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B. OBJETIVOS ESPECÍFICOS

2.2. VIOLENCIA PSICOSOCIAL CONTRA MUJERES MIGRANTES

2.2.10. Teoría sobre los conflictos en los grupos

a) Estereotipos y Sesgo Endogrupal

En el libro de “Psicología Social”, Hamilton y Trolier (1986) citado en Morales (2007) subrayan la estrecha relación existente entre categorías sociales (por ejemplo, de género, edad, clase social o procedencia geográfica) y estereotipos.

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Las categorías implican algo más que el mero hecho de categorizar o agrupar a las personas en función de algún criterio compartido. Implican también, por regla general, la asignación de ciertas características de personalidad o de conducta a las personas que caen en las categorías en cuestión. De hecho, suele existir un notable acuerdo entre las personas sobre las características de las categorías sociales más importantes. No es exagerado afirmar que los estereotipos complementan y llenan de contenido las categorías, ya que proporcionan pistas sobre la conducta probable de sus miembros y ayudan a comprender y a evaluar la conducta de personas individuales cuando se conoce la categoría a la que éstas pertenecen. Comprobándose también que los estereotipos provocan sesgos en el procesamiento de información, por ejemplo, influyen en lo que las personas recuerdan acerca de los miembros del grupo estereotipado.

La competición entre grupos, la cohesión grupal o la creencia de que el otro grupo es muy distinto al nuestro, factores hacen que la percepción de “nosotros” nuestro grupo frente a “ellos” el otro grupo se intensifique hasta niveles poco corrientes. Una de las consecuencias de la intensificación de la percepción dicotómica “nosotros”- “ellos” es el sesgo intergrupal, que se refleja en la asignación de características de personalidad o de conducta a las personas que pertenecen a una categoría dada, en la evaluación o anticipación de conductas de personas simplemente a partir del conocimiento de su categoría y en el recuerdo selectivo de ciertos aspectos de las personas categorizadas (Morales, 2007).

En ese sentido, si una cierta conducta del endogrupo es positiva, por ejemplo, si tiene éxito en una tarea, lo habitual es que la explicación de dicha conducta recurra a causas internas y estables de este tipo: “las personas de nuestro grupo siempre nos comportamos de manera ética” o “las personas de nuestro grupo somos muy competentes”. Esta pauta explicativa se invierte con las personas del exogrupo: en este caso, las conductas positivas se achacan a causas externas e inestables, como la buena suerte, y las negativas a características internas y estables de las personas del exogrupo, como incompetencia o escasa moralidad (Morales, 2007). b) Autocategorización y homogeneidad

Desde la Psicología Social sabemos que las personas, por el hecho de formar parte de un determinado grupo social, intervienen en fases de autocategorización que

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simplifican o complican sus interrelaciones (Turner, Hogg, Oakes, Reicher y Wetherel, 1987) citados en Labrador (2003) quien también indica que la existencia de homogeneidad favorece estos procesos de autocategorización y, por consiguiente, refuerza a la identidad grupal. Resalta que “Los procesos psicosociales refuerzan este deseo individual de ver a todo el grupo actuando como, un solo individuo, coherente y predecible” (2003, p.57). Cuantiosos estudios evidencian que la aptitud de la homogeneidad grupal está estrechamente vinculada a las expectativas del grupo y/o el trabajo a realizar.

c) Teoría de la Identidad Social

Labrador (2003) indica que “el sesgo por endogrupo puede originar un conflicto cuando los miembros del grupo desfavorecido perciban que su identidad social es negativa y que la estructura social es negativa y que la estructura social de la que proceden es ilegítima” (2003, p.127), además, consideren que mediante una acción colectiva es posible un cambio. Cuando los miembros del grupo aventajado socialmente consideran que su posición está amenazada pueden llegar a presentar conflictos. Los elementos indispensables para erradicar los conflictos originados por los postulados de esta teoría serían la descategorización y el reconocimiento mutuo de las diferencias. Es factible laburar en el reconocimiento mutuo de las diferencias, pero es difícil hacer que un individuo se descategoricé, por ello un arreglo aceptable para este tipo de conflictos es la recategorización, es decir, la creación de categorías incluyentes con las que se originaron el problema.

d) Discurso de la amenaza y deslegitimación

Según Echebarria (1998), la existencia de una norma moral implícita que condena la búsqueda intencional de daño hacia el prójimo, la implementación de acciones y conductas discriminativas hacia un grupo debe ir precedida o acompañada de una justificación de las mismas. El grupo debe elaborar un discurso que concluya que el exogrupo (los inmigrantes) no merece un trato igual al de los nuestros porque “amenaza la identidad, la cultura, etc. De nuestra comunidad, en otras palabras, todo grupo elabora un discurso que expropia a los miembros del otro grupo (inmigrantes) de los mismos derechos que el propio, previamente a ejecutar acciones discriminatorias hacia el mismo. Según esta tesis (y en contra de las anteriores), cabría esperarse que si los sujetos anticipan que se van a cerrar las

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fronteras de sus países a los inmigrantes (conducta discriminatoria) por parte de sus representantes políticos se incremente la adhesión al discurso xenófobo como mecanismo de justificación de dichas acciones negativas anticipadas.

e) Categorización Social

Según Echebarria (1998) citado en Baron (1998), una tercera perspectiva sobre los orígenes del prejuicio empieza con un hecho básico: la gente generalmente divide el mundo social en dos categorías distintas, nosotros y ellos. En líneas generales, la gente ve a otras personas como pertenecientes a su propio grupo (normalmente llamado endogrupo) o a otro grupo (el exogrupo). Esta distinción está basada en muchas dimensiones incluidas la raza, la religión, el sexo, la edad, los antecedentes étnicos, la ocupación, y esto, nombrando sólo algunas.

Si el proceso de dividir el mundo entre “nosotros” y “ellos” tendría muy poco que ver con el prejuicio, Sin embargo, desafortunadamente esto no es así. Asiduamente se relacionan sentimientos y convicciones claramente contrarias a los miembros del endogrupo de uno mismo y a los miembros de diversos exogrupos.

Las personas en la categoría “nosotros” son vistos en términos favorables, mientras que aquellos ubicados en la categoría de “ellos” son percibidos de un modo más negativo. Los miembros del exogrupo se asumen que poseen rasgos más indeseables, son percibidos como más parecidos (más homogéneos) que los miembros del endogrupo, y a menudo resultan antipáticos (Judd, Ryan y Parke, 1995; Linville y Fisher, 1993) citado en Echebarria (1998). La distinción endogrupo – exogrupo también perjudica a la atribución, las formas en que explicamos las acciones de las personas que pertenecen a estas dos categorías (Echebarria, 1998).

f) Correlaciones ilusorias y homogeneidad del exogrupo

Correlación ilusoria

Según García (1998), la percepción de una fuerte asociación entre dos variables que existen realmente, tiene lugar porque cada variable es distintiva y su correlación aparente entra y es recuperada de la memoria con suma facilidad. Este término encierra muchos significados, porque estos efectos implican la percepción de conexiones entre variables que realmente no están relacionadas, en este caso.

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Como buenamente puedes percibir, “las correlaciones ilusorias en la medida en que suceden, tienen importantes implicaciones en la elaboración del prejuicio. Particularmente, los miembros de grupos mayoritarios suelen atribuir comportamientos y tendencias de carácter negativo a los miembros de diversos grupos minoritarios” (1998, p.249).

g) Homogeneidad exogrupal

Según García (1998) Las personas que albergan algún prejuicio hacia algún grupo social a menudo hacen comentarios como éste: “Ya sabes cómo son éstos, son todos iguales” o “si conoces a uno, los conoces a todos”. Lo que estos comentarios dan a entender es que existe tendencia a percibir a los miembros de exogrupos como más similares entre sí (más homogéneos) que los miembros del propio endogrupo. ¿Qué es lo que explica la tendencia a percibir a los miembros de otros grupos como más homogéneos que los miembros de nuestro propio grupo? Una explicación incluye el hecho de que tenemos un gran número de interacciones con los miembros de nuestro grupo, de modo que estamos expuestos a un amplio rango de variaciones individuales dentro de éste (1998, p.250).

h)La Profecía Autocumplida

Según Worchel, Cooper, Goethals y Olson (2002), cuando nos formamos impresiones de los demás, actuamos a modo de perpetuarlas. En el estudio de Kelley (1950) sobre “el profesor invitado, cálido o frío, los estudiantes se condujeron de modo distante si pensaban que el maestro era frío” (p.58). ¿Qué produce los efectos de las expectativas? Hay cuatro factores importantes: ambiente, retroalimentación y resultado (Harris y Rosenthal, 1985; Rosenthal, 1973) citado en Worchel (2002). En ese sentido, “las características de las personas que despiertan expectativas positivas o negativas son cruciales para determinar si se convierten en profecías autocumplidas” (2002, p.58). Otros estudios han demostrado que el efecto de las expectativas no sólo se percibe en las aulas, sino que también cumplen una función importante en las relaciones cotidianas entre personas e influyen no sólo en la conducta de las personas que tienen esas expectativas, sino también en el comportamiento de quienes son objeto de éstas. Como expresan Darley y Fazio (1980) citados en Worchel (2002), la profecía autocumplida, es sólo uno de los resultados posibles de nuestro trato social

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cotidiano. Sin embargo, es un fenómeno intrigante, porque los individuos rara vez están conscientes de que las expectativas propias han influido sustancialmente en el comportamiento del otro. Como afirman las investigaciones que hemos revisado, “el potencial para los equívocos y la perpetuación de los prejuicios entre los participantes sociales es grande” (pág. 59).

Desde una perspectiva más sociológica, el intelectual peruano Walter Twanama, propone un modelo de la forma paradigmática contemporánea de la discriminación en el Perú, la cual incorpora cuatro elementos básicos: “los rasgos físicos que consideramos -creemos- características raciales, el nivel socioeconómico, un tercer elemento que se puede denominar educativo y la calidad del migrante“, de acuerdo a este modelo, los peruanos nos evaluamos unos a otros, en una suerte de ecuación en la que estos cuatro componentes poseen una alta correlación entre sí en el mundo real (Bruce, 2007).