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1.1) Epistemología, ideología, hegemonía, dominio y colonización

El presente trabajo parte del supuesto de que la ciencia no es una estructura monolítica que logra eficazmente los ideales de objetividad universalidad y necesidad con que querían dotarla los positivistas13 del siglo XIX. Tampoco sostiene las tesis de un cuestionamiento de la ciencia que echa sombras de modo irresponsable sobre una forma de conocimiento que ha demostrado en muchas ocasiones poseer, como muy pocas, la capacidad de revisar críticamente sus presupuestos a fin de rectificar errores y corregir rumbos, es decir, enten- demos que todas las consideraciones críticas, los cuestionamientos de sus supuestos epis- temológicos, metodológicos, ideológicos y filosóficos, que cuentan con una muy importan- te tradición, son también parte de la ciencia. A pesar de las luchas, los enfrentamientos entre corrientes, escuelas, ideologías, la ciencia es un quehacer que permite esos debates. Partimos por tanto de una consideración crítica de la ciencia como un objeto de estudio al que pondremos en discusión y al que vincularemos con la práctica que enlaza varias esferas o campos. En un aspecto puntual nos interesaremos por la ciencia en el campo de la educa- ción y por la enseñanza de la investigación periodística en el ámbito de la formación uni- versitaria de los periodistas. También haremos la consideración de que, como sostiene Bourdieu (2003), la investigación de esas prácticas sociales implica poner en cuestión el instrumento del cual nos serviremos en nuestra propia práctica investigativa. Entendemos que, en nuestro trabajo, nos encontramos realizando una práctica de investigación que in- daga no solamente sobre otras prácticas sociales sino, principalmente, sobre otras prácticas de investigación. Alcanzar la posibilidad de una “objetivación” y por lo tanto de un juicio que pueda ser considerado como “objetivo” implica romper con análisis de tipo externalista e incluir tanto a la crítica como aquello a lo que se critica dentro del mismo proceso de producción de conocimiento. Tal proceso sólo puede ser explicado si se contempla a la crítica y a lo criticado en las dimensiones que habilitan discriminar contenidos y establecer

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Hawking, S. Agujeros Negros y otros Universos, Chile Ciencia Misc. Santiago de Chile, 2002, p. 22.

13“La ciencia moderna, tal como la entienden los positivistas, se refiere esencialmente a enunciados respecto a hechos y

presupone, por lo tanto, la cosificación de la vida en general y de la percepción en especial. Esa ciencia ve al mundo como un mundo de hechos y de cosas y descuida la necesidad de ligar la transformación del mundo en hechos y en cosas con el proceso social. Precisamente el concepto del ´hecho´ es un producto: un producto de la alineación social; con este concepto el objeto abastracto del trueque es concebido como modelo para todos los objetos de experiencia en la categoría dada.” (Horkheimer, 1973, p. 92)

comparaciones que permitan dirimir el modo mediante el cual se establece, tanto el alcance de la explicación, cuanto sus consecuencias sobre la producción de lo social mismo.

Uno de los frecuentes “errores” que suelen cometer muchos de aquellos que no han in- cursionado en la reflexión epistemológica14 es “ignorar” las consideraciones planteadas por las corrientes o escuelas, cuando no a las escuelas mismas mediante una argumentación que apela a la falacia ad ignorantiam.15 Consideramos que las polémicas epistemológicas son extremadamente útiles16 en la medida en que ponen en práctica el juego de la crítica que intenta rebatir a su rival mediante el desbaratamiento de sus supuestos y que no las des-

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No aceptamos la definición de epistemología que reduce a ésta a teoría del conocimiento, ni tampoco el estudio de las condiciones de validación de las teorías científicas. Estas definiciones implican posturas particularmente sesgadas en cuanto a la tarea de pensar la ciencia. Somos de la idea de que la epistemología implica varias dimensiones en relación tanto al hacer de la ciencia como a la reflexión sobre ella, sosteniendo además que representan momentos de lo mismo. Por tanto, podemos entender a la epistemología como la actividad de indagar, investigar y establecer teorías, reflexiones y críticas en torno a los múltiples modos de interpretar y analizar el complejo campo que se abre desde sus dimensiones históricas, metodológicas, teoréticas, sistémicas, etc., entendida esta entonces como Epistemología general. Pero también tenemos otras dos dimensiones. Una de ellas como la actividad propia del científico dentro de su área específica, esto es, cuando toma distancia de su hacer cotidiano y reflexiona sobre el alcance, las implicancias, las limitaciones tanto teóricas cuanto empíricas y metodológicas. En ese momento el científico no hace ciencia en el sentido habitual, sino epistemología de su disciplina. La epistemología es entonces una actitud, la única que permite que haya cambios, avances, progresos, quiebres y continuidades en la tarea de la ciencia. Sin esta actitud todavía estaríamos venerando a Aristóteles. La otra es la que realizan quienes debaten, cuestionan, apoyan, critican y reflexionan, no ya sobre la producción científica sino sobre la de los episte- mólogos. Si la epistemología es una metaciencia, esta última es una metametaciencia. Una cosa es lo que los científicos realizan en sus prácticas habituales, y otra es la reflexión crítica sobre esas prácticas. Pero muchas veces se confunden los niveles y se pasa subrepticiamente de la discusión sobre la reflexión sobre la ciencia, a la discusión sobre las posturas de los epistemólogos y se incurre en el error de emitir juicios cruzados e impertinentes.

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Ricardo Gómez establece, en Neoliberalismo y Pseudociencia, a través de una serie de preguntas algunos de los items fundamentales a discutir en relación a responder a la pregunta ¿qué es la ciencia? y aunque su libro es una de las obras más firmemente dispuestas a rebatir la epistemología popperiana, reconoce que los notables aportes de Popper a la epistemolo- gía radican justamente en no haberse rehusado a responder a ellas y a polemizar sobre las mismas. Buena parte de la pobre- za de ciertos enfoques epistemológicos radica en no poder salirse, ni siquiera como ejercicio intelectual de los muy estre- chos límites de su dogma. Más pobres resultan todavía aquellos que, incapaces de preguntarse si no hay algo más que lo que sus maestros les enseñaron, permanecen encerrados en un cúmulo de representaciones tan inermes como inútiles.

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Existen múltiples modos de clasificación de las ciencias en general y muchas formas de entenderlas. Para uno de los más clásicos y difundidos esquemas las ciencias fácticas se dividen vez en ciencias naturales por un lado y sociales o humanas por el otro. Las llamadas ciencias naturales, o también, ciencias experimentales modernas, o ciencias duras, surgen en el renacimiento como consecuencia de una enorme cantidad de circunstancias que convergen en ese momento y que provienen de transformaciones en el orden social, político, económico, cultural y religioso, pero que también ellas contribuyen a la transformación de los otros planos. Dilthey denominó ciencias humanas en oposición a las naturales –las que trataban de obtener conocimiento del mundo fuera del hombre con el propósito de obtener leyes causales– a aquellas que tenían como propósito alcanzar conocimiento sobre el mundo humano, su cultura, su historia, sus relaciones a través del modo de pro- ducción que revelaban los documentos históricos, las obras de arte, etc. Es también frecuente, sobre todo entre algunos europeos, llamar a las disciplinas que se ocupan de estos temas, ciencias del espíritu. Sin que esto tenga necesariamente una connotación idealista, su nombre deriva de lo que Hegel llama en su obra “espíritu objetivo”, el cual es la manifestación de un momento en el despliegue de la totalidad y que concuerda con la superación del “espíritu subjetivo” el cual corresponde- ría al simple “yo” y se expresaría en un nosotros, el cual se realiza a través de las instituciones públicas, del estado y en donde se manifiestan el arte, la filosofía y la religión. De la escuela de Baden surge el método ideográfico el cual corres- pondería a las ciencias sociales en oposición al nomotético que correspondería a las naturales. Sin embargo Rickert, uno de los integrantes de esta escuela incluye a la sociología entre las nomotéticas, ya que ella tendría como propósito producir conocimiento de hechos según relaciones causales. “Apel, diferencia entre ciencias del espíritu y ciencias sociales. A las primeras las considera centradas en la práctica comunicativa que tiene por fin la formación de la opinión pública y entre ellas menciona a la pedagogía. Las ciencias sociales en cambio tienen como objeto la interpretación del dominio público, configurado a partir de las ciencias del espíritu, y la explicación de la ampliación y potenciación de las fuerzas de produc- ción. Menciona entre ellas a la sociología, la economía y ciencias políticas.” Otras posturas están representadas por la polémica entre la escuela de Frankfurt con Adorno a la cabeza y el neopositivismo popperiano. Bástenos decir en relación a esta tan rica polémica que mientras los frankfurtianos sostienen la diferencia entre las ciencias naturales y sociales y la multiplicidad de métodos, Popper reivindica el monismo metodológico que supedita a todas las ciencias, descalificando a toda disciplina social, esto es, no reconociéndole su estatus de ciencias en tanto no sea capaz de dar cuenta por medio de leyes invariables de los fenómenos sociales.

acreditan sus intenciones colonizadoras17. Luego, muchos científicos, y aprendices de tales, formados a la sombra de alguna de estas tradiciones, pero ignorantes de diferencias y po- lémicas epistemológicas subyacentes, hacen referencia a la ciencia como si ella fuera un quehacer único y homogéneo, sustentando criterios de confiabilidad, universalidad y ver- dad basados exclusivamente en el “paradigma” de la disciplina con la que fueron escolari- zados. Un quehacer con un único método18, el método científico, el cual no tendría dema- siadas diferencias entre las ciencias naturales y las sociales, siempre que además sus “pre- juicios” no descalifiquen a éstas últimas, o reduzcan sus posibilidades de consideración como ciencias, en tanto emulen a las naturales. Este punto de vista, que de algún modo proviene de una visión hegemónica heredera de la tradición positivista19, ha colonizado el mundo anglosajón y representa una concepción particular de las ciencias que sostiene como modelo de cientificidad a las ciencias naturales y sus principios causalistas. Pero no es esto lo cuestionable en sí mismo, sino el hecho de que la hegemonía se ha tornado en una forma de dominio que ha convalidado prácticas totalitarias de la ciencia y del orden social. Es esta visión la que suele extenderse entre los neófitos y los poco advertidos que, cuando buscan

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Utilizamos este término para expresar las intenciones que motivan dentro de un campo las luchas por la hegemonía. Entendemos que la lucha por instalar una “cosmovisión” que se expanda y se convierta en praxis científica y social es absolutamente legítima en tanto se plantee un escenario de debate constante, tanto con otras “cosmovisiones”, cuanto de con sus propios presupuestos. En este sentido entendemos necesario hacer algunas precisiones referidas al concepto de hegemonía desarrollado por Gramsci. Según el análisis de Perry Anderson en Las antinomias de Gramsci (Anderson, 1981): “El término ´dominación´ que es la antítesis de ¨hegemonia´, aparece de nuevo en otra pareja de términos que se encuentran en otros textos en oposición a ´dirección´. (...) La supremacía de un grupo social asume dos formas: ´dominación´ y ´dirección moral e intelectual´.” (Anderson, 1981, p. 40) La dominación va acompañada de la fuerza y la violencia, la hegemonía por el consentimiento y la civilización. De modo, que siguiendo esta definición, entendemos a la colonización como el intento por obtener la hegemonía en un ámbito de consentimiento, esto es esencialmente respeto y reconocimiento dentro de tratos civilizados. Suponemos al debate científico y epistemológico como propio de este ámbito, aunque, por supuesto, reconocemos que cuando esas producciones se dan en el contexto de lo social, también pueden convertirse en justificadoras de la fuerza y la violencia, incluso de la que se ejerce desde la cátedra y la academia. Cuando esto ocurre también las más altas expresiones de la cultura se convierten en justificación de la dominación, mediante la fuerza, la vio- lencia y por supuesto, la fuerza y la violencia de la persuasión. En el plano social esto se da cuando el Estado ejerce la hegemonía política y la ciencia se pone al servicio del Estado y no de la sociedad, o cuando las instituciones sociales son atravesadas por luchas cuyos actores tienen como principal interés el dominio.

18 “Los científicos aceptan ya sin muchas protestas el carácter ideológico de los usos de la ciencia, carácter puesto sobre el

tapete con dramaticidad por la bomba atómica y otras aplicaciones militares. Con más reticencia aceptan también que la selección de temas de investigación puede estar influida por consideraciones extracientíficas, (...) Pero de ninguna manera aceptan que se dude siquiera de la neutralidad del “método científico”, de los criterios de verdad, de todo lo que en lenguaje empiriológico se denomina “contexto de justificación”, como fase distintiva de los contextos de “descubrimiento”, (formu- lación de hipótesis) y de “aplicación”, (uso de las verdades científicas.” (Varsavsky, 1982, p.301)

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Y seguramente anterior a este, cuando la hegemonía del saber paso del poder de la iglesia al poder de la ciencia. Al res- pecto Marí señala: “Resguardado en su origen divino el principio de la unidad del pensamiento, al transferirse del campo de la religión al de la filosofía –un pasaje por otro lado sumamente velado, complejo y cruzado– no pudo beneficiarse más de la univocidad ´una´ forma del discurso en donde se compactaban religión-ciencia-filosofía, forma unitaria demandada para los fines prácticos (ideológicos) de la sociedad antigua. “ (Marí, 1990, p.19) Entendemos que la causa de este “traspaso” de algún modo es presentada por Marí. Se produce un dispositivo que en tanto conjunto de creencias se torna necesario para la funcionalización de la sociedad pero que se convierte en un obstáculo para la producción de nuevos conocimientos. El contenido de los que Bachelard denomina obstáculos epistemológicos, aquello que sabemos (mal) y que ofusca lo que debiéramos saber, este dispositivo del que nos habla Marí, el cual también podría ser tomado en sentido foucoltiano ya había sido avizorado por Platón, epísteme para los filósofos y mitos para el pueblo. Indudablemente la estructura mítica ha demostrado una eficacia envidiable en su rol persuasivo y conformador de conductas. Con la crisis y la agonía de un ideal de sabiduría de las ciencias contemporáneas y con su búsqueda de eficacia para realizar los valores que caracteriza las prácticas sociales de la sociedad actual no era de extrañar que la reflexión crítica se viera avasallada por el manejo instru- mental que en la sociedad mítica era el rito y que en la contemporánea es la técnica. La gran diferencia es que el rito, en el mito, sirvió al fin de preservación y consolidación de la especie, en tanto que la ritualidad técnica –ya debidamente explota- da durante siglos por la religión– es traspasada a la tecnociencia como instrumento de preservación y consolidación del mercado.

un marco de cientificidad para sus prácticas, caen en el lugar común de los espacios coloni- zados por esas visiones “dominantes.20 No haremos aquí el análisis filosófico de dichas tradiciones21, pero sí tendremos en cuenta el modo en el cual ellas han generado una visión unidimensional22 de la ciencia en general y de los mecanismos de transmisión y reproduc- ción en que se centran, sobre todo, en la educación como una praxis reproductiva. Partimos entonces de la premisa de que no existe “la ciencia”, sino distintos modos de producción de conocimiento, todos ellos determinados histórica y socialmente23 y que tienen el propósito

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Aunque en definitiva contribuyen a consolidar una visión “dominante” de la ciencia, nos parece importante distinguir la diferencia entre aquellos que, por ignorancia, convalidan una visión de este tipo de la ciencia, de aquellos otros que, cono- ciendo la existencia de propuestas otras posturas epistemológicas, se rehúsan al debate mediante la mera descalificación y proclaman lisa y llanamente su universalidad, fundamentalmente las visiones positivista y neopositivistas.

21 “La polémica que se nos plantea, si bien trata del método, trasciende los aspectos meramente metodológicos y se con- cierte en una polémica filosófica. En este sentido no debemos pensar en la filosofía como un ámbito que permite la cons- trucción de cualquier visión del mundo sin que lleguemos más que a verdades relativas o a puntos de vista u opiniones. La polémica es filosófica porque supone la revisión de los presupuestos fundamentales, de los puntos de partida, de los inde- mostrables a partir de lo cual se pretenderá demostrar todo. En este sentido, la polémica es rica en tanto nos ayude a aban- donar posturas dogmáticas y a revisar con espíritu crítico no solamente las doctrinas adversas, sino también nuestros pro- pios juicios y prejuicios. Las ciencias sociales todavía siguen siendo el campo de arduas y ríspidas discusiones. Como hemos visto, muchos epistemólogos le niegan el estatus de ciencia por no cumplimentar los requisitos de orden metodológi- co que tienen las ciencias naturales y las reducen a la categoría de disciplinas que deben madurar. Otros advierten las cir- cunstancias particulares de las mismas, abogando por la consideración de las particularidades que rodean la investigación en estas áreas, tanto desde la consideración del objeto de estudio, con muchas diferencias con los de las ciencias naturales y por lo tanto de la necesidad de la implementación de métodos propios adecuados a las características de esos objetos. A pesar de ser mucho más recientes, las ciencias sociales han recorrido un camino de tradiciones, de momentos que implican saltos madurativos. El marxismo para la sociología y la economía, el psicoanálisis para la psicología han significado mo- mentos de maduración en tanto han redefinido los objetos y los métodos a la luz de nuevas perspectivas y sustrayéndolas de las determinaciones metodológicas que provenientes de las ciencias naturales encorsetaban la investigación. No digo que sean correctos o incorrectos, sino que replantean la situación de las ciencias sociales en torno a sus problemas específicos.” (Mombrú, Bosch, 2004, p.167)

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Adoptamos el término unidimensional en el sentido que le asigna Marcuse en “El hombre unidimensional”, esto es, como sinónimo del triunfo del pensamiento positivo, el cual reduce los criterios de objetividad a la negación de la metafísica. “La crítica neopositivista todavía dirige sus esfuerzos principales contra las nociones metafísicas y está, motivada por una noción de exactitud que es la de la lógica formal o la de la descripción empírica” (Marcuse, 1969, p.201) Esta unidimensio- nalidad del pensamiento de los valores y por ende de las prácticas sociales tiene su correlato epistemológico en el monismo metodológico, que en la tradición positivista es el inductivismo y en la neopositivista es principalmente el falsacionismo popperiano.

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“Desde la perspectiva epistemológica, las ciencias naturales habían establecido como condición fundamental para toda ciencia que sus enunciados fueran objetivos, universales y necesarios, y que las teorías científicas construidas a partir de

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