Capítulo IV: El sujeto en la vida
4.3 El sujeto vivo: lo vivo del sujeto
En varias oportunidades a lo largo de la Méthode (1986: 53/ 1980: 231) Morin se pregunta ¿qué es ser sujeto? A ello responde de modo general que un sujeto es un sujeto biológico y es, en efecto, también multidimensional. Pero ¿qué significan estas dos cuestiones? Sostenidamente hemos marcado, incluso desde diferentes ángulos, esta idea moriniana respecto al aspecto bio- lógico del sujeto, Morin opta por introducir su forma compleja indicando que “el puesto biológico del sujeto es a la vez único e innombrable, irremplazable y reemplazable, irreductible y reproducible, absoluto y dependiente de una existencia contingente y efímera”. El terreno biológico del sujeto está estrechamente ligado a la posibilidad continua y simultánea de ser único y todo o “cualquiera” a la vez. Morin lo ejemplifica, o mejor dicho, utiliza para ello el pronombre personal Yo, de uso claramente común en el marco de especificidad de las concepciones de sujeto. Cita, por su parte, a Castaneda que escribe que “El “Yo” del locutor es exclusivo. Pero al mismo tiempo este carácter único es el más banal, el más extendido, ya que es propio de todos los locutores. El “Yo” tiene, asimismo, a la vez “prioridad ontológica” y contingencia radical. Las preposiciones en primera persona que pertenecen a la persona tienen una existencia contingente: sólo existen si X existe” (1980: 231).
Lo dicho hasta aquí entonces responde resumidamente al aspecto biológico del sujeto, sin embargo nos resta aún mencionar algo respecto de su multidimensionalidad. El concepto de sujeto encuentra su multidimensionalidad en tanto lleva en sí y está com-puesto por las dimensiones lógico-organizacional y ontológico-existencial. Específicamente e integrando los aspectos inicialmente enunciados, según enumera Morin, los caracteres multidimensionales del sujeto son:
1. El sujeto es un concepto lógico por su carácter auto- referente, distribuidor de valores.
2. El sujeto es un concepto organizacional en el sentido de que es inherente y necesario a la auto-(geno-feno)- organización, que tenemos que reconocer ahora como auto- (geno-feno-ego)-organización.
3. El sujeto es un concepto ontológico en el sentido de que su afirmación individual egocéntrica es inherente y necesaria para la definición del ser viviente.
4. El sujeto es un concepto existencial porque cada uno de sus rasgos constitutivos conlleva una dimensión existencial. La afectividad, desarrollo de esta dimensión existencial en los animales superiores, no constituye la definición primaria, sino una de las emergencias supremas de la cualidad de sujeto (1980: 231-232)121.
La multidimensionalidad del sujeto viviente hace justamente que no podamos pensar separadamente ninguna de estas cuestiones que constituyen en simultáneo al sujeto. Igualmente podríamos decir que en los puntos 3 y 4 se asumen y suponen los restantes factores que completan la figura multidimensional del sujeto. Esto es, el sujeto es existente y se afirma lógicamente como tal en la organización viviente. El sujeto dice Morin, “no es una sustancia, una esencia, una forma; es una cualidad de ser que, al mismo tiempo que el individuo viviente (del cual es inseparable), emerge de la auto- (geno-feno)-organización”122. Pero además concepto de sujeto es un macro- concepto del que no pueden separarse las nociones de auto-ego-referencia, auto-exo-referencia y auto-ego-trascendencia, que en definitiva son
121
“1.Le sujet est un concept logique de par son caractère auto-référent, distributeur de valeurs. 2. Le sujet est un concept organisationnel dans le sens où il est inhérent et nécessaire à l’auto- (géno-phéno)-organisation qu’il nous faut maintenant reconnaître comme auto-(géno-phéno- égo)-organisation. 3. Le sujet est un concept ontologique dans le sens où son affirmation individuelle égocentrique est inhérente et nécessaire à la définition de l’être vivant. 4. Le sujet est un concept existentiel parce que, comme nous venons de le voir, chacun de ses traits constitutifs comporte une dimension existentielle. L’affectivité, développement de cette dimension existentielle chez les animaux supérieurs, constitue, non la définition primaire, mais une des émergences suprêmes de la qualité de sujet”.
122
“ Le sujet... n'est pas une substance, une essence, une forme. C'est une qualité d'être qui, en même temps que l'individu vivant (dont elle est inséparable), émerge de l'auto-auto-(géno-
indisolubles del proceso de subjetivación, más aún son esenciales a él (1980: 232).
Hasta el momento en este trabajo nos hemos preocupado por analizar, desde diferentes ejes temáticos al sujeto correlativamente como el que se sitúa en el centro del propio mundo para computar y computarse a sí mismo, a la vez que como ser vivo capaz de diferenciar ontológicamente entre Sí-no Sí y como aquel que se sabe en la auto-afirmación y puede auto-trascenderse a sí mismo. A través de estas condiciones, recién mencionadas, se constituye el carácter fundamental de la subjetividad que es, en palabras de Morin, el auto-ego-centrismo (1986: 53)
Lo que nos queda por delante es dar curso al análisis de la noción de
computo que enmarca y es marca de la concepción compleja de subjetividad estudiada y comprendida por Morin como principio necesario para la organización viviente.
Cada individuo-sujeto, lo repetimos, se comprende y constituye como organización viva, en definitiva, como sistema vivo. Toda organización viviente, sirve como ejemplo la organización de la bacteria (Morin, 1994a) o también la levadura Saccharomyces cerevisiae sobre la que nosotros, más adelante, utilizaremos como modelo de la viviente, es “a la vez un ser, una máquina, y una computadora”. Estas partes entre sí confundidas e indisociadas.
Morin en este punto pone sobre relieve una discusión anterior ligada a la problematización de las relaciones entre máquinas y organismos. Es él mismo quien plantea que paradójicamente “mientras que en nuestras máquinas artificiales tenemos por un lado la computadora que controla y por otro la máquina a la que está conectada. Allí en cambio no tenemos ni computadora separada ni máquina, sino que son lo mismo” (1994a: 73)
Nos permitimos ahora un paréntesis a fin de mencionar algunas cuestiones en torno a esta problemática que nos parecen interesantes y consideramos además que nos facilitan la comprensión de lo que representa una concepción compleja de la vida.
Abrimos este meta-análisis, dando por sentada la existencia de una teoría mecánica del organismo. Aunque, según nos cuenta Canguilhem, el problema principal de esta teoría, es que únicamente ha buscado explicar la estructura y el funcionamiento del organismo a partir de la estructura y el funcionamiento de la máquina ya construida, dejándose de lado la comprensión de que la construcción misma de la máquina parte de la estructura y funcionamiento de un organismo (1965: 101). Es decir, el problema es que en general filósofos y biólogos mecanicistas han tomado a la máquina como algo dado allí sin considerar y tener en cuenta la posibilidad de llevar adelante un tratamiento biológico de las cuestiones referentes al problema de la relación con el abordaje tecnológico.
Justamente Canguilhem propone iniciar un estudio que incluya efectivamente el perfil biológico para demostrar la necesidad de incluir las nociones de naturaleza biológica para la comprensión del fenómeno de construcción de las máquinas, y dice que “una máquina… no se basta a sí misma, puesto que debe recibir un movimiento que ella transforma. Por consiguiente uno no se la representa en movimiento más que por una asociación con una fuente de energía” (1965: 132).
Descartes precisamente como el teórico de la mecánica del organismo, sostiene que la máquina-cuerpo se construye y funciona a partir de las leyes universales de la naturaleza. Ahora bien, el cuerpo (máquina) no necesita de un mecánico que lo conduzca, lleva en sí mismo (el calor del corazón) la propia energía del movimiento.
Canguilhem encuentra en Descartes la idea de integración –analogía– del organismo a la máquina. Dicha integración presupone un mecanismo automático ligado a una fuente de energía, cuando la energía cesa precisa de un esfuerzo (humano o animal) para su restitución (1965: 136).
La teoría de las máquinas en Descartes –la teoría de los animales- máquinas– es inseparable del “pienso, luego existo” (Canguilhem, 1965: 141). La distinción radical entre alma y cuerpo, lleva en sí la afirmación de la unidad sustancial de la materia y el pensamiento y por lo tanto: pienso, existo.
Sin dudas, como sostiene Canguilhem, la mecanización teórica de la vida y con ello la mecanización del cuerpo y el animal, emergen de la necesidad que tiene el hombre occidental de hacerse poseedor de la naturaleza (1965: 142). Las teorías que tienden a favorecer esta necesidad de posesión y dominio de la naturaleza, buscan permanentemente poder controlarla. Claro está que a su vez para ello necesitan obviarla por completo y extraerse a sí mismas de toda experiencia entre la naturaleza. Dicho esto, la negación de la naturaleza es ella misma el rechazo al sujeto o más bien a la vida –del sujeto–.
La construcción de la máquina viviente implica la obligación de imitar un dato orgánico previo; es decir, la construcción de un modelo mecánico supone un original vital. Refiriéndose también a Descartes, Canguilhem afirma que el modelo del viviente-máquina es el mismo viviente (1965: 145).
Con esto prácticamente volvemos sobre nuestro punto de partida, pero para cerrar el paréntesis y reafirmar la idea que en el comienzo del capítulo planteamos respecto de las conexiones teóricas existentes entre Canguilhem y Morin, sobre todo en lo que refiere a la organización viviente, citamos a continuación un párrafo en el que Canguilhem sabe decir mejor esto que venimos señalando: “La máquina como producto de un cálculo, verifica las normas del cálculo, normas racionales de identidad, de constancia y de previsión, mientras que el organismo viviente actúa según el empirismo. La vida es experiencia, es decir, improvisación, utilización de ocurrencias; es tentativa en todo su sentido” (1966: 137-138).
Ahora bien, el sujeto antropocéntrico carente (por omisión) de vida, ignora el computo pero también desconoce la capacidad de auto-(geno-feno- ego)-organizarse (Morin, 1980: 235). Entonces, para la restitución de la vida, lo veremos en detalle, hay que concebir el computo como lo vivo del sujeto.
La noción de sujeto, que asocia de forma inseparable la dupla individuo-sujeto, acaba y transforma la concepción misma de individuo. En la perspectiva de Morin, el sujeto es la emergencia del individuo viviente en toda su multidimensionalidad “tal como se refiere computacional, organizacional,
ontológica, existencialmente a sí mismo y se auto-trasciende en ser-para- sí”123 (1980: 235)124. Lo cual equivale a decir que el sujeto comienza a pensarse en el mismo contexto en donde surge lo vivido.
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Las cursivas pertenecen al autor
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