E L A POTEGMA M EDIÁTICO N UEVAS ( IN ) VERSION ES
2 LA SEXTA ( IN ) VERSIÓN D EL APOTEGMA M ETÁFORAS
[…] la naturaleza del hombre estaba siendo traducida rápidamente en sistemas de información, que producirían una enorme sensibilidad global y ningún secreto. Como siempre, el hombre no se percataba de la transformación
B.R.Powers
Llevado hasta el extremo, el hombre se convierte en "una criatura de su propia maquinaria”
M. McLuhan Arcos y flechas son tan parte de la evolución como el hecho de perder nuestras colas
M. McLuhan […] al leer este libro, recordé algunas de mis propias declaraciones irrelevantes
acerca de la banalidad de los culebrones o de absurdidad del telediario de las nueve
L. Lapham. (Introducción a CM)
La visión heideggeriana de la técnica ha permitido re-formular, al menos parcialmente, el Apotegma mcluhaniano y ha puesto sobre la mesa la necesidad de re-pensar aquello que la noción misma de medio mienta. El lenguaje común, coloquial y cotidiano, así como el especializado reúnen casi cuarenta acepciones del vocablo en los más diversos contextos109. Aquí, por supuesto, la acepción que más
parecería responder a las expectativas de una reflexión sobre lo técnico podría ser aquella que sugiere, precisamente, la instrumentalidad de la noción de medio: 11. m. Cosa que puede servir para un determinado fin. Medio (s) de transporte, de comunicación. Esta es la versión más común del término y la que, hemos visto, sugiere un determinismo en el que parecería escindirse la cultura de los demás sistemas que componen ese todo del actuar humano. Las interpretaciones más tradicionales de McLuhan han visto en esta definición lexicográfica el mejor camino para interpretar el Apotegma toda vez que, al instrumentalizar la reflexión, queda abierto el camino para pensar al canadiense como una suerte de teórico de la innovación técnica y como un gurú y profeta de los avances de lo técnico cuya
109 Hago referencia a le edición en línea de la vigésima segunda edición del Diccionario de la Real
Academia Española que puede consultarse en: http://buscon.rae.es/draeI/. La numeración de las acepciones a la que haré referencia en este texto corresponde a la entrada ‘medio’ en este lexicón.
función básica habría sido la de tomar una instantánea “crítica” de la realidad electrónica que veía surgir en la década del sesenta del siglo XX. Pues bien, creo que esta es una interpretación errada del Apotegma en tanto se apoya en una visión limitada del problema mismo que implica pensar una noción más amplia como la de medio que, vista a la luz de la idea de la tecnicidad y de la doble poiésis de lo tecno-lógico, resulta mucho más rica y compleja.
Cuando me acercaba en la segunda parte del trabajo a la modernidad como experiencia de lo escritural lo que quedaba de manifiesto era la capacidad estructurante de lo técnico en su propia complejización. En ese sentido, la escritura, uno de los temas fundamentales de la GG, no era pensada en términos de un medio de comunicación sino, más bien, en términos de una suerte de técnica de in-formación. El paso hacia lo escritural lo que sugería era, en esencia, un cambio de medio que no sólo tiene que ver con la concreción en un objeto producido técnicamente de las formas de transmitir el conocimiento sino, en particular, con el ecosistema mismo en el que el hombre se ve inmerso. De ahí que emerge una segunda acepción lexicográfica que podrá dar algunas luces adicionales al problema: 16. m. Conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales en que vive una persona o un grupo humano. Esta segunda idea del medio tiene un alcance mucho mayor en la medida en que, de entrada, sugiere la posibilidad de pensar en términos de los varios niveles de la totalidad intersistémica y nos obliga a virar nuestro punto de reflexión hacia la capacidad estructurante de lo técnico en detrimento –aunque un detrimento performativo– de la dimensión instrumental. Así, creo que lo que se pueda llegar a entender por medio, deberá necesariamente estar engranado a la visión de la historia que presenta McLuhan y que, como se sabe, se erige anclada a los diversos sistemas técnicos y es pensada en virtud de su propia complejización. Esta postura mcluhaniana ha sido profundamente criticada en la medida en que se le acusa de elaborar una comprensión lineal de la historia, desatendiendo las particularidades y especificidades de cada cultura y de hacer del
devenir histórico una especie de subalterno de la innovación técnica. La interpretación que se propone de McLuhan es esos términos es insuficiente en la medida en que hace una lectura bivalente –en el mejor de los casos– del actuar humano y supone lo técnico y lo cultural como escindidos. Como ya lo he mostrado suficientemente, esta visión es limitada y, a mi juicio, errónea. La idea de la linealidad tendría que ver con una concepción de la historia en términos de una evolución que desatendería los procesos anteriores en términos de una superación progresiva cuando, en realidad, lo que opera en McLuhan es –hasta donde el canadiense llegó a pensarlo– un proceso cíclico de tribalización-destribalización- retribalización, anclado a la complejización del sistema técnico. Estos dos puntos son de importancia capital para comprender la idea misma de medio en la medida en que sugieren menos una especulación sobre lo técnico-instrumental y más una reflexión sobre la complejidad que los modos de darse de lo tecno-lógico de la tecnicidad supone.
Los modos de darse de lo técnico corresponden, para McLuhan, al modo mismo de des-velamiento que se da en lo tecno-lógico. Las implicaciones de lo técnico tienen un reflejo especular en las formas de vida del hombre y se objetivan en términos de producción de significado. Lo tecno-lógico es, en el contexto de la reflexión mcluhaniana, fundamental para comprender el modo mismo en el que el hombre concibe su propio entorno; de ahí la importancia de la idea de medio no sólo como instrumento sino como entorno. Hemos visto cómo McLuhan concibe la cultura en términos de (medio)ambiente (environment), esto es, como una suerte de ecosistema en el que converge el todo de las esferas del actuar humano. En ese sentido, la visión que McLuhan tiene de la cultura es densa y compleja y no se limita simplemente a pensar en las herramientas y los objetos sino en el modo en el que estos dis-locan los modos mismos de ver del hombre. En mi opinión, la noción de medio en McLuhan sólo puede ser comprendida si se pone como pivote de la reflexión al propio hombre.
En este orden de ideas, la historia, tal y como la presenta McLuhan en términos de “una cronología en tres etapas en la cual la cultura oral es seguida por la era de Gutenberg y, ésta a su vez, por la era de los medios electrónicos” (Lash, 2005: 299), resulta ser un modo de sistematizar –a falta de un mejor término– los diversos modos de darse de lo tecno-lógico de la tecnicidad. Lo que subyace a cada uno de estos tres momentos no es una técnica dominante, es una forma de ver el mundo y, en ese sentido, lo que propone McLuhan puede ser comprendido como una historia del hombre mismo. Lo que se juega aquí no es otra cosa que la noción misma de transductividad que ya he trabajado a lo largo de este texto y que evidencia, una vez más, que hombre y técnica constituyen dos polos dialécticos de una única relación y, por ello, la comprensión determinista de McLuhan no es plausible en la medida que, al hombre mismo subyace su propia autodeterminación en el sentido que mienta lo tecno-lógico de la tecnicidad. Volvamos, con esto sobre la mesa, a la idea de medio.
El primer punto yace, entonces, en el abandono de la instrumentalidad como premisa de reflexión pues es el sentido mismo de los modos de darse de lo tecno- lógico es lo que me interesa aquí y es, precisamente, el camino que Heidegger ha abierto; así, McLuhan –en La Aldea Global, un texto un tanto menos conocido– anuncia lo siguiente: “las tecnologías, al igual que las palabras, son metáforas. De este modo, comprometen la transformación del usuario en tanto que establecen nuevas relaciones entre éste y sus medios” (AG, 24). Más adelante afirma: “La etimología de todas las tecnologías humanas se halla en el mismo cuerpo; son, por así decirlo, artificios proteicos, mutaciones, metáforas del cuerpo o de sus partes”. (AG, 48) La idea de la metáfora es profundamente iluminadora, pues McLuhan la utiliza en su acepción más primordial ( αϕ ) que puede ser comprendida de dos maneras esenciales:
1. El verbo griego αϕ sugiere, literalmente, el mismo significado que mienta el vocablo latino transferre que significa, sin más, ‘transferir’, ‘llevar
a otro lado’. Esta idea indica inmediatamente el cambio que es inherente a la metáfora misma y que anuncia, para McLuhan, el carácter in-formador que tiene la técnica. “Al igual que las palabras” –ya originadas en el impulso onomástico de la doble poiésis– la técnica (de la que las palabras hacen parte, por supuesto) tiene el poder de modelar el entorno, de hacerlo otro, pero este modelar no puede ser pensado en abstracto. De ahí que la metaforicidad de la técnica lo que sugiere es el paulatino des-velamiento del mundo que es transferido/traído por el hombre mismo en virtud de la capacidad poiética de la metáfora. Así, el fulcro de la reflexión se revela como doble en la medida en que la metáfora cobra sentido en virtud de la transductividad entre hombre y técnica: cuando la técnica se piensa como metáfora quien es capaz de interpretar lo que se des-oculta en la transferencia es, por supuesto, el hombre.
2. Muy de cerca, se desprende un segundo modo de interpretar la metaforicidad mcluhaniana pensando en la dis-locación misma que produce toda metáfora. El sentido trasladado es poiésis e implica lo tecno-lógico en la medida en que des-vela lo oculto: sólo se produce significación cuando algo es comprendido y esto es, en gran parte, lo que hace lo tecno-lógico de la tecnicidad en la medida en que troca la cosmovisión misma.
La historia que bosqueja McLuhan es la historia de la metaforicidad de lo técnico. Esta idea no sólo arquitecta en un sentido fuerte la idea de la in-formación presente en la técnica sino que, de algún modo, permite evidenciar el carácter mágico-mítico que tiene la tecnicidad misma en tanto impulso productor- organizador de lo real. Lo tecno-lógico de la tecnicidad se objetiva en el medio que es, en un cierto sentido, la metáfora misma de cada época: el medio es el mensaje. He ahí el punto clave para comprender la auto-determinación que es explicitado en una nota al pié por McLuhan y Powers en AG:
En cada etapa de la historia humana, las tecnologías dominantes reverberan en metáforas actuales que traducen aspectos desconocidos de la existencia en formas conocidas... En tiempos bíblicos, se hacían alusiones a la agricultura y el arte de la caza, a la pesca y a la navegación y a la guerra de las tribus. Su metáfora milenaria era el Jardín. Después de Gutenberg y el Renacimiento, hubo perspectivas y puntos de vista, telescopios y microscopios, fuerza hidráulica, mecanismo de relojería, navegación y pólvora que surgieron en la era de la razón con sus fuerzas mecánicas. En la Primera Revolución Industrial, hubo motores de vapor, vías de ferrocarril, líneas de producción, progreso y evolución graduales y nexos inexistentes. Su metáfora centenaria fue la Máquina. Hoy, en medio de la Segunda Revolución Industrial, se habla de campos, de retroalimentación, de saltos de quantum y de información viajando a la velocidad de la luz (AG, 177).
Decir que el medio es el mensaje implicará, entonces, pensar lo técnico como metáfora estructurante y estructurada del modo mismo de habitar el mundo del hombre. En el pasaje que acabo de reproducir se puede apreciar claramente una metaforicidad que se mueve acompasadamente con la complejización paulatina del sistema técnico y que otorga al hombre diversos modos de empoderamiento del propio entorno, produciendo el mundo. Ahora bien, esta historia de la metaforicidad de la técnica pone sobre la mesa los cambios en el modo mismo de ver el mundo que pueden sintetizarse en la que, quizás, sea una de las fórmulas más recodadas de toda la propuesta de McLuhan: los medios como extensiones del ser humano.
Esta fórmula recupera de manera ejemplar la metaforicidad que he venido recogiendo pues en la idea misma de extensión, cuya raíz latina se halla en el verbo
extendĕre, sugiere, la idea del trocar, cambiar, amplificar, des-plegar y, llevando un poco más lejos las posibilidades semánticas del vocablo: des-velar o des-ocultar. La idea de McLuhan a propósito de las extensiones ha hecho carrera en la medida en que ha proporcionado ciertas bases para la comprensión misma de lo que podría ser la relación del hombre con sus herramientas y sus arte-factos. En este nivel
inicial de lectura, lo que propone el canadiense es una comprensión de las metáforas mismas en que se constituye el sistema técnico –en palabras de Gille, por supuesto– no como externalidades sino como modos de auto-operación. Lo que quiero decir con esto es que la metaforicidad de McLuhan puede ser comprendida como los modos mismos en que el hombre opera a sí mismo y su entorno des- velando tecno-lógicamente lo oculto. La idea del trasladar/trocar y del extendĕre
presentes en McLuhan mientan, a mi juicio, modos del des-velar, pues lo que producen las metáforas –junto con el cambio– es una amplificación misma del sentido originario110. Así pues, cuando las metáforas que constituyen lo técnico
operan sobre el hombre, la amplificación que tiene lugar en él opera poiéticamente transformándolo y, a la vez, morfeando su entorno mismo. No se trata de operaciones fragmentadas. Como lo mostré en la primera parte de este texto, la doble poiésis no sigue una suerte de orden escalonado o causal, la poiésis doble constituye una operación abarcante del técnico; del mismo modo lo que quiero indicar con la idea de la transferencia/extensión es que, cuando se habla en los términos en que McLuhan pone la discusión, lo que tiene lugar es una poiésis
tecno-lógica que acontece contemporáneamente en el hombre y el mundo que el hombre mismo des-vela. Así, la idea del sujeto como condición de posibilidad no trascendental del mundo se mantiene pero, el hombre “amplificado” de McLuhan evidencia el hecho mismo de que la poiésis de lo tecno-lógico de la tecnicidad puede pensarse en términos de in-corporación en la medida en que, al comprender el medio como extensión, a lo que nos enfrentamos es a la concreción de un hombre desde sí mismo se proyecta hacia fuera, idea que recuerda, a mi juicio, la
exteriorización de Leroi-Gourhan. Hay una nueva tensión aquí: in-
corporación/exteriorización. Sobre esto, McLuhan señala el hecho mismo de que
[…] todos los artefactos humanos son extensiones del hombre, salidas o expresiones del cuerpo humano o la psique, privados o corporativos. Como expresiones son lenguaje, translaciones de una forma a otra, ya sea hardware o software: metáforas.
Por supuesto que todas las palabras, en cada lenguaje, son metáforas. Desde el punto de vista estructural, una metáfora es una técnica para presentar una situación en términos de otra situación. Es decir, es una técnica de conocimiento, de percepción (hemisferio derecho) y no de conceptos (hemisferio izquierdo) (AG, 43).
La discusión empieza a tomar aquí algunos ribetes más opacos. La extensionalidad
de McLuhan no se limita solamente a una amplificación del cuerpo en el sentido se superar las limitaciones que desde la propia fisiología tiene el hombre sino que involucra la psique misma. Aquí, además, McLuhan presenta un argumento que hasta el momento no he mencionado y que tiene que ver con las posibilidades perceptivas y lógicas que sugeriría cada uno de los hemisferios del cerebro humano. Veamos esto.
Aunque McLuhan no es muy claro en términos de proponer una explicitación conceptual del modo mismo en el que utiliza la teoría de los hemisferios hay una idea de base que permite comprender el punto central hacia el cual se dirige su reflexión. En la presentación de AG, Powers sostiene que, para McLuhan,
[…] el espacio visual es el conjunto mental de la civilización occidental, tal como ha procedido durante los últimos 4000 años para esculpir la imagen de sí misma monolítica y lineal, una imagen que enfatiza el funcionamiento del hemisferio izquierdo del cerebro y que, en el proceso, glorifica el razonamiento cuantitativo”. Y en ese orden de ideas, prosigue Powers, “el espacio acústico es una proyección del hemisferio derecho del cerebro humano, una postura mental que aborrece el dar prioridades y rótulos y enfatiza las cualidades tipo norma del pensamiento cualitativo. McLuhan señaló repetidamente que la pasión del conjunto mental del espacio visual deja poco lugar para las alternativas o la participación (AG, 7).
A partir de esta bipartición, McLuhan lo que va a dibujar es la paulatina tensión entre los dos hemisferios del cerebro que aparecerían en un continuo juego de primacía de ciertos modos de ver el mundo sobre otros. Utilizando la imagen de “la