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3. CAPÍTULO TERCERO

3.1. La teoría de la recepción en la literatura infantil y juvenil

La literatura infantil y juvenil se ha revalorizado a lo largo de todo el mundo en los últimos tiempos por su innegable función pedagógica, por despertar en los niños y jóvenes sentires y sensibilidades, por el poder simbólico del lenguaje utilizado entre otras consideraciones.

La Teoría de la Recepción en la literatura plantea su enfoque en la relación que tiene un texto literario y en la respuesta que da el lector. La forma cómo reacciona, los efectos que provoca, una complementariedad que se da en el lector que lo consigue a lo largo de la lectura son motivos para considerarla.

Según esta teoría, los conocimientos previos que un lector tiene le permite constituirse en un constructor de expectativas, en un lector activo que despliega su fantasía gracias a poseer conocimientos previos que aportan la comprensión, que condiciona la recepción misma de los nuevos conocimientos. Es una relación entre al pasado y el presente y se constituye en una experiencia estética propia.

En el mundo literario la experiencia estética está dada por el poder simbólico del lenguaje, por la posibilidad de crear mundos imaginarios que contribuyen al crecimiento de la personalidad del niño en la infancia. La literatura tiene la posibilidad de desarrollar la fantasía y el placer en el niño de manera enriquecedora y actual. Cuando un texto produce la posibilidad de imaginar mundos y de desarrollar la fantasía, está estableciendo una relación muy significativa entre texto y lector.

Al nombrar al niño como lector, estamos entrando en un terreno en el que cuenta su situación social y económica, su situación cultual, el mundo al que se pertenece, así como aspectos internos y externos que condicionan el acceso que tiene a la literatura y la respectiva construcción de significados.

Es un tema que cuenta con estudios multidisciplinarios de todo tipo, tomaremos estudios en el área de la sicología. Citaremos a Jean Piaget, biólogo suizo, “descubre los estadios de desarrollo cognitivo desde la infancia a la adolescencia: cómo las estructuras psicológicas se desarrollan a partir de los reflejos innatos, se organizan durante de la infancia en esquemas de conducta, se internalizan durante el segundo año de vida como modelos de pensamiento, y se desarrollan durante la infancia y la adolescencia en complejas estructuras intelectuales que caracterizan la vida adulta” (García, E. 2001).

Acerca del proceso de enseñanza-aprendizaje plantea que se debe partir de lo que el niño quiere, sus expectativas y lo que le atrae, lo que permite integrar lo cognitivo y lo afectivo y establecer un proceso vital que permitan el desarrollo de actitudes y conceptos del pensamiento.

“Las funciones esenciales de la inteligencia consisten en comprender e inventar. Dicho de otra manera, en construir estructuras, estructurando lo real. En efecto, cada vez aparece más claro que estas dos funciones son indisociables, ya que para comprender un fenómeno o un acontecimiento, hay que reconstruir las transformaciones de las que son el resultado, y para reconstruirlas hay que haber elaborado una estructura de transformaciones, lo que supone una parte de invención o reinvención” (Piaget, J. 1975).

El niño activa las funciones (comprender e inventar para reconstruir el sentido) en virtud de la recepción de la obra literaria. Además de intervenir en el proceso lector, la percepción, el pensamiento, la imaginación se activa en un proceso mental que le permite elegir. La experiencia artística le permite al niño una reconstrucción de la realidad conseguida por medio de la palabra, del texto. Estimulado por la palabra, la imagen, su mente viaja hasta permitirse vivir en otros, identificarse con otros, disfrutar de la fantasía y compararla con la realidad. Esta es una capacidad que la viven los niños con mayor facilidad que los adultos.

Vygotsky (1979) centra su trabajo en la teoría de que los procesos sicológicos de los individuos son cambiantes, nunca fijos y dependen del entorno. La asimilación de lo social y cultural es la clave del desarrollo de los seres humanos y la base fundamental de su diferencia con los animales. El lenguaje es un instrumento indispensable para el desarrollo cognitivo del niño que le da un “control comunicativo”. El lenguaje y el pensamiento tienen relaciones funcionales interconectadas y deben ser estudiadas conjuntamente. La mente del niño enfrenta dos situaciones: las propias, espontáneas y las externas que vienen de los adultos. El desarrollo del pensamiento y del lenguaje se da a partir de los dos años, el lenguaje no puede ser descubierto sin el pensamiento, el lenguaje se interioriza de forma sicológica y esta interacción se hace real en el habla.

La literatura infantil y juvenil ha sido revalorizada en la vida del niño y del joven tomando en cuenta la funcionalidad en su formación. Se reconoce el poder simbólico del discurso literario para crear universos, recrearlos y generar un espacio.

La Teoría de la Recepción Literaria juega un papel importante en la recuperación del lector como elemento fundamental para tomarse en cuenta. Previamente, la crítica se había ocupado del autor y del texto, no se tomaba en cuenta al lector. La teoría entiende a la obra como una unidad estructural de sentido. La obra se constituye como tal en la conciencia del lector además aporta la noción del texto y su diferencia con la obra. El texto se abre sobre significantes, la obra se cierra sobre significados. La obra es singular, el texto es plural. Ésta desarrolla una teoría del texto propia y entiende la obra como una unidad estructural, significativa y de sentido.

La obra es la constitución del texto en la conciencia del lector, quien se convierte en coautor porque comparte con él, el juego de la fantasía.

Para Michele Petit “la lectura puede ser también un atajo que lleve de una intimidad un tanto rebelde a la ciudadanía. No es que leer lo haga a uno virtuoso, no que ser ingenuos:

es sabido que la historia es prolija en tiranos o perversos letrados. Pero leer puede volverlo a uno algo rebelde e infundirle la idea de que es posible apartarse del camino que le habían trazado otros, escoger la propia ruta, su propia manera de decir, tener derecho a tomar las decisiones y participar en un devenir compartido, en vez de remitirse siempre a los demás” (Marín, A. 2005).

Ingarden distingue la estructura de la obra literaria como una manifestación artística y su concreción en la lectura, encuentros posibles entre los lectores y la obra, así como dos conceptos: la concreción entendida como valor estético y la reconstrucción como valor temático, en ésta están los “lugares de indeterminación” que tiene toda obra literaria y que el lector, en el proceso de recepción las va complementando y reconstruyendo. La experiencia que el lector tiene previamente es de suma importancia en la Teoría de la Recepción pues sobre ésta se fundamenta el modo en que un lector va construyendo para él su modo de identificación, por esto es importante que el niño desde muy tempranas edades tenga contacto con el libro, ya que de este modo va construyendo un tejido entre lo pasado y lo presente, cumpliéndose un conjunto de expectativas que tanto el autor como el lector aportan a la obra. La obra literaria la define como una formación puramente intencional nacida de la creación del autor y cristalizada en el texto, el que es reconstruido por el lector quien puede realizar infinidad de significados propios sobre el mensaje leído, es un material con potencial que se concretiza en el lector (Lizarazo, D. 2000).

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