Este trabajo, entonces, buscará establecer un recorrido sobre algunas maneras de pensar estas relaciones en entornos específicos, en los cuales una parte significativa de la población se reconozca como comunidad originaria.
Este tema presenta, a lo largo del territorio de la República, diversas particularidades que están en íntima relación con un hecho fundamental, y es que las comunidades originarias suelen tener diversas características de conformación social, de organización e integración a los espacios que les abrió el recambio constitucional de 1994, de acceso y relación con la tierra, y de expectativas en su relación con la actividad turística como tal. Pero, fundamentalmente, de historia y de identificación con los espacios específicos en análisis, tanto desde su punto de vista como del de los demás partícipes de las relaciones de poder locales.
Nuestro trabajo será un análisis de trabajos anteriores que toman como caso de estudio Tafí del Valle, en la provincia de Tucumán y su entorno turístico, y sobre los distintos trabajos de campo realizados efectuaremos una lectura que permita un primer acercamiento a la problemática en análisis.
Este pueblo es un espacio eminentemente rural, y por lo tanto también es bueno tener en cuenta el desarrollo del consumo de lo rural, sobre todo como atractivo turístico. Este consumo tiene varias fases de desarrollo, y no es un modelo americano sino que es aplicado en casi todo el mundo, partiendo de la premisa que la diversificación de ingresos permite un mayor desarrollo local. En este espíritu, podemos coincidir con las apreciaciones de Posada (1999) En segundo término, como consecuencia del rescate de los valores rurales (o supuestamente rurales) por parte de los urbanitas, éstos comienzan a re-visitar literalmente al medio rural. Si se quiere, el campo pasa a ser un objeto de consumo por parte de la ciudad (primero, como consumo ideológico-cultural, después, como consumo espacio-ocio). Los habitantes urbanos comienzan a trasladarse hacia el campo, tanto temporal como permanentemente. El fenómeno de la segunda residencia, la vivienda permanente en el espacio periurbano propiedad de ex- urbanitas, el disfrute vacacional en el espacio rural, las salidas de observación de la naturaleza (avistajes de aves, safaris fotográficos), las excursiones de corta duración de índole cultural- rural o histórico-rural, la práctica sistemática de deportes (nuevos unos, tradicionales otros) que requieren de territorios naturales, la organización de degustaciones culinarias en lugares tradicionales del medio rural, y un largo etcétera son expresiones de aquel consumo de lo rural.
Este consumo de lo rural es evidente en Tafí, cuyas actividades turísticas son, si bien no excluyentes, si predominantes. Y en estos contextos los espacios públicos juegan un papel crucial, sobre todo si tenemos en cuenta que son no solamente lugares para expresar políticas,
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sino también para enlazar sociabilidades muy específicas. Los tiempos de las relaciones sociales en el espacio rural son distintos de los tiempos en lo urbano, acercarse a una plaza, a una zona de intercambio mercantil puede ser una tarea que demande no solamente tiempo de transporte, sino también tipos específicos de transporte para sortear obstáculos naturales precisos.
Caractericemos brevemente a Tafí del Valle. Es un poblado rural que se encuentra en la provincia de Tucumán. Si bien hay registros de poblaciones pre-incaicas, para los fines que interesa a este trabajo los procesos poblacionales en la zona estuvieron sujetos a fuertes cambios durante la población española, signados por los resultados de las guerras calchaquíes, que implicaron movimientos de despoblación y la posterior fijación de encomiendas en su entorno y la organización a principios del siglo XVIII de la estancia jesuítica que daría origen a la población de la hoy llamada Banda del Río (con la expulsión de la orden jesuita, el territorio paso a manos privadas y se constituyeron tres estancias que abarcaban la totalidad del valle).
Posteriormente, en el siglo XIX los movimientos de población local se encontraron fuertemente influenciados por los tiempos agrícolas, en los que la mayor parte de la misma participaba de la zafra.
A mediados del siglo XX se producen dos hechos concomitantes: el quiebre de la industria azucarera y el asfalto de la ruta 307, que une San Miguel de Tucumán con Tafí del Valle. De esta manera se facilitaron la subdivisión de tierras y el consiguiente proceso de urbanización de la villa por parte de los veraneantes (Bedrich Morales Gaitán & Rainer, 2013; Camerlingo, Andrea & Manasse, 2007). Este proceso produjo nuevos paisajes, y una nueva apropiación del espacio público por un grupo de turistas de segunda residencia conocido como los veraneantes.
En este punto tenemos que establecer una primera mirada de atención: los veraneantes tafinistas han desarrollado, a lo largo de casi un siglo, distintas conductas, algunas de ellas estratégicas, otras que canalizan relaciones sociales desiguales de larga data, con quienes ellos denominan los lugareños. Y por lugareños entienden a las poblaciones criollas y originarias con las que, a raíz de los procesos antes descriptos, configuraron la “villa” turística. La expansión a partir de mediados del siglo pasado suplió la falta de demanda de trabajo agrícola con empleo en la construcción y en el mantenimiento de las residencias vacacionales, y el posterior avance del poblado significaron también el desarrollo del Estado como empleador, pasando Tafí en la década de 1970 a ser municipio y fundándose una escuela a mediados de la década de 1980.
Como bien describe Pastor en su tesis (Pastor, 2008), así como en sus trabajos posteriores (Pastor & Fuentes, 2014 entre otros) esta relación no deja de estar cruzada por el hecho de que ambos grupos se presentan como la comunidad local, contraponiéndose a los turistas, quienes en su concepto, son quienes pasan cortas temporadas en la zona. En este contexto, es importante tener en cuenta que algunos veraneantes, no contentos con el rumbo que seguía la conducción política del municipio, se registraron electoralmente en el mismo, conformando un caudal electoral con suficiente significación como para formar parte del gobierno local.
Esta primera presentación parecería oponer a un paisaje rural, con espacios públicos específicos y tendientes a la sociabilidad de una población con alto grado de dispersión una presión global que, al amparo de coyunturas económicas y sociales desfavorables, cambió las características del pueblo para transformarlo en un espacio de consumo. El auge inmobiliario
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que se inició en la década de 1990 y que fue impulsado por la misma tendencia que en el resto del país privilegió la inversión inmobiliaria por sobre los procesos de inversión bancaria y bursátil no hacen más que reforzar esta visión. Sin embargo la dicotomía local-global, si bien es útil para describir procesos en una etapa hipotética, no describe la multiplicidad de relaciones que se han tejido en el pueblo, como tampoco describe la distinción turista-comunidad local el entramado de relaciones que se plantean en el mismo