NEOGRANADINA: MARCO PARA LA FUNDACIÓN DE SOCIEDADES DE ARTESANOS (1832 – 1849)
4.1. Una sociedad de sociedades en torno a la ambigüedad
Con el final de las guerras de independencia se dio paso a un Estado neogranadino que, habiendo adelantado algunos pasos tenientes a la modernización de sus instituciones, conti- nuaba sin remover el sustrato cultural arraigado de tres siglos de dominación colonial, mu- cho más en el grueso de la población que, anclada las labores materiales durante el Antiguo Régimen, carecieron de los instrumentos y útiles conceptuales necesarios para asimilar las transformaciones que suponía el proceso revolucionario. Lo que puso de manifiesto la crea-
198 Antonio Nariño. Carta del virrey Mendinueta al príncipe de la paz, con la cual acompaña un ensayo sobre
un nuevo plan de administracion en el nuevo reino de granada, que le fue presentado por Nariño el 16 de noviembre de 1797. Santafé, 19 de diciembre de 1797.
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ción de facciones en la República fue la gran fractura cultural y las incoherencias culturales que más allá de las instituciones marcaron el carácter de la sociedad bajo el peso del régi- men colonial. Las sociedades políticas de tendencia tradicionalista o revolucionaria se sin- tieron igualmente fuertes y capaces de dominar el espectro de relaciones sociales dentro de la nueva nación. El régimen colonial no había permitido la socialización de los distintos estamentos, los artesanos se mantuvieron en torno a las artes manuales y de sus formas de socialización gremiales que no implicaban la inquietud intelectual ni la participación políti- ca; de otro lado las sociedades filosóficas propias de la ilustración funcionaban desprendi- das de las artes manuales y el emprendimiento técnico. Su encuentro en medio de las trans- formaciones revolucionarias no fue coherente y mientras unos quisieron hacer perdurar las formas gremiales otros quisieron dar el paso hacia la política y la economía moderna. Los liberales representantes desde la colonia de las tendencias filosóficas del humanismo revo- lucionario tuvieron siempre la confianza en poseer el acervo suficiente y seguro de los grandes sistemas de pensamiento no escolástico que les habrían de dar a conocer las pistas más esclarecedoras acerca del devenir de las sociedades bajo el humanismo democrático moderno y no les faltaron ejemplos como los que el grupo del Arcano de la Sabiduria199 había entronado en su sociedad filosófica: Platón, Newton y Franklin; en los libros y la ciencia tenían por faro a Montaigne y su Espíritu de las Leyes, a Locke, a Rousseau, aparte de los clásicos de la antigüedad que bajo la lupa de estas sociedades se prestaban para nue- vas lecturas: Ciceron, Plotino, Seneca, Marco Aurelio entre otros, y dentro de sus contem- poráneos no dejaron de apreciar la obra de Jeremy Bentham. En los “ejercicios espirituales” que tuvieron lugar en el convento de los Capuchinos en la década de 1780 entre la élite criolla santafereña circularon los libros y autores más secretos y prohibidos que prepararon a la generación de la independencia y la república para respaldarse en la filosofía del posi- tivismo y el progreso. Éstos interpretaron que el bienestar en la política era el resultado de una fórmula de inspiración racionalista no muy lejos del utilitarismo y el positivismo y a la vez desconectado de las realidades más inmediatas de unas mayorías que por desconoci- miento o por una decisión en sentido contrario, porque contrarios son sus intereses, no
199 Testimonios de cartas y papeles hallados en el estudio de Antonio Nariño, relativos a la reimpresion clan-
destina de los derechos del hombre. Abril, mayo, junio y agosto de 1794. http://www.bdigital.unal.edu.co/8059/1/Archivo_Nari%C3%B1o.html#52c
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compartieron las proyecciones y expectativas de los ilustrados en la colonia y esta división se amplió a la contrariedad de objetivos con los revolucionarios en la independencia y los liberales socialistas a partir del final de la primera mitad del siglo XIX .
El bando tradicionalista que habría de dar cabida en su representación, no solo a los viejos poderes coloniales, sino a la gran cantidad de estamentos que una vez habiéndose verifica- do el proceso de independencia, encontraron ampliamente insatisfactorio el resultado para la consecución de sus intereses les hace dar cuenta de que el proceso de politización en el contexto neogranadino implicaba necesariamente la asimilación de elementos culturales tan influyentes como el de la religión.
Los intereses conservadores, agrupados primero bajo formas de sociabilidades populares y más tarde como partido, se apropiaron de las definiciones de la moral tradicional y descar- taron la posibilidad de que una doctrina que los contraiga en términos políticos pudiera re- presentar alguno de los valores de los que ellos se han apropiado. Así, el bando liberal o revolucionario hace uso de una transvaloración radical en su búsqueda de separarse de los modos el Antiguo Régimen, ubicando los valores civilizatorios y morales en un contexto completamente nuevo de laicización que descarta la posibilidad de una transacción con los elementos culturales religiosos de la tradición colonial, esto se manifestó con claridad en la posición que, con respecto a la separación de la Iglesia y el Estado, promovieron los libera- les; los elementos más tradicionalistas fundamentaron su posición política y económica en la necesidad de que estos se pensaron integral y coherentemente con las concepciones cul- turales imperantes, especialmente de la religión. Para ese propósito los conservadores se sirvieron de las jerarquías eclesiásticas para negar y desconocer toda influencia revolucio- naria en el proyecto nacional. De ahí que podamos decir que en cierto nivel la contradic- ción ideológica manifestada en las ambigüedades sociales fuera también la oposición entre la iglesia católica y los clubes, círculos y sociabilidades políticas de tenencia extranjerizan- te y socialista.
Ahora bien, nos interesa ver como estas ambigüedades afectaron en especial el papel del artesanado para comprender el peso político que tenían, no solo en un bando o partido sino en el centro de las tendencias políticas: mientras para el artesanado que entendió la revolu- ción como primacía de los factores materiales, esto es, como posibilidad de un desarrollo interno de los recursos bajo la protección del Estado, las primeras décadas de republicanis-
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mo les depararon las más profundas frustraciones al ver decepcionadas sus reivindicaciones como gremios y verse desplazados por las medidas librecambistas y modernizantes, al paso que también los fundamentos de su mundo moral se desvanecían. Por otro lado para el arte- sanado entendido como fuerza innovadora y progresista y que interpretó las transformacio- nes revolucionarias en sentido de una ampliación de los conceptos de riqueza en la línea de la nueva economía política se abría a un panorama de posibilidades.
Este periodo de proceso de politización, en medio de sus ambigüedades, dio lugar también a diferentes formas de reivindicación social según fuera el entendimiento y la proyección dentro de la nueva sociedad; para quienes percibían el mundo de su traición y sus referentes culturales y morales en peligro, por los avances revolucionarios, sus métodos fueron deri- vando hacia la turba violenta y frenética que se acompasaba por el tono apocalíptico con que sus líderes pregonaban. Quienes avizoraban un nuevo mundo de posibilidades civiliza- torias en los terrenos de la ciencia y la política buscaban que el método y la forma se ade-
cuaran a la sociedad que pretendían construir, esto es los métodos políticos y democráticos.