Capítulo II. Guerra(s), soberanía(s) y aproximación a la relación entre dinámicas de la conflictividad violenta
4. Las operaciones armadas se llevan a cabo planificadamente, por lo que no
2.3 Soberanías en vilo, múltiples, en pugna y coexistentes
Con base en el análisis de la realidad, se puede identificar que en ocasiones las fracturas en la soberanía no aparecen sólo con motivo de las confrontaciones internas, sino que en muchas sociedades, preexiste a la confrontación y es una
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Kalyvas, Stathis. La ontología de la ¨violencia política. Pág. 7.
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Ibid. Pág. 53.
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manifestación de las dificultades existentes para construir un orden en el cual exista una soberanía plena. La aspiración de que el Estado sea soberano, es decir que ejerza un dominio indiscutido y un monopolio incuestionado sobre asuntos vitales de la vida política como el control en el uso de la violencia, de la administración de justicia y del recaudo tributario, en muchos casos es el resultado de transacciones con diversos tipos de poderes, uno de los cuales es el poder de los grupos delictivos, como ocurre con sociedades en las cuales, las mafias tienen una alta capacidad de incidencia, o cuando es el resultado de otorgar diferentes grados de autonomía a grupos de poder regional, o grupos constituidos con base en identidades específicas, o como plantea Boaventura de Sousa Santos, simplemente dejando porciones del territorio al margen de cualquier pretensión de orden soberano.
Esta situación, la denomina Boaventura de Sousa Santos fascismo social, descrito como:
¨El estado de naturaleza propio del fascismo social representa el colapso de las expectativas y la total vulnerabilidad del individuo frente a los riesgos. Por eso la vulnerabilidad del individuo en el fascismo social no resulta de la imposición de un poder estatal tiránico frente al individuo, sino, por el contrario, del abandono total del individuo –muchas veces propiciado por el mismo Estado- de tal manera que cualquier poder, de cualquier tipo, puede aspirar a regular el comportamiento individual y a dispersar los bienes públicos a su antojo¨43
Así mismo, identifica cuatro modalidades de este fascismo social: el fascismo de apartheid social, que expresa la segregación social de los excluidos a través de una cartografía urbana dividida en zonas salvajes y zonas civilizadas. Las salvajes
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El caleidoscopio de las justicias en Colombia. Santos, Boaventura de Sousa y Garcia Villegas, Mauricio. Bogota, Siglo del Hombre, 2001. Página 30.
son las zonas del estado de naturaleza hobbesiano. Las civilizadas son las del contrato social.44; la segunda forma de fascismo social es la del Estado paralelo, en las zonas civilizadas el Estado actúa como protector, en las salvajes como Estado depredador. La tercera forma es el fascismo paraestatal, que denota la usurpación de prerrogativas estatales (de coerción y de regulación social) por parte de actores sociales muy poderosos, muchas veces con la connivencia del propio Estado, que neutralizan o complementan el control social producido por el Estado. Esta forma puede ser contractual o territorial, y finalmente la cuarta forma que asume el fascismo social es el fascismo de la inseguridad. Se trata de la manipulación discrecional de la inseguridad de las personas y de los grupos sociales vulnerables por la precariedad del trabajo, o por accidentes o acontecimientos desestabilizadores, los cuales producen elevados niveles de ansiedad y de inseguridad frente al futuro y al presente de modo que se baja el horizonte de las expectativas y se crea la disposición para soportar grandes costos destinados a obtener reducciones mínimas de los riesgos de inseguridad.45
En esta misma perspectiva estudiando el proceso de construcción de la nación colombiana, Maria Teresa Uribe ha acuñado la expresión de soberanías en vilo46 para describir el estado cuasi permanente de guerra en que ha vivido nuestra nación y las dificultades para establecer un Estado realmente soberano, es decir, que gobierne de manera efectiva el territorio nacional. Por el contrario, Uribe destaca cómo lo que más caracteriza este proceso inacabado de construcción nacional es la guerra infructuosa, pues no construye un orden permanente y duradero, y lo que se mantiene son las transacciones sin fin, en las que cambian 44 Ibid. Pág. 31 45 Ibid. Pág. 32. 46
Uribe, Maria Teresa. Las soberanías en vilo en un contexto de guerra y paz. En: Nación, ciudadano y soberano. Corporación Región, Medellín, 2001. Págs: 271-294.
los protagonistas como en una especie de carrusel de jugadores, sin lograr una estabilidad estructural.
Dice Maria Teresa Uribe:
¨…el orden institucional público, aunque pudiera mostrar omnipresencia en la Nación, no ha tenido omnipotencia, no constituye una autoridad razonablemente acatada o violentamente impuesta, pese a los esfuerzos del gobierno en un sentido o en otro. Sin omnipotencia institucional, es decir, sin una autoridad única, suprema y universal dentro del territorio, no hay soberanía en sentido absoluto. Además, el orden institucional público presenta serios problemas en la esfera de la soberanía representada, o sea, en aquella otorgada a través del consenso por el pueblo de la Nación.¨47
Este proceso de soberanías múltiples, fragmentadas y con unas amplias zonas de transición, genera la construcción de territorios de convivencia entre las zonas civilizadas y las de barbarie como las llama Santos, y se convierten en terreno propicio no sólo para la ubicación y actuación de grupos paraestatales y contratestatales, sino que incluso, han dado pie a la consolidación de grupos mafiosos, quienes replicando la actuación de los grupos con un carácter más político, fungen como soberanos locales, desarrollando procesos de intermediación entre las comunidades y los gobiernos, administrando justicia entre los pobladores y garantizando la ¨seguridad¨, en fin, funcionan como microestados paralelos.
Esta relación de convivencia entre el poder soberano central y los poderes alternos, no necesariamente adquiere un carácter antagónico todo el tiempo, sino que por largos periodos de tiempo pueden convivir de manera simultanea, aunque
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sean de orientación ideopolítica contraria, y sólo en momentos de agudización de las contradicciones o cuando se pretende reconfigurar el orden construido, es que se revela la incompatibilidad de los órdenes presentes.