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de la muerte y el muerto

La construcción social de la muerte se ha forjado en el tiempo en base a una se- cuencia enorme de contingencias dentro del desarrollo vivencial del colectivo hu- mano. Para MORÍN, el cambio de visión sobre la muerte, a modo de un “pasa- porte” fundamental se materializa desde el momento en que el homo sapiens

neanderthalensiscomienza a enterrar a

sus muertos. [118] Para este autor el ini- cio de la prácticas funerarias situaría las fronteras del No Man’s Land.[119]

El discurso contemporáneo de la muerte como construcción social se evi- dencia en cuestiones como el trato hacia el moribundo, el destino final de los des- pojos y la práctica de actos fúnebres. Esta

fenomenología de la muertenecesaria-

denadas históricas, filosóficas, sociales, religiosas y políticas. [120] En la evolución de las percepciones y modelos de muerte, TONY WALTER interpreta tres modelos en la sociedad occidental: Tradicional, Mo- derno y Neo-moderno. [121] Estos mode- los tienen carácter histórico por cuanto, aunque coexisten, son modelos que se van sucediendo unos a otros.

En la pre-modernidad (modelo tradi- cional) la muerte era vista como un evento público. ARIÉS señala que el hom- bre fue el dueño y el protagonista de su muerte durante milenios. “Se nacía y se moría en público. La habitación del mori- bundo se convertía en un espacio abierto a todo el mundo”. [122] En ese escenario la muerte súbita no solo era inusual sino también indeseable, pues impedía el arre- pentimiento y privaba al hombre de su muerte. Los sociólogos GLASER y STRAUSS al investigar la diferencia entre morir en el campo y morir en la ciudad, deducen: “En la ciudad el moribundo des- conoce su momento de muerte, mientras

que en el campo la anticipa y llama a sus familiares para despedirse”. [123] “Se ha construido un tabú de la muerte. De un hecho normal y familiar, se ha pasado a un suceso raro e institucionalizado”. [124]

La visión social de la muerte se ha ins- talado acorde al avance de las tecnologías biomédicas. Ya no se atribuyen los males a fenómenos, sino a patologías explica- bles, en independencia del origen o signi- ficado del mal. La muerte ha sido

tecnificada; la persona moribunda es es-

condida bajo un ovillo de cables y sondas en una solitaria sala donde solo el pitar de los monitores quiebra la quietud y el silencio. El desarrollo del modelo para sal-

var vidasha despojado al moribundo del

protagonismo y una reduccionista pro- porcionalidad terapéutica es aplicada a conveniencia. Es así, que cuando llega el fin, cuando la armonía del hombre se agota, el cadáver bajo aquel ovillo de ca- bles y sondas se convierte en prueba fí- sica del fracaso y testigo de la derrota médica, por lo cual una vez más “debe ser

[120] ARIES ha descrito cinco modelos historicistas sobre la muerte relacionándolas con variables comunes, a saber: 1) Muerte domada. 2) Muerte propia 3) Muerte lejana y próxima 4) Muerte ajena 5) Muerte invertida. ARIES, Phillipe, El hom- bre…op. cit., Totum.

[121] T. WALTER en: JIMENEZ ABOITIZ, Ricardo, ¿De la muerte (de) negada…op. cit., p. 216.

[122] Descrito en: CHOCARRO GONZALES, Lourdes, Representación social de la muerte entre los profesionales sanitarios: Una aproximación psicosociológica desde el análisis del discurso, Tesis Doctoral, UCM, Madrid, 2010, p. 108.

[123] GLASER, B.G. y STRAUSS, A.L., Time of dying, 2da. Ed. Aldine Transaction, New York, 2007. Citado en: CHOCARRO GONZALES, Lourdes, Representación…op. cit., p. 108.

[125] LUCAS LUCAS, Antropología…p. 114.

[126] JIMENEZ ABOITIZ, Ricardo, ¿De la muerte (de) negada…op. cit., p. 206. [127] CHOCARRO GONZALES, Lourdes, Representación…op. cit., p. 109.

[128] Citado por WALTER, Thomas, The revival of death, Routledge, Londres, 1994 (2). [129] JIMENEZ ABOITIZ, Ricardo, ¿De la muerte…op. cit. p. 505.

[130] Al respecto, es más que oportuna una popular frase anónima, atribuida erróneamente a una variedad de autores, que expresa: “Una sociedad puede medirse desde la forma como trata a sus muertos”.

escondido”. Bien lo ha dicho LUCAS LUCAS: “Esta cultura del ocultamiento de la muerte ha conducido a una pérdida del sentido humano de la muerte y a un abandono del moribundo”. [125] JIMENEZ ABOITIZ, a manera de corolario del mo- delo moderno, lo simplifica y homologa con las expresiones: “Alienación, oculta- miento, desposesión, soledad, dolor no mitigante, represión, angustia, simula- ción, desconsuelo”. [126] Conexo a lo an- terior, es notorio, por lo menos curioso, que el tratamiento y preparación para la muerte no sea un tema que se encare con firmeza en la formación médica. Así lo denuncia la autora:

Vivimos a espaldas a esta posibilidad, hasta el punto que hemos borrado de nuestro itinerario de aprendizaje el desarrollo de estrategias efectivas de afrontamiento a este hecho ineludi- ble: no sabemos qué hacer, ni qué sen- tir. Los más jóvenes no están siendo socializados ante la muerte, aunque sean profesionales sanitarios. [127]

Una escala más arriba, TONY WALTER explica que el modelo neo-moderno es un

modelo emergente, donde, “en la cultura del individualismo en la que vale una única vida vivida únicamente, la buena muerte es ahora la muerte elegida”. [128] La expectativa de vida prolongada y el cambio sociodemográfico alimentan este modelo. El modelo neo-moderno, al exa- cerbar la autonomía del paciente puede caer, y lo ha hecho, en falacias existen- cialistas como la justificación de la euta- nasia. Además, los cambios estructurales de la sociedad neomodernatornaron los rituales funerarios más pragmáticos; ya no solo se interponen aspectos afectivos o culturales, sino también aspectos eco- nómicos, sanitarios, de conforte incluso de moda. Cambios estructurales, que por otra parte, y en otras, o similares realida- des, han trasformado las prácticas fune- rarias introduciendo efectos

desritualizadoresde las mismas. [129] El

tratamiento de los cadáveres, honras y ritos fúnebres han acompañado la mu- danza socio-cultural de la neomoderni- dad. La cosificación del cadáver es el resultado de la hiperinflaciónde los dere- chos y la conciencia, o más bien incons- ciencia, colectiva de una sociedad apática, individualista y pragmática. [130] Si en el

hombre se ha cuestionado su dignidad; ¿Qué le puede esperar al cadáver? El sen- timiento de irrecusable propiedad sobre toda la realidad ha delegado al cadáver a un estado mobiliario, mercantil y de utili- dad. “Para qué enterrársele tan profundo, si antes puede sacársele provecho”.

Empero, ante esta realidad, y coetáneo

a este modelo, surgen las doctrinas per- sonalistas o la psico-sociología aplicada al campo de los cuidados para reabrir el de- bate humanístico. Ejemplo de ello son los aún jóvenes pero fructíferos “cuidados paliativos” y “la psico-tanatología”, ambos esenciales en el tratamiento ético del final de la vida. Asimismo el movi- miento hospice – cuando aplicado con criterio humanistaes parte de la deno- minada “rehumanización de la muerte”; y, como no podría ser de otra manera, la “bioética personalista”, para exaltar y de- fender la dignidad humana en todo lugar y todo momento. Es la alternativa neo- moderna la que debe contribuir en rea- justar y retomar el sentido sacro de la muerte y el muerto. La ritualización, como tal, confiere, entre otras, funciones digni- ficantes, reorganizativas y terapéuticas; [131] su práctica no debe ser abandonada ya que realza la íntima relación de los

deudos con el difunto y desde la psicolo- gía siempre se ha considerado crucial para el duelo.

Las prácticas funerarias y rituales cul- turales, por hallarse inmersos en la reali- dad folcklórico cultural de cada región, se han comportado como verdaderos bastiones de resistencia a la desritualiza- ción moderna. Ese enraizamiento y senti- miento colectivo de pertenencia, inclusive de índole nacionalista, entor- pece la posibilidad de mudanzas radicales en los ritos populares.

Por último, vale destacar que desde el ámbito estrictamente artístico es inago- table el acervo que expresivamente sos- tiene una centralidad en la temática (muerte, cuerpo-alma, cadáver, inmorta- lidad o aniquilación). Su tratamiento es espantosamente inabarcable. Innúmeros ejemplos de esta predilección se encuen- tran en la literatura, la pintura, la música, escultura, el cine, la danza, la moda, el teatro y una enorme fila de etcéteras. En

fin. Todos hemos llorado con un drama

mortal y a todosnos ha tocadola repre- sentación de una muerte recreada, que, aunque ficticia, ante el ojo del hombre la muerte del otro siempre ha de ser tam-

[131] THOMAS, L.V., Rites de mort, Fayard, París, 1985, pp. 120-125. “Los ritos funerarios sobre todo tienen una función terapéutica de que los vivos puedan controlar el estremecimiento que les provoca la muerte, desculpabilizándoles, re- confortándoles, revitalizándoles”.

[132] En: LEÓN CORREA, Francisco J., La bioética latinoamericana en sus textos, Programa Bioética OPS/OMS y Centro de Bioética de la Universidad de Chile, Primera Edición, 2008, p. 19. Recuperado de www.bioetica.org/cuadernos/ bibliografia/correa.pdf

[133] Societá Italiana di Medicina Legale e della Assicurazioni, Il Documento di Erice sui rapporti della Bioetica e della deontología medica con la medicina legale, 53rd Course “Nuew trends in forensics haematology and genetics, Bioethical Problems”, (Erice, 18-21.2.91) en Medicina e Morale, n.4, 1991, pp. 561-567.

[134] CHAVARRIA, Ana, Términos básicos en tanatología, TCC, Asociación Mexicana de Tanatología, México, 2011, p. 9 y sgts. [135] BONETE PERALES, Enrique, Ética de la muerte: de la Bio-ética ala Tánato-ética, Diamond Rev. Int. de Filosofía, n. 25, 2002, pp. 57-74.

bién la muerte propia; he ahí su embrujo y su encanto.

LA INTERPRETACIÓN BIOÉTICA

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