Lusinchi viaja a Uruguay
Al iniciar mis labores como jefe de Estado Mayor del Ejército solicité a la Dirección de Inteligencia la información existente sobre los COMACATES. Al revisar el expediente noté que era muy pobre y seguía pistas falsas. Me di cuenta de que yo conocía más detalles sobre los golpistas que la Dirección de Inteligencia del Ejército. Era evidente que alguien había estado manipulando la documentación de personal e inteligencia dentro del Comando del Ejército, lo cual a su vez indicaba que existía una organización que había infiltrado el Ejército. Esta realidad me aguijoneó para ahondar mis investigaciones.
En ese proceso pasaron tres meses. El lunes 24 de octubre de 1988, a poco más de un mes para las elecciones presidenciales de ese año, Lusinchi viajó a una Cumbre Presidencial en Punta del Este, Uruguay. Entonces se rumoraba que había una crisis económica en puerta debido a que las arcas públicas estaban vacías. A la reunión asistieron los mandatarios de Argentina, Brasil, Colombia, México, Perú, Uruguay y Venezuela. Estos países eran miembros del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación política de la región. Al partir Lusinchi dejó encargado de la presidencia a Simón Alberto Consalvi, su ministro de Relaciones Interiores. El regreso estaba previsto la noche del viernes 28 de octubre.
En la comitiva presidencial Lusinchi incluyó al comandante del Ejército, el Gen. Troconis. Antes de partir, Troconis designó al Inspector el Gen. Bastardo encargado temporal del Comando del Ejército. Durante esta breve ausencia ocurrió un extraño incidente que me convenció de que el movimiento subversivo existía y que estaba activo. La salida de los vehículos blindados del Batallón “Ayala” y la detención del presidente encargado me persuadieron de que la historia de los COMACATES no era una leyenda urbana.
La noche de los tanques
El miércoles 26 de octubre a mediodía Bastardo me llamó por teléfono y me informó que esa tarde debía ausentarse porque necesitaba hacer diligencias particulares. Al irse me dejó encargado accidental del Comando del Ejército. Al terminar las labores de ese día a las cinco de la tarde me quedé una hora adicional verificando que las grandes unidades de combate estaban sin novedad. A las 6 PM fui a mi casa ubicada a quince minutos de la Comandancia. En ese momento todo estaba en calma esperando el regreso del presidente Lusinchi. Poco después de llegar a mi residencia en la Urbanización Colinas de Bello Monte, recibí una llamada del coronel Serapio Romero Mendoza, el oficial de guardia de la Comandancia. Visiblemente agitado me preguntó:
—Mi general, ¿usted ordenó la salida del Batallón Ayala a la calle?
Al responderle que no, Romero me informó que el Grupo de Caballería Mecanizado general Juan Pablo Ayala, equipado con vehículos blindados a rueda Dragón, había salido de Fuerte Tiuna dividido en dos columnas. Una al mando del mayor José Soler Zambrano salió en dirección hacia el Círculo Militar y la otra al mando del capitán José Echeverría
Márquez se dirigió hacia el centro de la ciudad. De inmediato impartí órdenes de contactar a las dos columnas vía radio conminándoles que se devolvieran a su cuartel. A las 6:30 PM me dirigí a la Comandancia.
En el trayecto traté de contactar a Bastardo, pero no lo localicé. Luego llamé al Gen. Heinz Aizpurúa, el jefe del Comando Estratégico del Ejército, la unidad de encuadramiento del “Ayala”. Esa gran unidad de combate incluía la 3a Brigada de Infantería comandada por Gen. José de La Cruz Pineda. Esa unidad incluía al “Ayala”, cuyo jefe era el Tcnel. Pablo Enrique Querales Rivero.
Al responder mí llamada Heinz me indico no saber que ocurría y que tanto el comandante del batallón Ayala como el de la ٣ª Brigada estaban de comisión fuera de Caracas. Ambos habían sido enviados a cumplir una misión en el estado Zulia, por orden de la Inspectoría del Ejército. Esto me pareció sospechoso y pensé que debía ser investigado. Luego di instrucciones a Heinz que ordenara el regreso inmediato de las dos columnas de vehículos blindados y a su retorno procediera a interrogar a los oficiales involucrados en la Policía Militar.
A las 6:45 PM llegué a mi despacho y me enteré de que la columna que había ido al Círculo Militar había regresado, y que la otra que había marchado al centro de la ciudad estaba en camino. Luego traté de comunicarme sin éxito con Bastardo, por lo que asumí el mando y puse en alerta al Ejército. Al comunicarme con las grandes unidades de combate pude verificar que todo estaba en calma. Telefoneé al ministro Alliegro pero no pude contactarlo y me comuniqué con el jefe de servicios del Ministerio de la Defensa notificando que la situación estaba bajo control y que esperábamos el regreso del resto del “Ayala” al fuerte.
Al llegar a mi despacho Heinz me informó que la unidad que había tomado posiciones en alrededor de la Residencia Presidencial “La Viñeta” había vuelto a su cuartel. La otra columna había ido hasta el Ministerio del Interior en la esquina de Carmelitas. Ese movimiento indicaba que el blanco había sido el presidente encargado. Era conocido por la prensa que Consalvi despacharía desde su oficina ministerial y utilizaría como residencia la casa presidencial de La Viñeta. Heinz me indicó que los jefes de las columnas manifestaron que su misión era dar protección al presidente encargado. De inmediato me comuniqué con Consalvi, quien me dijo que se encontraba bien y que las tropas se habían retirado al recibir mi orden. Al colgar quedé pensativo tratando de explicarme lo ocurrido. En ese momento vino a mi mente algo que me había dicho Santeliz en el IAEDEN:
—El golpe se daría al regreso del Presidente de un viaje al exterior.
Aunque se había anunciado que Lusinchi regresaría el viernes en la moche, tuve el presentimiento de que podía tratarse de un error de los golpistas.
Luego de hablar con Consalvi insistí llamando a Bastardo, sin éxito. Después telefoneé al director de la DIM y al director de Inteligencia del Ejército y los invité al interrogatorio que se iniciaría a las ocho de la noche en el Regimiento de Policía Militar. Por fortuna,
durante esa extraña operación, no había habido bajas, ni se habían causado daños materiales. Pasadas las ocho no me había comunicado aún con Bastardo.
Antes de asistir al interrogatorio, convoqué al oficial de inteligencia que investigaba a los COMACATES y pedí información sobre el mayor Soler. Este oficial de blindados se había graduado en 1974, era compañero de Arias Cárdenas y un año más antiguo que Chávez. Según el informante, Chávez tenía tres grandes amigos en la promoción de Arias. Todos habían servido con él en la Brigada Blindada: José Angarita (de Barinas) y su compadre Ramón Carrizales Rengifo y José Domingo Soler Zambrano. Dada su estrecha relación con Soler, no era descartable que Chávez tuviera alguna conexión con lo ocurrido en el “Ayala”.
También me enteré de que la relación de Chávez con Arias era amistosa, pero no cercana. Ambos actuaron en forma independiente hasta que en 1982 Arias aceptó unirse a Chávez como iguales. El liderazgo de Chávez era superior porque su logia quintuplicaba la de Arias. Cuando ocurrió la salida del “Ayala”, Arias estudiaba en Colombia y su participación en el incidente fue descartada. En ese momento Heinz llamó para notificar que estaba listo para el interrogatorio. De inmediato me dirigí a la Policía Militar.
Los intríngulis de la noche de los tanques
Antes de iniciar el interrogatorio hablé en privado con Heinz para intercambiar impresiones. En ese momento me informó que el ministro de la Defensa lo había encargado para conducir la investigación. La decisión me extrañó, porque siendo el comandante superior de esa unidad no debía investigarse a sí mismo. Le dije que me gustaría asistir al interrogatorio del mayor Soler y él accedió recordándome que solo él podía hacer preguntas. Al entrar me dijo que antes de mi llegada se había presentado el general Santeliz con intenciones de asistir al interrogatorio. Esa información me puso más receloso.
“Rasputín” en ese momento era el director del Fondo de Pensiones de Empleados Civiles de las FAN (FONDOEFA). Esa organización administrativa no tenía comando de tropas y tampoco formaba parte del Ejército. Su presencia era suspicaz y no bienvenida. Al entrar al recinto le pregunté qué hacia allí y me respondió que al visitar el Fuerte notó un barullo y se acercó para averiguar qué pasaba. Lo llamé aparte y le di las gracias. También le dije que su presencia no era necesaria y Santeliz se retiró molesto.
El interrogatorio de Soler
Al marcharse Santeliz, fue traído el mayor Soler y se inició el interrogatorio. Heinz tomó la palabra leyendo una serie de preguntas que había preparado:
Heinz: —¿Por qué ordenó la salida del batallón de su cuartel esa tarde? Soler: —Recibí una llamada del comandante del Ejército.
Heinz: —¿Quién llamó?
Soler: —El general Bastardo Velázquez.
Heinz: —¿Por qué estaba usted encargado del Batallón Ayala y no el primer comandante, el Tcnel. Querales Rivero?
Soler: —El comandante del Batallón recibió instrucciones de la Inspectoría del Ejército para hacer una inspección a una unidad de tanques en el Estado Zulia, junto con el comandante de la tercera Brigada de Infantería, el general José de la Cruz Pineda.
Heinz: —¿Quién habló con usted por teléfono para darle la orden de salir a la calle? Soler: —No hablé con nadie. Estaba en el baño cuando entró la llamada y el guardia de comando la tomó. Al regresar me informó que habían llamado del Comando del Ejército dándome la orden de proteger al presidente encargado Consalvi. Como no sabía dónde estaba procedí a enviar una columna de tropas a su oficina en el Ministerio del Interior y otra a la Residencia Presidencial de La Viñeta anexa al Círculo Militar.
Heinz: —¿Verificó usted esa orden llamando al general Bastardo antes de ordenar la salida de su unidad?
Soler: —No pedí confirmación de la orden porque me puse nervioso. Asumí que era el general Bastardo y procedí a cumplirla.
En ese momento del interrogatorio llamó el ministro de la Defensa ordenando que debía presentarme al presidente encargado en La Viñeta. Hubiera preferido quedarme oyendo a Soler pero tuve que retirarme. En el trayecto me preguntaba por qué el comandante del Ayala estaba de comisión en el Zulia junto con su superior inmediato, el comandante de la tercera Brigada de Infantería. Era extraño que el comandante de la principal brigada de Caracas, y el comandante de uno de los batallones con mayor poder de fuego en la capital, hubiesen sido enviados simultáneamente al Zulia para efectuar una inspección por una semana cuando el Presidente estaba en el extranjero. Esa orden solo pudo haber sido dada por Bastardo, el inspector del Ejército o Troconis, el comandante general.
Reunión en La Viñeta
La residencia de La Viñeta es usada como alojamiento de presidentes extranjeros y personalidades importantes invitadas por el Presidente. Al entrar, noté que allí estaba reunido todo el Alto Mando Militar y a los comandantes de fuerzas incluyendo el general Bastardo. Además estaban presentes el director de la DIM, el almirante Rodríguez Citraro y algunos ministros incluyendo a Carmelo Lauría (ministro de la Secretaría). También noté que la reunión parecía un coctel y no una emergencia, porque todos los asistentes estaban armados con vasos de whisky. Supuse que por el nerviosismo y tensión del momento este brindis era una forma de catarsis.
Antes de presentarme al presidente encargado, el general Alliegro me llamó y me dijo que el Dr. Consalvi había ordenado que el interrogatorio al personal del Ayala fuera conducido por su sobrino, el almirante Rodríguez Citraro quien era director de la DIM y el general Heinz por el Comando Estratégico. Esa decisión implicaba que el Comando del Ejército y su Dirección de Inteligencia (que dependía de mi) quedábamos fuera de la investigación. Esa disposición no me sorprendió porque asumí que Bastardo y yo éramos potencialmente sospechosos por haber estado a cargo accidentalmente del Ejército en el momento del incidente. En esas circunstancias uno no debía auto investigarse, pero me
extrañó que Heinz que era superior en la línea de mando del “Ayala” sí lo estuviera haciendo. Al presentarme ante el presidente encargado le di novedades poniéndolo al tanto de la situación. Consalvi me brindó un whisky. La escena me pareció kafkiana por lo absurda.
En la Viñeta pude hablar con Bastardo y le comenté la orden presidencial de excluirnos de la investigación. Luego me retiré a mi casa pensativo. En ese momento, ante la disposición de no participar en la investigación, no consideré prudente preguntarle si él había dado la orden de enviar al comandante de la tercera Brigada y al del Batallón Ayala a una inspección en el Zulia. Esa noche me costó trabajo quedarme dormido. En ese incidente había algo que no me cuadraba y decidí preguntarle a Heinz al día siguiente. Él había sido Director de Inteligencia del Ejército y había investigado a los COMACATES.
¿Qué pasó la noche de los tanques?
A la mañana siguiente, llamé a Heinz para saber cómo había terminado el interrogatorio. Todos nos preguntábamos qué pasó en el “Ayala”. Esa pregunta todavía no tenía respuesta y al respecto se han tejido muchas conjeturas. Al hablar con Heinz me sorprendió al decirme:
—¿Sabías que Santeliz y Chávez estuvieron de visita ayer en el Batallón “Ayala”?
Esa noticia fue una revelación. Las unidades militares llevan un estricto control de entradas y salidas de visitantes que se anotan con cédula de identidad y otros detalles en libros a la entrada de las instalaciones. En el argot castrense esos libros se llaman “libros prevención”. En el libro de prevención del Ayala aparecía que Santeliz y Chávez visitaron el cuartel, la cual constituía un indicio claro de que algo tramaban. La visita de ambos oficiales no fue simultánea. Chávez estuvo allí a las diez de la mañana y Santeliz al mediodía. Los dos vinieron a visitar a Soler y se reunieron con él separadamente en privado. Heinz, además, me dijo que durante el día se había corrido el rumor de que el Presidente adelantaría su regreso.
Luego de oír los comentarios de Heinz le pregunté cómo había terminado el interrogatorio de Soler. Me respondió que no había dicho nada interesante y que las visitas de Santeliz y Chávez habían sido de carácter personal. Al final, Heinz me dijo que en esos interrogatorios los comentarios más interesantes fueron hechos por el soldado guardia de comando que recibió la llamada del supuesto “general Bastardo”.
Versión del guardia de comando
Según este soldado, esa tarde el mayor Soler había estado muy nervioso esperando una llamada. Como a las 5:15 PM el mayor salió al baño y durante su ausencia sonó el teléfono. Al atenderlo alguien identificado como el general Bastardo dijo que necesitaba hablar con Soler. Como el mayor no estaba, el supuesto general Bastardo dejó un mensaje extraño que el soldado no entendió bien. Al regresar Soler le notificó de la llamada. Al preguntarle si había dejado un mensaje, el soldado respondió que si no lo había entendido. Entonces Soler preguntó:
A continuación enunció otra cosa rara. Confundido el soldado, respondió que el general Bastardo había dicho algo parecido. En ese momento Soler salió corriendo del Comando dando la orden de preparar el convoy para irse a la calle.
La rápida salida de ese batallón con su dotación de oficiales completa después de horas de trabajo no tenía sentido. En circunstancias normales, al finalizar las labores de rutina la mayoría de los oficiales se retiran a sus casas, a sus estudios universitarios o a visitar a sus novias. Pero ese día fue diferente. La unidad completa estaba en uniforme de campaña y lista para salir a cumplir una misión. Las tropas tenían su armamento individual con ellos y su carga de guerra completa. Los vehículos estaban equipados y las tropas en estado de alerta esperando órdenes. El comandante del “Ayala” había sido enviado al Zulia. Si hubiera estado presente habría sido detenido.
Las declaraciones del guardia de comando indicaban que Soler esperaba una llamada con instrucciones. Su actitud dejó entrever que había una clave pre arreglada para indicar la acción a tomar. Una frase en código indicaría que se debía proceder con el plan previsto. Otra diferente señalaría que el golpe estaba abortado. Solo faltaba saber quién había hecho la llamada y por qué actuó aisladamente el Ayala. Ninguna otra unidad del Ejército o del resto de las FAN lo acompañó, lo cual hacía presumir que había sido un error con las claves.
Adicionalmente, el hecho de excluir de la investigación a la Dirección de Inteligencia del Ejército y a la Dirección de Inteligencia Militar indicaba que alguien había convencido a Consalvi para que tomara esa decisión. En ese momento la única persona con poder en Venezuela capaz de darle órdenes era CAP, el candidato presidencial que lideraba las encuestas. Poco después fueron dejados en libertad los oficiales del Batallón “Ayala” que sacaron las tropas, quedando detenido preventivamente solo el mayor Soler.
Regresa el presidente Lusinchi
En la noche del viernes 28 de octubre de 1988 regresó al país el presidente Lusinchi con su comitiva. El lunes 1º de noviembre tuvimos en la Comandancia del Ejército una reunión del Alto Mando de la fuerza. Allí me enteré de que el Presidente había ordenado que la DIM fuera excluida de la investigación del “Ayala”. Esta decisión dejaba las averiguaciones exclusivamente en manos de Heinz. Este reportaría directamente al ministro de la Defensa, el general Alliegro. Según se nos informó, el candidato CAP había recomendado ese procedimiento para evitar inquietud en la colectividad porque faltaba un mes para las elecciones presidenciales.
Heinz fue mi compañero de promoción y lo conocía como un hombre inteligente y muy minucioso. Tenía aptitud y gusto por las labores de inteligencia, pero el Comando Estratégico no contaba con el personal ni los medios para conducir una investigación más allá de Fuerte Tiuna. Como ambos sospechábamos de Chávez nos convertimos en aliados. Desde el comienzo intuimos que en esta conjura estaban involucrados los COMACATES junto con Santeliz y Chávez. También empezamos a darnos cuenta de que la conspiración probablemente se había extendido a buena parte del Ejército. Sobre lo
ocurrido la noche de los tanques aún había muchas incógnitas: ¿Qué fueron a hacer Santeliz y Chávez en el Ayala ese día? ¿Por qué “Rasputín” se presentó al interrogatorio en la Policía Militar? ¿Quién envió a los comandantes de la tercera Brigada y del Batallón Ayala fuera de Caracas? ¿Quién convenció a Carlos Andrés Pérez de que era necesario paralizar la investigación sobre lo ocurrido la noche de los tanques?
La mano de Fidel
Mis pesquisas indicaban que la posibilidad de que los COMACATES estuvieran involucrados en el caso del “Ayala” era alta. Esa idea no era muy popular entonces. Se notaba que algunos líderes políticos y jefes militares trataban de minimizar la existencia