Capítulo II. Marco teórico
2.2 Bases teóricas
2.2.1 Inteligencia emocional
2.2.1.3 Teorías inteligencia emocional
Como se ha visto en la teoría de las inteligencias múltiples propuesta por Gardner, se introdujeron dos tipos de inteligencia que están relacionados a la inteligencia emocional, se trata de la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal.
El término inteligencia emocional fue definido y evaluado por vez primera en 1990 por Mayer y Salovey, quienes continuaban con la corriente de investigación iniciada por investigadores como Thorndike (1931), Weschler (1934) o Gardner (1983). Es así que estos autores; propusieron el concepto de inteligencia emocional intentando dar luz a los factores no cognitivos de la inteligencia que condicionan que una persona tenga éxito en la vida.
El primer concepto que Mayer y Salovey concretaron sobre la inteligencia emocional fue “una parte de la inteligencia social que incluye la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos”. Este primer modelo distinguía una serie de habilidades emocionales adaptativas, a saber: la evaluación y expresión de las emociones, la regulación de las emociones y el empleo de emociones de manera adaptativa en función a cada situación.
Tras más de diez años de investigaciones y partiendo de este constructo de inteligencia emocional, los psicólogos Mayer y Salovey (1997) redefinieron su modelo poniendo un mayor énfasis en el procesamiento emocional de la información. De esta manera quisieron marcar la diferencia con respecto a los modelos mixtos, que basan su interpretación de la inteligencia emocional fundamentalmente en rasgos de personalidad. En esta nueva actualización de su trabajo Mayer y Salovey propusieron una nueva definición del término inteligencia emocional, planteando que hacía alusión de manera
explícita a los factores reflexivos que componen las emociones, refiriéndose a la IE como: “la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para
comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual”.
Actualmente estos dos psicólogos siguen manteniendo que la IE se trata de una habilidad por medio de la cual se aúna el razonamiento y el corazón, de manera que se pueden emplear las emociones para potenciar un razonamiento más inteligente y a la inversa, pensar de forma más inteligente sobre la vida emocional. Las habilidades que se integran en el actual modelo de IE de Mayer y Salovey (1997) son:
a) Percepción, evaluación y expresión de las emociones: Esta habilidad constituye un proceso psicológico básico compartido por todas las personas de forma
universal. Se refiere al grado en el que las personas identifican sus emociones y la percepción de estas en otras personas. Incluye también la capacidad para expresar correctamente nuestros sentimientos y necesidades.
b) La emoción como facilitadora del pensamiento: El estado emocional influye en el modo de procesar la información, por lo que es recomendable ser conscientes de las emociones para tener un comportamiento lo más adaptado posible a lo que se requiera en cada situación. De esta forma las emociones sirven para modelar y mejorar el pensamiento en la medida en que dirigen la atención hacia la información significativa.
c) Conocimiento emocional, comprensión y análisis de las emociones: Esta habilidad se refiere a la capacidad para comprender las emociones, así como para conocer en profundidad las relaciones entre pensamientos y sentimientos, qué
factores las determinan y sus consecuencias. Al mismo tiempo, se refiere a la capacidad para identificar las emociones, reconociendo las relaciones entre los diferentes estados emocionales que se pueden vivenciar y también a la habilidad para interpretar el significado de las emociones complejas, para reconocer cuando se pasa de un estado emocional a otro.
d) Regulación de las emociones: Esta habilidad se refiere a la regulación consciente de las emociones como medio a través del cual lograr el crecimiento emocional e intelectual. Los estudios constataron que no todas las personas no tienen la misma habilidad para manejar con éxito las emociones. Se habla de regulación emocional cuando una persona sabe cómo calmarse, por ejemplo cuando comprueba que se ha dejado las llaves olvidadas dentro de casa, cuando es capaz de aliviar la tensión de un amigo que está a punto de examinarse del carnet de conducir o que tiene la habilidad de entusiasmar a los compañeros de trabajo a pesar de la avalancha de trabajo que les viene encima, en estos casos se pone de manifiesto una habilidad emocional compleja.
De esta forma y a partir del surgimiento del término IE de Mayer y Salovey (1990) y difundido por Goleman (1996) se dieron a conocer los datos necesarios que hacen
indispensable incluir en el currículo escolar, la educación de las emociones desde la educación infantil, fomentando el desarrollo de competencias emocionales.
Salovey y Mayer (1990), al tratar de responder a la cuestión planteada por Einstein ¿por qué las personas inteligentes se comportan tontamente?, reformularon la pregunta a ¿por qué individuos considerados inteligentes y con conducta adaptativa a veces toman decisiones que ponen en peligro su carrera, e incluso, su vida personal? A diferencia de otros autores, para responderla tomaron en consideración que la conducta humana es, simultáneamente, racional y emocional lo que permite interaccionar positivamente en las
distintas situaciones en que nos encontramos. Apoyados en la investigación existente sobre el modo en que las personas evalúan y transmiten las emociones o las usan para resolver problemas, Salovey y Mayer (1990) asumieron dos supuestos más en su análisis: el relacionado con el campo de la emoción y el que tiene que ver con su perspectiva de la personalidad.
En el campo de la emoción, los hallazgos de investigación indicaban que la
información emocional y la capacidad para captarla e interpretarla, han ido evolucionando a través de las especies y es universal entre los seres humanos (Ekman, 1973, p. 78). También señalaban que las emociones transmiten una información característica, de naturaleza biosocial, consistente entre las personas y aportan evidencias sobre las relaciones de las personas con su mundo, tanto real como imaginado, indicando lo que sucede o existe y aquello que podría existir. Por todo ello, repercuten en los pensamientos y generan nuevas emociones, modificando de este modo, la conducta (Mayer y Salovey, 1997, p. 26).
Con relación a la personalidad partieron de una perspectiva situacionista,
entendiéndola como un sistema de procesamiento cognitivo – afectivo. En consecuencia, para comprender la conducta de una persona, es necesario valorar lo que Mischel (1973) denominó “competencias de construcción” (Salovey, et al., 2000). Puesto que debido a su idiosincrasia, dentro de la situación en que se encuentra, cada persona procesa la
información en forma característica, Salovey y Mayer (1990) postularon que las personas diferirán en el modo en que perciben, comprenden y manejan la información emocional, es decir, en su IE. De esta forma se planteó la IE como una manera específica de
procesamiento de la información emocional, una forma novedosa de concebir las
relaciones entre cognición y emoción, lo cual supuso el inicio del desarrollo de una teoría así como un campo novedoso de investigación del que pueden surgir diferentes líneas.
El concepto de inteligencia emocional ha captado un interés considerable debido a su popularización en diversos libros como el de Goleman (1996) y artículos que han
aparecido en la prensa de manera tardía. En la literatura científica, sin embargo, los componentes básicos de este constructo fueron elaborados hace más de una década (Bar- On, 1988; Gardner, 1983; Salovey & Mayer, 1989-90), con precursores desde inicios del siglo XX (Bar-On & Parker, 2000, p. 10).
Un modelo relacionado fue empíricamente desarrollado por Bar-On (1988, 1997) y estandarizado por Ugarriza (2003, 2da. Ed.), este modelo es particularmente interesante porque forma la base teórica del inventario de cociente emocional de BarOn (EQ-i; Bar- On, 1997) que es la medición de la inteligencia emocional más ampliamente utilizada en adultos, que ha servido de base para el desarrollo del BarOn ICE: NA.
La IE como toda conducta, es transmitida de padres a hijos, sobre todo a partir de los modelos que el niño se crea de sus padres. Tras diversos estudios se ha comprobado que los niños son capaces de captar los estados de ánimo de los adultos. El estudio de las emociones de los niños es difícil, porque la obtención de información sobre los aspectos subjetivos de las emociones sólo puede proceder de la introspección, una técnica que los niños no pueden utilizar con éxito cuando todavía son demasiados pequeños. Pero, en vista del papel importante que desempeñan las emociones en la vida del niño no es sorprendente que algunas de las creencias tradicionales sobre las emociones hayan persistido a falta de información precisa que las confirme o contradiga. Hay también pruebas de que los niños que se crían en un ambiente excitante o están sujetos a presiones constantes para responder a las expectativas excesivamente altas de los padres o docentes de escuela, pueden
convertirse en personas tensas, nerviosas y muy emotivas. La capacidad para responder emotivamente se encuentra presente en los recién nacidos. La primera señal de conducta emotiva es la excitación general, debido a una fuerte estimulación. Esta excitación
difundida por sus padres, se refleja en la actividad masiva del recién nacido. Sin embargo, al nacer, el pequeño no muestra respuestas bien definidas que se puedan identificar como estados emocionales específicos. Otro ejemplo práctico es cuando mamá y papá discuten en casa, el niño se pone intranquilo y hasta da berrinches sin explicación. Esta reacción afirma lo descrito. El patrón general emocional no sólo sigue un curso predecible, sino también pronosticable. Por ejemplo, los "pataleos" o "berrinches" llegan a su punto culminante entre los 2 y 4 años de edad y se ven reemplazados por otros patrones más maduros de expresiones de ira, tales como la terquedad y la indiferencia. Todas las
emociones se expresan menos violentamente cuando la edad de los niños aumenta, debido al hecho de que aprenden cuáles son los sentimientos de las personas hacia las expresiones emocionales violentas, incluso la de alegría y otras de placer (Aldaz, 2007).
Del mismo modo que en la inteligencia emocional, en la que Daniel Goleman destacó la autogestión o autocontrol como el elemento clave para conseguirla, en la construcción de resiliencia, la adaptabilidad y el autocontrol juegan también un papel importantísimo, siendo una habilidad que hay que empezar a desarrollar desde la infancia. Una de las formas más efectivas para conseguir autocontrol es alcanzar y mantener un estado de coherencia fisiológica, entendido como el equilibrio perfecto entre corazón, mente y emociones, que se puede conseguir con herramientas como la tecnología emWave. Cuanta mayor coherencia, más autocontrol y cuanto más autocontrol más capacidad de resiliencia y, por tanto, más bienestar y mejor rendimiento personal y profesional. Es importante pues, que se eduque a la mente en la construcción de esta importante habilidad y capacidad que es la resiliencia. (Brooks y Goldstein, 2002).