1. LOS PIROPOS EN LA CIUDAD DE CARTAGENA DE INDIAS :
1.4 LA TEORÍA DE LA RELEVANCIA Y SU RELACIÓN CON LA METÁFORA
El modelo planteado por Sperber y Wilson (1986) tiene como punto de partida dos cuestiones básicas, la primera es la idea de que la comunicación es más que empaquetar pensamientos e ideas en forma de palabras, y enviarlos al destinatario para que los recupere; en este sentido se observa que muchos enunciados producen muchas representaciones semánticas distintas y serán el entorno y el contexto los que permitirán enriquecer y especificar dichas representaciones. Y la segunda, que el proceso de
comunicación va más allá de una simple codificación y descodificación, pues no siempre se dice literalmente lo que se pretende decir.
Para ello proponen ellos un modelo ostensivo inferencial en el que quien comunica emite o produce un estímulo ostensivo (pone de manifiesto una intención de hacer algo) ante su interlocutor con el fin de que este infiera lo que ha querido comunicar. Para este proceso inferencial es necesario que el interlocutor realice tres subtareas: la desambiguación, la asignación de referentes y el enriquecimiento con el que se completa la información. Constanza Moya (2006: 45) afirma que al momento de interpretar los enunciados se activa un mecanismo de obtención de implicaciones contextuales, en sus propias palabras: “toda nueva información que nos llega es automáticamente procesada en nuestro sistema deductivo en relación con los supuestos almacenados en nuestra mente”. En este sentido, se habla de relevancia en la medida en que un enunciado produzca efectos o implicaciones contextuales amplias y en la medida en que el esfuerzo requerido para obtener dichos efectos sea pequeño. Sperber y Wilson (1994:155) afirman que: un supuesto que no tenga efectos contextuales en un contexto determinado es irrelevante en ese contexto (…) tener algún efecto contextual es una condición necesaria para la relevancia”
La utilización de la metáfora exige que quien la utiliza determine el contexto en el que esta va a ser empleada a fin de apuntarle alograr el efecto comunicativo que pretende.
Sperber y Wilson(1994: 172) se refieren al contexto de comprensión, que consiste en los supuestos expresados e implicados por los enunciados más las entradas enciclopédicas que aparezcan en dicho concepto. Los supuestos que quedan en la memoria de los sujetos constituyen un contexto dado de forma inmediata que puede ser ampliado en 3 formas; la primera es volviendo a situaciones anteriores y añadir supuestos derivados de supuestos anteriores. Otra forma de ampliar el contexto es añadiéndole entradas enciclopédicas de los conceptos que ya están presentes, ya sea en el contexto o en lo supuesto, y finalmente una tercera forma es añadirle información sobre el entorno inmediatamente observable.
“La elección de un contexto para los procesos inferenciales en general y para la comprensión en particular está parcialmente determinada por los contenidos de la memoria del mecanismo deductivo (…) y por la información que puede extraerse de forma inmediata del entorno físico. Estos factores no determinan un contexto único sino una gama de conceptos posibles” (1994:178).
De esta manera, en el proceso de interpretación metafórica el oyente revisa la gama de connotaciones posibles que puede inferir de una metáfora y se decide por aquella que se ajusta a las necesidades contextuales. En esa medida, dice Fajardo (2006:49), “funciona como una especie de juego inferencial en el que quedan implicadas estrategias de ensayo y error, adivinanza, selección y comparación de sentidos hasta encontrar el más adecuado para esa situación comunicativa”. Dicho de otra forma, en la metáfora se expresan una serie de efectos de significados implicados, dichos efectos son implicaturas y obtenerlos es responsabilidad del oyente. El contexto, el conocimiento y la experiencia acumulada del oyente son primordiales en la compresión de los conceptos metafóricos.
Por otra parte, Sperber y Wilson dan por sentado que todo enunciado es una expresión
interpretativa de un pensamiento del hablante y que el oyente construye un supuesto interpretativo sobre la intención informativa del hablante (1994: 282). Además, implica
dos relaciones, una entre la forma proposicional y el pensamiento del hablante y 4 posibles relaciones entre dicho pensamiento y sus representaciones. Esas cuatro posibles relaciones son: una interpretación de un pensamiento atribuido, una interpretación de un pensamiento deseable, una descripción de un estado de cosas como real, y una descripción de un estado de codas como deseable. A consideración de los autores la metáfora implica una relación interpretativa entre la forma proposicional y el pensamiento que representa.
Sperber y Wilson hacen alusión a la metáfora poética considerando que la responsabilidad de interpretación en ellas es del auditorio, debido a que quien las emite desencadena una búsqueda de implicaciones contextuales en las que se escoge aquella que cuadre con el principio de relevancia dado en su entorno.
Con respecto a su carácter complementario, algunos estudiosos de la metáfora (De Bustos, 2000) consideran que la característica que las separa es que la teoría de la relevancia pretende construir una teoría sobre el procesamiento cognitivo de la información y derivar a partir de ella una explicación sobre la metáfora. Mediante los diversos tipos de actos de habla y con la metáfora el hablante aumenta los efectos contextuales sin que esto perjudique la relevancia de uso lingüístico, el esfuerzo de procesamiento que demanda la expresión sino que por el contrario lo aumente.
En último lugar, la importancia de la metáfora radica en que el oyente sea capaz de leer los elementos culturales y personales que se entretejen detrás de las construcciones metafóricas. Es esto lo que diferencia esta teoría de las demás teorías tradicionales sobre las metáforas, en que más allá de una simple cuestión del lenguaje es un medio de estructurar nuestro sistema conceptual y los tipos de actividades que llevamos a cabo.
Se considera que en el acto de habla del piropo lo implícito juega un papel importante para su comprensión. Como se dijo inicialmente, cada piropo es ostensivo, necesita ser interpretado por su destinataria a partir de información socio-cultural que comparta con su interlocutor, de las implicaciones, del entorno y del contexto, para entender su sentido. En consecuencia, podemos proponer algunos elementos claves para la inferencia, en el caso de la interpretación de los piropos, estos son:
La situación observable: descripción de qué sucede, cómo, dónde y quienes participan Identificación de referentes: designar el objeto real al que aluden las expresiones que se encuentran en el piropo.
Elementos metafóricos y o metonímicos: descripción de los dominios fuente y meta en las expresiones y el referente del elemento metonímico.
Actos de habla: identificado del tipo de acto de habla que se pone en juego a partir del mundo creado por el hablante.
Modelos culturales: las representaciones colectivas acerca de la mujer que se rastrean en los piropos.
2. ASPECTOS METODOLÓGICOS