• No se han encontrado resultados

UCM-UPM, CEI Campus Moncloa

3. E STRATOS DEL TIEMPO PRESENTE

Vistas así las cosas, ¿Cómo podemos explicar nuestro tiempo y nuestra historicidad a partir de la concepción planteada por Schelling? Si el Sistema

de los Tiempos constituye la vida misma —y la Historia— del Sujeto de este

proceso, es un proceso que, como vimos, tiene que ver con el tiempo de la Divinidad que conforma cuánto hay, pero entonces siguiendo esta concepción del tiempo ¿dónde podríamos situar el tiempo? Si la efectividad tiene que ver con la actividad, con el movimiento, con los cambios, con la vida y con la muerte, con un tiempo que es el tiempo de la lucha, la pregunta puede ser replanteada de este modo: ¿Cómo se caracteriza el tiempo en el que viven los hombres? La respuesta es inmediata: nuestro tiempo se caracteriza por el

ra nos referimos a la carga positiva por la que algo se distingue y se separa de todo lo demás, esto es, a las notas que hacen que algo sea lo que es, con total independencia de que exista o no, mientras que lo efectivo se refiere a una realidad producida a partir de una acción de corte subjetual. Efectividad requiere de esa forma de la acción del sujeto y una existencia de facto de ésta. De esa forma, mientras que para Kant lo real es aquello que pertenece a una res, a la quiddidad de la cosa, esto es, lo que pertenece a una cosa indepen- dientemente de que ésta exista o no verdaderamente, la efectividad tiene que ver con las condiciones materiales de la experiencia, esto es, con un tiempo y con un espacio.

72 Ana Carrasco Conde

movimiento, el cambio, la contingencia, por el devenir, por la vida y por la muerte, por la superación constante de dificultades, por la lucha. El tiempo del hombre es el tiempo de la lucha: el tiempo Presente de ese Sujeto de la Historia del que venimos hablando. Algo parecido parece apuntar el propio Schelling en 1809 cuando afirma que somos y vivimos en Dios45. Sólo que el tiempo de los hombres no se rige por estos éxtasis absolutos del tiempo aun- que guarda con ellos una analogía: «Una luz en estas oscuridades —afirmará en 1815— es que, así como de acuerdo con la vieja frase (ya casi gastada), el hombre es el mundo a pequeña escala, también los procesos de la vida huma- na tiene que concordar desde lo más profundo hasta su acabado supremo con los procesos de la vida en general»46: «aunque la respuesta correcta a la pre- gunta «¿Qué es lo que ha sucedido?» siguiera siendo «Lo mismo que sucede- rá después» y la respuesta correcta a la pregunta «¿Qué es lo que sucederá? Siguiera siendo: «Lo mismo que ha sucedido antes», de aquí sólo se seguiría que el mundo no tiene en sí ni pasado ni futuro; que todo lo que ha sucedido en él desde el comienzo y lo que sucederá hasta el final pertenece a un único gran tiempo; que el auténtico pasado, el pasado sin más [Vergangenheit schle-

chthin], es el premundano [vorweltliche]; que el auténtico futuro, el futuro sin

más [Zukunft schlechthin], es el futuro postmundano [nachweltliche]; y de este modo se nos desplegaría un sistema de los tiempos [System der Zeiten] del cual el sistema del tiempo humano [menschlichen] sólo sería una copia, una repetición en un círculo más estrecho»47. Schelling no se ocupará de este tiempo humano, sino del divino. Nosotros los hombres somos en este devenir, pero no en todo el devenir.

Hasta aquí Schelling. Habría que hacer una distinción —que Schelling no hace— entre una Historia, con sus tres éxtasis, de ese Sujeto de la Historia, y una historia que tendría que ver con un sujeto, con el individuo singular, con nuestro propio yo que conforma comunidades y que, con sus actos, en analo- gía con aquel Sujeto absoluto, hace no Historia, sino su propia historia. Pero, si el tiempo del hombre guarda una analogía con aquel tiempo, y hemos dicho que vive en el presente del sistema, ¿cómo hemos de entender esta ana- logía? ¿no tiene pasado ni futuro? ¿en qué consiste su presente y, sobre todo, su pasado? El pasado humano no quedará constituido por unos hechos fosi- lizados o muertos, productos ya pasados de una accion que tuvo lugar, que se

45 SW I/7, 340; 119; y también en las WA de 1813: W II 91.92, 157.«Todo lo que tiene

una libertad frente a Dios tiene que proceder de un fundamento independiente de él, y aunque originariamente y en sentido estricto sea en Dios, tiene que proceder de algo (ha de tener como base un elemento diferenciador, algo) que en Dios mismo no es Él mismo». Este estar en Dios pero en lo que siendo en él no es Él mismo es decir, la Naturaleza — en Dios, le servirá a Schelling para explicar el mal como acción de la libertad dentro del sistema, de forma que ni éste constituye una forma privativa o negativa del bien, ni, afirmando su fuerza, culpando a Dios de ser su autor o su copartícipe.

46 SW I/8, 207.

Estratos del tiempo. O sobre la efectividad del pasado 73

hayan ido sedimentando, sino que las acciones hechas constituyen la base posible de acciones efectivas que abren espacio. El pasado nunca queda atrás. El pasado nunca queda pasado. Lo que observamos en el tiempo, cargado por nuestra vida con nuestras vivencias, son acciones que siguen ejerciendo efec- tos en nosotros (Wirkungen). Son hechos efectivos que, aunque pasados, siguen teniendo efectos, siguen actuando en nosotros y viviendo efectivamen- te en cada uno de los instantes que nos conforman. Y si tienen efectos es que son efectivos. Y sin son efectivos, son presente. Lo que observamos, entonces, es que lo que consideramos nuestro pasado es en realidad una mera sucesión de acciones hechas que ordenamos cronológica y temporalmente. El hombre no tiene un pasado como tal, un pasado absoluto que nunca se ha hecho pre- sente, sino que vive en un continuo presente, que sí, se mantiene por la ten- sión entre un pasado y un futuro, pero que en realidad se encuentra en el puro dominio de la efectividad. Todas las acciones, todas las decisiones nos afectan, nos condicionan y nos determinan, nos hacen ser lo que somos, y también, por otro lado, conforman la base activa sobre la que se levanta nues- tro instante y que, en cualquier momento puede volver a actuar (¿qué es sino un trauma sino algo que puede volver, amenazante, en cualquier momento de la vida del hombre?). Estos son los estratos del tiempo y la efectividad de nuestra historia: aquellas acciones ya realizadas y ordenadas por nosotros cronológicamente pero que siguen teniendo una efectividad. Por eso nuestras acciones pasadas (que denominamos nuestro «pasado») nos duelen, nos hacen mejores o peores, nos afectan, nos preocupan o nos impulsan, pero no son realmente pasado, sino aquello que tiene efectos continuos. Por eso nues- tro tiempo es un presente ordenado por niveles temporales. Todos inscritos en el tiempo de la efectividad.

II.