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3. Metodología

4.1 Resultados de la Investigación y análisis

4.1.3 Sobre el concepto de Turismo Rural Comunitario (TRC)

Después de haber revisado la bibliografía correspondiente, nos queda claro de que no existe una definición universalmente valida aplicada para explicar el fenómeno. Es un concepto relativamente nuevo que surge a mediados de los noventa en diferentes partes del mundo, que se da en el Perú desde hace aproximadamente veinte años e inicialmente fue conocido como Turismo Vivencial (asociado a la idea convivencia familiar). Otra consideración que es importante puntualizar es que es un segmento de mercado turístico con menor afluencia en el turismo, que atiende la inquietud de algunos turistas de querer ver lo “auténtico”, “ser pioneros” en un ámbito visitado y sumergirse en la cultura local. Hoy en día ese deseo ha sido captado por el marketing y se ha convertido en una estrategia de mercadeo, lo que demuestran los slogans como “off the beaten track” (fuera del camino habitual) hasta llegar al modelo establecido de la “mass customization” (la personalización en relación a la masa) (Becker de Romero, 2015).

Desde el estado el concepto se ha manejado en estos términos:

En el Perú, es toda actividad turística que se desarrolla en el medio rural, de manera planificada y sostenible, basada en la participación de las poblaciones locales organizadas para beneficio de la comunidad, siendo la cultura rural un componente clave del producto. (Mincetur, 2007)

Un aspecto central en el análisis de nuestra investigación, tiene que ver con el componente político y el uso que del TRC como herramienta de gestión se hace desde el estado y las partes involucradas en su fomento como las ONG´s y las entidades no gubernamentales, que vienen apostando por este modelo para promover, “la lucha contra la pobreza”. Esto viene de la necesidad de la mayoría de los partidos políticos y movimientos sociales a nivel global, que reconocen la necesidad urgente de un desarrollo más inclusivo, donde la contribución potencial del turismo al desarrollo es uno de los criterios más importantes para el "éxito" de estos emprendimientos (Andreu García, Aledo Tur, & Ullán de la Rosa, 2017).

A nivel político con mucha frecuencia se puede leer y escuchar cómo es que el turismo en general y el TRC en particular, se les denomina como una herramienta para la lucha contra la pobreza. Sin embargo, a partir de la experiencia local, regional y nacional, es muy aventurado decir que sea realmente una herramienta de lucha contra la pobreza. Según la propia versión del encargado de mercadeo del Ministerio, Richard Bazán Callupe (Especialista del área de marketing del Turismo Rural Comunitario de MINCETUR) sostiene que:

Muchos todavía manejan el argumento de que el turismo rural comunitario desde su gestación hasta su comercialización es aquella actividad que va a permitir reducir la pobreza o combatir la pobreza en estas comunidades. El asunto no va por ese lado, de hecho, en la última reunión de la OEA se declaró que el turismo rural comunitario es una buena herramienta para la reducción de la pobreza, para personas o comunidad que se involucra en la actividad. No obstante, en la realidad

peruana no debería ser tratado el turismo rural comunitario como un aliviante a la pobreza, porque principalmente aquellas personas, a aquellas comunidades que se involucran en la actividad no son personas pobres. La diferencia quizás conceptual entre pobreza y participación en el mercado es precisamente esa, de que con el turismo a estas personas por mucho tiempo han estado separadas de la oportunidad de conectarse con el mercado, ahora se les pueda dar esta oportunidad.(Bazán, 2015)

Lo que se ha podido observar es que las personas que se involucran en estos emprendimientos, además de la voluntad de querer hacerlo, por lo general son quienes de alguna forma tienen alguna forma de solventar los gastos iniciales de inversión en la infraestructura básica, en sus emprendimientos, tales como gastos en remodelación, construcción, equipamiento del mobiliario, etc. Que normalmente, están fuera del alcance de las personas que se encuentran rezagadas en la escala socioeconómica local; en tanto que son los grupos de poder tradicionales, quienes tienen más posibilitados de poder enfrentar estos gastos de inversión, lo que después con el desarrollo de la actividad, normalmente tienden a afianzar su posición de poder socio económico, para luego incursionar en el político (Jordi Gascón, 1999). Con la cual se cierra este círculo pernicioso del cual el turismo es sólo otra forma de canalizar esas tendencias.

En el caso de Sibayo se sigue en cierta forma esta tendencia, en tanto que los gastos que representa incursionar en el TRC además del apoyo y estimulo que hayan podido recibir de parte del estado, ONG´s y de las autoridades locales; resulta ser un gasto que por lo general son pocos quienes se animan a afrontarlo (Sib-1, Sib-2, Sib-4, Sib-6). De allí que la cantidad real de participación de la población en términos relativos y absolutos sea de baja incidencia. Asimismo, la cuota de aporte monetario a la canasta familiar, si bien es considerable en algunos casos (en economías precarias donde la renta per-cápita es relativa baja) no lo es tanto como

para considerarla como una alternativa que pueda alejarla del estado de pobreza; más aún si consideramos el grado de incertidumbre que esta actividad les genera a los emprendedores.

De manera que la premisa de que el turismo sea una herramienta para la lucha contra la pobreza per se, no es algo que se pueda generalizar, en especial desde la perspectiva de que los segmentos de mayor pobreza quedan de alguna manera excluidos de esta posibilidad. Además, en el propio portal del estado se da cuenta de los resultados que se hicieran en 76 emprendimientos, en 16 regiones del país (San Martín, Amazonas, Cajamarca, Loreto, Lambayeque, La Libertad, Áncash, Ucayali, Pasco, Lima, Ayacucho, Apurímac, Puno, Madre de Dios, Cusco, y Arequipa). Donde los reportes daban cuenta de la generación de un aporte de 12% como incremento de la empleabilidad en Turismo en zonas rurales y el nivel de ingreso que se generaba es considerado como un ingreso complementario mensual, y que ascendía a la suma de S/.53.00 soles por familia (Mincetur, 2007).33