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SKLENK Y ENDIM1ÓN

In document Kerenyi Karl, Los Dioses de Los Griegos (página 183-195)

B: E os llorando a M emnón

2. SKLENK Y ENDIM1ÓN

Por sus cambios visibles y sus casi visibles movimientos, por su cambiante relación con el sol y la tierra y su participación por igual en la luz y en la oscuridad, la luna proporcionó materiales para muchas historias: para historias de heroínas que eran grandes diosas o tal vez sólo una, la mayor de todas, una diosa cuyos muchos aspectos nos hacen a p n o n imposible identificarla totalmente con un cuerpo celes­ te. A la visible Selene se asociaban muchas heroínas: cazadoras y corre­ doras, vírgenes perseguidoras y perseguidas de la saga. Ya en la A n ti­ güedad se sabía que las rápidas alternancias en el cielo de la luna y el sol, corresponden a aquellas imágenes1’’1'. De las viejas narraciones divi­ nas en donde una diosa Luna de aspecto de vaca consumaba nupcias con el toro del Sol, apenas quedó finalmente, en relieves posteriores, el carro de Selene tirado por bueyes. Ella había tenido un aparejo de dos caballos, contrastante con el carro de cuatro caballos de Helio, y tam ­ bién podía ser vista cabalgando sola sobre un buey o un caballo, una muía o un ciervo. Era invocada como ser celestial alado6’7, pero podía ser portada por un chivo (en una ocasión, por el mismísimo Pan,

Selene

quien, como conté, la sedujo tras encubrirse en uní piel de cordero). Además de ser llamada Scicne (palabra relacionada con solas, «luz»), la diosa, vista tal como aparece en el ciclo, era también llama­ da Mcnc. Esa era la forma femenina de Men, vocablo alusivo a la luna, al mes lunar, y que en Asia M enor designaba asimismo a un dios- luna. Había una historia del matrimonio de Selene con Zeus'':s: la diosa lunar dio al regente divino una hija de nombre Pandia, «la eiei ñámeme radíame» o «la enteramente brillante»..., aludiéndose al brillo de las noches de luna llena. Las dos historias amorosas que conciernen a Selene: las de sus enredos con Pan y con Zeus respecti­ vamente, entraron en nuestra mitología. N o ocurrió así con una his­ toria posterior donde Selene y Helio se casaban*’1'’ en tanto diosa-luna y dios-luna, con las formas que revisten cuando se les ve en el cielo. Nuestra Selene era la hermana de Helio; un ser de pura naturaleza fraternal, como lo era Artemisa en relación a Apelo. Cualquier ma­ trimonio entre ellos tenia que confinarse por entero a las regiones invisibles, inframundanas, donde ambos tenían muchos nombres y formas de manifestación diferentes a los que teman en el cielo. La

única historia de amor famosa relativa a nuestra diosa lunar provenía de Asia M enor, y su escenario era una cueva.

Se contaba allí que cuando Selene desaparecía detrás de la cresta montañosa de Latmos en Asia M enor, estaba visitando a su amante Endimión, quien dormía en una cueva de esa región650. Endimión, que en todos sus retratos aparece como un joven hermoso, un pastor o cazador, recibió el don del sueño sempiterno..., don proveniente sin duda, en la historia original, de la diosa Luna misma631, quien así podía siempre encontrarlo y besarlo en aquella caverna. El nombre Endi- mión quiere decir «que se encuentra adentro», envuelto por su amada como en una sola vestidura.

De acuerdo con un poeta de un período posterior, el alado dios del sueño, Hipnos, se enamoró de Endimión. Dio al joven la capacidad de dorm ir con los ojos abiertos*52. En nuestros relatos, Endimión aparece como rey de Elide'’11, el país de los Juegos Olímpicos, que según se 'sabe fueron fundados por un dáctilo ideo (Endimión es más afín a un dáctilo que a Adonis). Engendró en Selene cincuenta hijas, el mismo número de los meses de una Olimpíada o período entre unos juegos y los próximos. Su sueño perenne era un don de Zeus, quien le permitió escoger su propia manera de morir''34, de donde resultó que Endimión eligió el sueño perpetuo en lugar de la muerte. Según otros narradores, ese estado le fue infligido como castigo porque, después de haber sido elevado al cielo por Zeus, se habría comportado como Ixión, procu­ rando seducir a Hera. Está claro que la diosa lunar, aparte de aparecer bajo el nombre Selene, podía también dar soporte a la dignidad de la Reina de los Dioses.

3. E O S Y S U S R A P T A D O S

Los hijos de la pareja titánica Hiperión y Tía, constituían una trinidad: además de Selene, Helio tenía otra hermana, la Diosa de la Mañana: Eos635. C om o la diosa Luna, Eos puede ser vista corriendo delante del emergente dios solar, o cabalgando como figura alada un nítido ta rro del Sol, un aparejo de cuatro caballos. N o sería del todo correcto traducir Eos como «púrpura de la mañana». Sus brazos y de­ dos eran sin duda rosáceos, y sus ropajes eran de un amarillo aza­ franado, pero su naturaleza era algo más consistente que un simple fenóm eno coloreado en el cielo. Era el nuevo día, y por eso se la lla­ maba también Hemera616, «Día», o con un antiguo nombre: Tito637,

una form a femenina de Titán que verosímilmente significaba «día»638. Lo mismo que bajo el nombre Helia, también en Eos encontramos la contraparte femenina del sol, así como a una hermana de Selene más arisca y turbulenta que ésta: una hermana cuyas historias de amor eran más apasionadas que las de la diosa Luna.

De todos sus amores, el que tuvo por Títono se volvió el más fa­ moso. Eos se había llevado a Títono en un carro de oro63’, y nos dice H omero que cada vez que trae a los hombres la luz, se levanta del le­ cho que comparte con Títono, a quien deja allí640..Títono es forma masculina de Tito, perteneciente como el nombre de Eos a una lengua no griega, una lengua más antigua. Com o dios y como joven mortal era nativo de Asia M enor, cercano sin duda a Adonis y a Faetón. Este último aparece0'*1 (con ese nombre y como Fósforo44-, H eósforo<4\ o H éeos644) al lado del chipriota Pafos645 en la lista de los hijos de Eos, o como nieto de ésta por vía de su hijo Títono, a quien ella alumbrara en Siria. Se decía que Eos, la diosa del áureo trono, había raptado al divinal Títono, un joven de la familia de los reyes de Troya646. Luego acudió ante Zeus para suplicarle concediera vida eterna a su amado. Zeus accedió. Pero no se le había ocurrido a Eos que hubiera sido mejor pedir la gracia de la juventud y protección contra el envejeci­ miento. Por eso, mientras Títono fue joven, vivió felizmente con Eos en la proximidad de Océano, al borde oriental del mundo. Cuando aparecieron hebras blancas en su atractiva cabeza y en su barba, la diosa cesó de compartir su lecho con él; en lugar de ello lo atendía como a un niño pequeño, lo nutria con el alimento de los dioses y le proporcionaba hermosas vestiduras. Y cuando la canosa vejez le quitó a Títono todo poder de movimiento, la diosa lo colocó en un aposen­ to cuyas puertas acerrojó. De esa habitación sólo salía la voz de T íto­ no: ya no tenía fuerza en sus miembros.

O tros narradores dan algunos detalles de esa historia que no apare­ cen en el relato precedente647: Títono se transformó en una cigarra. Eos dio a luz hijos suyos; el más famoso fue Memnón648, quien vino a Troya desde Etiopía, tierra oriental del So), para ayudar a la familia de su padre, y pereció por mano de Aquiles: un trágico episodio de la saga heroica, que se dice sumió a la diosa en una pena profunda. Una magnífica vasija pintada muestra su llanto por el hijo muerto.

El gran amor de Eos por los jóvenes hermosos, a quienes acostum­ braba tomar p or la fuerza, campeaba de tal modo en sus historias que se llegó incluso a afirmar que sus continuas pasiones eran un castigo infligido por Afrodita, debido a que Ares había abandonado por su

culpa a la diosa del amor64’. En realidad, Eos aparece en nuestra m ito­ logía como una segunda e implacable Afrodita. C on frecuencia sólo conocemos los nombres de los jóvenes a los que amó; así, por ejem­ plo, el de Clitos, «el renombrado»650; era tal su belleza que la diosa lo raptó para que pudiera permanecer entre los inmortales. Un nombre curioso era el del agraciado Céfalo, a quien mencioné ya como hijo de Hermes y Herse y como padre de Faetón. Kepkale, la palabra de la que deriva el nombre, significa «cabeza». Por esa hermosa cabeza hu­ bo en Atica una disputa entre Eos y Procns, la esposa de Céfalo. La historia de Céfalo y Procris nos lleva otra vez a la saga heroica. Esta rival femenina de Eos era una de aquellas heroínas que tenían más características lunares que diosa alguna. Así, en la isla de Ceíalenia se contaba de un C-éfalo que se acopló con una osa611; y sabemos que ese animal es una forma de manifestación de Artemisa o, en la historia de Calisto, de un doble de la misma diosa portador de otro nombre. En cuanto a la historia de la disputa, Eos finalmente cargó con Céfalo6’". Hizo lo mismo con muchos lindos muchachos carentes de nombres, según vemos en las antiguas ilustraciones. Bien puede ocurrir que ahora veamos a Céfalo, «la Cabeza», arriba en el cielo. Tal vez sea él «la Cabeza» en la constelación de O rion, otro favorito de Artemisa y Eos convertido en astro; de éste hablaré a continuación.

4. H I S T O R I A S D E O R I O N

Un gran caudal de historias gravita en to m o a la constelación de O rion. Ella brilla con esplendor particular en nuestros cielos, y se decía que antes había sido el salvaje cazador O rion, una figura gigan­ tesca que descuella en nuestra mitología como si proviniera de una edad bárbara y primitiva. Su nombre estaba asociado apropiadamente con el de los niños gigantes O to y Efialtes, los Alóadas653. De éstos se contaba que sólo cedían en belleza ante O rion. Ya dije en mi relato sobre la diosa Maya cómo una hueste de divinas doncellas huyó de O rion y fue al fin convertida en la constelación de siete estrellas llama­ das Pléyades. En una versión, sólo una doncella fue perseguida, Plé- yone6M, pero en otras O rion persiguió a Pléyone y a sus hijas6’ ’; lo cierto es que corrió tras ellas durante cinco o siete años, a través de Beocia. Tal vez ya en tiempos antiguos fueran ellas tórtolas salvajes (peleiades) a quienes el rústico cazador quería de hecho matar, pero al mismo tiempo eran diosas, como la osa que entró en los cielos en

compañía de ellas y de O rión^6. Pronto explicaré la estrecha relación que existía entre este cazador particular y Artemisa; a ella se debe sin duda que de las Pléyades perseguidas por O rion se dijera que habían sido compañeras de caza de la (liosa157. Narraré ahora las historias concernientes al cazador.

En un relato se considera a O rion hijo de Poseidón y de Euríale, la hija de Minos658. Esa relación de su linaje revela cuán cerca estaba a la vez del calador salvaje de Creta conocido también como Zagreo, y del mismo Minos, el perseguidor de Bntomartis. Kn Beocia, sin embargo, se contaba una historia diferente sobre el parentesco del cazador gi­ gante65''. Moraba en Tanagra el hospitalario Hirieo, cuyo nombre sig­ nifica «el Hombre Abeja». Ya dije en la historia de Kronos cómo los dioses se embriagaban con miel en los tiempos primordiales. Otros narradores no hablan de Hirieo sino de un rey Eneo66”, o bien de En.o- piónf,fl1; estos nombres están conectados con amos: «vino», tal como el nombre Hirieo y el de la ciudad de Hiria, perteneciente a Tanagra, estaban a su vez conectados con hyrcrn, «panal de abejas». Pues bien, Hirieo (o Enopión) fue visitado por tres dioses (usualmente los men­ cionados eran Zeus, Poseidón y Hermes). Esos tres dioses hicieron que su semen fluyera en el interior de la pelliza de un toro sacrificado y ordenaron a su anfitrión que enterrara el saco de cuero llenado de aquel modo. Transcurridos diez meses, surgió de él Orion, un gigante nacido de la Tierra662, De ese modo los dioses concedieron un hijo al anfitrión, quien había sido estéril siempre.

En la continuación de la historia (y en particular como se la cuenta en la isla de Q uíos), los efectos del vino jugaban un papel importante. Estando ebrio, O rion raptó a Mérope, la esposa de su padrastro Eno­ pión663. O tra versión dice que Merope, la víctima del gigante intoxica­ do, era una de las hijas de Enopión'’64. Se contaba que O d ón cortejaba a Mcropc y que para ganarla libró de fieras salvajes a la isla de Quíos; pero Enopión quiso romper su acuerdo con él, y por eso O rion se emborrachó y forzó la entrada a la cámara de Mérope665. O bien fue Enopión quien embriagó al cazador, lo cegó mientras dormía y lo sacó de allí, abandonándolo en la costa. El meollo de todos estos relatos parece consistir en que el ebrio gigante puso manos violentas sobre la esposa de su padrastro y Enopión se vengó cegándolo: lo que hizo ha de haber sido especialmente terrible para merecer sufrimiento tan espantoso. De no ser por la anécdota de los tres dioses (que en todo caso pudiera haber sido inventada en obsequio un retruécano: una de las maneras de decir «arrojar semen» es ourein, y de esta palabra

proviene en la historia el nombre O rion), el castigo sugiere que el gigante debe haber violado a su propia madre. U n relato similar a propósito de los efectos del vino se cuenta de Licurgo, el enemigo de Dionisos“’,\ La ceguera como penalidad por este delito se encuentra en otros relatos, además del de Edipo667.

Mérope podría haber sido la madre de O rión, como Semele era la madre de Dionisos y Elara lo era del gigante fálico Ticio; si bien el dios y el gigante no nacieron realmente de esas madres, pues lo Hicieron de otras maneras. Existía también una historia sobre una esposa de O rión llamada Side, «Granada», a quien el cazador empujó al Inframundo porque ella se comparó en belleza con Hera“ s, El nombre de esa espo­ sa es muy apropiado para la Reina del Inframundo, como también lo era el nombre Mérope. Se esconde en estos nombres una madre-espo­ sa con quien pecó O rión, y es por eso que el hecho terrible fue casti­ gado con la ceguera. Un adivino dijo a O rión que podía curarse sólo si 'exponía las cuencas de sus ojos a los rayos del sol6'1'’. El gigante ciego oyó el estrépito de una forja y caminó en dirección al ruido. C ruzó el mar (caminando sobre él670 o, lo que es más probable dado que era un gigante, atravesándolo a pie firme) y llegó a Lemnos, donde la forja de Hefesto obraba con enorme fragor67'. Aunque las narraciones mencio­ nan expresamente a este dios, fue sin embargo a Cedalión, tu to r de Hefesto, a quien O rión cogió y se echó a las espaldas, a fin de que el enano lo guiara, el enano al gigante, bacía el levante; llegaron así ante el naciente Helio y O rión se curó. Se decía también que regresó a castigar a Enopión; pero éste se había escondido bajo la tierra, en una cámara de bronce67’. Com enzó entonces la errancia de O rión, arran­ cia que concluyó cuando fue transportado a los cielos. Com o cazador amenazó con exterminar a todas las criaturas sobre la tierra673. A rte ­ misa y Leto estaban en C reta cuando él cazaba allí. Pero Tierra hizo brotar contra él el escorpión, la alimaña picó al cazador salvaje y pos­ teriormente lo acompañó en los cielos como otra constelación. O bien puede haber sido Artemisa quien mandó al escorpión contra el agresor cuando éste ya se había posesionado de los ropajes de la dio­ sa674. Ella era también capaz, por supuesto, de matar a su asaltante con sus flechas675 y eso fue lo que de hecho hizo en otra historia, única en su tipo. Oigamos esa extraña historia.

Se contaba que Eos había ya tomado a O rión para que fuera su marido cuando Artemisa lo mató con sus flechas en la isla O rtigia676. Esta isla era el punto en que el sol surgía: fue el lugar de nacimiento

de A p olo, la isla también llamada Délos. A llí había O rion retado a Artem isa a una competencia con el disco*77. La diosa se enfureció por eso..., o bien, según la mayoría de versiones, por el hecho de que el gigante había atacado a la doncella hiperbórea Opis (otro nombre de la misma Artemisa). De acuerdo con esta historia única, Artemisa estaba sin embargo enamorada del cazador''78. Apolo se dio cuenta de ello y se disgustó; la regañó, pero sus palabras fueron inútiles. En­ tonces vio de pronto muy lejos en el mar la cabeza de O rion, apare­ ciendo como una manchita oscura, y retó a su hermana a competir con él mismo al tiro de arco, tomando como blanco el punto aquél. Artem isa dio en la cabeza, a la que no había reconocido, y después transportó a su amado a un lugar entre las estrellas. Tampoco la constelación de O rion muestra muchas veces otra cosa que su cabeza sobre el horizonte. Las gentes que sin embargo se negaban a aceptar la historia de su metamorfosis en una constelación, sostenían que O rion caza todavía en los prados de asfódelos oel Inframundo, lle­ vando en la mano su mazo de bronce, en persecución de las fieras que antes mataba sobre la tierra679.

5. RF.I.ATOS DF. L O S D I O S E S DE L O S VI E N T O S

Había además un relato sobre un marido de Eos que alcanzó un rango m ayor al asignado a cualquier otro de sus maridos, de los que ya he hablado680. Me refiero a A streo, «el Estrellado», cuyo nombre mencioné como el de un hijo de la poderosa diosa Euribía y del titán C río 681. De él se declara expresamente que fue «el antiguo padre de las estrellas»"53. A él, dios del cíelo nocturno, !a diosa de la mañana dio por hijo no sólo la Estrella de la Mañana, H eósforo, sino también los dio­ ses de los vientos: es decir, los dioses de los vientos principales sola­ mente, los que merecen culto. Ella alumbró sin embargo a los cuatro, aunque Hesíodo menciona nada más los nombres de tres: C éfiro, el viento del oeste; Bóreas, el viento del norte; y N oto, el viento del sur. A l cuarto (Afeliote, viento del este, o Euro, viento del sudeste) se refiere Hesíodo sólo mediante el apodo Argeste: «el dador de brillo». Nos dice que estos vientos son de origen divino y traen grandes be­ neficios a los mortales683. Existen no obstante también los ventarro­ nes, hijos de Tifeo, que bajan sobre el mar para gran daño de la huma­ nidad. Soplan por turno desde diversas direcciones, haciendo que las

embarcaciones naufraguen, destruyendo a los marineros, mientras otros devastan la tierra floreciente y las amables obras de ios hom ­ bres y cubren todo de polvo y confusión.

La rosa de los vientos completa, que también entre nosotros se componía de ocho vientos al menos, no tenía por supuesto ningún

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