Capítulo V: Discusión, conclusiones y recomendaciones
5.1 Discusión
5.1.6 Sexto objetivo específico: Establecer la relación existente entre
variables: razonamiento moral, posturas éticas, empatía, emociones positivas, actitudes prosociales y juicios morales (penalización de faltas y delitos)
En primer lugar se realizaron distinciones según el nivel de razonamiento moral. Habiendo conformado un grupo de preconvencionales y un grupo de posconvencionales (ver capítulo IV) se compararon los niveles de prosocialidad, empatía y penalización de faltas y delitos.
El grupo de adolescentes posconvencionales puntuaron más alto en conducta prosocial total y tendencias o motivaciones prosociales altruista, sensible y anónimo (significación estadística en orden decreciente). Dichos hallazgos concuerdan con investigaciones que han demostrado que los altos niveles de razonamiento moral como es la posconvencionalidad (razonamiento que representa normas o principios interiorizados) están relacionados con conductas prosociales (ver Carlo y Randall, 2002; Etxebarría y De la Caba, 1998).
El hecho de que el grupo de adolescentes preconvencionales puntúe más alto en tendencia prosocial pública, es decir realizar conductas prosociales en presencia de otras personas (Carlo y Randall, 2002) es coherente teóricamente. Esto se debe a que
94
el nivel precovencional está mayormente guiado por el cumplimiento de normas siguiendo el premio o el castigo externo y los propios intereses; caracterizado por una moral heterónoma (Kohlberg, 1992). De esta forma la conducta prosocial se realizaría en presencia de otros para obtener la aprobación de los demás.
Estos hallazgos confirman la Hipótesis 3 del presente trabajo que dice: A
mayor nivel de razonamiento moral mayor nivel de conductas prosociales y tendencias prosociales. Cabe aclarar que se exceptúa a la tendencia pública, por ser un
constructo contrario a las otras tres tendencias.
El grupo de adolescentes posconvencionales puntuó más alto en empatía. Esto puede estar en relación con los postulados de Kohlberg (1992) quien expresa la importancia de la toma de rol para la estimulación del desarrollo moral desde una perspectiva socio ambiental. Es así que para este autor ponerse en el lugar de otra persona implicada en el conflicto moral (empatía) es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo moral. De esta forma los adolescentes que presentan un nivel de razonamiento moral elevado, también presentan niveles elevados de empatía. Dichos hallazgos también acuerdan con las teorizaciones de Hoffman (2000), quien afirma que la empatía activa los principios morales y, ya sea directa o a través de estos principios, influye en el juicio y razonamiento moral.
En relación a la penalización de faltas y delitos, no se hallaron diferencias significativas entre el grupo de preconvencionales y posconvencionales. Se cree que no hay diferencias entre ambos grupos debido a que la penalización es una acción que puede realizarse por ambas vías, es decir por razonamientos diversos con mismo resultado. Es así que un razonamiento preconvencional puede penalizar un hecho por el castigo o recompensa externa y un razonamiento posconvencional puede penalizar un hecho de acuerdo a principios internalizados. Pero la penalización del hecho, como acción posterior al razonamiento moral que se haya hecho, es la misma o similar. Si bien no se hallaron diferencias en la penalización en los grupos preconvencional y posconvencional, sí se observó una correlación positiva entre el nivel de posconvencionalidad y penalización. De esta forma queda confirmada la Hipótesis 4 del presente trabajo que dice: A mayor nivel de razonamiento moral mayor nivel de
penalización de faltas y delitos (ver Tabla 28).
En segundo lugar se realizaron distinciones según la postura ética. Habiendo conformado un grupo de relativistas y un grupo de absolutistas (ver capítulo IV) se compararon los niveles de prosocialidad, empatía y penalización de faltas y delitos.
95
Los absolutistas puntuaron más elevado en conducta prosocial total y en las tendencias prosociales en general (siendo significativas la tendencia anónima y sensible). Abordando la prosocialidad como una conducta moral, dichos hallazgos concuerdan con investigaciones empíricas realizadas. Ya Donelson Forsyth (1980) concluyó que una ética de responsabilidad se contrapone al relativismo, hallando correlaciones inversas significativas entre los puntajes altos de la Encuesta sobre Actitudes Morales y el relativismo. Además, investigaciones actuales han demostrado que el aumento del relativismo moral y la disminución del absolutismo relajan las buenas costumbres y generan disposición para conductas inmorales (Rai y Holyoak, 2013). Por otra parte, se ha demostrado empíricamente que posturas absolutistas se asocian positivamente con el aumento de conductas prosociales (Young y Durwin, 2013).
Si bien los absolutistas puntuaron más elevado en empatía, las diferencias estadísticas no son significativas.
Los absolutistas puntuaron más alto en penalización de faltas y delitos respecto de los relativistas. Teniendo en cuenta que los absolutistas asumen la posibilidad de depender de normas morales universales para sacar conclusiones de juicio morales, haciendo uso de absolutos morales (Schlenker y Forsyth, 1977), es entendible que tengan mayores niveles de penalización. Los relativistas penalizarían menos debido al rechazo de normas morales universales. Estudios actuales han demostrado empíricamente que los sujetos con bajo relativismo obtienen medias de penalización de faltas y delitos más elevadas (Moreno, 1991).
En tercer lugar se evaluaron las relaciones entre todas las variables implicadas en el presente estudio. Si bien ya se han dado algunas explicaciones posibles de las diferentes asociaciones encontradas, a continuación se explican algunas relaciones aún no abordadas.
Este estudio mostró que existe una asociación entre la empatía y la conducta prosocial global, lo que es de esperar teniendo en cuenta que para algunos autores a partir de la edad adolescente la empatía es parte de la prosocialidad (Paciello y otros, 2005), lo que marcaría la relación entre ambas variables. Dicho hallazgo concuerda con estudios empíricos que afirman esta relación entre la empatía y la prosocialidad (Mestre, 2014; Moreno y Fernández, 2011). También se halló relación entre empatía y tendencia prosocial sensible. Teniendo en cuenta que la tendencia prosocial sensible responde a una demanda externa intensa de la persona beneficiada con la conducta
96
prosocial (Richaud y otros, 2012), dicha demanda sería captada por la empatía, lo cual explica la relación entre variables.
Además, se evidenció asociación entre las emociones positivas y la conducta prosocial global, en particular la gratitud y el interés – entusiasmo. Estos hallazgos concuerdan con las teorizaciones de McCullough y otros (2001) quienes afirman que la gratitud promueve la prosocialidad. Investigaciones empíricas han destacado el papel de la gratitud como importante facilitador de la prosocialidad (Bartlett y DeSteno, 2006; Tsang, 2006; Regner, 2009). Otras teorías han afirmado que la alegría generalmente es facilitadora de la conducta prosocial (Salovey y Rosenhan, 1989). Cabe destacar que el presente estudio adquiere relevancia debido a la escasez de estudios de las emociones positivas como predictores de prosocialidad en adolescencia (Samper García, 2014). Si bien aquí se analiza la relación, en posteriores objetivos se analiza su función de predicción.
Se evidenció además una relación entre empatía y penalización de faltas y delitos. Si bien no se han hallado estudios empíricos previos que relacionen estas variables, teorizaciones jurídicas expresan la necesidad de la empatía para realizar juicios justos (Samamé, 2016). Es así que sería necesario empatizar con las víctimas y con todas las personas implicadas en el hecho para poder realizar un buen juicio. En este caso a mayor empatía mayor penalización de faltas y delitos en general, lo que estaría marcando que los sujetos de la presente investigación estarían empatizando con las víctimas de cada una de las faltas y delitos presentados. También Hoffman (2000) en relación al principio de justicia, en particular la justicia punitiva o penal, expresa que el castigo asignado a ciertos delitos puede estar influido por el grado en que las personas empatizan con las víctimas (generándose enojo o ira empática con los autores de las faltas o delitos). De esta manera empatía y penalización quedan vinculadas.
97