cerca, pero ninguno de los dos se atrevía a tomar la iniciativa de atacar.
El gigante Goliat se llama un paladín (v. 4). Lit. la palabra quiere decir “un hombre en medio”. La misma palabra aparece en el v. 23. Es un representante o árbitro entre dos. Sus mismas palabras indican la idea (v. 8). Los israelitas tendrían que escoger a un hombre que pudiera pelear con Goliat y el resultado de este conflicto determinaría qué ejército ganaría. Aquí vemos una ilustración del conflicto nuestro en el cual nadie es capaz de salir a enfrentarse personalmente al enemigo. Y vino el Hijo de David en el nombre del Dios viviente y venció “para destruir por medio de la muerte al que tenía el dominio sobre la muerte éste es el diablo” (Heb. 2:14). ¡Y por cuanto él ganó la batalla, nosotros ganamos siendo él nuestro representante, nuestro paladín!
Ahora, hay que fijarse en cuan formidable es este gigante. Tenía una estatura de seis codos y un palmo. Los cálculos varían un poco debido a la diferencia de opiniones acerca del codo. Debe ser algo como 45 cm. ¡Así que habrá tenido 2, 92 m. de alto! ¡Y no sólo era alto sino también fuerte! Llevaba una cota de malla que pesaba 5.000 siclos. Otra vez varían los cálculos dependiendo del valor de un siclo. ¡Pero calculamos que pesaba unos 57 kg.! Y la punta de hierro de su lanza pesaba casi siete kg. Llevaba armadura, espada y jabalina. Hay una diferencia de opinión acerca de esta última. Molín, en base al uso dado a esta palabra en el rollo de “Guerra” encontrado en Qumrán, dice que debe ser cimitarra. De todos modos fue otra arma llevada entre sus hombros (v. 6), es decir colgada en su vaina y asegurada en su cinto. ¡Con razón nadie quería enfrentarse con él! De igual manera el gran enemigo de nuestras almas se describe como terrible, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo (Apoc. 12:9).
¿Cómo es que David aparece justamente en este momento? ¡Pues, su padre le envió (v. 17)! Y obediente al deseo de su padre, deja sus quehaceres al lado del padre y viaja a donde sus hermanos se hallan en tribulación y angustia. Y llevaba para ellos provisiones. Una bolsa de grano, unos panes y queso para su jefe. Cualquiera que ha servido o se ha enlistado en el servicio militar en la América Latina, sabe que el soldado no alcanza ni para comprar las cosas más básicas. Y a la vez Isaí pide que David regrese con alguna “prenda” de ellos. Esta palabra significa una fianza, voto o intercambio. Quizás sería algo que sirviera de garantía de su cariño y salud. O posiblemente se trataría de noticias o un recuerdo de ellos. En cualquier caso David
tenía que haber regresado trayendo algo de sus hermanos para el padre. Como ya sabemos su regreso fue postergado por las circunstancias.
Su viaje habrá sido de un día o dos según la carga que llevaba, y al llegar cumplió con su misión. Entregó las provisiones y se enteró de la salud de sus hermanos. Pero también oyó la voz del gigante Goliat y observó el temor y miedo que éste infundió en los soldados de Saúl. Oyó también lo que decían los hombres de Israel acerca de los premios ofrecidos al campeón que venciera a Goliat.
Semillero homilético
La caída de un líder 15:13–23; 17:11
Introducción:
El pasaje escogido es una pálida evidencia de cómo un hombre puesto por Dios al más alto sitial de la nación, sucumbe a causa de sus pecados y desobediencia.
La condición de ungido no le concedía carta de impecabilidad, sino de mayor responsabilidad ante Dios y su pueblo.
Devorado por el miedo (17:11) y tras sucesivas caídas, esta es la situación que debe enfrentar:
El Espíritu de Dios se apartó de él, 16:14a.
Es la trama al revés de lo que había sucedido antes, según 10:6; 10:10; 11:6. Se apartó de Dios, y Dios se apartó de él.
Y un espíritu malo de parte de Dios lo atormentaba, 16:14b. Dios permitía el ataque de las fuerzas del mal que lo enajenaban.
El mal podía ser controlado con terapia musical. Pero necesitaba "algo más" que música. Necesitaba rendirse por completo a Dios, lo que no supo hacer. El "espíritu maligno" no era un ser personal. Es una metáfora como tristeza,
melancolía, pavorosas agitaciones y efectos parecidos con excesos de manía homicida.
. El desencuentro de Saúl consigo mismo, 16:14, 23. Para su mal, pide música y buena música, v. 17. Necesitaba urgentemente paz y reconciliación.
Goliat estaba en la frontera y todos tuvieron mucho temor, 17:11. Ya no funcionaba el guerrero valiente, joven y bien apuesto, (9:1, 2). ) El libertador de antes, necesitaba liberación espiritual.
En la emergencia cedía su armadura a David, pero ya no era apta para ninguno de los dos. Saúl era un muerto que caminaba, y el celo lo enloquecía.
Conclusión: ¿Quién no recuerda los viejos himnos que llevaron a tantos
pecadores a los pies del Señor? Para los que logran ciertas alturas en la vida, el diablo tiene a mano en cada momento un tobogán para deslizarlo a la arena.
El hecho de que Goliat hubiera desafiado a Israel por cuarenta días tiene significado. Cuarenta en las Escrituras tiene que ver con prueba. Se menciona por primera vez en la Biblia en Génesis 7:12 donde llueve por cuarenta días y noches. Son nueve las ocasiones en la Biblia
donde se menciona, la última vez en Hechos 1:3 donde Jesús continuaba con los discípulos por cuarenta días después de su resurrección, como una prueba de su vida en cuerpo glorificado. Aquí en 1 Samuel el enemigo prueba la fe de Israel y esa fe falla. Jesucristo fue probado en el desierto por cuarenta días y salió victorioso sobre su enemigo (Mat. 4:1–11). Ante semejante prueba, el joven David responde con fe y sale victorioso.
(2) La fe de David, 17:26–47. David pregunta a varios allí acerca de que se haría por el que venciera al gigante, y a la vez afirma el hecho de que Dios es el Dios viviente. Con estas palabras intenta animar o motivar a alguien que salga a vencer al filisteo y quitar así el oprobio de Israel. Se ve que su idea no obedece ninguna intención malévola. Pero su hermano mayor le malentiende y le acusa de descuidar sus obligaciones en Belén, de ser arrogante, malo y entremetido (v. 28). Frente a este reproche, David responde: ¿No fue sólo una palabra? En otras palabras: “Fue una pregunta no más.” Pero ¡qué pregunta! Fue una pregunta inocente y a la vez acusadora. Eliab sentía la fuerza de su palabra y se defendía difamando el carácter de David. Es una técnica que en el estudio de la lógica se llama ad hominem, frase latina que quiere decir “al hombre”. Ataca el argumento desacreditando el carácter de la persona que lo adelanta. Eliab en efecto está afirmando que David por su persona no tiene derecho de ser escuchado. Los enemigos de Jesucristo usaban la misma táctica al difamar el carácter del Hijo de David. Aun sus hermanos eran culpables de este pecado (Mar. 6:1–5). Observamos que David no respondió con maldición ni amenazaba, sino que encomendaba su causa al que juzga justamente.
David usa dos nombres para Dios. En los vv. 26 y 36 le llama el Dios viviente, término que aparece 29 veces en la Biblia y hace resaltar la gran diferencia entre el Dios de Israel y los dioses de los paganos, especialmente los filisteos. El Dios nuestro vive. Los dioses de ellos ni poseen vida ni dan vida. El otro nombre que usa es Jehovah de los ejércitos (v. 45). Aparece casi igual número de veces en la Biblia y da énfasis al hecho que Dios creó todo y está sobre toda su creación (ver Gén. 2:1). Puesto que Dios vive y es soberano, ningún enemigo puede resistirle. ¡Siendo el Dios de Israel (v. 45), tiene que haber victoria!
Llamado a comparecer ante el rey Saúl, David se ofrece a pelear con Goliat. No fue su intención original pero haciendo falta un guerrero que lo hiciera, se ofrece. Se puede imaginar que David se siente indignado y conmovido por la condición lastimera en que se encuentran los hombres de Israel. Se atreve a confiar en Dios y valientemente entrar en el conflicto con los incircuncisos. Su oferta se recibe con protestas, en primer lugar porque es un muchacho (v. 33). Esta palabra no es un término técnico que establece la edad de uno. Más bien lleva la idea de ternura o la falta de experiencia como se ve claramente del argumento que ofrece Saúl. Goliat es un hombre de experiencia en la guerra. Esta misma palabra se le aplica a José en Egipto, a Salomón al subir al trono de Israel, y a Jeremías al comenzar su ministerio.
Pero David levanta su propia protesta. Tiene experiencia; no en guerra pero en la lucha mortal con animales. Nos sorprendemos de que hubieran sido un peligro en aquellos días el oso y el león. Deuteronomio 7:22 pinta un cuadro del peligro que existía en los días de Moisés. Dios había sido fiel en librarle de las garras (lit. mano que significa el poder) de las fieras. También le podría librar de la mano de Goliat. Con esto Saúl consiente en dejarle ir. Pero le quiere vestir de armadura. Su querer salió siendo una comedia, una parodia. La armadura le empequeñecía más y “robotizaba” sus movimientos. Habiendo hecho comparación entre David y el Hijo de David, el Señor Jesucristo, en cuanto a su obra libertadora, podemos observar aquí que el Señor Jesucristo no necesitaba la ayuda del hombre para vencer al enemigo. Y tampoco necesita nuestra ayuda para podernos salvar de nuestros pecados. Saúl, resignándose al hecho de que David se destruyera, le dice: ¡Vé, y que Jehovah sea contigo! Se lo dice como si fuera el último recurso
cuando en realidad era todo lo que a él le hacía falta.
David y Goliat entablan una breve conversación. Del idioma de los filisteos nada se puede saber a ciencia cierta. Pero es obvio que ellos hablaban un idioma de origen semítico o en base al arameo (de Siria). En los varios casos de intercambio verbal conocidos en la Biblia, los hebreos y los filisteos se comunicaban sin mayores problemas. Y David entiende cuando Goliat maldice su pobre presencia. Goliat le entiende a David cuando éste magnifica a Dios. David sobre todo quería aclarar el hecho de que Jehovah es el ofendido y que de él es la batalla (v. 47). Todo lo que habrán hablado fue fácilmente oído y entendido por los dos lados del campo. Esta no sería una pelea entre dos ejércitos solamente, sino entre las fuerzas de las tinieblas y las de la luz. Y como el Hijo de David “despojó a los principados y autoridades, y los exhibió como espectáculo público, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:15), así dio anticipo de estas cosas al proporcionar su triunfo a David en el valle de Ela.
(3) La fuga de los filisteos, 17:48–58. David escogió cinco piedras lisas del arroyo (v. 40). No se debe buscar ningún significado alegórico para estas piedras. Sencillamente constituyen nada más que las municiones necesarias para usar en su honda. Parece poco e insignificante pero la honda ya era instrumento de guerra. Jueces 20:16 cuenta de 700 benjamitas que tiraban una piedra con la honda a un cabello sin errar. Sería una hipérbole, es decir una exageración a propósito, pero establece el hecho de que estos hombres poseían una alta capacidad en usar la honda. David sabía exactamente lo que podía hacer con su honda y tiraba al punto más vulnerable y fatal, su frente. Algunos han sugerido que David apuntaba a su greba, o sea la armadura que cubría la canilla de la pierna. Es cierto que las palabras son similares. Pero sería ridículo pensar que Goliat hubiera caído de bruces por un tirón a la canilla. Esto nos recuerda de la primera profecía de la Biblia que proclama la venida del Salvador, el protoevangelio en Gén. 3:15. Dice que el Redentor herirá al diablo en la cabeza, no en el talón del pie. David para asegurar la muerte del gigante le saca la cabeza con su propia espada. Aunque no se sabe por qué, David llevó la cabeza de Goliat hasta Jerusalén (v. 54). Quizás quería que fuera un escarmiento para los jebuseos que como Goliat cayó, ellos algún día caerían también, cosa que tomó lugar luego (2 Sam. 5:6–10). Cuando Saúl murió en batalla sobre el monte Gilboa, los filisteos le cortaron la cabeza y le despojaron de sus armas (31:9). Y aunque no quiso hacerlo, Herodes mandó a decapitar a Juan el Bautista y presentó su cabeza en un plato a Herodías. La cabeza tiene gran significado simbólico en la Biblia. Dios cortaría la cabeza de Israel por su desobediencia (Isa. 9:14). Esta representa el anciano y venerable (9:15) en Israel, es decir sus líderes. Y al fin esta representación alcanza su cenit en la persona de Jesucristo, la cabeza de su iglesia.
Semillero homilético
El teatro de un drama de fe 17:1–58.
Introducción:
Este pasaje es una historia apasionante para ser contada a los niños ante la amenaza de los gigantes del mal que nos desafían en nuestros días. Es también una historia para ser atesorada en el corazón por todos los que se sienten importantes e indefensos para luchar contra las estructuras del pecado, tan propias del mundo contemporáneo.
En este escenario aparecen tres figuras paradigmáticas que aparentemente no coinciden entre sí. Son sin embargo los modelos simbólicos que se mueven en nuestra sociedad.
El desafío prepotente del filisteo Goliat, vv. 8–10.
Es el poder que se jacta de su fuerza y menosprecia al pequeño, al pobre y al desvalido, v. 42.
Es el parlamentario que declara una guerra de palabras que no alcanzan para lograr la retirada de un "David" que sabe lo que quiere y lo que tiene, vv. 44– 47.
El conflicto moral y cobarde del rey Saúl, vv. 33, 54–58.
Es tan pobre y tan baja su moral que pretende desalentar a David, v. 33 (17:11).
Su cobardía y renuncia llega al extremo de vestir con su armadura a David. Falta de proporción total.
La derrota de Goliat fue también la de Saúl en quien se despiertan celos y envidias que acabarán con él.
. El poder espiritual del pastorcito David, vv. 34–36, 46, 47.
David está convencido que si Dios estuvo con él mientras defendía a su rebaño del oso y el león también lo hará ahora al enfrentar a "este filisteo incircunciso", vv. 34–36.
El secreto de esa victoria estaba radicado de su dependencia de Dios; y bastó una sola verdad (una piedra lisa del arroyo) para silenciar al arrogante gigante, v. 49.
Conclusión:
David fue "más que vencedor" al enfrentar con mansedumbre los ataques, rencores y la malicia del adversario.
El creyente enfrenta al mundo con la consigna de Pablo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".
Al ver derribado a su representante, los filisteos se dieron a la fuga. Sin él no son nada. Y el ejército de Saúl les persigue hasta Saraim (v. 52) que se traduce aquí “la entrada”. La palabra quiere decir lit. “de las puertas”, quizás un lugar habitado o donde bifurca el camino del valle, yendo un camino hacia Gat y el otro hacia Ecrón. En otras palabras los filisteos corrieron rápidamente hacia la casa, siendo acosados y alcanzados por todo el largo del camino. Fue una tremenda victoria, no sólo en vencer al enemigo, sino en recobrar tantos enseres de guerra.
Termina el capítulo con la inquietud de Saúl. Ahora que tiene que premiar a David, dándole la mano de su hija, quiere saber mejor de qué familia venía y cuáles serían sus posibilidades en la vida. No es que Saúl no hubiera conocido antes a David, sino que ahora quería investigar su linaje con más cuidado. Todavía le está llamando “muchacho”, o sea “joven” en vez de llamarle por su nombre. Pero muy pronto le va a conocer muy bien y la envidia le va a vencer.
(4) David y Jonatán, 18:1–5. Jonatán en heb. quiere decir “dado por Jehovah”. Un amigo como éste sólo viene con un don de Dios. Su alma se quedó como una con la de David y dice el v. 3 que le amaba. La palabra común traducida —amar— es en su esencia un respirar en pos de, o anhelar y querer a alguien. Se usa en una gran variedad de circunstancias pero en este caso quiere decir un gran afecto y amistad. Por esa misma característica dice que hicieron pacto y seguramente habrá sido pacto de amistad. Querían expresar y sellar su propósito de cultivar y preservar su cariño y apoyo de una manera mutua. Aquí tenemos el ejemplo del amor divino que Jesucristo anhela ver en sus seguidores (Juan 13:34). Los que perciben aquí algo incorrecto o afeminado en la conducta de Jonatán no conocen el significado de la palabra amor ni conocen a
Dios que nos lo da.
Como evidencia de su afecto Jonatán le da a David lo más precioso. Al fin de cuentas la esencia del amor es darse. Es una entrega sin interés que sólo desea el beneficio del otro. Pero hay algo más aquí. Tenemos que reconocer también en este acto la confesión humilde de Jonatán de que David reinaría en su lugar. Simbólicamente le ofrecía a David sus derechos y sus servicios. Fue un acto extraordinariamente generoso. Cede todo a David porque reconoce que Dios le ha designado como el próximo rey. Le da también la túnica (v. 4). Fue la prenda exterior que pertenecía a los hombres de rango e importancia. Lo llevaba como príncipe y heredero del reino de su padre. Sin envidia alguna se ponía a la disposición de David, reconociendo su derecho de reinar en su lugar. Se dice que la reina Victoria de Inglaterra después de haber oído