3. ANSIEDAD EN EL DEPORTE En el capítulo anterior se establecieron las líneas generales sobre el constructo
3.2 Teorías explicativas de la ansiedad y el rendimiento deportivo
Desde la Teoría Multidimensional de la Ansiedad (MAT) (Burton, 1988; Martens, Vealey, y Burton, 1990), esta variable se considera como un constructo multidimensional en el que se deben distinguir tanto aspectos cognitivos como somáticos que influirán en el rendimiento deportivo de modo diferente (Burton, 1988; Krane, Joyce, y Rafeld, 1994; Martens, et al., 1990) de forma específica predice una fuerte relación lineal negativa entre ansiedad estado cognitiva y rendimiento, y con menor fuerza, una relación de U invertida entre ansiedad somática y rendimiento.
Otra variable contemplada por la MAT y considerada factor influyente en el rendimiento deportivo es la autoconfianza, la cual se define en el ámbito deportivo como la creencia o el grado de certeza que los individuos poseen acerca de su habilidad para tener éxito. Para diversos autores la confianza que los deportistas poseen en sí mismos tiene un efecto beneficioso sobre el rendimiento manifestado (León-Prados, Fuentes y Calvo, 2014; Machida, Marie y Vealey, 2012; Stajkovic, Lee, Greenwald y Raffiee, 2015) y es considerada mejor predictor de la ejecución de la tarea que el propio grado de activación o ansiedad (Woodman y Hardy, 2003)
Estudios realizados con golfistas (Chamberlain y Hale, 2007) mostraron en consonancia con la MAT, que el nivel de ansiedad cognitiva parece tener una relación lineal negativa, la ansiedad somática una relación de “U” invertida y la autoconfianza una relación positiva con el rendimiento. Sin embargo, otras investigaciones no concuerdan totalmente con la misma, al encontrar una relación moderada y positiva entre la ansiedad cognitiva y el rendimiento en jugadores de baloncesto y voleibol, y no hallando relación alguna respecto a la ansiedad somática y autoconfianza (Raudsepp y Kais, 2002; Kais y Raudsepp, 2004). En este mismo sentido, en un estudio realizado con jugadores de baloncesto de nivel universitario se establecía una relación lineal positiva entre la ansiedad somática y el rendimiento, mostrando tanto la ansiedad cognitiva
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como la autoconfianza una relación curvilínea (U-invertida) con el rendimiento (Swain y Jones, 1996)
Tras una revisión de los tests de ansiedad fue introducido el concepto de “direccionalidad” o “percepción direccional” de la ansiedad (Swain y Jones, 1996) refiriéndose a la interpretación que cada deportista hace de los síntomas de sus experiencias, así como la consideración de los mismos como agentes facilitadores o perturbadores de su actuación competitiva. Diversas investigaciones sostienen que esa interpretación y percepción de los síntomas proporciona una mayor comprensión de la respuesta de la ansiedad estado precompetitiva que si sólo se utiliza la intensidad de la misma (Chamberlain y Hale, 2007; Hanton, Mellalieu, y Hall, 2004; Jones y Hanton, 2001; Jones y Swain, 1992). No obstante, Lundqvist, Kenttä, y Raglin (2011) cuestionan el uso de la direccionalidad de la ansiedad como independiente de la intensidad, lo que podría haber conducido a conclusiones incorrectas. Por otra parte, la estabilidad de los síntomas de ansiedad y percepción direccional percibidos parecen estar modulados por la distancia al momento de la competición, de manera que a medida que se acerca el momento de competir el nivel de ansiedad aumenta y sus percepciones direccionales positivas disminuyen (Thomas, Maynard y Hanton, 2004)
Surge una estrategia marcadamente diferente si se subscribe la teoría de la direccionalidad de la ansiedad precompetitiva. En vez de concluir que un alto nivel de ansiedad es algo negativo, se enseña al deportista a ver la ansiedad como un subproducto natural de la competencia.
El deportista aprende a ver los altos niveles de ansiedad como algo que facilitará el rendimiento. Aprende a reestructurar su pensamiento consciente en relación con la experiencia de ansiedad de estado tanto somática como cognitiva antes de la competición (Eubank, Collins y Smith, 2000)
Mientras que el IZOF y la teoría de la direccionalidad tienden a forzar a pensar diferente en términos del efecto de las emociones y la ansiedad en el
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rendimiento, cierto número de investigadores han observado los puntos en común entre las dos teorías.
Utilizando competidores de natación como participantes, Davis y Cox (2002) demostraron que el mejor rendimiento objetivo generalmente ocurre cuando un deportista está dentro de su ansiedad cognitiva predeterminada IZOF. Sin embargo, también razonaron que las puntuaciones de dirección que caen dentro de la IZOF podrían ser mayores que aquellas que recaen fuera de ella (por ejemplo, más facilitador).
Pero las puntuaciones direccionales cambian a través del tiempo. Thomas y cols. (2004) midieron la intensidad, dirección y frecuencia de la ansiedad estado 7 días, 24 horas, 48 horas y una hora antes de una importante competencia de 60 deportistas de nivel regional y nacional. Se midió la frecuencia como una función de cuán a menudo un deportista experimenta emoción relacionada con la ansiedad en una escala de 1 a 7. Los resultados demuestran que la escala direccional es plana para la autoconfianza, la ansiedad cognitiva y la somática hasta 24 horas antes de la competición, pero las escalas direccionales para las tres decaen, o se vuelven menos facilitadoras. La frecuencia para la ansiedad cognitiva y somática se incrementa de manera lineal a través del tiempo, mientras que permanece plana y alta para la autoconfianza.
La ansiedad cognitiva y somática poseen un efecto facilitador del rendimiento y la autoconfianza si el deportista percibe que tiene la capacidad para controlar los efectos debilitadores del estado de ansiedad. Por el contrario, si el deportista no siente que tiene un control personal sobre los efectos debilitadores de la ansiedad, tendrá una disminución del rendimiento y la autoconfianza.
Igualmente, aunque estas son escalas bastante utilizadas algunos autores (Mas, Estrany y Cruz., 2004) cuestionan la aplicabilidad de determinadas escalas y cuestionarios refiriéndose a que la medición de estados de ánimo, afectos y emociones requiere de una cuidadosa consideración de diversos factores pertenecientes al contexto de la medición.
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Por lo tanto, agregan, parece que es necesaria la elaboración tanto de una estrategia de medición como de la selección de la herramienta adecuada (Gauvin y Spencer, 1998).
Asimismo, se ha de diferenciar lo que es la ansiedad normal, que todos tenemos ante cualquier situación importante estando más activados física y mentalmente y más preparados para responder, de la ansiedad que aparece de forma continua y excesiva descontrolando conductas y pensamientos. Dicha ansiedad, sí supone un problema porque nos impide alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto: estudiar, ir al examen, aprobar,... Esta ansiedad puede ser “anticipatoria” si el sentimiento de malestar se produce a la hora de estudiar o al pensar en qué pasará en el examen, o “situacional” si ésta acontece durante el propio examen