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sustentabilidad y el buen vivir

Partimos por comprender la diversidad de proyectos territoriales, es decir, las multiterritorialidades. El territorio como categoría de análisis-comprensión provee bases de entendimiento sobre una realidad que se visualiza multidimensional, dinámica, en tensión, conflictiva y multiterritorial (Haesbaert, 2013; Fernández, 2009; Fernández 2010). El territorio así se traduce en confluencias asimétricas y desiguales, tensionantes y conflictivas, contradictorias y solidarias, de relaciones y fuerzas sociales de poder, que desde su racionalidad buscan controlar y apropiar procesos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales en espacios determinados.

El modelo rural jerárquico debe disolverse como única posibilidad dando espacio a otras interpretaciones; si las economías de escala se constituyen en el gran negocio para

Desarrollo territorial desde economías campesinas de tipo familiar y comunitaria

algunos actores, no quiere decir que lo sea para todos: no es un absoluto. Correlato de esto son las prácticas agroecológicas, donde la diversificación de plantaciones, la seguridad alimen- taria, la concepción sustentable, la negación de dinámicas acumulativas de capital y la alteridad constituyen la episteme que orienta y retroalimenta el actuar en el mundo.

La relación con la naturaleza se caracteriza por el respeto de su capacidad de regeneración, vía cultivos orgánicos (agroecología) y biodiversidad. La producción de la base material de la vida en el sector específico de la agricultura, privilegia el valor de uso sobre el valor de cambio, no somete el trabajo al capital y exige el usufructo de la tierra, pero no necesariamente su propiedad y excluye su acumulación en tanto que capital. La organización colectiva (comunitaria u cooperativista) del acceso al agua, a insumos, a maquinaria, al crédito; la organización en conjunto de ciertas fases del trabajo (mingas, reforestación); la comercialización en circuitos cortos, en ferias y tiendas comunes, tienen, en la filosofía de una economía popular solidaria, una base democrática. Finalmente la interculturalidad encuentra en esta forma de agricultura una posibilidad de diversidad de expresiones y de lecturas de lo real (Houtart, 2017).

Igualmente lo es la ontología del buen vivir, consubstancial a la ancestralidad de muchos pueblos indígenas, afro y campesinos.

Vivir bien quiere decir hablar como gente y caminar como gente. Y hablar como gente quiere decir: 1) escuchar antes de hablar, 2) decir cosas que sabes y no hablar de lo que no sabes, y 3) refrendar tus palabras con tus actos. Eso quiere decir

jakjam parlaña (Rivera, 2015, p. 88).

Ontología que en lo territorial se sitúa:

Sobre virajes en la concepción de desarrollo que hasta hoy viene fundamentando la política territorial, virajes planteados

en otros marcos de comprensión y entendimiento desde elementos multidimensionales y holísticos del ser humano (…) encontrando desde aquí nuevos sentidos de mundo y referentes de acción: un nuevo modelo de sociedad, equitativo, justo, igualitario; una cultura de la vida, que trace horizontalidades desde lo incluyente participativo; una condición de armonía; un camino de memoria y resignificación de lo identitario y lo propio; una comunidad (Murillo, 2015, pp. 36- 37).

Al proponer relaciones equilibradas con el medio social- cultural; así mismo, la cotidianidad del campesino de pequeña escala que se inscribe en cadenas mercantiles, cuyas prácticas se permean desde hace décadas, corresponde a otro tipo de proyectos, de allí que el bienestar social cada vez más en detrimento sea su principal reivindicación. El territorio se hace desde múltiples perspectivas y no desde absolutos. Al estar unas en posición hegemónica con respecto a otras, apostamos por esas alternativas, hablamos aquí de las distintas formas de hacer territorio que tiene el campesino de pequeña escala, el de economías de tipo familiar y comunitaria.

El término agricultura campesina ha sido discutido. Algunos prefieren hablar de agricultura familiar o de agricultura de pequeña dimensión. Se puede opinar de varias maneras, pero lo esencial es el contraste entre una agricultura organizada de manera “industrial”, en función de la lógica del capital, o una producción orientada por campesinos autónomos con una perspectiva holística de la actividad agrícola (incluyendo el respeto de la naturaleza, la producción orgánica, la salvaguardia del paisaje); en otras palabras, una agricultura orientada por el valor de uso versus una actividad agraria basada sobre el valor de cambio. La agricultura indígena de forma especial, se corresponde con estos criterios (Houtart, 2015).

Cuando el territorio es construido en función del crecimiento y el buen vivir de núcleos familiares o comunidades, se habla

Desarrollo territorial desde economías campesinas de tipo familiar y comunitaria

de proyecto territorial: de cómo la familia o la comunidad construyen valores, vínculos y arraigos en torno a unas prácticas determinadas de transmisión cultural, básicamente desde símbolos e identidades; de sustentabilidad, dado que la misma sabiduría heredada en vínculos inteligentes con su entorno habla de equilibrios con el medio físico, con su ciclo productivo, con las necesidades humanas. “La promoción de la agricultura campesina es central (…) ella tiene muchas funciones, desde el autoconsumo hasta la alimentación de la población urbana; pasando por la conservación de la biodiversidad y el cuidado de los suelos” (Houtar, 2015).

Es este proyecto territorial el que alienta las prácticas académi- cas-investigativas, la posibilidad de contemplar otras formas de hacer el mundo, de interactuar con ellas y enriquecerlas mu- tuamente. La confluencia de saberes con sus horizontalidades, verticalidades y fluctuaciones definidas, no tanto en el modelo explicativo general heredado del cartesianismo, sino en la ex- periencia misma, en las necesidades que la situación define, como bien lo sintetiza Houtart (2015):

Para el futuro, la solución no se encuentra en un capitalismo oligárquico vinculado con el capital financiero. Tampoco la continuidad de un capitalismo moderno dará la respuesta que no ha podido proponer durante la última década. Se trata de una nueva propuesta, basada sobre una refundación del proyecto, como un elemento de una transición hacia un paradigma post-capitalista.

III.

Un análisis situado: el ordenamiento y