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CAPITULO I. El desarrollo: el debate en torno a las ideas La Inversión Extranjera

3. Primeros días del concepto en la Comunidad Internacional

3.2 La Comisión Económica para América Latina y la Teoría de la Dependencia:

3.2.3 Teoría de la Dependencia La inversión extranjera como arma opresora con

Económica para América Latina.

“Las políticas de desarrollo económico impulsadas en Latinoamérica durante las últimas décadas no han dado los resultados esperados. El estrangulamiento externo, los desequilibrios inflacionarios, el atraso agrícola, la existencia de vastos grupos sociales desempleados y marginados y la tendencia al estancamiento siguen presentes en la mayoría de nuestro países”.

“Estos fenómenos y tendencias se atribuyen a menudo a políticas de desarrollo poco vigorosas y carentes de una cooperación internacional adecuada. … [Se] considera más bien que dichas características constituyen consecuencias inherentes al proceso socioeconómico propio de un sistema subdesarrollado y dependiente”.

(Sunkel, 1973, pág. Contraportada).

Al igual que la teoría cepalina, la Teoría de la Dependencia (TD) surgió como respuesta a la ausencia de resultados por parte de las prácticas ejecutadas, esta vez por la CEPAL y sus políticas ISI107. Existe un amplio marco de referencia a tener en cuenta para conjeturar en donde se sujetan las bases argumentales de la TD, pero parece obvio que ésta se construye en la interpretación hecha del proceso de desarrollo, de una parte por los partidos comunistas y por otra por la mencionada CEPAL (Bambirra, 1978).

El hecho de que las teorías cepalinas se hubiesen centrado en dos aspectos fundamentalmente: 1) en el análisis del estrangulamiento interno; y 2) en el examen de los problemas de naturaleza interna, no significaba en la perspectiva dependentista que la situación de dependencia encontrase su origen en una condición interna de la región. Más bien, los teóricos de la dependencia afirmaban que la construcción teórica cepalina partía de un análisis que únicamente había estudiado las manifestaciones internas del problema. Hecho que se señaló como meridianamente distinto que concebirla como una situación condicionante, la cual se redefine en función de las posibilidades estructurales de las economías nacionales. Son dos concepciones esencialmente distintas.

107 Aunque hay que señalar que ya existían posturas concretas anteriores en la CEPAL que encajan dentro de

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No se trataba según la TD de considerar que el estrangulamiento externo era producido por la presencia de obstáculos estructurales internos al desarrollo- como afirmaban tanto modernistas como cepalinos- y que una vez liquidados esos obstáculos, provenientes del atraso incrustado en las “sociedades tradicionales”, se pudiese lograr un desarrollo “occidental”, sólo por medir el uso de una movilización racional de recursos – como el estímulo a la capacidad de ahorro e inversión- y cosas por el estilo (Bambirra, 1978). No era esa cuestión el problema a solventar según la TD. Ésta trató de demostrar que los cambios que se producen en el seno de los países y en su sistema productivo, con el objetivo de adaptarlos a las necesidades de la expansión capitalista del Centro- por tener que alcanzar lo que los modernistas llamaban otra fase-, no eran más que una herramienta más para establecer una relación, tanto ideacional como económica, del centro con la denominada periferia.

El argumento que sostenía que el sistema de producción dependiente tendía a diversificarse en función de la división internacional del trabajo, en donde surgía y se desarrollaba la industria y tras un periodo tendía automáticamente a re-articular el sistema productivo, creando condiciones para la superación de esta división internacional del trabajo entre países productores de materias primas y productos agrícolas y los países fabricantes de manufacturas, era falaz según la TD (Dos Santos, 1970; Cardoso & Faletto, 1969).

Con el Centro de Estudios Socio Económicos (CESO) de Chile como base de argumentación teórica operativa, los dependentistas elaboraron discursos en donde afirmaron que no era posible realizar un proceso de reproducción capitalista independiente desvinculándose del sistema capitalista mundial - criticando el intento de la CEPAL-, debido a que la reproducción dependiente del sistema está ligado al exterior de manera inequívoca. Es decir, indicaron que al estar compuesta la estructura económica por dos sectores, el I compuesto por los bienes de producción y el II por los bienes de consumo manufacturados que están en el exterior, aplicando el proceso de industrialización ISI que propuso la CEPAL, el sector II se desarrollaría en el seno de varias de las economías latinoamericanas pero el sector I no. Por lo que para que el sistema se reproduzca a imagen y semejanza de los centros debiera importarse el sector I: la maquinaria y la tecnología. A raíz del esquema indicado, la TD indicó que el modelo de prácticas políticas ISI que difundió la CEPAL, a principio de los años cincuenta en ALC, continuaba dependiendo

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para su funcionamiento de maquinaria extranjera108; esta maquinaria no llegaba en forma de capital-maquinaria, sino en forma de IED. Por lo que, los dependentistas construyeron su teoría contra este modelo, ya que veían que, si se seguía reproduciendo el modelo de desarrollo con la misma estructura que el sistema capitalista, era imposible que no se dependiese de los países metropolitanos, puesto que la acumulación de capitales pasaba por el exterior a través de la importación de maquinaria y, en tal caso, si se optaba por reproducir el modelo se estaría supeditado al control de grupos extranjeros e incluso aunque se empezase a suplir las necesidades de máquinas del sector II, se continuaría dependiendo de la maquinaria del sector I (Bambirra, 1978).

“…aun cuando el Empresario instale su industria, no por ello dejará de seguir importando bienes de capital e insumos pues falta un complejo industrial preexistente que los suministre. Y aun en el caso de que el proceso de industrialización vaya creando dicho complejo, esa situación se mantiene, e incluso se refuerza, en virtud de la creciente propiedad extranjera de la industria manufacturera, la permanente incorporación a estas empresas y a las nacionales de las nuevas formas tecnológicas que se desarrollan en los países centrales, y la ausencia de una capacidad de creación y adaptación tecnológica local que permita modernizar permanentemente la producción nacional de insumos y bienes de capital así como el aprovechamiento creciente de los recursos naturales” (Sunkel, 1973, pág. 358).

En el momento en el que las economías dependientes comenzasen a observar cómo actúan sobre ellas los mecanismos acumulativos de la dependencia- como son la descapitalización, los déficits de la balanza de pagos, la necesidad de préstamos por parte del capital extranjero-, y conjuntamente provocasen: a) un aumento creciente del servicio de la deuda; y b) un déficit progresivo, la región se encontraría en un círculo vicioso en el que se requerirá mayor capital extranjero109. Más Inversión Extranjera (IE), ya fuere directa o no. Todo el argumentario de la TD iba, ciertamente, en contra de las postulaciones de los cepalistas. Los cuales querían, por medio el proceso de industrialización, lograr una especie de desarrollo autónomo de la región- al igual que los TD- pero divergían en la metodología a aplicar.

108 A ALC le correspondía el papel dentro del marco de la división internacional del trabajo situarse como

proveedor especifico de alimentos y materias primas a los grandes centros industriales (Pinto & Kñakal, 1973, pág. 22).

109 Hecho que se observaba en las grandes deudas de aquellos que eran más desarrollados en aquella época:

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Los teóricos de la dependencia afirmaban que el verdadero error del dualismo estructural de los cepalinos era el hecho de no comprender que el mantenimiento del atraso de los países de ALC, es condición y consecuencia del “modelo de desarrollo” capitalista instaurado el ideario global como un hecho natural; que éste era propio del centro metropolitano y además, les otorgaba la perpetuidad de la asimetría. Es decir, las ideas de en qué consistía el desarrollo habían calado de tal manera, que aun alterando los tiempos, la acción en sí determinaba la asimetría.

Coincidiendo en parte con la CEPAL, los dependentistas criticaban con un grado mayor de amplitud el que se tratase de copiar exactamente el mismo modelo de desarrollo en ALC que el existente en el centro. Motivadas éstas bajo la justificación de que ALC tenía sus propias particularidades y no se habían desarrollado del mismo modo.

“Se trata de explicar por qué nosotros no nos hemos desarrollado de la misma manera que los países hoy desarrollados. Nuestro desarrollo está condicionado por ciertas relaciones internacionales que son definibles como relaciones de dependencia. Esta situación somete nuestro desarrollo a ciertas leyes específicas que lo califican como un desarrollo dependiente” (Dos Santos, 1974, p. 31) [Negrita propia].

Se centraron en señalar que el hecho de que los países en desarrollo tratasen de participar en el mercado capitalista, era similar a un intento de incorporación a una partida empezada en un juego creado por los que están jugando. En donde la partida tiene sus reglas particulares- la economía de mercado-, otros comenzaron a jugar antes, elaboraron y aprendieron las reglas (DI), poseen más fichas(capital), en donde unos se encuentren en las casillas de delante (desarrollados) y los otros que empiezan a jugar (Sub-desarrollados) más atrás, el “desarrollo” es el tablero, crearon y poseen el conocimiento funcional (la tecnología), y poseen la “legitimidad” ideacional para institucionalizar las reglas mediante prácticas(transformación y creación de nuevas reglas). Por ello, cabría indicar que: 1) o se juega a otro juego; 2) o será ardua, sino imposible, la tarea de alcanzar a los que juegan en su tablero con sus reglas; o 3) se producen cambios que permitan que los jugadores atrasados obtengan capacidad que les permita alterar las reglas de la partida.

Si se optaba por capacitar a los nuevos jugadores la cuestión era la tecnología. Indicaron que si no se realizaba un transvase tecnológico a ALC, que contribuyese a que la acumulación en la economía industrial pasase de depender más del aumento de la capacidad productiva del trabajo que de simplemente la explotación del trabajador, la

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región se encontraría en el estado del subdesarrollo durante siglos (Marini, 1973, pág. 23). Puesto que este factor actuaba como el elemento que permitía a los países centrales obtener grandes márgenes de beneficio al comerciar, debido al tiempo empleado en la producción. Ya que mientras que en los países latinoamericanos el aumento de la producción se basaba en una explotación mayor del trabajador, en los desarrollados la tecnología era el factor que alteraba la maximización de la producción. Por ello, reclamaban que la promoción del modelo de desarrollo debía acometer ese cambio, y alterar el factor que determinaba las relaciones de producción del conjunto e influía directamente en la percepción por parte de aquellos agentes que habían sido impulsores del concepto de un desarrollo basado en el transvase tecnológico.

“…la explotación del trabajador… Los mecanismos de intensificación del trabajo, la prolongación de la jornada y la expropiación de parte del trabajo necesario al obrero para reponer su fuerza de trabajo, parecen configurar un modo de producción fundado exclusivamente en la mayor explotación del trabajador, y no en el desarrollo de su capacidad productiva” (Marini, 1973, pág. 40).

Centrados en las diferencias de acumulación económica presente entre los Estados desarrollados y los subdesarrollados, los teóricos de la dependencia fijaron su atención en los precios internacionales de los productos latinoamericanos, indicando que la depreciación de los productos mayoritariamente exportados por ALC no se podía corresponder directamente con la depreciación real de los productos y, casualmente, guardar una relación con el aumento de la producción en los países industriales. Por lo que señalaron que la causa de la depreciación nunca podría ser un aumento de la productividad, puesto que ésta aumenta muy lentamente en ALC (Marini, 1973; Cardoso & Faletto, 1969; Dos Santos, 1970).

La escuela de la TD señaló que las situaciones concretas y los efectos del desarrollo estaban constituidos y determinados, no únicamente por los condicionantes generales de la dependencia, sino por las características específicas de la situación condicionada, que redefinieron y particularizaron como la situación condicionante general. Y es que la situación de dependencia podría haberse modificado y, de hecho, se hubiese alterado si se hubiesen abordado transformaciones profundas en las estructuras hegemónicas que determinaban la condición de dependencia.

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Por ello, ante la estructura atisbada y los efectos perjudiciales de las prácticas económicas para la región, los dependentistas indicaron que la región tenía dos posibilidades de abordar las transformaciones: 1ª) sin romper las relaciones de dependencia, simplemente reorientándolas; o 2ª) rompiéndolas y tratando de consolidar una economía independiente con un desarrollo ligado a las particularidades de la región (Bambirra, 1978; Marini, 1973). Ante la situación de indefensión que definían como insostenible e injusta para ALC, los teóricos de la dependencia no abogaban por la primera opción, la de intentar acumular capacidad dentro de la estructura hasta poder alterar las reglas, sino que se inclinaban por la no participación en el sistema, a no ser que se alterasen las condiciones impuestas por el Centro de facto, ya que era el agente que obtenía beneficios de la relación.

“No es porque se cometieron abusos en contra de las naciones industriales que éstas se han vuelto económicamente débiles, es porque eran débiles. No es tampoco porque produjeron más de lo debido que su posición comercial se deterioró, sino que fue el deterioro comercial lo que las forzó a producir en mayor escala. Negarse a ver las cosas de esta manera es mixtificar la economía capitalista, es hacer creer que la economía podría ser diferente a lo que realmente es. En última estancia, ello no conduce a revindicar relaciones comerciales equitativas entre las naciones, cuando de lo que se trata es de suprimir las relaciones económicas internacionales que se basan en el valor de cambio” (Marini, 1973, pág. 31).

En definitiva, la dependencia fue entendida como la determinante que condicionaba ciertos aspectos de la estructura interna, ya que la redefine e influye en su constitución. Afirmando que únicamente podrá ser alterada su propia realidad en función de las posibilidades estructurales de las diferentes economías nacionales y, por lo tanto, de la región.

Sin negar que realmente hubiera “cierto” desarrollo en ALC- un desarrollo entendido como un crecimiento económico durante esa época-, los dependentistas indicaron que ese tipo de desarrollo estaba destinado convivir con el retraso regional, en donde la esperanza de un futuro mejor alimentaba las prácticas políticas, económicas y sociales. Contexto que invitó a predecir que si no se rompían relaciones drásticamente, el desarrollo no significaría una gran reducción de asimetrías, ni internas ni externas. Por lo que más que predecir una dilapidación del término subdesarrollo en busca de la convergencia, la continuidad de la práctica perpetuaría la realidad durante años.

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Por concluir este epígrafe indicar que, si se utilizase el símil del juego aludido, la opción de crear una conceptualización particular de lo que era ser desarrollado, sus mecanismos y prácticas, debía indicar o crear un tablero alternativo en el que la región conviviese y alcanzase su propio desarrollo, determinando, con sus particularidades, el qué, el cómo y el cuándo realizar ciertas prácticas relacionales. Es en ese sentido en el que se cuestionó la conquista ideológica del centro desarrollado de la significación de qué es el desarrollo.

4. Apuntes sobre la evolución conceptual del desarrollo desde los