Pasajes probatorios
4.2.1 Similitud global
4.2.1.1 «No el mucho saber [...] mas el sentir y gustar [...]»: síntesis metódica
A diferencia de la mayoría de mecanismos de represa que adelante consideraremos y en con- formidad con la relevancia de la tesis dentro del address, la versión convergente jamesiana ex-
tiende su enunciación bastante más allá de los límites establecidos por la versión de Ignacio, exitosamente sintética y formulada a manera de máxima como sigue: «[...] no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente»557. Sus armónicos,
aun sin haber tenido noticias de la señal primigenia, nos resultan por lo menos familiares. Es probable que, así como por su posición prevalente dentro del «librito» (auténtico incipit),
cuanto por su marcado ritmo de efecto mnemónico558, la función de esta frase dentro del
pensamiento católico haya sido, gracias a su densidad, al menos sumaria559. Así lo declaran
557 Ejercicios, cit., § 2, p. 208.
558 Mucho recomienda Ignacio —a los directores— no acercarse al ejercitante con algún escrito, sino más bien llevar todo el proceso muy bien asimilado por la memoria: «15. El que da los ejercicios no debe llevar el libro vs para de allí leérselos, sino que tenga bien estudiado lo que ha de tratar. 16. Mejor es, a quien tiene tiempo, no llevar escriptos los puntos, sino, habiendo declarado la materia, dictárselos a él mesmo de su mano [...]», de Ignacio de Loyola, Directorio autógrafo, cit., §§ 15 y 16, p. 297. Había, entonces, un perentorio reque- rimiento mnemónico.
Al respecto cfr. el «Tomad, Señor, y recibid...» (§ 234, p. 258), pasaje posteriormente enucleado por la tradición —como oración independiente— de su origen («Contemplación para alcanzar amor»), y de donde se desprende un fuerte sentido rítmico, presente también en la oración ignaciana por antonomasia, el Anima Christi. Sobre simetrías bíblicas, cuestiones rítmicas y versales, ver el artículo «Anima Christi y el Paternoster: relaciones inexploradas dentro de la obra ignaciana» de P. Di Patre, en proceso de publicación; y sobre la «la música» como «la forma más ineluctablemente pitagórica de garantizar el depósito memorial» con respecto a versiones kichwas ecuatorianas del Padrenuestro, ver P. Di Patre, E. Crespo y J. Ruiz, «El Padrenuestro kichwa: sociología de la religión», ponencia presentada en el IX Congreso Internacional: Literatura, memoria e ima- ginación de Latinoamérica y el Caribe (por los derroteros de la oralidad y la escritura), celebrado del 20 al 22 de agosto de 2013 en la Ciudad de Panamá.
559 Parmananda Divarkar comenta: «Pero creo que en la muy conocida frase “el sentir y gustar de las cosas internamente” (EE 2), lo más ignaciano es el adverbio “internamente”». Luego de referir el uso insistente de palabras aines al adjetivo «interno» en los Ejercicios, lo relaciona con la paulina Epístola a los Efesios, dando luces también sobre la topicidad de la frase, en P. Divarkar, «La transformación del yo y la experiencia espi- ritual: El enfoque ignaciano a la luz de otros modelos antropológicos», en Carlos Alemany y José A. García- Monge (eds.), Psicología y Ejercicios Ignacianos, Bilbao-Santander: Mensajero-Sal Terræ, p. 26.
Iparraguirre y De Dalmases, ambos presbíteros jesuitas, aunque a propósito de su función originaria560. Por último, aquí se delinea incluso una cuestión, sino tópica —Pascal, como se
verá, la usa—, al menos visitada también en el Viejo Testamento: la insuiciencia de la razón frente a los misterios de Dios561.
Valga aclarar, por otra parte, el contexto donde aparece. Dejarla como máxima, aislada de sus sentidos originarios —aunque tentador por las posibilidades y fuerzas expan- sivas— resultaría en una carencia insalvable. Además, diluiríamos así la magnitud de su ma- niiesta presencia en el «librito». Desde la primera aparición arriba citada y sobre «la persona que da a otro modo y orden para meditar o contemplar»562, muchas veces dirá Ignacio que es
mejor una «breve y sumaria declaración», antes que una ampliada y morosa. Todo encamina- do naturalmente a que el ejercitante experimente «más gusto y fructo spiritual».
Para Ignacio, esta preeminencia de la experiencia sensual, o al menos de la insu- iciencia de la mera racionalidad, se expresa otras tantas veces. De las «annotaciones para tomar alguna inteligencia en los exercicios spirituales», la decimoctava (§ 18) ilustra nuestro punto563. Asimismo, Iparraguirre y De Dalmases comentan sobre «El segundo modo para
hacer [...] elección» que, por su «mayor plasticidad[,] es más apto para personas de menos for- mación y altura espiritual»564. De este modo, frente a un camino intelectual —no menospre-
560 Dicen: «síntesis de todo un método trascendental y principio fundamental en la dirección del ejerci- tante», Ejercicios, cit., n. 5, p. 208.
561 Cfr. otra celebérrima máxima: «¡Esto no tiene sentido!, decía Qohelet,/ ¡esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse!» (Ecl. I: 2). Luego, con más claridad (y a lo largo del capítulo): «Cuanto mayor la sabiduría, mayores son los problemas; mientras más se sabe, más se sufre» (Ecl. I: 18), de La Biblia Latinoamericana, Madrid-Estella: San Pablo-Editorial Verbo Divino, pp. 1033-1034.
562 Ejercicios, cit., § 2, p. 207, como las siguientes dos citas.
563 «[...] según la disposición de las personas que quieren tomar exercicios spirituales, es a saber, según que tienen edad, letras o ingenio, se han de aplicar los tales exercicios; porque no se den a quien es rudo o de poca complisión cosas que no pueda descansadamente llevar y aprovecharse con ellas», Ejercicios, cit., p. 211.
ciado por el santo565— se ofrece, como opción igualmente válida para los ines buscados, otro
tipo de camino espiritual, que atiende más bien a experiencias volitivas de naturaleza sensual y afectiva. Se podría incluso aventurar la prevalencia de los actos «de la voluntad afectando» con respecto a los del «entendimiento discurriendo»566.