5. Escritoras femeninas de la Transición
5.5 Soledad Puértolas: las mujeres del desencanto
Es verdad que, en lo que escribo, escribo cosas de mi vida pero como si fuese otra persona. [...] El gran placer de la creación es que tu vida no es lo que estás contando sino tu vida vivida por otros. Eso, para mí, es cuando verdaderamente eres libre.58
La voluntad de contar el descubrimiento de sí, de romper el silencio femenino y de expresar una “nueva” femineidad, ya visto con el ejemplo de Carme Riera, produce una nueva proliferación de la narrativa de mujeres junto a la aparición en todo el mundo de antologías con el intento de rescatar las escritoras que habían sido silenciadas por la historia. En los ochenta se realiza un verdadero «boom» de literatura femenina que continúa durante todos los años 90 y que sigue viendo la publicación de textos de autoras ya célebres por su producción literaria como la misma Soledad Puértolas, ella también escritora y académica bien conocida en toda España.
Con más de treinta libros publicados es autora de novelas, cuentos, artículos, relatos juveniles, un ensayo y dos relatos autobiográficos, y además es miembro de la Real Academia de la Lengua desde 2010. Sus personajes indagan el vacío existencial y su papel en la vida, intentando hallar la felicidad.
Las experiencias de niñez de la autora, como por otras escritoras de esta antología, dejan una profunda huella en su vida, convirtiéndose en material novelesco. Es un ejemplo su obra La corriente del Golfo, un relato autobiográfico que, además, da el título a su libro de cuentos publicado en 1993, en que se refleja su primera experiencia de vida al extranjero en 1971, cuando acompaña a su marido a Trondheim. Finalista al Premio Nacional de Literatura con Burdeos (1986), Soledad Puértolas se confirma como escritora de gran éxito ganando el Premio Sésamo en 1979 con El bandido doblemente armado, el Premio Planeta en 1989 con Queda la noche, presentada al concurso bajo el título
Nicotina y el seudónimo de Alba, y el Premio Anagrama de Ensayo en 1993 con La vida oculta.
Soledad Puértolas, por su edad y su trayectoria literaria, pertenece –según los críticos literarios Santos Sanz Villanueva y Angel Basanta59– a la generación del 68, cuyos
58 http://www.rtve.es/television/20130717/escritora-soledad-puertolas/717144.shtml 59 A. Basanta: La novela española de nuestra época. Madrid: Anaya, 1990, p. 63.
65
miembros han nacido entre los años de la Guerra Civil y el medio siglo. Sanz Villanueva define las características de esa generación como compuesta por escritores que «en términos generales, no se sienten herederos de los enfrentamientos ideológicos de sus padres (al contrario de lo que sucede con la generación del Medio Siglo). Su actitud política es de rechazo al franquismo pero distinguen entre el compromiso crítico y la actitud literaria».60
Aunque Puértolas comparte unas características de los escritores pertenecientes a su generación, su propia percepción de la realidad no se casa con el modelo de realismo tratado en este momento: como explicado por Daniel Fernández61, esta autora prefiere
una narración íntima, de personajes, de momentos especiales, a través de los que dibuja un magnífico retrato de la generación de los españoles que abandonaron el trauma de la guerra civil y se incorporaron al mundo. Es la narración de fragmentos de vida sin intentar la transcendencia, de momentos ordinarios de gente común. Para hacerlo, utiliza más la primera persona porque, como admite, le gusta conocer al personaje desde dentro. Su estilo, según José María Merino62, aborrece el dramatismo: la escritora mostra en su obra el gusto por la palabra exacta, por decir justo lo necesario, estimulando al mismo tiempo al lector para que ponga algo de su parte en el texto, una parte que representa el secreto y el misterio que no se le revela precisamente. Es una escritura que se basa más en la observación de la vida cotidiana de la gente común y corriente, en la indagación sobre el sentido de la vida y sobre los sentimientos íntimos de los seres humanos. En este sentido ella se inclina más hacia el realismo psicológico, marcado por un fuerte matiz intimista en sus temas, directamente conectados con la vida humana como por ejemplo el amor y el desamor, la soledad y la muerte, el aislamiento social y la incomprensión interpersonal, los conflictos en la relación hombre-mujer y la inestabilidad del matrimonio.
En el prólogo de La corriente del golfo la autora introduce rápidamente los cuentos que componen esta obra: cada uno de ello es el resultado de una mezcla de asuntos que conciernen también su vida y que por tanto pueden ser leídos como un recorrido de sus experiencias, caracterizadas en este período en particular por ansiedades y dolencias, junto a una sensación perpetua de vulnerabilidad e indefensión.
60 S. Sanz Villanueva: Historia y crítica de la literatura española. Los nuevos nombres 1975-1990. Barcelona: Crítica, 1992, p. 253.
61 http://www.rtve.es/television/20130717/escritora-soledad-puertolas/717144.shtml 62 Ivi. Escritor y académico RAE.
66
En general, esta recopilación de cuentos se caracteriza por historias protagonizadas, en su mayoría, por mujeres y contadas de manera directa, forma que la autora prefiere a las otras, como parece claro con su relato final Ventajas de la primera persona.63 Los dos cuentos elegidos para esta antología respetan esas dos características, utilizando en ambos casos la técnica narrativa del diario-ficción para que sean las protagonistas las que cuenten sus propias historias. Si se considera, por tanto, el punto de vista estilístico y temático, probablemente esos dos relatos serían los que, más que todos, reflejan el prototipo de obra femenina de la Transición trazado a lo largo de este trabajo, con mujeres que valoran sus vidas de manera desilusionada, que sufren en secreto, en busca de una razón para vivir y que utilizan la escritura para poner por escrito este desencanto y dar voz a su desilusión. Tanto en La necesidad de marcharse de todos los sitios como en El inventor del
Tetrabrik las protagonistas son mujeres que, en cierto modo, se caracterizan por una
pasividad general frente al mundo exterior, tanto que parecen asumir la posición de espectadoras de su propias vidas más que actrices protagonistas. En el primer caso, en particular, la protagonista necesita vivir cada noche en su propia mente lo que se le ha ocurrido durante el día, a fin de disfrutar realmente de cada día. Como el mundo, para ella, es tan veloz que se le escapa, lo único posible para intentar recuperar lo que se ha perdido es observarlo otra vez, durante las noches, hasta sacrificar su salud. Todo el cuento es un columpio que oscila entre la sensación de prisa y de urgencia que no permite vivir a la protagonista por una parte y, de otra, un impulso constante a vivir, no importa cómo ni porqué. Como ella misma admite: “No sé que me empuja, cada noche, a no querer perder esa vida que no he vivido, a reproducirla paso a paso y tratar ahora de entenderla, de dónde sale esa necesidad de no darme por vencida y renunciar por completo a la vida”. Aunque parece un intento muy débil, lo de pensar toda noche a lo que ha ocurrido durante el día es la única arma de esta mujer para intentar enfrentarse con un mundo que sigue sin entender, sigue andando demasiado de prisa.
En El inventor del Tetrabrik, por contra, siempre tenemos a una mujer que vive con desencanto sus días, pero aquí parece menos evidente el intento de agarrarse a la vida, como si la fase alcanzada fuera la de pasividad absoluta: cada día parece igual, la rutina
63 Según la autora la ventaja de la primera persona cuando se escribe un relato es que conecta de forma inmediata con el lector y se impone el punto de vista del escritor. Por contra, en El anuncio trata las desventajas de contar la historia en tercera persona, aunque es útil para objetivar: hay una realidad objetiva a la que parece razonable temer. Para profundizar, véase S. Puértolas: La corriente del Golfo. Barcelona, Editorial Anagrama, 1993.
67
oprime la protagonista que, sin embargo, no hace verdaderamente nada para intentar escaparse de este laberinto de depresión e insatisfacción. Perderse en los recuerdos de sus días felices, cuando conoció a su ex marido, recordar la pasión, la felicidad, esa vida que no tiene más, es fuente de dolor que no puede ser compartido con ninguno, que nadie puede entender. El sufrimiento tiene que ser silencioso, la tristeza se convierte en un rincón seguro en que poderse quitar la máscara que lleva cada día y ser realmente como es. Solo al final, el lector puede detectar una tenue voluntad de seguir adelante, de no retroceder a unos tiempos que han sido felices sino intentar aprovechar de lo que la vida le ofrece hoy, aunque duele.
68