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Fue su decisión unirse, conformar un grupo de artesanas de siete mujeres emprendedoras y completamente diferentes, algunas de ellas muy jóvenes, otras más adultas y hasta abuelas. Cinco de ellas colombianas, dos de ellas venezolanas. Todas comparten una misma realidad, viven en Ciudad Sucre, aquellas mujeres que son colombianas vivieron experiencias bastante similares, los relatos y los hechos que las llevaron a refugiarse en el país vecino están marcados por sentimientos y decisiones únicas e irrepetibles. Aquellas mujeres que son venezolanas, dan cuenta de una historia completamente diferente. Ellas, al no haber vivido el conflicto colombiano en su amplitud tienen una mirada que está atenta a las dinámicas resultantes de ese conflicto, en las cuales es posible que personas del otro lado vengan a vivir a su territorio. La incertidumbre de saber quiénes llegan, en qué condiciones y por qué razones, pueden causar rechazo y poca aceptación, pero este no es el caso.

Este apartado centra la atención en identificar y comprender las estrategias comunitarias no-violentas generadas por las mujeres refugiadas, las cuales se organizan en un grupo de artesanas; identificando de manera paralela las apuestas

y logros que esta estrategia presenta frente a los procesos de construcción de paz local.

El elemento primordial que posibilita la existencia de estrategias comunitarias gira en torno a la presencia de redes sociales, las cuales se evidencian a partir de vínculos interpersonales, que conectan a los individuos con un espacio social determinado, y gestan nuevos escenarios reales y simbólicos en los que se hacen posibles procesos de cambio ( Lederach, 2008).

Según los datos arrojados por el grupo focal, se identifica que los vínculos interpersonales fueron establecidos a partir de elementos conectores que facilitaron dicha relación. Entre estos resalta la presencia del género, femenino en este caso, como el primer elemento unificador que responde de manera inmediata a los roles sociales prestablecidos, como lo son la maternidad y las labores domésticas. Seguido de éste, se identifican como elementos de unión la nacionalidad, el ser solicitantes de refugio y la presencia en un mismo territorio que expone realidades comunes (ver anexo 3).

Los escenarios anteriormente expuestos, consolidan a la mujer como un sujeto determinante en la interconectividad comunitaria, pues tiene la habilidad de articular los intereses presentes en la esfera privada y pública, logro que se consolida a partir de la presencia de vínculos sociales. Reconociendo el protagonismo de las mujeres en las diferentes esferas laborales, ya sea con tendencias productivas, reproductivas o comunitarias, (Lagarde, 1994), se consolidan las dinámicas laborales como fuertes escenarios de interacción, plataformas que posibilitan el fortalecimiento de vínculos sociales coordinados e independientes que permiten la aglomeración de necesidades, intereses y motivaciones.

Las dinámicas de trabajo y el desarrollo de las tendencias expuestas evidencian las condiciones contextuales en las cuales se desarrolla la vida cotidiana de las mujeres, así mismo se exponen las carencias materiales o la insatisfacción de necesidades básicas que se buscan satisfacer (García - Leiva, 2005). Estas

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condiciones se encuentran enmarcadas en posiciones o roles sociales, estructurados y fijos en un entramado comunitario, que responden a dinámicas de poder que sobreponen los roles masculinos sobre los femeninos.

Se debe lograr que las estrategias comunitarias posicionen nuevos espacios en los cuales se logre la participación libre y autónoma de las mujeres (Scott, 1986), permitiendo que, a partir de los vínculos sociales, se establezca el sentido, el propósito y el rumbo de las transformaciones sociales que se desea realizar, en pro de los procesos de construcción de paz local.

Es fundamental que las estrategias comunitarias logren la movilidad vertical de sus objetivos, como maniobra flexible para vincular los diferentes actores sociales que se encuentren en niveles altos, medios y bajos. En palabras de Lederach, 2008,

“ La clave para la construcción de paz es recordar que el cambio … debe vincular y

poner en relación a grupos de personas, procesos y actividades que no están

situados en los mismos sitios, ni son de la misma opinión… pensar en una red es

encontrar el lugar en donde las relaciones y las plataformas tenga potencialidad de

incidir sobre el todo…” (pág. 134).

Teniendo presente la experiencia que desarrollan las mujeres solicitantes de refugio, al consolidar como estrategia comunitaria la conformación de un grupo de mujeres artesanas, es importante resaltar las motivaciones que las llevaron a materializar dicha idea, como también las limitaciones a las cuales se han visto enfrentadas. A partir de los datos arrojados por el trabajo de campo, los aspectos a los que responde la unión del grupo, se ven relacionados con la presencia y desarrollo de capacitaciones promovidas por el SJR, quien generó el primer espacio de interacción entre las mujeres, al brindar herramientas que permitieran satisfacer actividades laborales productivas. El desarrollo y presencia de vínculos internacionales se fue logrando de manera progresiva a lo largo de los talleres o capacitaciones, resaltando los elementos comunes que presentaban cada una de ellas. La posterior conformación del grupo de mujeres artesanas, responde a dinámicas espontaneas, en las cuales prevalecen las cercanías generadas a través de los vínculos sociales, y llevan a las mujeres a establecer objetivos y deseos

comunes, que permite pensar espacios de interacción constante, como lo es el taller de artesanías.

El taller de artesanías, se consolida en un nuevo escenario que enmarca a dinámicas laborales productivas y comunitarias en pro de garantizar nuevas condiciones económicas, y responde de manera paralela a la necesidad emocional de apoyo y respaldo. Las diferentes necesidades confluyen en las condiciones y características contextuales a las cuales se enfrentan diariamente las mujeres solicitantes de refugio.

De esta manera, se evidencia que las mujeres artesanas le apuestan a los vínculos sociales creados entre ellas, como una primera etapa de la conformación de la telaraña – Armazón A11- ( ver anexo 7) , para construir y establecer espacios sociales dentro de la cotidianidad –Taller de artesanías- que permitan el fortalecimiento de los vínculos y posteriormente puedan generarse procesos de cambio.

Dinámica que responde a los presupuestos teóricos de Lederach, quién lo explica de la siguiente manera: “No se trataba de salir del lugar donde estaba sucediendo el conflicto para hallar respuestas a sus retos fuera de él… Se trata de encontrar recursos basados en las relaciones, conectores y espacios sociales dentro de escenarios que tuvieran capacidad de generar procesos de cambio” (Lederach, 2008, pág. 126).

Las apreciaciones y relatos de las mujeres artesanas, expuestos en la entrevistas a profundidad, evidencian de forma clara las transformaciones vitales que se generaron a partir de la conformación de vínculos inter-relacionales entre ellas, es

decir partir de la conformación de la “telaraña”. Se evidencia así que la presencia de una red comunitaria es fundamental para responder a las adversidades que se presentan en el limbo jurídico en el que estas mujeres se encuentran. Cabe resaltar que uno de los objetivos principales, a los cuales responden la red y las estrategias

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Concepto desarrollado por Lederach 2008. Pág. 129. Representa la primera etapa del garabato #3: “ El proceso de la telaraña”. Se define como el comienzo de la red, fijando los primeros puntos de anclaje exteriores los cuales se cruzan y conectan en el eje central.

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comunitarias, es al apoyo incondicional que se presenta frente a las dimensiones humanas, y especialmente frente a las dinámicas contextuales que trae ser solicitante de refugio en ese territorio. En palabras de una de las mujeres artesanas

“… empezamos a relacionarnos… Y ahí es donde ésta historia se convirtió en un antes y en un después y mi vida cambio totalmente” (Entrevista # 4, pág. 2).

De esta manera, se hace efectivo el cumplimiento de “ la serendipia, la cual se encuentra guiada por la sabiduría y sentido de supervivencia que se adquiere de manera grupal, reconociendo que el bienestar individual es posible a partir de la

existencia de fuertes lazos relacionales sustentados en el bienestar común”

(Lederach, 2008, pág. 179).

Además de las necesidades emocionales a las que se responde a partir de la red y la constante interacción en el Taller de artesanías como escenario de encuentro, es importante resaltar el carácter laboral productivo que cumplen las acciones desarrolladas por estas mujeres. En primer lugar, el beneficio económico que representan los oficios extras, pues al no tener documentos oficiales que reconozcan el status de refugio, el acceso y posibilidad de trabajo formal es considerablemente limitado. De igual manera, se identifica en las narrativas del grupo de artesanas la transición en las dimensiones laborales, permitiendo posicionar los objetivos del grupo en campos de trabajo comunitario, en donde lo más importante radica en las acciones conjuntas que se puedan realizar en pro del bienestar de la comunidad, materializando las acciones en la prestación de servicios o eventos sociales. En respuesta a esta dimensión, las mujeres artesanas han desarrollado talleres vacacionales, en los cuales establecen nuevos escenarios de interacción con niños y jóvenes de la comunidad, enseñando técnicas artísticas, y sobre todo proponiendo tareas creativas que alejen a esta población de una posible vinculación a los grupos armados y las economías ilegales de la región.

A partir del análisis de la información recolectada, se evidencia que las estrategias comunitarias propuestas por las mujeres artesanas no logran ser movilizadas de manera vertical, permaneciendo de manera fija en la base y perpetuando relaciones

horizontales, no alcanzando los elementos necesarios para desarrollar proxémia. Esta situación puede ser explicada desde la ausencia del reconocimiento jurídico del estatus de refugiado, dinámica que consolida un primer escenario de violencia simbólica y legal frente a la garantía de los Derechos Fundamentales. En consecuencia, se dificulta la integración comunitaria y el acceso legítimo a la participación de escenarios políticos de aglomeración de intereses.

Estos elementos hacen que las mujeres artesanas centren la mayor parte de su atención y energía a atender demandas emocionales generadas por estructuras de violencia simbólica, situación que fortalece y alimenta la presencia de la red, como elemento vinculante entre ellas. Sin embargo, impide la proyección de objetivos concretos con mira a la consolidación de proyectos y escenarios comunitarios que permitan exponer y dinamizar objetivos de transformación de aquellas estructuras violentas.

Las dificultades que se presentan para consolidar proyectos con alcances políticos, puede abordarse desde la ausencia de levadura social, y la vez la conexión de ésta frente a la masa crítica. Estos dos conceptos teóricos, propuestos por Lederach (2008), se consolidan como el motor de las estrategias colectivas para transformar realidades, pues identifican la capacidad humana de generar, movilizar y crear condiciones y herramientas orientadas hacia la transformación de valores y estructuras violentas. Así mismo reconocen la importancia en la flexibilidad y creatividad de las acciones, no tanto el apoyo numérico a éstas.

Según el tipo de propuestas y actividades realizadas por las mujeres artesanas, se puede evidenciar que han comenzado a descubrir nuevas capacidades individuales y la importancia de trabajar en colectividad para lograr construir nuevos espacios y movilizar recursos, elementos que señalan tendencias de levadura social dentro del grupo de las mujeres artesanas.

Las mujeres artesanas han comenzado a conformar el inicio de un proceso de construcción de paz local, el cual se sustenta en la presencia y fortalecimiento de la

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artesanías y en los talleres vacacionales, escenarios de interacción fundamentales y potenciales para generar procesos de cambio. Sin embargo, la ausencia de un sentimiento de acceso y posibilidad de expresar la voz comunitaria en instancias públicas, debido a la perpetuación de estructuras violentas que atentan en contra de su dignidad, pone en duda la identidad que han tratado de consolidar a partir de la creación del grupo de artesanas.

Con el fin de continuar en la evolución del proceso de construcción de paz local, Lederach propone la necesidad de hacer apuestas colectivas orientadas hacia:

“La imaginación moral es la capacidad de crear una voz entre lo local y lo público. Ser moral es la esencia de verse en el cuadro más grande de las relaciones, y de

mantener a las personas, no a las estructuras creadas por la humanidad, en el

centro de la vida” (Lederach, 2008, pág. 103).

Teniendo presentes los elementos teóricos planteados con anterioridad, así como la descripción de la propuesta de artesanías desarrollada por las mujeres solicitantes de refugio, es fundamental reconocer que dichas mujeres han consolidado como estrategia principal, no-violenta, la creación de un taller de artesanías mediante el cual logran posicionar un nuevo escenario de encuentro y de interacción, conjugando las esferas públicas y privadas. Como logro fundamental de dicha estrategia, se encuentra la iniciación de la “telaraña” evidenciada en el Armazón A, la cual ha sido guiado por la serendipia, pues reconoce que el bienestar individual es posible a través de las relaciones que permitan alcanzar bienestar colectivo. Sin embargo, se hace presente que el taller de artesanías no logra la movilización vertical de los objetivos propuestos. Dicha limitación se encuentra acompañada de elementos que se explican a partir de la lucha de géneros, los cuales serán expuestos en el próximo capítulo, a través de las percepciones comunitarias que se tienen frente a las mujeres artesanas.

5.3 Percepciones de la comunidad de Ciudad Sucre acerca de las mujeres

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