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7. Conclusiones de la experiencia

7.4 Superación del trauma

El proceso de PROVISAME en el municipio trajo beneficios no sólo para las víctimas, sino también para los líderes de la mayoría de los procesos que se dieron en pro de la paz en Granada. Incluso, su creación estuvo relacionada con la conformación de ASOVIDA. Nombres como los de Angélica Duque, la primera PROVISAME del municipio, Amanda Suárez, quien inició el proceso para ser parte del programa (aunque no lo terminó), o Margarita Morales, a quien identifican como una de las precursoras de la Asociación y del Salón, que participó de los primeros grupos de abrazos realizados por María Angélica, son muestra de la importancia de este proceso para el municipio, para la Asociación y también para la superación del dolor en quienes más adelante liderarían otros procesos de víctimas.

Francis García considera que Los Abrazos fueron una atención de urgencia o de emergencia psicosocial que se desarrolló entre las víctimas (García F. , 2018). Precisamente el objetivo de estos grupos de abrazos fue el de generar un espacio de confianza en donde las víctimas pudieran sentirse identificadas con otras víctimas y contar lo que les había ocurrido. Sin embargo, para lograr esto necesitaron formar a aquellas personas que escucharían a las otras víctimas y les brindarían esa primera atención psico-afectiva. El Programa por la Paz del CINEP atendió a estos líderes de tal manera que ellos pudieran ir y replicar su experiencia.

El caso de María Angélica Duque, la primera en terminar el Diplomado en Promotoras de Vida y Salud Mental, enseña que ella no sólo pudo ayudar a otros, sino que pudo sanar también para sí misma y que aportó también para su familia, “fue algo maravilloso como a la vez triste, porque nosotros con ese estudio que hicimos (el Diplomado) aprendimos a pasar de víctimas a ciudadanas. En ese entonces yo llegué allá, como se dice popularmente, vuelta

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un harapo”, y recuerda también que fue una de las personas que más avanzó en el proceso o una a las que más se le notó el cambio, “porque yo llegué allá y no era si no llorar, y llore y llore” (Duque, 2019). Mientras la entrevistamos, nos contó la historia del fallecimiento de su esposo, y aunque se notaba aún el dolor que le causa, cerró la historia mencionando que había aprendido a ser fuerte, para entregarle de esta misma fortaleza a sus abrazadas.

Menciona también que fue sacrificante por tener que dejar a sus hijas solas para atender compromisos de PROVISAME, había días en donde le tocaba dormir fuera de la casa, pero que incluso ellas también lograron avanzar en la elaboración del duelo por su padre gracias a las ocasiones en las que la apoyaban en la realización de las actividades de los grupos de abrazos.

Margarita Morales y Amanda Suárez fueron otras de las líderes de la Asociación que lograron avanzar y superar el dolor que les causó la guerra por la pérdida de un hijo y de su esposo, respectivamente. Margarita hizo parte del grupo de abrazadas dirigidas por María Angélica Duque, y más tarde realizaría el Diplomado y crearía otro grupo de abrazadas, formaría parte importante del Comité de Reconciliación y sería pieza fundamental en la creación de ASOVIDA y en la gestación de la idea del Salón del Nunca Más.

Parte del proceso de sanación que tuvo doña Amanda fue superar el hecho de no querer ver a su esposo en ninguna parte, ni sus objetos personales, por lo que los escondía debajo de la cama. Gloria recuerda que para que todos fueran superando el trauma y el dolor ocasionado por la guerra, fue necesario el apoyo mutuo, “como un árbol que se va a caer y se apoya en el otro”. Como sucedió también con Gloria Quintero, a quien no le gustaba que se hablara de su hermano desaparecido en las reuniones, o con Claudia Giraldo a quien tampoco le gustaba escuchar hablar sobre su papá, pues sentía que se iba a poner a llorar. Con las tres tuvimos conversaciones en donde surgía también el tema de sus familias, y lo que las hace víctimas. En sus narraciones se evidencia una elaboración del duelo exitosa.

Las capacitaciones en derechos y reconciliación que las víctimas fueron recibiendo, incluyendo estas personas que estaban liderando algunos de los procesos, también ayudó para que ellas encontraran la manera de sobreponerse al dolor y a diversas formas de victimización. En el caso de Gloria Ramírez, la Presidenta de la Asociación, gracias a las capacitaciones y formaciones que recibió en derechos, pudo enfrentarse a salir de su núcleo

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familiar, vencer la idea en su cabeza de que no serviría para nada, para pasar a hacer parte de espacios en donde fue nombrada parte de la junta directiva, y posteriormente, Presidenta de la Asociación de Víctimas.

Para ellas fue clave plantearse la misión de pasar de víctimas a ciudadanas, primero como lema y después como organización red. El atenuante de que venían de una tradición de trabajo organizativo, ya contaban con un entramado de relaciones interinstitucional, y por lo tanto no partieron de la nada, explica la capacidad que desarrollaron para ejercer ciudadanía. La formación en derechos las insertó, entonces, en dinámicas de democracia participativa.