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Sociedad Opulenta, arte y esperanza: Marcuse y la denuncia como

“La teoría crítica de la sociedad no posee conceptos que puedan tender un puente sobre el abismo entre el presente y el futuro: sin sostener ninguna promesa, ni tener ningún éxito, sigue siendo negativa. Así, quiere permanecer

leal a aquellos que, sin esperanza, han dado y dan su vida al Gran Rechazo”

Herbert Marcuse

Herbert Marcuse nació en Berlín en 1898. En la década treinta del siglo XX,

debido al ascenso del fascismo y a su condición de judío y marxista, debió

escapar de Alemania hacia Europa y, desde 1934, a refugiarse

permanentemente en los Estados Unidos. Fue un sociólogo, filósofo y

germanístico que se identificó como freudo-marxista. En mayo de 1968 estallan

las protestas estudiantiles -y luego las huelgas generales- donde señorearon las

tres M: Marx, Mao y Marcuse. En este contexto apareció, en francés, El hombre

Unidimensional, seguido por El fin de la Utopía, Razón y Revolución, Hacia la liberación -en marzo de 1969-, y en mayo del mismo año Filosofía y Revolución.

A lo largo de las obras y del pensamiento de Marcuse se encuentra un

fundamento claro y transversal: El rechazo a la Sociedad Industrial Avanzada y

a la represión propia de esta sociedad; todo esto debido a que al pactar o

aceptar lo presente en la Sociedad Industrial Avanzada se soportaría el

engranaje del sistema de represión, y se convertiría en su cómplice y no en su

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Así las cosas, para Marcuse, en la Sociedad Industrial Avanzada se controlan e

integran todas las dimensiones de la vida tanto pública como privada; aquí se

reprime cualquier forma de negación de lo establecido y se convierte en factor de cohesión y adhesión: “la democracia consolida la dominación de manera más eficiente que el Absolutismo. Libertad administrada y represión instintiva se transforman en fuentes renovadas de la productividad” (Marcuse H, El hombre unidimensional, 2014, p. 223), productividad que destruye no sólo en el marco

de las guerras, sino también destruye al hombre en general debido a que lo

restringe, lo unidimensionaliza y lo limita a la esfera -usualmente la del consumo

y del trabajo- que le plazca.

Igualmente, y en el marco del análisis de la Sociedad Industrial Avanzada,

Marcuse llega a la publicidad: “los agentes de la publicidad fabrican el universo de comunicación en el que se expresa el comportamiento unidimensional

(Marcuse H., La tolerancia represiva y otros ensayos, 2010, p. 100);

comportamiento unidimensional que se representa en el condicionamiento de

las necesidades de los sujetos; condicionamiento que se muestra -en apariencia- como libre, gracias a la “libertad de elección”.

Así pues, debido a la creciente desublimación28 cultura y artística, a la

publicidad y a la represión, la sociedad se encuentra en un momento de

hipnosis o anestesia -usando las palabras de Marcuse hablaríamos de

28 Desublimación o desublimación represiva entendida como el fenómeno de la uniformación e

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encerramiento, embotamiento y sociedad sin oposición-, Pero ¿qué hacer frente

y en una sociedad que limita y restringe todo lo que se le opone?

Marcuse nunca defendió ni auspició púbicamente el uso de la violencia como

mecanismo de transformación y movilización social, pero fueron varios los casos

de violencia los que rodearon su vida: la Segunda Guerra Mundial, Mayo del 68,

la Guerra de Vietnam, entre otros. En recientes conversaciones con Peter

Marcuse29 -hijo de Herbert Marcuse- relataba un caso sobre su padre: “cuando

Herbert trabajaba en California, no recuerdo bien el año, hubo varias protestas

estudiantiles. Unos estudiantes, en medio de su enfado y descontento,

rompieron algunas instalaciones de la Universidad. Los estudiantes fueron

capturados y empezó una colecta para poder pagar el abogado que los sacase

de prisión. Mi padre, estando en casa nos preguntó a mi madre a mí qué hacer.

Inmediatamente nos dijo que la violencia, impulsada por una fuerza liberadora,

fuerza de creación, de negación y resistencia, no era un impulso ni una muestra

de Tánatos, sino que era una expresión de Eros, que él debía ayudar a los

chicos. Por su condición de profesor, él no podía apoyarlos públicamente, así

que decidió enviar un cheque (al portador), con una suma suficiente para el

pago del abogado, pero bajo un seudónimo. Esto nunca se supo, hasta hace algunos años que me preguntaron por la relación entre mi padre y la violencia”.

29 Conversaciones que se dieron en el marco de la Séptima Bienal Internacional de la Sociedad

Herbert Marcuse: Dialécticas de la Liberación en la era del Neoliberalismo, realizada en Toronto, Canadá en el mes de octubre del año 2017.

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Igualmente, explicaba Peter que “tras la imposibilidad de apoyar la violencia en el ámbito público, y al no ser ricos debido a su sueldo de profesor, Marcuse

encontró una oportunidad en el arte, en la máxima expresión de espíritu30, y ese

fue el trabajo que emprendió antes de su muerte en La Dimensión Estética.

a) Herbert Marcuse y el renacer de la subjetividad rebelde

Así pues, antes de mostrar cómo Marcuse plantea la relación entre arte y

política -que es un planteamiento bastante similar al desarrollo de Adorno-, y la

relación entre arte y la sociedad Industrial Avanzada, es menester mencionar

que para Marcuse la ortodoxia marxista en el arte -que había sido en gran

medida la vanguardia de la interpretación del arte en un sentido crítico y

emancipatorio por parte de los países del este- “sostiene que la obra de arte representa los intereses y la visión del mundo de las diferentes clases sociales de manera más o menos precisa” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 53), posición de la que se distancia ya que para él es esta forma de

entendimiento del arte lo que ha limitado la dimensión emancipatoria del arte:

Marcuse reconoce, en su obra La dimensión estética, el potencial político del

arte, y lo considera autónomo -en gran medida- frente a las relaciones sociales

dadas, por lo que el arte tiene la capacidad de subvertir la consciencia

dominante si éste denuncia la injusticia de lo establecido (Marcuse, La

dimensión estética, 2007).

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Frente a la postura ortodoxa del marxismo, y desarrollando su idea del arte en la

sociedad Industrial Avanzada, Marcuse argumenta que la verdadera obra de arte revolucionaria se presenta, plantea y desarrolla “cuando, en virtud de la transformación estética, representa [esta] a través del destino ejemplar de los

individuos la carencia de libertad imperante y las fuerzas que se revelan,

abriendo así un camino entre la mistificada [...] realidad social y descubriendo el horizonte de cambio (liberación)” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 54). Es decir que la verdadera obra de arte ha de representar la falta de libertad

social, que puede verse encarnada en la enajenación y la alienación, en la

dependencia económica, la guerra de los sublevados, la violencia, etc., por lo

que la obra de arte, por consiguiente, re-presenta la realidad a la vez que la

denuncia.

Por otro lado, Marcuse argumenta que uno de los problemas del marxismo

ortodoxo fue la anulación de la subjetividad del individuo gracias a la

masificación de la comunidad y de la sociedad, cosa que ha generado cierto

desinterés y desplazamiento de los seres humanos del proyecto de

emancipación humana, ya que estos no se veían como parte, ni reflejados, en el

proceso revolucionario; no existía inspiración hacia y con el individuo. Así pues, Marcuse hará especial hincapié en que “la necesidad de transformación radical debe enraizarse en la subjetividad de los individuos mismos, en su inteligencia, en sus pasiones, sus sentimientos y sus objetivos” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 59), por lo que "la experiencia del arte, de su verdad o

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social, ya que si se aplica únicamente en la esfera social se daría “la noción reduccionista de conciencia que anula el contenido particular de la consciencia

individual y, con él, el potencial revolucionario subjetivo” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 59).

Pero ¿por qué el arte verdadero -en términos de Marcuse- no tiene tanto

impacto y reconocimiento social como el arte del sistema dominante? Como ya

vimos con Theodor Adorno, existe un control social fuerte acerca de lo que es

entendido hoy en día como arte, acerca de qué debe ser reconocido y exhibido,

y qué no. Así pues, la Sociedad Industrial avanzada,

“… en la que el aparato técnico de producción y distribución (con un sector cada vez mayor de automatización) [es la que] funciona, no como la suma total de meros instrumentos que pueden ser aislados de sus efectos sociales y políticos, sino más bien como un sistema que determina a priori el producto del aparato, tanto como las operaciones realizadas para servirlo y extenderlo” (Marcuse H.,

El hombre unidimensional, 2014, p. 25).

Pero, además, encontramos que no se trata sólo de los límites implantados al

arte en su producción, exhibición y comercialización, sino que también, en la

instauración de la ultra-burocratización -propia del mundo contemporáneo y de

la Sociedad Industrial Avanzada-, se ha desplazado el mundo de las artes y las humanidades hacia el mundo de lo técnico: “la cultura es construida mediante la combinación e interacción del impulso sensual y del impulso de la forma, pero,

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en la sociedad establecida su relación se presenta de forma antagónica; en vez

de hacer de la sensualidad racional y de la razón sensual, se ha subyugado la sensualidad a la razón” (Marcuse H., Eros y Civilización, 2015, p. 163), frente a lo que Marcuse propone: Tomar “la oportunidad histórica, la tarea histórica del siglo [:] convertir la técnica en el progreso humano o la vida alienada

("productiva") en una vida receptiva, creativa, que puede ser [un fin] en sí mismo”31 (Marcuse H., Transvaluation of Values and Radical Social Change,

2017, p. 33). Así, la tarea es concreta: la victoria de Eros -el impulso de vida, de

creatividad, etc.- sobre Tánatos -impulso de muerte, de limitación de la vida, de unidimensionalidad-: “la transición del capitalismo al socialismo32 […] y la

liberación de la sensibilidad y sensualidad humanas, no como un factor privado,

sino como una fuerza para la transformación de la existencia humana y de su

entorno" (Marcuse H., La tolerancia represiva y otros ensayos, 2010, p. 84).

Pero ¿cómo ganar esta guerra entre Eros y Tánatos?, ¿cómo generar nuevos

caminos de libertad, nuevas líneas de fuga al control obsesivo propio de la

Sociedad Industrial Avanzada? Para Marcuse, una de las respuestas se encuentra en el arte: “las nuevas posibilidades de libertad, "surrealistas" de hecho, encuentran su expresión "sublimada" en la obra de arte”33 (Marcuse H.,

Transvaluation of Values and Radical Social Change, 2017, p. 33). El arte, al

31 »The historical chance, the historical task of the century is to turn technical into human progress or

the alienated ("productive") life into receptive, creative, life that can be ab end-in-itself «. La palabra ab en la cita es un residuo de la traducción del alemán al inglés.

32 Todo esto, bajo el entendimiento del socialismo como “la abolición del trabajo, [y] la terminación de

la lucha por la existencia” (Marcuse H., La tolerancia represiva y otros ensayos, 2010, p. 84).

33 »The new possibilities of freedom, "surrealistic" indeed, find their "sublimated" expression in the

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dotarnos de elementos críticos frente a la sociedad, al desenmascarar, de cierta

forma y hasta cierto límite, la realidad en la que nos desenvolvemos poco a

poco logra dotar a esa subjetividad oprimida y acallada -tanto en el sistema

capitalista como en las sociedades desarrolladas bajo ciertas formas de

marxismo- de elementos de rebeldía, de crítica, de sentimientos de necesidad de cambio…

Acerquémonos, por el momento, a la música de los años 90 en los Estados

Unidos: mientras en la esfera pública más elevada de este país encontrábamos

la música de Seal -cantante de raza negra que se adaptó a la esfera comercial

hegemónico y cantaba música Pop-, junto a Madonna y a Mariah Carey

(Billboard Charts Archive, 1996), en una esfera cada vez más subversiva y más

creciente encontrábamos al rap.

“Fue en una calle del Bronx en Nueva York, en julio de 1976, donde todo comenzó. Se trataba de un barrio lleno de colores africanos, de música funk, de soul y de disco. Una de esas noches calurosas se dieron cita varios pinchadiscos que, acompañados de maestros de ceremonia, pusieron más calor y color de lo habitual y comenzaron a crear míticas sesiones que luego se fueron convirtiendo en la que hoy llamamos “vieja escuela del rap”. Nadie sabía lo que estaban creando, ni lo que iba a suceder después. Años más tarde, artistas como Run DMC, Kurtis Blow y Quincy Jones, dedicaron canciones a esa barriada y sus calles” (Bacánika, 2016).

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El rap se había alejado de la esfera comercial blanca de los Estados Unidos y

había surgido como fenómeno contracultural frente al dominio hegemónico de la

música blanca y de clase alta. Pero, poco a poco, se iba relacionando cada vez

más con la población gracias a su contenido social-real de la situación de los negros -y de algunos blancos- en este país: el “Hip Hop refleja las realidades y condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de [las] vidas, hablándoles en un lenguaje y una manera que [se] entienda”34 (Alridge &

Stewart, 2005). Un ejemplo claro de esto es la canción Changes escrita por

Tupac Shakur (2Pac) y Bruce Hornsby:

“No veo ningún cambio, me levanto en la mañana y me pregunto ¿Vale la pena vivir la vida si me exploto?

Estoy cansado de ser pobre y aún peor, soy negro

Me duele el estómago, así que estoy buscando un bolso para arrebatar [...] Tenemos que hacer un cambio

Es hora de que nosotros como pueblo comencemos a hacer algunos cambios. Cambiemos la forma en que comemos, cambiemos la forma en que vivimos

Y cambiemos la forma en que nos tratamos unos a otros.

Ves que el viejo modo no funcionaba, así que nos toca a nosotros hacer Qué tenemos que hacer, para sobrevivir”35.

34 »Hip Hop reflects the social, economic, political, and cultural realities and conditions of their lives,

speaking to them in a language and manner they understand «.

35 »I see no changes wake up in the morning and I ask myself

Is life worth living should I blast myself? I'm tired of bein' poor and even worse I'm black My stomach hurts so I'm lookin' for a purse to snatch […] We gotta make a change

It's time for us as a people to start makin' some changes. Let's change the way we eat, let's change the way we live And let's change the way we treat each other.

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Aquí podemos ver un ejemplo de aproximación desde el arte a la sociedad

americana de los años 90: una crítica a la discriminación racial, a la desigualdad

social puesto que "el arte se opone a la racionalidad de dominación y

explotación, contra el culto de la eficiencia recompensada, contra el principio de

realidad misma"36 (Marcuse H., Transvaluation of Values and Radical Social

Change, 2017, p. 32), pero a su vez vemos un clamor de esperanza, de

posibilidad de cambio y de necesidad de cambio.

Esta canción, ya sea por su combinación de efectos musicales propios de la

cultura negra y de la creciente influencia del sintetizador, o por la utilización de

palabras – ya que “en el habla de los negros […] se refuerza la solidaridad, la conciencia de su identidad y de su tradición cultural reprimida o distorsionada” (Marcuse H., Contrarrevolución y revuelta,1973, p. 92)-, denuncian las injusticias

-bien sea de manera implícita con el lenguaje, o de manera explícita con sus

letras-, las patologías sociales propias de un sistema capitalista y

neoclásico/neoliberal que excluye al trabajador; a quien labora para procurarse

su sustento -¡quien trabaja por necesidad!, al que históricamente ha sido

segregado, apartado y discriminado por su raza, su género o por su clase, pero,

a su vez, nos deja un mensaje claro, subversivo y revolucionario: ¡tenemos que

hacer un cambio! Pero no se trata de un cambio inspirado en la idea o en lo

abstracto, sino que se trata de un cambio inspirado en la realidad y cotidianidad

de los hombres y mujeres -mayoritariamente negros- y explotados: "el arte

What we gotta do, to survive«.

36»Art stands against the rationality of domination and exploitation, against the cult of rewarded

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puede realizar su potencial" subversivo "solo a través de su impacto en la

conciencia, en los impulsos más íntimos de hombres y mujeres, lo que provoca

una ruptura con la normalidad y su jerarquía de valores"37 (Marcuse H.,

Transvaluation of Values and Radical Social Change, 2017, p. 36), todo esto

partiendo de su realidad próxima, de su cotidianidad y de sus vivencias pasadas

y presentes; es decir, históricas.

Particularmente, "el arte podría recibir y preservar la memoria del tiempo

cumplido y el tiempo pasado, y hacer que esta memoria se rebele contra una

sociedad que sistemáticamente promueve la amnesia social"38 (Marcuse H.,

Transvaluation of Values and Radical Social Change, 2017, p. 36); pensemos,

no más, en la época de la publicación de la canción de 2Pac -en los años

setenta del siglo pasado- y su relación con nuestra contemporaneidad: en los

años 70, como podemos observar, según Jeff Chang y Austin McCoy (Chang,

2005) (McCoy, 2017), existía una segregación radical de la comunidad negra en

los Estados Unidos. Existían disputas territoriales entre pandillas, asesinatos de

personas sólo por su condición racial o social, junto a la discriminación y

segregación en suburbios y barrios periféricos en algunas ciudades, mientras

que hoy en día, casi cuarenta años después, ¿en qué situación se encuentra la

población negra en los Estados Unidos? Se encuentran, igualmente, siendo

discriminados y segregados (Younes, 2018), siendo asesinados por su

37 »Art can realize its "subversive" potential only through its impact on the consciousness, on the

innermost drives of men and women, thus causing a rupture with normality and its hierarchy of values«.

38 »Art could receive and preserve the memory of time fulfilled and time past, and make this memory

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condición social y racial (Levine, 2018) (Dart, 2018): el régimen se ha encargado

de “eliminar” el racismo y el fascismo en el marco legal, pero no ha buscado eliminar al fascismo y al racismo del ámbito cultural e histórico.

De esta manera, podemos ver cómo el arte funciona como mecanismo de

memoria colectiva de la ocurrencia social; cómo el arte preserva y transmite la

memoria que ha sido intentada borrar por lo establecido; por la Industria

Cultural, que ha sido intentada de dejar atrás, que ha sido puesta en el olvido,

pero que aún hoy en día -como los pensadores clásicos- nos iluminan y nos

otorgan argumentos para promover y buscar un cambio, que nos generan

sentimientos y pensamientos de que una sociedad con más libertad es más que

necesaria, es una obligación.

Así, nos centramos en la búsqueda de la libertad humana; haciendo hincapié en la subjetividad como en la objetividad: “la trascendencia de la realidad inmediata [haría] añicos la cosificada objetividad de las relaciones sociales establecida y

[abriría] una nueva dimensión de experiencia: el renacer de la subjetividad rebelde” (Marcuse H., La dimensión estética, 2007, p. 62); una subjetividad que se resiste a la aparente “normalidad”39 de la injusticia, de la discriminación y de

la desigualdad; una subjetividad rebelde que se deslinde de la falsa conciencia

implantada por la ideología y nos acerque a una libertad más próxima, que nos

comprometa con el compromiso y la necesidad de los cambios sociales

39 Cuando hablamos de la normalidad hacemos referencia a la frase de Michel Foucault que enuncia:

“Cuando un juicio no puede enunciarse en términos de bien y de mal se lo expresa en términos de normal y de anormal. Y cuando se trata de justificar esta última distinción, se hacen consideraciones sobre lo que es bueno o nocivo para el individuo” (Foucault, 2000, Los anormales), por lo que lo

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