5. CIUDADANÍA Y PRECIUDADANÍA: REDEFINIENDO LOS LÍMITES
5.1 Qué tan factible es desde el desarrollo cognitivo, lograr desarrollar predisposiciones
A pesar de que no es tan común encontrar argumentos enraizados en la psicología cognitiva, los avances hechos en este campo resultan ser muy interesantes y pertinentes para esta investigación. En esta medida, Jean Piaget, uno de los teóricos del desarrollo más importantes de la psicología contemporánea, expone que son fundamentales considerar las estructuras cognitivas pues estas interactúan con el medio y van cambiando de acuerdo a la etapa en la cual se encuentre el individuo, por lo cual están en permanente desarrollo. Este cambio de estructuras, se explica por un principio de equilibrio que consiste en que toda situación que represente un problema para el individuo, se enfrenta con cierta estructura preexistente. Si dado el caso, la estructura es inefectiva, el individuo se
desequilibra cognitivamente y el cerebro empieza a generar estrategias para lograr el equilibrio. En últimas, se infiere que para Piaget el objetivo del desarrollo es la adaptación y por tanto, se deben dar procesos de asimilación y acomodación (Piaget, 1986).
A pesar de que ha recibido críticas sobre la vigencia de sus postulados, otros modelos se han seguido basando en Piaget, tal es el caso de Kohlberg (1969) quien sostiene que los niños no pueden dar juicios morales sólidos sino hasta cierta etapa cognoscitiva, en la cual puedan ponerse en “los zapatos del otro” y hayan dejado de lado en cierta medida, el egocentrismo característico de su etapa temprana. Otro de los teóricos importantes que se deben considerar en el tema del desarrollo cognitivo es Lev Vigotsky quien argumenta que el contexto en el cual se encuentra el individuo es vital para entender la conducta humana. Un interesante postulado es que el adulto es una especie de “mediador” de la cultura para el niño y por ende es una figura clave a la hora de entender procesos de socialización y sobre todo de internalización de los patrones culturales; cabe decir que el lenguaje es clave no solo para internalizar estos símbolos sino para que sean operativos en la acción.
El primero que relacionó los modelos anteriores con el desarrollo político fue Cook (1985), quien expone que el mundo del niño no está dividido en áreas y que por tanto lo político no se podría separar. La socialización política emerge a temprana edad, influenciada indiscutiblemente por el proceso de socialización latente (es decir, no es manifiesta o explícita), el cual se da precisamente en esa etapa temprana. Entre los hallazgos teóricos que sustentan mejor este tipo de aseveraciones, están el modelo de desarrollo de la identidad de Erikson (1985), el cual reconoce que existen tres etapas de desarrollo en edad temprana, de acuerdo a los tipos de problemas que se resuelvan. La primera va de los 0 a 18 meses, en la cual el bebe se enfrenta a crisis que implican situaciones de confianza y desconfianza, indiscutiblemente determinadas por el lazo afectivo con la madre. La segunda etapa, va de los 18 meses a los tres años de edad, en la cual al niño se le presentan circunstancias en las que debe versar entre seguir la autoridad familiar o actuar de acuerdo a sus impulsos. Finalmente, de los 3 a los 6 años, se presentan conflictos entre iniciativa personal enfrentado a sentimientos de culpabilidad, no solo mediados por la madre sino por otros miembros de la familia.
Este modelo, ha tenido gran acogida en ciertos círculos académicos puesto que supera limitaciones de la teoría de Piaget relacionadas con la omisión que él hace del tema de desarrollo político, porque en el modelo de Erikson se infiere que superadas esas etapas se pueden sustentar formas de lealtad e identificación con el sistema político. En otras palabras, se propone que los lazos de afecto constituidos en el núcleo familiar repercuten en el desarrollo político de los niños, debido a que las autoridades familiares son transferidas y de alguna forma son análogas a las instituciones y símbolos políticos.
Otro argumento bastante interesante es que “durante la etapa cuasipolítica tienen lugar algunas de las primeras experiencias de participación en organizaciones sociales, definición, identificación y actuación de roles (...) y primeras manifestaciones de sentimientos de equidad, entre otros factores condicionantes de la formación de predisposiciones políticas y conductas de participación” (Pizarro y Palma en Pizarro, 1997:25).
A partir del siguiente cuadro de Manzi y Rosas (Op.cit) se establece con claridad el tema de la evolución de los sujetos políticos. Este ha considerado los aportes de Moore (1989), quien a su vez se basó en Kohlberg y Piaget.
Etapas Prepolítica (4-7 años) Cuasipolítica (7-12 años) Política (12 en adelante) Conocimiento Transferencias del
universo afectivo- cognoscitivo familiar al sistema político Estructuración lógica de objetos políticos (autoridades, instituciones y símbolos) ya internalizada Consolidación de la capacidad lógica. Moralidad Preconvencional: Responde a las sanciones externas de castigo y recompensa. Convencional: Internalización de patrones de conducta esperados. Autónoma: Capacidad de oposición a expectativas de autoridad. Tabla No. 1. (Pizarro y Palma, en UNICEF, 1997: 26)
Complementando el argumento cognitivo, que sustenta la posibilidad de formación efectiva de conductas políticas a temprana edad, se encuentran otras corrientes como la psicología evolutiva, que dan cuenta de la importancia de la neurofisiología, la biología, etc, al momento de explicar el
comportamiento.
Gráfica No. 5. “Tres niveles complementarios de explicación en la Psicología Evolutiva”. Tomado de: Cosmides y Tooby, 1997.
Como se observa en la gráfica, existe una base neurofisiológica que sustenta la adaptabilidad del sistema nervioso central en edad temprana, esto se conoce como “plasticidad cerebral”. Esta, se expresa sobre todo en la etapa de 0 a 5 años, y diversos estudios de universidades europeas indican que durante este periodo la sinapsis (conexión neuronal) se hace más rápida por lo cual los niños hacen tareas con mayor rapidez y establecen de manera sorprendente nuevas conexiones motoras, linguisticas, cognitivas y sensoriales (Hérnandez-Muela, 2004:38). Esto nos lleva a contemplar la idea de que cada comportamiento tiene componentes tanto culturales como biológicos, en la medida en que tiene causas ambientales y genéticas (Sidanius y Kurzbar, 2003:153), por lo cual es aún inacabado el largo camino hacia explicaciones realmente integrales y completas del comportamiento.
Considerando toda la potencialidad que presentan los argumentos cognitivos y biológicos, sumado al importante papel que desempeña la escuela y la familia como agentes socializadores, cabe decir, que no solo importa que se estructure un discurso de participación política sino que se tiene que presentar un escenario en donde esas palabras se materialicen y logren efectivamente crear contextos de confianza, solidaridad y respeto. Este sustento psicosocial es el primer indicio de la posibilidad de crear escenarios de preciudadanía en la familia, la escuela y otras esferas sociales, para los cuales no solo es necesario el compromiso gubernamental sino el cambio en las percepciones de los adultos sobre el rol que juega el niño en la casa, la escuela, el barrio y la sociedad. Esta concepción puede incorporar de manera acertada, la multidimensionalidad de la
ciudadanía que presenta Enrique Chaux en el programa “Aulas en Paz”, la cual se sustenta en tres retos:
1. “El reto de convivir pacífica y constructivamente con otros que frecuentemente tienen
intereses que riñen con los nuestros (Eje de Convivencia y Paz).
2. El reto de construir colectivamente acuerdos y consensos sobre normas y decisiones que
nos rigen a todos y que deben favorecer el bien común (Eje de Participación y Responsabilidad
Democrática).
3. El reto de construir sociedad a partir de la diferencia (Eje de Pluralidad, Identidad y Valoración
de las diferencias)” (Chaux, Lleras y Velásquez, 2004: 18-19).
El principal reto para la sociedad en general, es lograr superar las barreras que culturalmente han sido impuestas tras cientos de años, en donde la condición de infancia fue vista, en muchos casos, como una condición de inferioridad y mistificación, desconociendo la inmensa potencialidad de ir preparando el terreno para un ejercicio de la ciudadanía más crítico y reflexivo. Lo inquietante no es pensar esta categoría solo como un insumo para la formación de ciudadanos futuros, sino de una infancia que en sus contextos particulares, sea activamente participativa y consciente del importante rol que desempeña en su comunidad. En últimas, para consolidar un sistema político democrático requerimos una base ciudadana que posea un conjunto de competencias cívicas, es decir, el reto estriba en que, desde la educación principalmente, necesitamos construir ciudadanía como tal.
6. ESTUDIO DE CASO: LAS COMPETENCIAS CIUDADANAS DESARROLLADAS EN