Pitambar Shrestha, Bhuwon Sthapit
y Ronnie Vernooy
En los capítulos anteriores discutimos aspectos clave de las operaciones y el desempeño de los bancos comunitarios de semillas. Todos esos factores afectan lo que podríamos llamar la viabilidad organizacional. Sin embargo, la sostenibilidad, o viabilidad organizacional a largo plazo, es el mayor reto que enfrentan los bancos comunitarios de semillas. Tal como lo indican los estudios de caso de este libro, el desempeño de los bancos comunitarios de semillas es muy variado en términos de capacidades técnicas y operativas, como por ejemplo en el cumplimiento de los estándares fitosanitarios, la producción de semilla de calidad, el rigor técnico en el monitoreo de la germinación y en la garantía de viabilidad de semilla almacenada, el manejo de información de las variedades conservadas y las condiciones de cultivo, y en la gobernanza y el manejo operativo. Los retos técnicos y operativos se agravan con la falta de reconocimiento legal (aunque, en algunos países, esta situación está mejorando) y la falta de recursos económicos. Experiencias pasadas han mostrado que las iniciativas de los bancos comunitarios de semillas generalmente son bastante efectivas durante los años iniciales, pero cuando se acaba el apoyo externo, muchos bancos recortan actividades o dejan de funcionar del todo. Tal como sucede con otros esfuerzos organizacionales, si los bancos comunitarios de semillas se establecen sin los cimientos apropiados, la supervivencia a largo plazo es difícil.
La variación entre nuestros estudios de caso, junto con el crecimiento reciente en la cantidad de bancos comunitarios de semillas, hace surgir una pregunta: ¿Qué capacidades debe tener un banco comunitario de semillas para ser efectivo y seguirlo siendo a través del tiempo? Nuestros estudios de caso sugieren que se deben cumplir una serie de condiciones: reconocimiento y protección legal, opciones de viabilidad económica, miembros con conocimientos técnicos adecuados y mecanismos operacionales efectivos. La planeación sistemática y cuidadosa desde el principio es otro factor importante. En este capítulo, vamos a analizar algunos aspectos de la sostenibilidad de los bancos comunitarios de semillas, a saber, el capital humano y social, el empoderamiento económico, el entorno político y jurídico y la modalidad operacional.
Fortalecimiento del capital humano y social
Los bancos comunitarios de semillas funcionan con principios de participación, toma de decisiones de manera colectiva, y responsabilidad compartida de los recursos, riesgos y beneficios. El proceso mediante el cual los agricultores trabajan
Sostenibilidad 57
y participan juntos en actividades fortalece su capacidad de acción colectiva y desarrolla su capital humano y social. Los aspectos técnicos de la gestión de los bancos comunitarios de semillas son parte crucial de este proceso. El funcionamiento efectivo y la supervivencia de los bancos de semillas dependen de suministrar semillas de calidad, y esto sólo se puede lograr con recursos humanos comprometidos, capacitados y capaces.
Los bancos comunitarios de semillas generalmente aplican prácticas basadas en el conocimiento tradicional, que son relativamente sencillas y económicas, pero algunos usan tecnologías y equipos modernos. Además de las instalaciones físicas, el conocimiento técnico adquirido y usado por los miembros del banco desempeña un papel importante en mantener la calidad de la semilla. Cuando los miembros están debidamente equipados con el conocimiento técnico que necesitan para conservar y producir semilla físicamente pura (como se discutió detalladamente en el Capítulo 5), aumentan las probabilidades de que el banco de semillas funcione por mucho tiempo.
Otro aspecto importante de fortalecer el capital humano –y garantizar la sostenibilidad– es la transferencia de los roles de liderazgo, el conocimiento y la experiencia de los miembros antiguos a los líderes de nivel medio y a los integrantes jóvenes. Esto lo determina en parte el mecanismo de gobernanza (Capítulo 4). El trabajo de redes de los bancos comunitarios de semillas en un país o un estado crea una plataforma para el aprendizaje y para compartir experiencias, y además contribuye a desarrollar el capital humano y social. En Brasil, Mali, México y Nepal, se han establecido varios tipos de redes, como resultado del fortalecimiento de capacidades y como vehículos para fortalecer aún más los bancos comunitarios de semillas. En otros casos, los bancos comunitarios de semillas tienen intercambio por redes con los bancos nacionales de germoplasma (por ejemplo en Sudáfrica y Zimbabue, y, aún en proyecto, en Nepal). Esta colaboración es otra manera de fortalecer la capacidad de los integrantes del banco comunitario de semillas, especialmente en cuanto a los aspectos técnicos del manejo de semillas, incluyendo el manejo de plagas y enfermedades, y, en un menor grado, en cuanto a aspectos operacionales.
Los bancos comunitarios de semillas en los países del estudio de casos funcionan con diferentes niveles de capacidad técnica. Algunos son altamente profesionales, mientras que otros apenas se inician; algunos reciben apoyo técnico de las agencias públicas de investigación y extensión, y de organizaciones no gubernamentales (ONG), mientras que otros funcionan por sí solos, después de haber recibido apoyo externo durante varios años. Los bancos comunitarios de semillas en Bután, Bolivia, China, Costa Rica, México y Trinidad reciben apoyo técnico de las instituciones públicas de investigación. En Zimbabue, tanto la agencia de extensión del gobierno como el fondo comunitario de desarrollo de tecnología (Community Technology Development Trust, CTDT) brindan directrices en cuanto a aspectos técnicos y de gestión de los bancos comunitarios de semillas.
Empoderamiento económico
Los miembros de los bancos comunitarios de semillas generalmente dedican tiempo y mano de obra de manera voluntaria para cumplir con las tareas del banco. Asisten a reuniones y discusiones; buscan y colectan semillas; mantienen los registros; limpian, secan y almacenan la semilla; distribuyen semillas para producción y regeneración; monitorean y supervisan; construyen y mantienen los bienes físicos –y todo, sin costo para el banco. Muchos de ellos también aportan
8 Sostenibilidad
Pitambar Shrestha, Bhuwon Sthapit
y Ronnie Vernooy
En los capítulos anteriores discutimos aspectos clave de las operaciones y el desempeño de los bancos comunitarios de semillas. Todos esos factores afectan lo que podríamos llamar la viabilidad organizacional. Sin embargo, la sostenibilidad, o viabilidad organizacional a largo plazo, es el mayor reto que enfrentan los bancos comunitarios de semillas. Tal como lo indican los estudios de caso de este libro, el desempeño de los bancos comunitarios de semillas es muy variado en términos de capacidades técnicas y operativas, como por ejemplo en el cumplimiento de los estándares fitosanitarios, la producción de semilla de calidad, el rigor técnico en el monitoreo de la germinación y en la garantía de viabilidad de semilla almacenada, el manejo de información de las variedades conservadas y las condiciones de cultivo, y en la gobernanza y el manejo operativo. Los retos técnicos y operativos se agravan con la falta de reconocimiento legal (aunque, en algunos países, esta situación está mejorando) y la falta de recursos económicos. Experiencias pasadas han mostrado que las iniciativas de los bancos comunitarios de semillas generalmente son bastante efectivas durante los años iniciales, pero cuando se acaba el apoyo externo, muchos bancos recortan actividades o dejan de funcionar del todo. Tal como sucede con otros esfuerzos organizacionales, si los bancos comunitarios de semillas se establecen sin los cimientos apropiados, la supervivencia a largo plazo es difícil.
La variación entre nuestros estudios de caso, junto con el crecimiento reciente en la cantidad de bancos comunitarios de semillas, hace surgir una pregunta: ¿Qué capacidades debe tener un banco comunitario de semillas para ser efectivo y seguirlo siendo a través del tiempo? Nuestros estudios de caso sugieren que se deben cumplir una serie de condiciones: reconocimiento y protección legal, opciones de viabilidad económica, miembros con conocimientos técnicos adecuados y mecanismos operacionales efectivos. La planeación sistemática y cuidadosa desde el principio es otro factor importante. En este capítulo, vamos a analizar algunos aspectos de la sostenibilidad de los bancos comunitarios de semillas, a saber, el capital humano y social, el empoderamiento económico, el entorno político y jurídico y la modalidad operacional.
Fortalecimiento del capital humano y social
Los bancos comunitarios de semillas funcionan con principios de participación, toma de decisiones de manera colectiva, y responsabilidad compartida de los recursos, riesgos y beneficios. El proceso mediante el cual los agricultores trabajan
58 Aspectos clave de bancos de semillas comunitarios
pequeñas cantidades de semillas y material de siembra para almacenarlo y distribuirlo gratuitamente a través del banco.
Pero, ¿por cuánto tiempo podrán continuar trabajando así? ¿Durante cuántas generaciones? ¿Cuántos miembros? ¿Existen incentivos económicos para quienes hacen parte de un banco comunitario de semillas? Las respuestas a estas preguntas no son fáciles de encontrar en los estudios de caso. Dependiendo del tipo de semillas y el volumen anual de las transacciones, un manejo adecuado de la semilla exige trabajo de una o más personas durante todo el año para garantizar el funcionamiento cotidiano sin trabas. Para ser económicamente viable y no depender completamente de la mano de obra voluntaria, un banco comunitario de semillas debe estar diseñado de tal manera que genere incentivos económicos a dos niveles: para sus miembros (especialmente para quienes desempeñan las labores clave) como para la organización en conjunto. Una razón importante por la cual los bancos comunitarios de semillas se vuelven menos funcionales cuando les retiran el apoyo externo es la falta de incentivos económicos para mejorar el bienestar de las familias que lo integran.
En términos generales, los estudios de caso se caracterizan por la falta de atención al empoderamiento económico y la sostenibilidad económica, excepto para la producción y el mercadeo de semilla local y mejorada de variedades preferidas por los agricultores. En los casos en que esta estrategia ha sido exitosa, ha generado beneficios económicos en los dos niveles: para los miembros productores de semilla y para el banco de semillas. Igualmente –y en paralelo– ha garantizado la disponibilidad de semilla entre agricultores, especialmente los miembros más necesitados, generalmente a un precio inferior al de otras fuentes. Los bancos comunitarios de semillas de Costa Rica, Nepal y Zimbabue están produciendo y vendiendo grandes volúmenes de semillas y tienen estabilidad económica. Algunos están en el proceso de desarrollar bancos comunitarios de semillas como empresas de semillas, por ejemplo en Uganda (Capítulo 30).
Un enfoque singular, desarrollado en Nepal y ahora adoptado en otras partes, es el establecimiento de un fondo comunitario para el manejo de la biodiversidad (Shrestha et al., 2013; Capítulo 34). Estos fondos (aproximadamente US$5.000–10.000 por banco comunitario de semillas) fueron creados usando fondos de donantes (a través de proyectos) y contribuciones de la comunidad (entre el 10 y el 25 por ciento). Se establecen como fondos rotatorios disponibles para que los integrantes del banco de semillas puedan realizar actividades que generen ingresos. Permiten otorgar créditos de poco monto (sin aval ni procedimientos complejos) a los miembros y generar ingresos con los intereses pagados (12 por ciento anual) para el banco comunitario de semillas. Estos intereses se usan para cubrir los salarios del personal, la regeneración de variedades locales raras y otros gastos operativos. La búsqueda de oportunidades para diseminar este mecanismo y otros similares podría representar un apoyo significativo para muchos bancos comunitarios de semillas en todo el mundo. Sin embargo, la implementación exitosa de un fondo comunitario para el manejo de la biodiversidad requiere fortalecer desde el inicio el capital social y humano.
Políticas y disposiciones jurídicas
A pesar de la cantidad cada vez mayor de bancos comunitarios de semillas en las últimas tres décadas, a la fecha muy pocos países han desarrollado políticas, leyes, instrumentos legales o directrices para implementarlos o apoyarlos. Es menos probable
Sostenibilidad 59
que los bancos comunitarios de semillas sean sostenibles a largo plazo sin el reconocimiento legal. La mayoría de los bancos comunitarios de semillas han sido establecidos con el apoyo de las ONG a través de fondos de proyectos, generalmente de poca duración. Para que los bancos de semillas encuentren su propia financiación, en la mayoría de países requieren tener reconocimiento legal y estar registrados. Muchas agencias de financiación también se abstienen de dar apoyo a una organización que no sea un ente legal. Por el lado positivo, el reconocimiento legal contribuye a generar confianza entre los miembros del banco comunitario de semillas al exigirles que hablen en igualdad de condiciones con las organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil.
Entre los estudios de caso en este libro, Brasil parece estar más adelantado en el proceso de ingresar los bancos comunitarios de semillas al marco legal, puesto que tres estados ya han aprobado leyes sobre bancos comunitarios de semillas y cuatro lo están discutiendo (Capítulo 39). Estas leyes han permitido que los gobiernos estatales compren y distribuyan semillas de variedades locales producidas por los bancos comunitarios de semillas; anteriormente sólo se podía usar semilla certificada proveniente del sector formal. México ha integrado los bancos comunitarios de semillas al Sistema Nacional de Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (SINAREFI), el cual es coordinado por una entidad pública: los Servicios Nacionales de Inspección y Certificación de Semillas. Esto representa un reconocimiento institucional importante, y los bancos comunitarios de semilla reciben apoyo económico y técnico a través de los proyectos del SINAREFI.
Debido a la ausencia de políticas y de un marco legal en la mayoría de los países estudiados en este libro, algunos bancos comunitarios de semillas se han registrado como cooperativas, ONG locales o sociedades, mientras que otros siguen funcionando informalmente como instituciones comunitarias de auto ayuda operando sobre la base de la confianza mutua y la cooperación. Para registrar un banco comunitario de semillas como cooperativa o como ONG local se requieren ciertos procedimientos legales que se pueden convertir en una carga para sus miembros. Sin embargo, esto también genera la oportunidad conseguir financiación y apoyo para el programa, y así, lograr que el banco continúe sus actividades cuando no hay disponibilidad de otros recursos.
Otra estrategia es que los bancos comunitarios de semillas se integren a una red conectada con el banco nacional de germoplasma. El banco nacional de germoplasma de Nepal ha propuesto un plan así para promover la colecta y regeneración de materiales localmente adaptados a sus hábitats naturales; y para crear vínculos. Sin embargo, aún no hay una política adecuada o el marco jurídico para impulsar este plan.
Modalidad operativa
Los métodos adoptados por los bancos comunitarios de semillas para la participación y la toma de decisiones de sus miembros se relacionan con las tareas clave que hay que desempeñar. Los estudios de caso indican que los mismos miembros generalmente establecen las normas y los reglamentos e igualmente hacen que estos se respeten. En la mayoría de los casos, agricultores de ambos géneros son participantes activos.
La dimensión operativa es importante en términos de sostenibilidad porque es a través de las prácticas relacionadas con la circulación de semilla entre los miembros y los no miembros que el banco comunitario de semillas adquiere vida y permanece activo. Responsabilidades y roles claros en la gestión son pequeñas cantidades de semillas y material de siembra para almacenarlo y
distribuirlo gratuitamente a través del banco.
Pero, ¿por cuánto tiempo podrán continuar trabajando así? ¿Durante cuántas generaciones? ¿Cuántos miembros? ¿Existen incentivos económicos para quienes hacen parte de un banco comunitario de semillas? Las respuestas a estas preguntas no son fáciles de encontrar en los estudios de caso. Dependiendo del tipo de semillas y el volumen anual de las transacciones, un manejo adecuado de la semilla exige trabajo de una o más personas durante todo el año para garantizar el funcionamiento cotidiano sin trabas. Para ser económicamente viable y no depender completamente de la mano de obra voluntaria, un banco comunitario de semillas debe estar diseñado de tal manera que genere incentivos económicos a dos niveles: para sus miembros (especialmente para quienes desempeñan las labores clave) como para la organización en conjunto. Una razón importante por la cual los bancos comunitarios de semillas se vuelven menos funcionales cuando les retiran el apoyo externo es la falta de incentivos económicos para mejorar el bienestar de las familias que lo integran.
En términos generales, los estudios de caso se caracterizan por la falta de atención al empoderamiento económico y la sostenibilidad económica, excepto para la producción y el mercadeo de semilla local y mejorada de variedades preferidas por los agricultores. En los casos en que esta estrategia ha sido exitosa, ha generado beneficios económicos en los dos niveles: para los miembros productores de semilla y para el banco de semillas. Igualmente –y en paralelo– ha garantizado la disponibilidad de semilla entre agricultores, especialmente los miembros más necesitados, generalmente a un precio inferior al de otras fuentes. Los bancos comunitarios de semillas de Costa Rica, Nepal y Zimbabue están produciendo y vendiendo grandes volúmenes de semillas y tienen estabilidad económica. Algunos están en el proceso de desarrollar bancos comunitarios de semillas como empresas de semillas, por ejemplo en Uganda (Capítulo 30).
Un enfoque singular, desarrollado en Nepal y ahora adoptado en otras partes, es el establecimiento de un fondo comunitario para el manejo de la biodiversidad (Shrestha et al., 2013; Capítulo 34). Estos fondos (aproximadamente US$5.000–10.000 por banco comunitario de semillas) fueron creados usando fondos de donantes (a través de proyectos) y contribuciones de la comunidad (entre el 10 y el 25 por ciento). Se establecen como fondos rotatorios disponibles para que los integrantes del banco de semillas puedan realizar actividades que generen ingresos. Permiten otorgar créditos de poco monto (sin aval ni procedimientos complejos) a los miembros y generar ingresos con los intereses pagados (12 por ciento anual) para el banco comunitario de semillas. Estos intereses se usan para cubrir los salarios del personal, la regeneración de variedades locales raras y otros gastos operativos. La búsqueda de oportunidades para diseminar este mecanismo y otros similares podría representar un apoyo significativo para muchos bancos comunitarios de semillas en todo el mundo. Sin embargo, la implementación exitosa de un fondo comunitario para el manejo de la biodiversidad requiere fortalecer desde el inicio el capital social y humano.
Políticas y disposiciones jurídicas
A pesar de la cantidad cada vez mayor de bancos comunitarios de semillas en las últimas tres décadas, a la fecha muy pocos países han desarrollado políticas, leyes, instrumentos legales o directrices para implementarlos o apoyarlos. Es menos probable
60 Aspectos clave de bancos de semillas comunitarios
características de bancos comunitarios de semillas bien gobernados. Como lo demuestran los estudios de caso, hay espacio para fortalecer aún más las contribuciones de las mujeres como agricultores custodios.
El modus operandi de un banco comunitario de semillas puede variar –y nosotros pensamos que esto es una fortaleza– dependiendo de los procesos organizacionales de los mismos agricultores, y de quiénes participan en cuáles actividades y en la toma de decisiones (por ejemplo, no todos los miembros necesitan invertir la misma cantidad de tiempo y esfuerzo en todas las tareas por hacer), de los niveles de conocimiento y las habilidades que adquieren los miembros a través de diferentes interacciones, y de la cantidad de capacitación disponible. Generalmente la responsabilidad de la gestión general, tanto financiera como técnica, la tiene un comité ejecutivo de agricultores elegidos o seleccionados, pero algunos bancos comunitarios de semillas establecen comités diferentes para cada tarea.
En Bangladesh, por ejemplo, el banco comunitario de semillas tiene dos comités. Los siete integrantes del Comité de Auditoría de los Recursos Naturales tienen la responsabilidad de regenerar la semilla, y registrar y mantener los datos. La Red de Semillas de Mujeres Especializadas, con 11 integrantes, realiza las tareas de manejo, almacenamiento seguro, distribución e intercambio de la semilla (Capítulo 9). El banco de germoplasma de la comunidad Kiziba de Uganda ha dividido las tareas principales entre el gerente general, el gerente de registro, el gerente de