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Siete meses después

Entró a la cafetería tras dejar la bicicleta asegurada en su sitio. Era lunes y sabía que estaría tan vacía como era habitual a esas horas. Se dirigió a su mesa de forma automática, tan solo le faltaba un pequeño cuadro con su nombre al lado del sillón. Se dedicó a observar la estancia unos segundos, porque aquello tenía un ambiente familiar y cálido que le encantaba, sobre todo para estudiar.

—Ya pensaba que hoy no te veía, Alex.

Sonrió, porque siempre la saludaba así para no perder la costumbre, y giró el rostro para verla sacudiéndose el delantal que llevaba atado a la cintura. ¿Por qué la ponía así vestida? Uf.

«Relájate, Alex, has ido a estudiar».

—Tenía que venir a verte, Raven —le contestó así también porque a ella le encantaban las tradiciones.

La chica le dedicó una de esas sonrisas bonitas con aquella mirada de «no empieces», a pesar de que se moría por que empezara. Miró esos labios que se moría por besar a todas horas, porque daba igual cuántas veces lo hubiera hecho, siempre era como la primera vez.

—¿Lo de siempre?

—Sí, pero hoy quiero un trozo de tarta. ¿Quedan? —Es la una, ¿de verdad?

—El entrenamiento me ha dejado un agujero en el estómago, necesito taparlo o desapareceré. Y no quieres que desaparezca, ¿verdad? —Le sonrió de forma encantadora, alzando una ceja y todo, y le gustó que pusiese los ojos en blanco antes de darse la vuelta para ir a por su pedido.

Recorrió su espalda hasta acabar en su culo y suspiró mientras se echaba en el sillón. No iba a acostumbrarse nunca a ella de verdad. Cogió su mochila y la colocó contra la pata de la mesa para poder sacar sus apuntes y repasar para la clase de aquella tarde.

Dejó un hueco para el café y el trozo de tarta y colocó el libro a un lado por si necesitaba consultarlo y frente a ella los esquemas que iba haciendo a medida que el profesor explicaba el temario en clase.

Examen sorpresa de Introducción a la fisioterapia, al menos el profesor tuvo la decencia de avisarles el día anterior en un correo del campus virtual.

No le preocupaba demasiado porque ella tenía una profesora particular que le hacía llevarlo todo al día, pero más valía prevenir que curar, así que iba a dedicarse a estudiar un rato mientras Raven terminaba su turno. Ese día iban a comer juntas.

Su padre casi sufrió un infarto el día de junio que le dijo que iba a dejar la carrera para empezar la de Fisioterapia. Entendía el razonamiento que su progenitor le dio, pero no lo compartía. Porque sí, tan solo le quedaba un año, pero no quería dedicarse a ello y punto. Fue una noticia detrás de otra, porque Raven y ella aprovecharon ese verano para decir que estaban juntas tanto a Sofía como a sus padres.

Luce no necesitó explicaciones de momento, aunque sospechaban que hizo de público con algo que no debería haber visto. Horrible, lo sabía. Esperaba que lo olvidase, no tenía que ser agradable ver a tu hermana en posturas comprometidas con su novia. Raven, en cambio, se reía cada vez que alguna lo mencionaba. Qué suerte tenía de no tener hermanos a los que traumatizar, si no se iba a arrepentir de cada carcajada.

El plato de la tarta apareció frente a ella y levantó la mirada para ver cómo Raven le servía el café y luego la leche en la taza. Iba a tener que hablar seriamente con ella por si eso del rollito de ir de camarera era un fetiche y no lo sabía.

La chica se sentó en el brazo del sillón para revisar los apuntes que tenía sobre a la mesa mientras ella echaba el azúcar a su bebida, dándole el primer sorbo antes de coger un poco de tarta y soltar un murmullo placentero cuando tuvo el primer trozo en la boca.

—A ver, dame —Raven le quitó el libro, colocándoselo frente a ella—. Vamos a comprobar lo que has estudiado para tu primer test. —Sonrió al verla concentrada pasando las páginas—. Enumera los tipos de músculos.

—Puf, qué fácil —se burló.

—Dímelos —pidió mirándola seria. Eh… ¿y el rollito de profesora?

«Alexa, os acostasteis anoche, ¿cómo puedes estar tan necesitada?».

Sí, una cita improvisada de película y palomitas en su habitación de la residencia. Todo el mundo sabe cómo acaban esas tardes: con un baño de espuma y haciéndolo sin parar. O al menos así acababan las suyas siempre.

—Lisos, cardíacos y esqueléticos —contestó intentando no pensar en el rostro de Raven mientras lo hacían en la bañera. Malditos sonidos húmedos de

su cuerpo mientras se movía sobre sus dedos sin parar. Es que estaba escuchándolos y todo. Oh, Dios, ¿eso fue un gemido?

—Dime las técnicas en fisioterapia respiratoria.

Iba a tener que aplicarlas, porque se iba a morir. ¿Eran el delantal y la coleta que llevaba Raven? Tenía que relajarse y concentrarse en decirle bien la respuesta, más que nada porque la profesora Raven podía ser muy mala y no le venía bien que la dejase con las ganas. ¿Qué le pasaba? ¿Sería el trozo de tarta? Aire. Aire, por favor.

—Ejercicios respiratorios, drenaje bronquial y entrenamiento físico general… —dijo tras pensarlo un rato.

—Dime los que hay dentro de los respiratorios. Vaya con la profesora…

—Eh… —Hizo memoria, golpeándose la cabeza con el bolígrafo para acordarse bien de todos. Quizás si no la miraba no tendría problemas de concentración del examen sorpresa de su otra profesora—. Respiración diafragmática, de expansión torácica, con cinturón… —Se quedó unos segundos pensando en silencio, porque sentía que le faltaba alguna.

—La fácil —la ayudó Raven.

—¡Técnicas de relajación! —exclamó mientras se giraba hacia ella para mirarla.

—Muy bien. —La chica le regaló una de sus sonrisas increíbles, esas que le decían sin palabras lo orgullosa que estaba de ella.

—Voy a sacar matrícula —alardeó y le quitó el libro a Raven cuando vio que estaba buscando otra pregunta.

Después rodeó su cintura y tiró de ella para que se sentase de lado sobre sus piernas, escuchándola protestar porque era demasiado profesional. En cambio, no le importó demasiado que la besase en esa postura. Dios, cuando Raven dejaba que disfrutase de su boca de ese modo y, como plus, colocaba la mano en una de sus mejillas, sentía que se derretía completamente.

Su relación era increíble y jamás pensó que encontraría eso en una persona —al menos tan pronto en su vida—, pero es que Raven y ella se complementaban a la perfección. Siempre se lo contaban todo, confiaban plenamente en la otra y eran capaces de resolver conflictos conversando sin elevar siquiera la voz. Así de fácil era con ella. Y sabía que, se hubiesen encontrado en su casa las Navidades pasadas o no, habrían hallado otra forma de conocerse para llegar a donde estaban en ese instante.

—Raven —la llamó y Raven le acarició la mejilla mientras la miraba, haciéndole saber que la estaba escuchando.

—Dime, mi amor.

—He estado pensando en algo estos días.

—¿El qué? —La chica se dedicó a delinear una de sus cejas con el índice. —En ti como profesora de fisioterapia.

—¿En modo pervertido? —quiso asegurarse con media sonrisa, y ella soltó una risita.

—¡No! —exclamó—. Bueno, un poco, pero de mis fantasías te hablaré en otro momento.

—Vale, yo también tengo que hablarte de las mías —dejó caer y eso captó su atención. Fue a preguntar, pero Raven la interrumpió—. Cuéntame en qué pensabas primero.

—En cómo habría sido si nos hubiésemos conocido siendo tú profesora. —¿Yo profesora y tú empresaria frustrada por los deseos de tu padre? — Tuvo que reírse otra vez y la besó de forma fugaz.

—En mi mente, tú mi profesora de fisioterapia y yo soy tu alumna.

Raven alzó las cejas con sorpresa y se quedó pensativa unos segundos antes de mirarla con una sonrisa y acercarse para darle un beso suave en los labios.

¿Fin?

(...)

Alexa siguió caminando, molesta, mientras su hermana se recuperaba detrás de ella y llegaba a su altura a los minutos. La estación de trenes estaba cerca de la zona universitaria, así que fue solo un paseo antes de llegar a su destino.

—Bueno, este es nuestro maravilloso campus —habló a su hermana—. Mierda, ¿qué llevas aquí dentro? —protestó por lo que pesaba su maleta—. ¿Me traes a alguna inglesa sexi? —Alzó sus cejas.

—¡No! Allí son muy sosas, lo pasarías muy mal. —Rio con su hermana. —Sí, aquí somos más calientes.

Justo en ese momento alguien andaba en el otro sentido frente a ellas, una mujer con claros rasgos latinos que acompañaban su piel morena, pasando por el lado de las hermanas y logrando que Alexa se girase descarada para observar mejor su anatomía: estaba para mojar pan.

—¡Vaya piernas!

—¡Alexa! —Le dio un golpe en el brazo, tirando de ella para que siguiese andando de frente y dejase de mirar el culo de la mujer que hizo caso omiso de su piropo.

—¿Qué? —Se sorprendió—. ¿No querías ligar? Esa mujer es una buena candidata para mi hermanita.

—Enséñame dónde voy a dormir, anda, y ya ligamos otro día. Ni siquiera me he fijado en ella.

—Te lo has perdido. Me encantaría que me ahogase con esos muslos que tiene.

(…)

¿Quieres conocer qué habría pasado si Alexa y Raven se hubiesen conocido de otro modo?

Búscame en Wattpad o fanfiction.net como Miss Ginsey y descúbrelo en Las dos caras del amor.

Conoce la historia de Alex y Lexa Woods, hermanas gemelas que conocen a dos personas especiales en su último curso de universidad.

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