Ahora bien, con este panorama relacional y condicional presente podemos aterrizar nuestras conclusiones en el plano que Foucault nos dibuja en concreto en la institución educativa. En primer lugar es de notar que para Foucault no existe un lugar más auténtico en donde el dominio de los cuerpos sea tan evidente como en la manifestación de las escuelas cristianas, la pedagogía escolar del siglo XVII.
En términos históricos, Foucault esboza el cambio de una sociedad (antes del siglo XVI) en la que el poder disciplinario desempeñó un papel marginal pero crítico e innovador dentro de los confines de las comunidades religiosas de una sociedad (que comienza en el siglo XVIII) en la que las instituciones han desempeñado un papel preponderante (Hoffman, 2011, Pág., 33). En este esquema, la propagación poder disciplinario se da a través de varios "puntos de apoyo". Con fundamentos religiosos, como la educación de la juventud inspirada en el ideal ascético abrazado por los Hermanos de la Vida Común, con su enfoque en etapas progresivas de la educación, la normativa de la reclusión, la sumisión a un guía y a una organización militar; colonización practicada por los jesuitas en la Guaraní república de Paraguay con su énfasis en el pleno empleo de tiempo, la supervisión permanente y la constitución
39 celular de las familias; y, por último, el confinamiento de elementos marginales de la población bajo la gestión de las órdenes religiosas (Ibídem). A partir de estas posiciones periféricas, el poder disciplinario comenzó a cubrir a más esferas de la sociedad, sin incluir el soporte religioso, que aparece en el ejército a finales del siglo XVII y la clase obrera en el siglo XVIII.
En este modelo educativo, el dominio del cuerpo pasa a ser también un dominio minucioso del tiempo y de las prácticas (MF, VC, 1975, Pág., 143) reconocido como la anatomía política del detalle (Sheridan, 1986, Pág., 858)23. El objetivo claro de dicha
educación es el de la correcta administración del tiempo a través de la disciplina en la más minuciosa práctica: la disciplina de lo minúsculo. Aunque la teoría política de Hobbes también considera aspectos corporales de la vida, tales como vivienda (morada), deseos (lo que queremos comprar y consumir), el cuidado del cuerpo (dieta), y cuidado de los niños y la educación para estar fuera de los intereses del soberano y por lo tanto libre (Taylor, 2011, Pág., 43)24, muy por el contrario Foucault
denuncia el sujetamiento a racionalidades económicas o técnicas:
La minucia de los reglamentos, la mirada puntillosa de las inspecciones, la sujeción a control de las menores partículas de la vida y del cuerpo darán pronto, dentro del marco de la escuela, del cuartel, del hospital o del taller, un contenido laicizado, una racionalidad económica o técnica a este cálculo místico de lo ínfimo y del infinito (Ibídem).
El aprendizaje loable en esta manifestación de la educación, es el más estricto seguimiento de normas y de correcto empleo del tiempo que tiene como consecuencia
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“Foucault's "Discipline and Punish": An Exposition and Critique Discipline and Punish: The Birth of the Prison by Michel Foucault, Vigilar y castigar . Una Exposición Y Critica De La Disciplina Y El Castigo: El Nacimiento De La Prisión Por Michel Foucault. Traducción personal. Garland American Bar
Foundation, Revista de reserva, Vol. 11, No. 4 (otoño, 1986), Págs,. 847-880.
24 Taylor, Cloe. Biopoder traducción propia del título original del capítulo Biopower en Taylor, Dianna. Michel Foucault, Key Concepts. Durham. 2011.
40 un tipo normalizado de comportamiento. La libre investigación o la posibilidad de un espacio para el acontecimiento son por defecto inconcebibles y contrarias a un correcto sometimiento a las normas. Entre el maestro que impone la disciplina y aquel que le está sometido la relación es de señalización: se trata no de comprender la orden sino de percibir la señal, de reaccionar al punto, de acuerdo con un código más o menos artificial establecido de antemano (MF, VC, 1975, Pág., 170). Situar los cuerpos en un pequeño mundo de señales a cada una de las cuales está adscrita una respuesta obligada, y una sola: técnica de la educación que "excluye despóticamente en todo la menor observación y el más leve murmullo (Ibídem).
La verdad que se abandera como producto de las prácticas del poder en este tipo de educación se encamina a la producción de individuos útiles. Esta idea se desarrolla a partir del modelo penitenciario que tiene como meta un proceso de normalización de los internos. Esta normalización es una inscripción en las diferentes prácticas institucionales, que se logra por las tecnologías de disciplina que inscriben las normas de la sociedad en el cuerpo de los criminales. A través de un corregimiento del cuerpo se llega a un dominio del alma (Oksala, 2011, Pág., 89). Por tanto, el perfecto modelo educativo de la época, es la disciplina que exige también clausura, puesto que así se da cabida a la regulación completa de todo elemento minucioso presente en la vida cotidiana de un estudiante (MF, VC, 1975, Pág., 145). La educación se establece como otro modo muy específico de dominio a través del poder que se ejerce sobre cada individuo. Todo este modelo es semejante al de la fábrica, al de la milicia, al de la prisión.
La educación de los escolares se mantiene en un ejercicio de obediencia más que de conocimiento, seguimiento de normas como elemento que lleva el control de la educación (Vargas, 2013, Pág., 338). Se recurre a pocas palabras, ninguna explicación, un silencio total que no será interrumpido más que por señales: campanas, palmadas, gestos, simple mirada del maestro o también, el pequeño utensilio de madera que
41 utilizaban los hermanos de las Escuelas Cristianas; lo llamaban la "Señal" y debía unir en su brevedad maquinal la técnica de la orden a la moral de la obediencia. El buen alumno es el que reconoce y obedece al menor sonido la indicación de la Señal (Ibíd., 171).
Nos dice Foucault que dicha disciplina fabrica, a partir de los cuerpos que controla, cuatro tipos de individualidad: individualidad celular (que se adecúa en la distribución espacial), individualidad orgánica (por el cifrado de las actividades), individualidad genética (por la acumulación del tiempo), individualidad combinatoria (por la composición de fuerzas). Para esto el disciplinamiento se vale de cuatro grandes técnicas: construye cuadros, prescribe maniobras, impone ejercicios y sobre todo dispone tácticas. La táctica es el arte de construir, con los cuerpos localizados, con las actividades codificadas y las aptitudes formadas unos aparatos donde el productos de las fuerzas diversas se encuentra aumentado por su combinación calculada, es sin duda la forma más elevada de la práctica disciplinaria (Ibíd., Págs., 171- . La táctica entonces ha de valerse tanto de los cuerpos, como de las actividades, como de las aptitudes formadas. Esta última característica del disciplinamiento, es la mayormente manifiesta en la escuela. Pues la más relevante característica de un individuo útil es el haber logrado formarse, a pesar o por medio de un ejercicio continuo de disciplinamiento, una aptitud productiva y útil.
En una palabra, las disciplinas son el conjunto de las minúsculas invenciones técnicas que han permitido hacer que crezca la magnitud útil de las multiplicidades haciendo decrecer los inconvenientes del poder que, para hacerlos justamente útiles, debe regirlas. Una multiplicidad, ya sea un taller o una nación, un ejército o una escuela, alcanza el umbral de la disciplina cuando la relación de una a otra llega a ser favorable (Ibíd., Pág., 172).
Hasta aquí he mostrado, desde la perspectiva foucaultiana, la intrínseca relación que mantiene el sujeto y la institución a través de multitud de mecanismos creados por las
42 diferentes manifestaciones de un legítimo poder punitivo y correctivo. El sistema educativo no logra marcar, ni en su constitución, ni en sus fines, una diferencia radical respecto a las otras instituciones del campo social. Es, como conjunto de corpus teórico-práctico de discursos y prácticas, es un elemento más de control social (Vargas, 2013, Pág., 336). Contemplamos que el complejo entretejido social en que la institucionalidad moderna, incluyendo la institución educativa, se erigió usando para esto la objetivación de los individuos como sujetos. Individuos sujetos a verdades productivas, a dinámicas de poder institucionalizado y a principios determinados de producción saberes y de prácticas. La institución de educación no es más que otro espacio de poder lícito, regulado, consolidado, normalizador: el auténtico lugar de sumisión del sujeto (Sheridan, 1981, Pág., 744)25.
Aún con todo, una cuestión fuerte es inevitable de abordar a la hora de describir y reconstruir la dinámica del sujeto y de las instituciones que nos presenta Michel Foucault, cuestión clave de la formación como sujeto y de su funcionalidad en cuanto sujetado, concepto central a la hora de la eficacia del poder en el discurso, esto es, la importancia y el lugar de la razón (Popkewitz, 1998, Pág., 9).