Muchísimas gracias por la invitación. La verdad que me encanta estar acá, en mi ciudad, en esta Universidad tan querida, y además con gen- te conocida de tantas provincias argentinas, alumnos y exalumnos de la Maestría en Gerontología de la Universidad Isalud, compañeros y amigos de Desarrollo Social, de Pami y de tantas instituciones y orga- nizaciones sociales que desde tanto tiempo venimos trabajando por los derechos de las personas adultas mayores. Un placer también compar- tir con amigos de otros países de Latinoamérica que nos visitan.
En “la modernidad” el conocimiento era el único camino para ac- ceder a “la verdad”. Y por supuesto este era el conocimiento “objeti- vo”, es decir que se lo viera desde afuera, despojados de ideas previas, descontextualizado, ahistórico. Para acceder a este conocimiento era necesario utilizar determinadas herramientas metodológicas, cuanti- tativas por cierto, que permitieran evaluar, y juzgar. Este conocimiento 1 Transcripción de la Conferencia brindada por la Mgter. Gascón en el marco de las III JTSCG
objetivo nos permitía acceder al “reino de la verdad”. Hoy sabemos que no es así. Fueron diversas las corrientes que repensaron y se replantea- ron esta perspectiva, hasta que surge una línea de pensamiento que nos proponer plantear el “conocimiento del conocimiento”. Fue después de la Segunda Guerra Mundial, porque parece que cuando uno toca fon- do es cuando empieza a pensar de nuevo hacia dónde va su destino individual, grupal y colectivo, comienza a cuestionarse esa visión. Y esta posición abre el camino a la inteligencia, y también a la emoción; a la certeza, pero también a la creatividad; a la predicción, y también a la intuición y a la innovación. El cambio fundamental ese avanzar desde un pensamiento lineal centrado en la razón a un pensamiento comple- jo abierto a la historicidad, a la valoración de los afectos, en definiti- va a una racionalidad diferente. Pueden consultar a Gabriel Litovsky2,
aquellos que deseen profundizar en cómo estas líneas de pensamiento inciden en la formación y capacitación profesional.
Se trata de comprender que la realidad no es tal cual es, no es tal cual yo la veo, desde mi óptica personal o profesional. La realidad es compleja, es difícil de abordar, la realidad se aprehende desde dife- rentes ópticas y variadas disciplinas y es necesario contar con todas esas visiones, con diversos actores sociales, que a veces están en con- flicto, que a veces están en acuerdo, pero que sabemos que están, y sabemos que tienen intereses diferentes, que piensan diferente, pero no por ello necesariamente son nuestros enemigos.
Mi primera reflexión apunta entonces a ¿cómo hacemos para cons- truir hoy este nuevo país entendiendo la complejidad que significa poner- se de acuerdo? Y yo creo que hace falta ponerse de acuerdo, que hay que trabajar al lado; hay que saber cuál es el rumbo, hacia dónde va el otro y hacia dónde voy yo. Y para eso hay que tener un objetivo y una meta clara. Esto de alguna manera también nos hizo pasar a otra forma de pen- samiento. A dejar de lado ese pensamiento lineal, centrado en la razón, con las grillas, con las estadísticas, con los números, para empezar a 2 Licenciado Gabriel Litovsky, Director de Capacitación Profesional y Técnica. Mi- nisterio de Salud del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
ponerle cara a los sujetos, cara a los territorios; para empezar a con- ceptualizar, a reconocer la importancia de la historia, a reconocer la importancia de los afectos, de las creencias, de la inclusión. Porque en realidad cuando nosotros hacemos, trabajamos, luchamos, ¿qué hace- mos?, ¿qué es lo que nos mueve? Lo que nos mueve es el afecto, son las ganas, es el impulso, es el deseo. Ana María Fernández, en un libro que súper recomiendo, Jóvenes de vidas grises, analiza cómo este nuevo modelo lo que está haciendo es controlar a los jóvenes, controlar el de- seo y controla a través de promover el consumo, y por el otro lado, los vacía de deseos, y sobre todo de deseos colectivos. Recuperar el deseo, la pasión, que es lo que en definitiva nos mueve. Miren, Evita (Perón, Eva, 1951: 56) tenía una frase: “la mirada del corazón alarga la mirada de la inteligencia”, de alguna manera sintetiza esta primar reflexión.
La segunda reflexión es acerca de la planificación. Cuando planifi- camos lo hacemos en un mundo que está cambiando. Si de algo esta- mos seguros, es que los cambios se producen con una velocidad como nunca se dio antes, y por eso lo más seguro es que planificamos en medio de turbulencia e incertidumbre. Tenemos que tener en cuenta al planificar que lo hacemos en un mundo que cambia todo el tiempo.
Retomando el concepto de envejecimiento, esta revolución de la que nos habló el Doctor Kalache, es una muestra de las profundas transformaciones que están ocurriendo.
La primera pirámide muestra el envejecimiento en Argentina en el año 2000; un proceso de envejecimiento avanzado, propio del aumento en la expectativa de vida que se manifiesta cuando se em- pieza ensanchar la cúspide de la pirámide. Miren la pirámide que esperamos para el año 2025, las mujeres que, como saben, vivimos en promedio, 7 años más que los varones (por lo cual tenemos que buscar parejas 7 años más jóvenes, si no queremos quedarnos viu- das). Y, finalmente, la pirámide del año 2050, donde por primera vez, y quizás para siempre, va a haber más personas mayores de 60 años que niños menores de 14 años.
Sin embargo y como decía el Doctor Kalache: “seguimos formando médicos para que atiendan niños y no saben atender a adultos mayores”.
Este proceso llamado envejecimiento poblacional, se está produ- ciendo en todos los países de la región latinoamericana independien- temente de su grado de desarrollo, como consecuencia del aumento de la longevidad y la disminución de la natalidad.
Tal vez digo algo muy elemental, pero se dice que una población está envejecida cuando más del 10% tiene más de 60 años, o cuando más del 7% tiene más de 65 años. Cualquiera de los dos indicadores que tomemos, dan cuenta que Argentina ya está envejecida; es uno de los países, junto a Cuba, Chile y Uruguay, más envejecido de América Latina. Es importante señalar, sobre todo por el tema que voy a de- sarrollar más adelante. Que el grupo que más crece entre los adultos mayores es el de 75 años y más. Y este es el grupo que sí va a necesitar políticas específicas; políticas específicas para esas personas que están en riesgo alto de entrar en dependencia.
Estos son algunos datos sobre envejecimiento en Argentina. Se espera que para el año 2050 sean más de 12 millones las personas mayores de 60 años, en nuestro país.
Ahora debemos preguntarnos, ¿esto es un problema o un éxito de la sociedad? Las personas mayores ¿son una carga o son ciudadanos que contribuyen y participan activamente en nuestras sociedades?
Muchas veces los medios de comunicación al hablar del envejeci- miento lo presentan como un nuevo problema social: “será imposible solventar las jubilaciones”, “adultos mayores crecen y los recursos se disparan por las políticas destinadas a adultos mayores”. Les pregun- to, entonces ¿es un problema que haya más personas mayores? ¿Es un problema que las personas vivamos más años? Ahora bien si deci- mos que no es un problema ¿cómo hacemos para incluir en la agenda pública un tema que es un éxito? Justamente las políticas públicas son acciones destinadas a acortar la distancia entre las necesidades y expectativas de las personas y la realidad. Están destinadas a resolver los problemas. Por otro lado quien haya pasado por una estructura de gobierno sabe que para conseguir recursos tenemos que presentar un problema: cuanto más viejos, cuanto más enfermos, cuantos más discapacitados, más recursos.
Entonces, acá nos viene una primera disyuntiva de las tantas que hay: ¿cuál es el verdadero problema que plantea el envejecimiento poblacional? En realidad, el problema es que la revolución del enveje- cimiento requiere otras revoluciones; requiere revolución en las for- mas de planificar, más coherencia, integralidad, coordinación. Nada se podrá hacer apelando a un solo sector. Requiere revolución en la organización de los sistemas de atención: las personas envejecidas necesitan atención socio-sanitaria, no puede marchar el sistema de salud por un lado y el sistema social por el otro; tenemos que coordi- nar. Requiere cambios fundamentales en la formación de los recur- sos humanos, como ya dijimos en las facultades de Medicina, poco y nada se habla del proceso de envejecimiento individual, ya sea nor- mal o patológico, y lo mismo en Psicología, Trabajo Social, Derecho, Arquitectura. Muy difícil si no comenzamos desde la formación es- perar después profesionales que enfrenten estos desafíos. Es preciso hacer modificaciones en el sistema jurídico, hay que incrementar las leyes de protección a los mayores. Hay que pensar, por supuesto, en el sistema previsional y en la organización familiar y social que también está extenuada, porque prácticamente es la que todos los días está sosteniendo a ese familiar, que está con problemas de dependencia.
España ha avanzado muchísimo en lo que son los sistemas inte- grados que ayudan desde que la persona comienza a necesitar ayuda para realizar sus actividades cotidianas, para que puedan permanecer en sus casas, en sus comunidades. Pero también hay avances en la organización y gestión de residencias para mayores.
Entonces, en estas revoluciones que hablamos, las experiencias que activan una sola intervención no alcanzan: hace falta hacer un cambio total en el sistema, en la sociedad y en las políticas.
Una definición de política, de las tantas, es que una política pú- blica es una cuestión impulsada por el Estado que concita atención o movilización de otros actores. Finalmente, eso tenemos que decir que está pasando en la Argentina, el tema del envejecimiento finalmente se ha empezado a instalar en la agenda pública. Hay congresos en la Facultad de Trabajo Social sobre envejecimiento, y las empresas ha-
cen jornadas para analizar el tema y promueven cursos pre-jubilato- rios. Los arquitectos especializados en residencias para mayores están siendo demandados para la construcción de barrios u instituciones. Finalmente los medios de comunicación se han lanzado a enfocar el tema. En este año ha habido por lo menos 5 estrenos en los que los protagonistas son personas mayores, actores mayores que presentan variadas formas de vivir el proceso de envejecimiento. Entonces, po- demos decir que el tema se está incluyendo en la agenda pública.
¿Cómo hacemos ahora para darle un nuevo impulso en la agenda de gobierno? En el sentido de llegar a definir una política pública que abar- que todos los dispositivos necesarios a la hora de dar respuestas integrales.
Básicamente, esto resume lo que piensan distintos investigadores que están desde hace mucho tiempo trabajando en el tema de po- líticas públicas. Hace falta coherencia, integralidad, transversalidad, participación social y, por supuesto, un Estado presente. Voy a inten- tar analizar estos términos, que son un poco abstractos, al campo de las políticas públicas para las personas adultas mayores.
Lo primero es la coherencia. La coherencia significa tener claro el objetivo, tener claro la misión. Cuando pienso en una política para el envejecimiento, ¿dónde me paro y adónde quiero ir? La diferencia que marca la política es esa: la política ayuda a diferenciar entre dón- de estoy ahora y dónde quiero llegar, siempre tratando de elevarnos para arriba. Yo tenía un profesor que cuando llegaba tarde a clase de- cía “bueno, bastante que vino”. Entonces nos bajaba las expectativas y decíamos, “gracias, profe”. No, estamos acá abajo y queremos llegar acá bastante más arriba.
Argentina tiene muchos recursos invertidos en envejecimiento. Programas, servicios, instituciones, planes, organismos. Ahora nece- sitamos que se pongan de acuerdo y trabajen juntos. Necesitamos una política integral e integrada fundada en la concepción de los de- rechos de las personas a lo largo de toda la vida. Y este es el segundo aspecto a lograr la integración de las políticas.
Por supuesto con la efectiva participación social de las perso- nas mayores y sus familias. Es necesario apoyar el rol de la familia,
que es insustituible. Podemos crear miles de modelos de gestión de atención, pero la hija o el hijo que pasa a saludar a sus padres, o el nieto que va a ver a la abuela, eso no se reemplaza con nada, entonces hay que apoyar a esa familia para que pueda continuar realizando esta tarea.
En realidad el mundo está creciendo en un contexto de alta desigualdad, y a medida que pasan los años esas desigualdades se cristalizan. Por eso decimos que las personas mayores son tan heterogéneas, porque no es como un niño de 3 años que aprende a andar en triciclo y a los 6 ya puede aprender a leer y escribir, lo biológico en los primeros años pesa mucho, pero a medida que pasan los años, la misma edad no significa nada, casi nada. Uste- des van a Salta y ven una mujer de 66 años, como tengo yo, y no la van a ver igual, porque la educación, la salud, la cobertura social, el tipo de trabajo que uno hace, las redes familiares, los hijos, los compañeros, todo eso ayuda a envejecer de una manera o de otra. Entonces nosotros vemos en las personas envejecidas, vemos muy claro como cristaliza esa desigualdad, a la que estuvieron expues- tos a lo largo de sus vidas.
En general, se toma como indicador de igualdad/desigualdad la mortalidad infantil. Nosotros estamos insistiendo para que se tome también la expectativa de vida. Amartya Sen (2002) dice: “el principal consumo de los pobres es años de vida”; si una persona tiene la suerte de nacer en Buenos Aires, va a tener una probabi- lidad de vivir 6 años de vida más que una persona que nace en el Chaco, o en Formosa.
La forma de vivir y envejecer se explica por los determinantes so- ciales del envejecimiento. Quiero compartir una frase que dijo uno de los grandes sanitaristas argentinos, el doctor Ramón Carrillo, mi- nistro de salud del Presidente Perón, entre los años 46 al 54: “frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angus- tia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causa de enfermedad, son unas pobres causas”.
Fue un verdadero precursor del concepto de determinantes so- ciales. Es poco lo que se puede hacer desde el hospital, en lugar de trabajar con los enfermos, trabajemos para que vivan sanos. Y la sa- lud, en el sentido amplio del término implica mucho más que lo que se pueda hacer desde un ministerio. El concepto de determinantes sociales ubica a las personas individuales y en colectivo en el centro de la escena. Se puede gozar de buena salud aun padeciendo una, dos o más enfermedades, si tengo la oportunidad de continuar incluido, participando, decidiendo sobre mi vida.
Entonces, volviendo a las políticas públicas y la definición del pro- blema ¿cuál es el problema? El problema es la exclusión. Exclusión del trabajo, exclusión del sistema educativo, exclusión muchas veces de la familia, la exclusión del mercado. La exclusión, que por supues- to es un fenómeno complejo porque tiene factores sociales, indivi- duales, institucionales.
Pero hay uno en el que me quiero detener porque es importante, sobre todo para los que no vienen del campo gerontológico y es la visión del envejecimiento; ¿cómo vemos el envejecer? Recién fui al baño de mujeres y vi un grafiti que decía “la diferencia no es desigual- dad”. Esta propuesta nos lleva inmediatamente a preguntarnos ¿cómo se construye la diferencia? Porque según cómo se construye la dife- rencia va a depender cómo se construye la desigualdad. Si yo defino una mujer como un no-varón, cuando construyo la diferencia estoy construyendo la desigualdad. Si yo defino un viejo como un no-jo- ven, estoy construyendo desigualdad. Lo defino desde la carencia, lo que no es o lo que no tiene. Lo ubico un escalón o más abajo de los que si son o tienen. Si parto de lo que no tiene, le tengo que dar. Esa visión del envejecimiento desde las carencias, define políticas sociales clientelísticas y asistencialistas.
Argentina está liderando un proceso para que se apruebe una Con- vención de los Derechos de las Personas Mayores. Esto implica recono- cer diferencias, incluso hacia el propio grupo de mayores que es muy heterogéneo, pero propone la igualdad en el tratamiento de sus derechos ciudadanos, la no exclusión, ni discriminación por razones de edad.