3. La voz de los teóricos
3.1 Sonido, ruido y paisaje
La significación derivada de la relación entre elementos individuales constituye al paisaje. El
paisaje es una concepción superior a la enumeración de cosas. Implica la mejor versión posible de
las intersubjetividades,
Cuando en el ámbito de la pintura el paisaje deja de ser el soporte de una historia y
se convierte en un objeto pictórico en sí mismo, además de transformarse en objeto de
contemplación, se le atribuye la noción de belleza como un valor intrínseco (Rey Pérez,
Significar a partir del sonido, como alternativa a la imagen, a manera de paisaje implica dar
valor a los sonidos ahí presentes no como accesorios sino como significantes en sí mismos. Sonido
que contiene información y emoción en relación con otros de su categoría y moviliza a la reflexión
del oyente.
El aspecto central de esta propuesta es precisamente la reflexión acerca del sonido como
elemento fundamental en la producción del hecho musical. Cuando se habla de música en general
las definiciones incluyen categorías como ‘agradable’, ‘complaciente’, “Sucesión de sonidos modulados para recrear el oído(…) arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los
instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad(…)sonido grato al oído” (www.rae.es, s.f.). categorías por demás altamente subjetivas
en el sentido que están ligadas a la experiencia previa de los sujetos, y que además entran en las
discusiones que sobre estética se han desarrollado a lo largo del pensamiento filosófico.
Por otra parte, el sonido, la voz de las cosas, y la contraparte de éste o su ausencia, es decir el
silencio, son constituyentes de la experiencia humana, no solo la musical, sino la vital. En una
transcripción de un documental protagonizado por el muy reconocido investigador, compositor y
docente canadiense Murray Schafer comenta:
Un paisaje sonoro es una colección de sonidos casi como una pintura, es una
colección de atracciones visuales. Yo pienso que cuando escuchamos cuidadosamente,
esos sonidos se vuelven milagros. Se puede escuchar el tren yendo a través de la
distancia, podemos escuchar algunos pájaros, por supuesto, podemos escuchar los
ruidos del tráfico a esta hora a cierta distancia; lo más interesante por supuesto son los
escuchan cuidadosamente la vida está en sus manos. Es por demás interesante cómo
se enriquece, es lo mismo que cuando miramos cuidadosamente, si podemos usar los
sentidos y mirar y escuchar con atención, como si admiráramos una obra de arte, esto
definitivamente enriquece tu vida. De alguna manera el mundo es una enorme
composición musical que suena todo el tiempo, sin principio ni final, nosotros somos
los compositores de este enorme milagro alrededor nuestro y podemos probar
mejorarlo o destruirlo, podemos agregar más ruidos o podemos agregar más sonidos
hermosos. En otras sociedades, una forma de ejercicio para la memoria es recordar los
sonidos, no existe la grabación, así que, si un sonido se suicida, no volverás a
escucharlo igual, al menos no de la misma forma, esto vuelve a la gente más perceptiva
y considerada con los que viven alrededor. Ellos están más en movimiento, ya que
viven escuchando todo el tiempo. Si tomamos un sonido original podemos poner un
micrófono y grabarlo y luego unos parlantes donde reproducirlo millones de veces.
Estamos viviendo en una forma en la que escuchar y volver a escuchar es posible. Para
nosotros volver a escuchar un sonido no es un problema, creo entonces, que lo que
podríamos hacer es comenzar reduciendo el número de sonidos de nuestra vida; un
sonido real es, por supuesto, absolutamente único, que nunca será reproducido por
reproductores, pero lo que estamos escuchando ahora (al ver un video), no es un sonido
real, mi voz no está viniendo de mí ahora, está viniendo de un sonido que he emitido
largo tiempo atrás, ¿y qué sucede si mi voz se detiene? ¿qué escuchas luego? Escucha.
A partir de este texto se puede ampliar la conceptualización necesaria para entender la relación
humana sonora vital con el entorno. Esa colección de sonidos mencionada por Murray se
constituye en un hecho o paisaje sonoro que en su percepción nos incluye de manera pasiva como
oyentes, pero que muy posiblemente está causado por acción humana, es decir por potestad sobre
el ambiente. Esa dualidad debe causar una postura de análisis, acaso estética, mediada por nuestra
capacidad de contemplación, pero también de injerencia en ese hecho sonoro. Si somos
productores de sonidos, ¿Cómo impactan éstos a otros, al entorno?; por el contrario, si no los
producimos, ¿Se convierten en indicadores de inacción, de ausencia? Habla el autor de entrar en
relación con el sonido como si fuéramos parte de una inmensa sinfonía vital, con la posibilidad de
mejorarla o de deslucirla, nos plantea un riesgo: el mostrarnos creadores, determinadores del
ambiente que habitamos, por lo tanto, nos lleva a un campo ya mencionado: el ecológico, el de las
múltiples relaciones, personales, sociales, e institucionales. El sonido se convierte en un vehículo
de la comunicación de nuestra actividad, es mensaje, es contenido. Es ahí precisamente donde es
de importancia capital reflexionar sobre el sonido, en su capacidad codificatoria y en su
universalidad. La categoría de paisaje sonoro formada partir de la unión de las palabras sound
(sonido) y landscape (paisaje) creando así la palabra inglesa soundscape; explica la posibilidad de
entender el universo sonoro, a manera de fuente de información no mediado por la visión: “un paisaje sonoro consiste en eventos escuchados y no en objetos vistos” (Schafer, 1976, pág. 8), la
aplicación de esta categoría en el presente proyecto está mediada además por el uso de
herramientas tecnológicas de uso común por parte de los estudiantes como teléfonos celulares y