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46 SIMÓN ROYO HERNANDEZ comienzo de su segunda intempestiva en la que el gran escritor alemán mostraba su desprecio

LA FILOSOFÍA SISTEMÁTICA FRENTE A LA FILOSOFÍA

46 SIMÓN ROYO HERNANDEZ comienzo de su segunda intempestiva en la que el gran escritor alemán mostraba su desprecio

por aquello que simplemente le instruía sin aumentarle el vigor y elevarle sobre sí mismo.

Los filósofos son ciudadanos ilustrados que han crecido hasta tener la suficiente potencia como para realizar propuestas teoréticas y asertos edificantes de alcance general. Cuando semejantes Weltanchauungen impregnan la sociedad y forman modelos que siguen nume­ rosas disciplinas al implantarse socialmente estamos ante una gran filosofía. Se puede hacer gran filosofía o pequeña filosofía, la grande es la teorética y científica la pequeña la estética

y literaria, pero tanto Kant como Camus son grandes pensadores y sus obras han pasado a

la posteridad y nutrido sustancialmente a numerosas generaciones de seres humanos, tanto a ciudadanos ilustrados como a profesionales y aficionados de toda índole. No conviene despreciar tampoco la pequeña filosofía del presente, aquella que quizás no sea una escritura para la eternidad, pero tampoco carece de interés, también impregna a la sociedad y alimen­ ta a la contemporaneidad enfrentándose a la esterilidad reinante en todas las vertientes del nihilismo y al esoterismo vulgar o consumo de esa fastfood "espiritual” que representan los libros de auto-ayuda o de gurús orientalistas.

2) Aquí distinguimos entre los ciudadanos ilustrados y los profesionales de un área de investigación. Los primeros serán ciudadanos críticos ya que eso es algo que viene incluido con la ilustración* pero los segundos, aunque puedan ser auténticos genios en un área deter­ minada, pueden estar tan ideologizados en todas las demás (e incluso en la que representa su especialidad) que no se les pueda considerar como críticos en absoluto.

Entre los miembros del tipo que planteamos en este punto destacan, a juicio de Gustavo Bueno, los dedicados a las Ciencias Positivas, mientras que a juicio del marxismo vulgar, destacan los dedicados a las Humanidades. Y nosotros estamos de acuerdo con el marxismo vulgar clásico en la tesis de que las humanidades pueden ayudar a proporcionar a quien las cultiva capacidad crítica* así como estamos de acuerdo con Bueno en que dicha capacidad puede adquirirse a partir de las ciencias positivas, pero discrepamos de ambos al identificar la filosofía con la crítica y el ser filósofo con el ser ciudadano crítico o profesional de las hu­ manidades. Ciertamente las obras filosóficas o el contacto discursivo con un filósofo pueden ayudar al desarrollo de la conciencia critica* pero si bien necesaria, ésta no es suficiente para lograr llegar a hacer Filosofía y ser, por tanto, filósofo en el sentido sistemático o edificante de la palabra.

El problema reside en que hoy en día se admite sin discusión la escisión decimonónica entre ciencias del espíritu o humanidades y ciencias naturales o positivas, así como la divi­ sión del trabajo en intelectual y manual. Pero dicha distinción no es más que institucional y aunque admitamos, con Bueno, que las primeras no han llegado a ser cierres categoriales y las segundas sí, para tener un criterio de discriminación; dicho criterio no explica sufi­ cientemente la escisión institucional, cuyas determinaciones no vienen comandadas por la naturaleza de los materiales de estudio sino por la naturaleza de las necesidades del mercado. De manera que una de las maneras en que la educación puede hacer frente al mercado es sin duda por estar tomada de una lengua extranjera, envuelve el concepto en cendales nebulosos y le da con ello una resonancia más edificante”.

PASAJES AL POSTHUMANISMO: HISTORIA Y ESCRITURA

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proporcionando una formación integral o humanística, siguiendo la tradición renacentista que se remonta a su vez a la Grecia clásica.

En su primer sentido humanismo es la atmósfera intelectual emanada del interés renacen­

tista por las investigaciones terrenales. Así, el humanismo renacentista vendría a rescatar la

opción socrática del quehacer filosófico centrado en la polis. El humanista del Renacimiento es aquel que se ocupa de las cosas humanas (ciencias y letras) frente al teólogo medieval, ocupado con las cosas sobrenaturales (teología escolástica). No hay que confundir el sentido que la acepción humanidades tuvo para los humanistas del Renacimiento, tan científicos como letrados, con la doctrina filosofico-ideológica humanista del siglo XX, a la que se en­ frentó el antihumanismo de Althusser o Foucault. La acepción original de humanista es la que remite a aquellos que ya han recibido la propedéutica indispensable para el cultivo de la filosofía, lo que no significa que lleguen necesariamente a dar ese salto; el humanista es quien está formado tanto en las ciencias como en las letras, apelativo que aún llegó a identificarse con ilustrado en ios siglos XVII y XVIII, ya que la mayoría de los máximos representantes de la Ilustración, como Voitaire por ejemplo, estaban tan versados en las ciencias como en las letras. Contra el humanitarismo que enfrentaba el antihumanismo reciente se yergue un posthumanismo más cercano a lo que escribió Pico de la Mirándola sobre La D ignidad del

Hombre que a la hipócrita deriva humanitarista de la Modernidad ilustrada.

3) E l ciudadano con juicio critico simple no se identifica con los antedichos y bien puede

surgir con independencia de ellos.

Las ciencias surgen entre las ideologías y la filosofía entre las ciencias (pero también entre las artes pudiera surgir la Filosofía si atendemos a la Filosofía Edificante y no sólo a la sistemática). Si nos fijamos en el proceso del conocimiento.en Platón, en principio no puede pasarse desde el grado ínfimo (la eikasía o primer grado de la dóxa) hasta la cUanoiay la noesis o grados supremos y propiamente filosóficos (episteme), sin pasar por los momentos interme­ dios; sólo excepcionalmente se pueden producir saltos, si bien hay un punto de encuentro común52. Nadie diría que la eikasia (ver el televisor) es filosofar o razonar, aunque sea ya un primer grado ínfimo de movimiento neuronal en el cerebro. Y sólo extraordinariamente el televidente podrá alcanzar la noesis con semejante actividad. El ciudadano crítico no da saltos y si acaso los da son ocasionales y bienvenidos. Eso sucede en situaciones limite pues sólo cuando te va a atropellar un coche eres capaz de dar un salto semejante al de un atleta entrenado para las Olimpiadas, no lo podrás repetir a voluntad.

La alethés dóxa es el grado mínimo que tiene que alcanzar el ciudadano crítico de una sociedad democrática para que ésta pueda llevar tal nombre. El nivel que Platón denominaba

*opinión verdadera”, que será el justo medio entre dos extremos. Entre la ignorancia y la sabi­

duría habrá un punto medio y aunque los grados entre ambas sean en principio infinitos, se podrá demostrar el que Aquiles sea alcanzado por la tortuga mediante un cálculo de límites, de los límites de la razón.

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SIMÓN ROYO HERNÁNDEZ

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