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Tareas de cuidado al interior del hogar ¿cómo es un día en la vida de una

3. Cuidado infantil un desafío al interior del hogar

3.4. Tareas de cuidado al interior del hogar ¿cómo es un día en la vida de una

El trabajo de cuidado generalmente desempeñado por mujeres supone en la mayoría de las ocasiones un esfuerzo sobrehumano para las madres, especialmente cuando tienen hijos pequeños, donde el nivel de dependencia de su madre suele ser mayor. Esto suele ser una consecuencia de la inequidad que viven los hogares, en cuanto al reparto de las actividades de cuidado y no remuneradas, entre hombres y mujeres, donde unos terminan más sobrecargados que otros, de actividades que deberían ser compartidas, limitando su accionar en otras esferas, como por ejemplo la laboral.

El hecho de que las mujeres terminen dedicándose en mayor medida de las tareas de cuidado y no remuneradas, no, es más, que consecuencia de la construcción social, basada en prácticas patriarcales (Rodríguez Enríquez, 2007, pág. 231) .

Esta situación es evidente en muchas mujeres pues en un día normal les toca hacer malabares para poder cumplir con todas las obligaciones adquiridas como madre y trabajadora:

Super estresante, yo madrugo porque la ruta me recoge a las 6. Cuando son las 4 me levanto para dejar alimento a la nena, y dejarle listo el almuerzo. De ahí me voy para el trabajo, prácticamente con un doble trabajo, porque me voy pensando en la casa y de paso en las labores que voy a hacer allá. Trabajo 10 horas diarias, cuando regreso sigo con el mismo trabajo en la casa, vengo con la tensión de la nena, a seguir haciendo comida, a atenderla, a jugar con ella, a ponerle los muñequitos, porque es cuando ella quiere disfrutar y yo también la quiero disfrutar, así que toca seguir el trabajo en la casa. A pesar de que el papá de la niña me colabora en algunas cosas de la niña y el hogar, la mayor parte recae sobre mí; a

pesar de que trabajamos en la misma empresa y compartimos los mismos horarios, pero hacemos tareas distintas (H4221B, 2019).

Lo interesante del relato de la mujer madre, es que comienza a tenerse conciencia de que las tareas de cuidado y labores no remuneradas al interior del hogar comienzan a percibir como un” trabajo”, aun cuando no se perciba por su realización algún tipo de remuneración, pero si, una demanda de tiempo similar a la que se demanda cuando se tiene un trabajo remunerado. Por otra parte, la situación descrita anteriormente, nos lleva asegurar, que no es cuestión del tipo de trabajo que realicen hombres y mujeres, la razón por la cual existe una disparidad en el reparto de actividades al interior del hogar, en muchas ocasiones, es más cuestión de voluntad y compromiso respecto a las responsabilidades adquiridas en el momento de formar una familia y comenzar a tener hijos(as).

Dadas la infinidad de tareas en las que se ven inmersas las mujeres, la inmensa mayoría se les hace imposible convertirse en trabajadoras ideales, segregándolas a trabajos a tiempo parcial, o de menores responsabilidades, que pueden en ocasiones frenar sus aspiraciones personales (Rodríguez Enríquez, 2007).

Por otra parte, aun cuando ha habido progresos importantes en la inserción de las mujeres al mercado de trabajo, la participación de los hombres en las labores de cuidado no se dio en iguales proporciones, pues en la mayoría de los hogares, los hombres siguen siendo ajenos a este tipo de responsabilidades, tal como lo expresa una de las mujeres entrevistadas en la ciudad de Cartagena:

Ahora siento que tengo un poco de apoyo con mi esposo, no lo puedo negar, pero siento que la mayoría de las veces las responsabilidades recaen sobre mí; vivimos en una sociedad que dice: que tu como mujer debes estar pendiente de tu esposo, de tus hijos, que debes atender tu casa; pero es que tú también trabajas, y supuestamente si nos vamos a lo de antes, tú tienes que quedarte en la casa. Pero ahora que todo está cambiando y tú también produces y todo lo demás, se

supone que el hombre debe compartir roles; a veces le digo a mi esposo, ayúdame, vamos a barrer; pero a veces tengo que estar ayúdame, ayúdame, ayúdame. Si tú sabes que el piso está sucio, bárrelo y yo no tengo porque decirte, ¡ayúdame!, si esta casa también es tuya, y es algo que tú también estás viendo; porque si los platos están sucios, debo decir amor ayúdame a lavar eso, -no es una ayuda es tu responsabilidad como padre-, pero él no lo ve como una responsabilidad, sino como una ayuda y la mínima cosa que hace es lo más grande que ha hecho (Y3322P, 2019).

Lo anterior, muestra esa realidad de la que habla (Puyana, et. al, 2003) que denominan madres y padres en transición donde uno de los cambios más drásticos se en el momento en que la mujer comienza a hacer parte del mercado laboral y se convierte en proveedora. A su vez la expectativa, de que, con el cambio experimentado en la esfera familiar, se experimentaran cambios en la función paterna, que surtieron, pero de una forma más lenta, porque su intervención es aún limitada en los oficios domésticos. Si bien reconocen el trabajo femenino como una necesidad económica del hogar o una forma de realización de las mujeres, ellas aun no lo asumen con decisión, porque desarrollan sentimientos de culpa, cuando sienten que disminuye el tiempo que dedican a sus familias (pág. 62).

Un día en la vida de una mujer, resulta ser estresante, puesto que sobre ella recaen múltiples responsabilidades, donde los hombres por lo general tienen una participación limitada y en ocasiones nula, es ella la que tiene que hacer malabares, para cumplir con todas las tareas diarias, aunque algunas veces, el discurso que maneja, también tiende a limitar la responsabilidad de los hombres, cuando en realidad deberían ser oficios y tareas compartidas igualitariamente, pues finalmente los dos son responsables del hogar.

4. Cuidado infantil y participación laboral de las mujeres madres en la