4. Marco teórico conceptual
4.2. La salinidad del suelo
4.2.4. Técnicas de recuperación de suelos salinos
Para la recuperación de suelos salinos y/o alcalinos según Pizarro, 1977, comúnmente se utilizan dos técnicas fundamentales: lavado de sales y aplicación de enmiendas químicas.
Además de estas dos técnicas básicas, se deben utilizar algunas prácticas complementarias tales como subsoleos, incorporación de materia orgánica, etc., cuya función principal es aumentar la eficiencia de las técnicas básicas.
a) Métodos de Lavado
Un procedimiento que se utiliza comúnmente para evacuar las sales de los suelos salinos es su lavado, que consiste en hacer pasar a través del suelo una cierta cantidad de agua que arrastra las sales existentes fuera de la zona radicular.
Para tal efecto se pueden realizar dos tipos de lavados que se denominan de mantenimiento, y que consisten en:
Aprovechar el riego para lavar el suelo, añadiendo en cada aplicación agua en exceso.
Realizar lavados periódicos independientes del riego. Estos lavados pueden tener una frecuencia anual, semestral, etc., en función de los factores que influyen en la salinización y en función también de otros factores como épocas de cosecha, disponibilidades de agua, etc.
El primer paso que se requiere para la corrección de suelos salinos es la instalación de drenes (abiertos o subterráneos) para evacuar las sales solubles y el segundo paso es la corrección de los suelos salinos añadiendo un exceso de agua para lavar las sales.
Para realizar el lavado de sales, se recomienda primero nivelar el terreno, cuidando de eliminar los pequeños montículos. Luego se forma alrededor de las parcelas niveladas
24 los camellones. Previamente conviene eliminar de la parcelas la vegetación y dar un subsolado o laboreo de 25-30 cm, con objeto de facilitar la infiltración del agua.
La altura de los camellones depende de la cantidad de agua a aplicar, ya que cuanto mayor sea la lámina de agua más efectivo será el lavado (Pizarro, 1997).
Para lograr la máxima efectividad del lavado es importante fraccionar el agua en varias aplicaciones:
En la primera aplicación se añade el agua necesaria para elevar la humedad del suelo a capacidad de campo (CC).
La segunda se realiza dos o tres días después, es decir, luego de que el agua de la primera aplicación ha disuelto gran cantidad de sales, que son fácilmente eliminadas en las aplicaciones posteriores.
A medida que las aguas van pasando por el perfil del suelo, se van lavando las sales más solubles (cloruros de sodio y magnesio y sulfato de magnesio), mientras que el sulfato sódico tarda más en disolverse, sobre todo en aguas frías. El yeso presente en el suelo no es afectado prácticamente por los lavados.
En general, la eficiencia de los lavados es mayor cuando se efectúan en la estación cálida, debido a que la solubilidad de las sales aumenta con la temperatura. En el caso del sulfato sódico, su lavado es muy difícil a temperaturas bajas, porque la sal forma precipitados que no son arrastrados por el agua.
Sin embargo, los lavados aplicados al suelo, no solo lavan las sales sino pueden ocasionar pérdidas de algunos nutrientes importantes (uno de los elementos más expuesto a estas pérdidas es el nitrógeno). En ese sentido es necesario compensar estas pérdidas mediante la aplicación de fertilizantes.
25 Si bien este método de lavado puede ser eficiente, si se dispone de suficiente cantidad de agua y medios para su implementación, en condiciones del altiplano es más complicado, por los costos, tenencia de la tierra, calidad y escases de agua, entre otros
En ese sentido, el agua de lluvia puede cumplir este papel, debido a que prácticamente no contiene sales. Su eficiencia depende de que la mayor parte de las lluvias torrenciales no escurran y más bien se infiltren favoreciendo el lavado. Para este efecto es condición de que el suelo tenga buen drenaje.
b) Lavados aplicados con el riego
Cuando se trata de terrenos ya desalinizados en los que se pretende evitar la resalinización, las necesidades de lavado se suelen expresar como un porcentaje del agua de riego aplicada. En general, el agua necesaria para el lavado se aplica junto con la del riego, añadiendo una cantidad excesiva, de forma que una vez que el suelo alcanza la capacidad de campo, el exceso de agua percole las sales hacia las capas más profundas.
Uno de los problemas que se tiene para poder lavar adecuadamente los suelos salinos, es que no se disponga de suficiente cantidad de agua y/o que se tengan problemas de calidad de las aguas.
Para determinar la eficiencia del lavado es conveniente analizar las aguas de drenaje y determinar la cantidad relativa de sales eliminadas en comparación a las aguas añadidas al terreno, así mismo es necesario muestrear el suelo hasta una profundidad de aproximadamente 1.8 m para determinar los elementos que la conforman.
Los cálculos de agua que se deben añadir al suelo, se basan principalmente en las cantidades de agua requeridas por los cultivos, la capacidad de agua que se puede almacenar en el suelo y la cantidad de agua necesaria para lavar las sales hasta una profundidad definida.
26
c) Aplicación de enmiendas químicas
La corrección de los suelos sódicos es más complicada que en los suelos salinos (Thorne y Peterson, 1963), en razón de que no solo se requiere reemplazar el sodio intercambiable con calcio, sino mejorar sus propiedades físicas para promover el lavado del sodio.
El calcio necesario para reemplazar el sodio intercambiable puede provenir del suelo, del agua de riego o de las enmiendas añadidas. La aplicación de enmiendas químicas (mejoradores) en los suelos alcalinos tiene como objetivo favorecer la sustitución del Na intercambiable por el Ca de la enmienda. La aplicación de las enmiendas se realiza cuando hay un exceso de Na en el suelo y por lo tanto presentan un PSI elevado (>15 %).
Existen diversos tipos de enmiendas químicas que se pueden utilizar en la recuperación de suelos sódicos, que pueden agruparse en: sales solubles (yeso, cloruro cálcico), ácidos o formadores de ácidos (azufre, poli sulfuró de calcio, ácido sulfúrico, sulfatos de hierro y aluminio), sales de calcio de baja solubilidad (caliza) y residuos industriales (espuma de ingenios azucareros, otros).
La elección de una u otra enmienda dependerá en gran medida de las características fisicoquímicas del suelo, disponibilidad de la enmienda y de los recursos disponibles.
27
5. Metodología