SISTEMA POLÍTICO PERUANO
3.5. Sociedad civil y ciudadanía
Al hablar del sistema político democrático actual, no es posible dejar de mencionar el papel de la sociedad civil, lo que hace necesario establecer un concepto de sociedad civil y ciudadanía. Comenzaremos por este último, ya que al tener interés la participación de los jóvenes en política y su atención sobre los asuntos públicos, buscamos saber acerca de cómo el joven construye su ciudadanía.
Ciudadanía es un concepto polisémico, no hay una definición única; porque no existe una sola concepción de ciudadanía, ni existe un solo tipo de ella en la historia del mundo moderno, explica Sinesio López12. Por esa razón, habrá tantos tipos de ciudadanías como tipos de comunidades políticas modernas.
El autor distingue, entre tipos de ciudadanía y concepciones de ciudadanía. Aquellas serán las reales o existentes; mientras, estas son las ciudadanías imaginadas. López trata de encontrar un denominador común entre ciudadanía real e imaginaria. Por esta razón, desarrolla un concepto básico o una especie de definición mínima : “un ciudadano es el individuo o comunidad de individuos con derechos garantizados por el Estado y con responsabilidad hacia la comunidad política de la que forma parte. Esta breve definición de ciudadanía tiene la virtud de recoger la dimensión pasiva de la ciudadanía –la ciudadanía como derechos- e integrarla con su dimensión activa: las
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La ciudadanía moderna tanto clásica como contemporánea ha sido vista desde diversas perspectivas que pueden ser agrupadas, grosso modo, en liberales, marxistas comunistas, democrático liberal, social demócrata y comunitarias. El debate actual toca asimismo dos temas importantes: la ciudadanía activa y las ciudadanías diferenciadas. El escenario de esta última etapa del debate sobre la ciudadanía es el mundo globalizado. Para la referencia respecto con los autores que desarrollaron estas concepciones consultar el capítulo segundo del libro Ciudadanos reales e imaginarios de Sinesio López.
responsabilidades que los ciudadanos tienen con la comunidad política a la que pertenecen” (López, 1997: 119).
Es posible medir el nivel de ciudadanía o los niveles de ciudadanía en una población, como lo ha realizado Sinesio López, a partir del acceso al ejercicio de sus derechos ciudadanos y al acceso a una vida digna. El ejercicio de una ciudadanía real dentro del sistema democrático, requiere que las personas satisfagan algunas necesidades prioritarias como alimentación, educación y salud.
El ejercicio de la ciudadanía se orienta a la organización de la sociedad civil. “La ciudadanía, más que un concepto, es un conjunto particular de nociones, actitudes y formas de reflexión y acción en personas y organizaciones, que motiva y orienta su participación activa en asuntos de interés colectivo” (Chávez, 2000: 35).
Pasamos así a establecer qué significa sociedad civil dentro de la teoría democrática. Desde una perspectiva de la comunicación social, Claudio Flores utiliza el concepto de sociedad civil, desarrollado a partir de la teoría de la acción comunicativa de Habermas, por Jean Cohen y Anderson Arato.
Ellos encuentran el fundamento mismo de la sociedad civil en las instituciones y formas asociativas, que necesitan de la acción comunicativa para su reproducción. Desde esta perspectiva, la sociedad civil sería un espacio en que se generan procesos de aprendizaje colectivo. Las asociaciones y movimientos generan nuevas potencialidades culturales que se estabilizan selectivamente por medio de la creación de nuevas instituciones sociales, nuevas leyes y aparatos. Observamos, entonces, que sociedad civil implica organización y gestión. Una sociedad vigorosa es aquella donde encontramos una amplia diversidad de organizaciones de ciudadanos con las más variadas metas y objetivos (Flores, 1998: 12).
Se establece una relación de sociedad civil con los espacios ordinarios de participación directa del ciudadano común en los debates públicos y en el diseño de programas sociales y políticos. Solo una sociedad civil organizada, podrá definir una sociedad como realmente democrática. La sociedad civil es un lugar de actividad política para los ciudadanos, donde pueden influir en la toma de decisiones y vigilancia
del poder del Estado.
Cuando hacemos referencia a sociedad civil, estamos reflexionando sobre el conjunto de instituciones cívicas y asociaciones voluntarias, que median entre los individuos y el Estado. Es el caso de las Organismos No Gubernamentales (ONG), Organizaciones Sociales de Base (OSB), colegios profesionales, las iglesias, gremios de trabajadores, entre otros. “Constituyen por tanto espacios de actuación claramente diferenciados respecto del aparato estatal y del mercado (...) La función de estas instituciones – desde un punto de vista político– consiste en articular corrientes de opinión pública, de actuación y deliberación ciudadana que permita hacer valer las voces de los ciudadanos ante el Estado en materia de vindicación de derechos y políticas públicas” (Gamio, 2004: 1).
Cuando Marván evalúa la crisis de los partidos y la globalización, se detiene en describir el desempeño de las ONG, instituciones muy activas de la sociedad civil, cuyas actuaciones atraviesan las fronteras nacionales, organizaciones que llegan a competir con sus propuestas e incidencias en la vida de la población.
Los partidos políticos son también asociación de ciudadanos, constituyen también parte de la sociedad civil, pero que por muchos años y dentro del orden normativo eran el nexo privilegiado de representación y participación entre el Estado y la sociedad civil. Y si bien se afirma, que la sociedad civil no pretende usurpar la labor de los partidos o de las autoridades, sino ofrecer espacios para la práctica política ciudadana, los cambios y nuevos protagonismos de las instituciones sociales en las acciones del Estado, suma su granito de arena en la debilidad de los partidos políticos como entes de representación. Porque, mientras que las instituciones de la sociedad civil dividen sus actuaciones en temas de interés específicos, los partidos políticos tratan de abordar la problemática social general en un Estado.
Dada las diferencias sociales y culturales de nuestro país y por tanta diversidad de intereses, contamos con una sociedad civil muy plural y a la vez, muy fragmentada. Nuestra pluralidad pasa por las iglesias, las ONG, sindicatos, instituciones educativas, artísticas empresariales, organizaciones populares, comunidades nativas, entre otras.
Para entender la exposición de este capítulo, se diría que se ha expuesto cómo se organiza nuestro Estado-nación como sistema democrático, con sus instituciones constitutivas que de manera hegemónica se basan en la teoría democrática liberal, no por defender el orden político económico, sino porque es la tendencia a la que apunta nuestro Estado.
Sin embargo, esto no evita añadir algunas concepciones de la complejidad del poder de Estado que representa nuestro orden, aportes desde la crítica marxista. Antonio Gramsci, será quien plantee la ampliación del concepto de Estado y la consiguiente reformulación del concepto de hegemonía. Como ya mencionamos es Gramsci, seguido por Althusser, quien trata de explicar la complejidad del Estado y su relación con la dominación burguesa en las sociedades de capitalismo desarrollado. Es así, que amplía su visión del Estado, no solo a los aparatos (coercitivos) de Estado, sino que incluye a la sociedad civil. Ambos, se encargan de mantener la supremacía de la burguesía en el capitalismo. Mabel Thwaites destaca que para Gramsci existe:
una compleja red de instituciones y organismos que en el seno de la sociedad civil que, además de organizar/expresar su propia unidad como clase, organizan el consenso de las clases subalternas, para la reproducción del sistema de dominación. La existencia del sufragio universal, de partidos de masas, de sindicatos obreros, de variadas instituciones intermedias, además de la escuela y la iglesia, formas todas en que se expresa la complejidad de la sociedad civil capitalis ta de Occidente, hablan del denso entramado de relaciones sociales que el desarrollo de las fuerzas productivas ha permitido construir (Thwaites, 1994: 1).
Este entramado de relaciones sociales, no permite la transformación del sistema político, sino que se mantiene mediante la ideología, el control de la clase dominante. A decir de Gramsci, "La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como
«dominio» y como «dirección intelectual y moral”. La sociedad civil es el lugar donde la clase dominante difunde su ‘visión del mundo’, una filosofía, una moral, costumbres, un ‘sentido común’ que favorecen el reconocimiento de su dominación por las clases dominadas.
A pesar de que el sistema liberal se encuentre en crisis, mediante las instituciones de la sociedad civil, se difunde el ideal de la sociedad como un todo, un modelo utópico que se orienta al progreso y bienestar, donde no se concibe el fracaso y la explotación, ni la lucha de clase. Thwaites registra la siguiente reflexión de Gramsci
En cuanto idea- límite, el programa liberal crea el Estado ético, o sea, un Estado que idealmente está por encima de la competición entre las clases. Ese Estado es una aspiración política más que una realidad política: sólo existe como modelo utópico, pero precisamente esa su naturaleza de espejismo es lo que le da vigor y hace de él una fuerza conservadora. La esperanza de que acabe por realizarse en su cumplida perfección es lo que da a muchos la fuerza necesaria para no renegar de él y no intentar, por tanto, sustituirlo (Thwaites, 1994: 1).
Como ya se ha referido en el capítulo anterior, los medios serán un espacio que mediante su información no dejan de cumplir con apoyar el orden establecido. Recordemos también, que las organizaciones de prensa, radio y televisión; constituyen una de las instituciones de la sociedad civil de mayor poder al controlar la información, aunque su credibilidad se encuentre mellada. Prueba de ello, es que no existe el dominio de la sociedad, con respecto a la actuación de la televisión, tal como lo recomienda Popper.